Miley se quedó a la espera de que le refutara sus palabras, pero Nick no lo hizo. Se le hizo un nudo en la garganta y tuvo que esforzarse para no echarse a llorar. Su orgullo estaba muy herido.
-Bueno, ahora que ya hemos examinado nuestros sentimientos y visto que no hay una base que los sustente, quizá sea el momento de romper nuestra relación.
-Bueno, ahora que ya hemos examinado nuestros sentimientos y visto que no hay una base que los sustente, quizá sea el momento de romper nuestra relación.
Nick la miró con incredulidad.
-¿Se te ocurre decir eso ahora que vamos a ser padres?
-Se me ocurre decir eso porque no quiero acabar sintiéndome utilizada. Lo mejor es acabar nuestra relación cuando aún nos respetamos y somos amigos.
-Eso es verdad, somos buenos amigos -reflexionó él con cariño en la voz.
-Sí - Miley tomó aliento-. Es una pena que no hayamos podido enamorarnos.
Nick se la quedó mirando como si acabara de oír algo muy profundo.
-Bueno, Nick, creo que será mejor que te vayas -dijo ella con tranquila dignidad. Necesitaba estar sola para poder llorar a gusto-. Estoy cansada y...
- Miley, no quiero que rompamos.
-Nick, eres el padre de mi hijo, pero...
-Cásate conmigo -dijo él de repente.
Miley se lo quedó mirando sin poder creer lo que acababa de oír.
Nick se acercó a ella y le puso las manos en los brazos, mirándola fijamente a los ojos.
-Creo que si te dejara marchar, si te dejara irte y desaparecer con mi hijo, sería algo de lo que me arrepentiría toda la vida.
-Nick, tú no quieres casarte. Creo que ya hemos dejado claro que en estos tiempos no es necesario casarse cuando se tiene un hijo y...
-He cambiado de opinión.
-Nick, te has vuelto loco.
Él negó con la cabeza.
-No. Lo que pasa es que acabo de darme cuenta de que realmente quiero tener este hijo. Jamás he estado tan seguro de algo. Quiero darle un hogar, seguridad y amor.
-Muy loable -el enfado le quebró la voz. ¿Cómo se atrevía a hablar con tanta emoción de su hijo y, al mismo tiempo, mostrarse tan frío con ella?-. Y aunque te lo agradezco, no necesito a nadie para darle a mi hijo toda la seguridad y el amor que necesite.
-¿Me rechazas? -preguntó Nick perplejo.
Nick tenía tanta confianza en sí mismo, pensó Miley, que jamás se le podía pasar por la cabeza que una mujer le rechazara una proposición de matrimonio.
-Sí, así es. Ya te he dicho que no quiero casarme.
-No puedes pensar en serio en marcharte a Sydney. Estás embarazada. Me necesitas...
-No, no te necesito.
Estaba enamorada de él, lo amaba y lo deseaba, pero no estaba dispuesta a aceptarle en esos términos.
-No digas tonterías, no puedes hacerte cargo de la situación tú sola.
-Nick, se trata del resto de nuestras vidas, y eso es algo que no se decide obedeciendo a un momentáneo capricho. Y ahora, por favor, márchate.
-Está bien -dijo él con solemnidad-. Tienes razón, esto no puede decidirse en un momento.
-Exacto. Y un matrimonio sin amor nos haría infelices a los dos.
Nick se le acercó.
-Pero el amor podría surgir y crecer -le susurró junto a la boca-. No tiene por qué surgir de golpe, no tiene por qué ser un flechazo.
El enfado de Miley se evaporó al instante. Nick era realista y práctico. La creería loca de confesarle que se enamoró de él al instante. Desde el momento que le puso los ojos encima, supo que era el hombre de su vida.
-Es más, si quieres que te sea sincero, Miley, no creo que, necesariamente, sea una base sólida para un matrimonio casarse... "loco de amor". Cuando la magia del principio empieza a disiparse, la supervivencia del matrimonio depende de la habilidad de la pareja para solucionar los problemas y superar los momentos bajos. En realidad, todo acaba reduciéndose a cuánto se tiene en común.
-¿Y cuánto tenemos tú y yo en común? -le preguntó Miley con una irónica sonrisa.
-¿Se te ocurre decir eso ahora que vamos a ser padres?
-Se me ocurre decir eso porque no quiero acabar sintiéndome utilizada. Lo mejor es acabar nuestra relación cuando aún nos respetamos y somos amigos.
-Eso es verdad, somos buenos amigos -reflexionó él con cariño en la voz.
-Sí - Miley tomó aliento-. Es una pena que no hayamos podido enamorarnos.
Nick se la quedó mirando como si acabara de oír algo muy profundo.
-Bueno, Nick, creo que será mejor que te vayas -dijo ella con tranquila dignidad. Necesitaba estar sola para poder llorar a gusto-. Estoy cansada y...
- Miley, no quiero que rompamos.
-Nick, eres el padre de mi hijo, pero...
-Cásate conmigo -dijo él de repente.
Miley se lo quedó mirando sin poder creer lo que acababa de oír.
Nick se acercó a ella y le puso las manos en los brazos, mirándola fijamente a los ojos.
-Creo que si te dejara marchar, si te dejara irte y desaparecer con mi hijo, sería algo de lo que me arrepentiría toda la vida.
-Nick, tú no quieres casarte. Creo que ya hemos dejado claro que en estos tiempos no es necesario casarse cuando se tiene un hijo y...
-He cambiado de opinión.
-Nick, te has vuelto loco.
