jueves, 2 de febrero de 2012
Cap 49.-
Y sin más, ella se levantó y caminó hacia el interior de la casa, dejando a Nick sentado en la penumbra, mudo en su terquedad.
Miley subió a su habitación, se desnudó y se metió en la cama esperando una posible reacción por parte de Nick.
Un par de minutos después, Nick entró en su dormitorio y a continuación, se abrió la puerta que daba al de Dulce.
—Aquí está lo que pretendías —afirmó el hombre—. Querías que me enfadara y estoy enfadado. Querías que estuviera celoso y lo estoy, maldita sea.
—¿De mis sueños?
—De todo lo que tiene que ver contigo —dijo él besándola con pasión.
Entonces comenzó una batalla por ver quién excitaba más al otro, conociéndose cada uno como se conocían. Él la besó, la lamió y la acarició haciendo emerger toda su sensualidad. Y ella le contestó haciéndole perder el control de tanto como lo besó y acarició con la suave urgencia que le inspiraba el deseo.
—¿Mi príncipe azul me hará sentirme tan bien como ahora? —preguntó Miley en un susurro.
La inocencia de sus palabras aumentó la excitación en Nick con un poder tremendo, incluso excesivo.
El hombre respondió penetrándola con una entrega que rayaba en la locura.
Cuando iban juntos camino del climax, Miley creyó oír un gemido angustiado y se dio cuenta, con un ligero sentimiento de culpa, de que era Nick quien lo había emitido.
—Entonces, ¿no me marcho mañana? —preguntó ella, mientras yacía en el regazo del hombre, fuertemente abrazada por sus atléticos brazos, como para impedir su huida.
—Te quedas hasta que quieras irte de aquí —respondió Nick—. Me niego a aceptar algo más de ti.
«¡Qué magnánimo!», pensó Miley y se soltó de sus brazos para dirigirse al cuarto de baño. Cuando volvió llevaba algo escondido en la mano. Él no se dio cuenta, absorto como estaba contemplando su figura a medida que se acercaba a la cama.
—Tengo algo que decirte —le confesó Miley —. Pero tienes que prometerme que no te vas a enfadar.
—Es una petición extraña —afirmó Nick, cruzando los brazos bajo su nuca—. ¡Ya me estoy enfadando con solo pensarlo!
—Le he pedido a Nikos que me llevara a ver a un médico en la ciudad.
Nick estiró los brazos de inmediato y con ellos estrechó la cintura de Miley.
—¿Por qué? ¿Te ocurre algo?
—Me ha examinado, y ha confirmado mis temores... —repuso Miley—. Nick, tú sabes que te he sido fiel, ¿verdad?
—Por supuesto que lo sé —adujo Nick impacientemente—. Dime qué pasa, por favor.
—Mi útero está dilatado —afirmó Miley—. Me ha hecho varios análisis... Estoy embarazada.
— ¡Pensé que habíamos quedado en que no lo harías!
—exclamó él poniéndose a caminar por la habitación.
—De seis... semanas exactamente —continuó Miley entrecortadamente—. Nick, necesito que tú...
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