jueves, 2 de febrero de 2012
Cap 19.-
—Cuando me río ya no me duelen —respondió Miley con una sonrisa.
Pero entonces, se arrepintió de haber sonreído, porque de pronto notó un sorprendente cosquilleo en el vientre. Nick estaba delgado y muy moreno. Parecía como si acabara de aterrizar de un lugar donde el clima fuera mucho más benigno y soleado que en Inglaterra.
Miley sintió súbitamente la necesidad de tocar su rostro para comprobar lo cálido que resultaba.
—¿Dónde has estado? —acabó preguntando ella, absteniéndose de usar el tacto.
—Estás hablando como si fueras mi esposa —dijo Nick con humor.
Él se quedó observándola unos instantes. En aquel rostro, los rastros del desamparo estaban comenzando a desaparecer. Y la propia Miley era consciente de ello.
—Todavía no lo soy —adujo ella—. Y además, incluso habría podido cambiar de idea.
—Ah, ¿sí?
Miley se vio tentada de prolongar la agonía del hombre y estuvo a punto de mentirle. Pero al final, prefirió no hacerlo.
—No.
Se hizo el silencio durante varios minutos. El bebé lanzó un gemido y Miley comenzó a mecer el coche de nuevo. Era todo tan normal...
—He estado en Grecia, con mi abuela —anunció Nick.
Por el tono de su voz, Miley supo que las cosas iban mal.
—¿Está peor? —preguntó ella.
—Está apagándose poco a poco —contestó él con una mueca—. Para que tenga la mente ocupada le he encomendado una tarea. Se va a ocupar de organizar nuestra boda. Y lo está haciendo ya...
Miley se estremeció en la silla.
—¿Nuestra boda? —repitió ella—. Pero si creí que le ibas a decir que se trataba de un hecho consumado.
—No —dijo Nick sacudiendo la cabeza—. No habría resultado tan convincente como la idea que se me ha ocurrido.
—¿Y cuál es esa historia? —sostuvo Miley tratando de no elevar la voz para no despertar a Melanie.
—Que eres joven y muy guapa... —adujo Nick.
¿Guapa? Pero como podía mentir aquel hombre con una facilidad tan sospechosa. Porque ella estaba segura de no ser guapa. Podía resultar atractiva en su mejor momento, pero nada más.
—Le he contado que hemos salido varias veces juntos a lo largo del último año —argüyó Nick—. Pero que, precisamente porque eras muy joven, yo rompí la relación sin saber que estabas esperando un hijo mío.
Mentira número dos, pensó Miley y de pronto fue consciente de la ciénaga de engaños en la que estaba a punto de caer.
—Sin embargo, no pude olvidarte —continuó Nick—. Por eso me negué a casarme con otra mujer, estando enamorado de ti. Por eso volví contigo, y lo que sigue es obvio.
Por supuesto que lo era, pensó Miley viéndose en el papel de esa trágica joven que se había enamorado del atractivo magnate griego.
—Además, le he dado un nuevo enfoque a nuestra historia con otro fin —prosiguió Nick.
¿Y ahora qué? A Miley se le pusieron los pelos de punta.
—Y es que tú no estás del todo convencida de querer casarte conmigo —siguió explicando el magnate—. Teniendo en cuenta que todo el mundo piensa, incluida tú, que soy un dictador, nadie va a poner en duda que te has visto obligada a convertirte en mi esposa, por el bien de nuestra hija. Lo que facilitará que nadie murmure cuando tengas tu propio dormitorio. Yo tendré que ganarme tus afectos mientras tanto.
—Por eso encajará tan bien el hecho de que yo me marche de tu lado —finalizó Miley—. No es una historia muy romántica, ¿verdad?
—La vida casi nunca es romántica —dijo fríamente Nick.
Miley se quedó atónita: con unas simples palabras la había dejado repentinamente de piedra.
Bruscamente, Nick se puso de pie.
—Nos vamos a Grecia mañana por la mañana — anunció el magnate—. Ahora tengo cosas que hacer. O sea, que si me disculpas...
Hizo una leve inclinación y se fue.
Perpleja, Miley se preguntó qué era lo que estaba ocurriendo. Se pasó la siguiente media hora repasando la conversación que había mantenido con Nick tratando de encontrar el motivo de su extraña reacción.
Finalmente, Miley decidió que la que tenía la culpa era la abuela de Nick. Con certeza, él se encontraba muy preocupado por ella.
Sin embargo, en lo más profundo de su corazón, Miley sabía que no se trataba de eso.
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