Él negó con la cabeza.
-No. Lo que pasa es que acabo de darme cuenta de que realmente quiero tener este hijo. Jamás he estado tan seguro de algo. Quiero darle un hogar, seguridad y amor.
-Muy loable -el enfado le quebró la voz. ¿Cómo se atrevía a hablar con tanta emoción de su hijo y, al mismo tiempo, mostrarse tan frío con ella?-. Y aunque te lo agradezco, no necesito a nadie para darle a mi hijo toda la seguridad y el amor que necesite.
-¿Me rechazas? -preguntó Nick perplejo.
Nick tenía tanta confianza en sí mismo, pensó Miley, que jamás se le podía pasar por la cabeza que una mujer le rechazara una proposición de matrimonio.
-Sí, así es. Ya te he dicho que no quiero casarme.
-No puedes pensar en serio en marcharte a Sydney. Estás embarazada. Me necesitas...
-No, no te necesito.
Estaba enamorada de él, lo amaba y lo deseaba, pero no estaba dispuesta a aceptarle en esos términos.
-No digas tonterías, no puedes hacerte cargo de la situación tú sola.
-Nick, se trata del resto de nuestras vidas, y eso es algo que no se decide obedeciendo a un momentáneo capricho. Y ahora, por favor, márchate.
-Está bien -dijo él con solemnidad-. Tienes razón, esto no puede decidirse en un momento.
-Exacto. Y un matrimonio sin amor nos haría infelices a los dos.
Nick se le acercó.
-Pero el amor podría surgir y crecer -le susurró junto a la boca-. No tiene por qué surgir de golpe, no tiene por qué ser un flechazo.
El enfado de Miley se evaporó al instante. Nick era realista y práctico. La creería loca de confesarle que se enamoró de él al instante. Desde el momento que le puso los ojos encima, supo que era el hombre de su vida.
-Es más, si quieres que te sea sincero, Miley, no creo que, necesariamente, sea una base sólida para un matrimonio casarse... "loco de amor". Cuando la magia del principio empieza a disiparse, la supervivencia del matrimonio depende de la habilidad de la pareja para solucionar los problemas y superar los momentos bajos. En realidad, todo acaba reduciéndose a cuánto se tiene en común.
-¿Y cuánto tenemos tú y yo en común? -le preguntó Miley con una irónica sonrisa.
-Mucho. ¿Es que no lo ves, Miley? Somos buenos amigos. Y eso, en mi opinión, es la base más sólida para fundar un matrimonio.
-Ya. Y luego escribirás un programa sobre ello -murmuró ella sarcásticamente.
Nick tardó unos segundos en contestar. Antes de hacerlo, sonrió maliciosamente.
-Es posible que no sea mala idea...
-Nick, era una broma -dijo ella impaciente.
-Lo sé, pero no es una mala idea.
-No lo sería si los ordenadores pudieran analizar los sentimientos, pero no pueden.
-Tampoco pueden analizar la compatibilidad sexual -Nick le acarició la mejilla-. Creo que tendré que investigar eso...
Se la quedó mirando fijamente. A pesar del coraje con que había hablado, Nick sabía que Miley estaba asustada. Bajó la cabeza y la besó.
Los labios de Miley eran suaves y temblaron; al cabo de unos segundos, el beso profundizó.
Ella se aferró a él, le respondió con pasión. Quizá Nick tuviera razón, quizá el matrimonio fuera la solución.
Nick la soltó y le sonrió.
-De eso tenemos a montones.
-¿Qué es lo que tenemos a montones? -preguntó ella sin poder pensar.
-Compatibilidad sexual -Nick sonrió.
Ella se apartó de él.
-Eso no es suficiente para sustentar un matrimonio y tú lo sabes de sobra, Nick -a Miley le tembló la voz.
-Es un buen comienzo.
-No puedes tratar un matrimonio como si se tratara de un negocio. Cualquier relación necesita amor en el que basarse.
Entonces, Nick notó el brillo de las lágrimas a punto de aflorar a los ojos de Miley.
-Vamos, cielo, no me mires así. Se me rompe el corazón -le dijo él con ternura-. Te quiero mucho... más que a ninguna otra mujer... desde hace mucho tiempo.
-Y yo también te quiero mucho - Miley bajó los ojos-. Pero eso no es suficiente, ¿verdad?
-Escucha, los dos estamos cansados. ¿Qué te parece si seguimos hablando de esto mañana por la noche. Reservaré una mesa en Romanio, ¿te parece?
-No sé qué pensar -la proximidad de él la confundía-. Creo que ya nos hemos dicho todo lo que teníamos que decirnos.
-Sabes que eso no es verdad. Vamos, Miley... Por favor, ven a cenar conmigo mañana -su voz era ronca, invitante.
A Miley le hirvió la sangre en las venas. Por fin, asintió. Los viernes era buena noche para salir, Miley solía irse a casa de su amiga después del colegio y, a veces, dormía allí. Eso les daría tiempo para discutir y dar una solución a la situación.
-Gracias -dijo Nick, y la besó brevemente en los labios.
-No se lo vas a contar a nadie, ¿verdad, Nick? Me refiero a lo del niño. Preferiría esperar un poco.
-Lo que tú quieras -Nick le sonrió-. Bueno, hasta mañana.
Nick tardó unos segundos en contestar. Antes de hacerlo, sonrió maliciosamente.
-Es posible que no sea mala idea...
-Nick, era una broma -dijo ella impaciente.
-Lo sé, pero no es una mala idea.
-No lo sería si los ordenadores pudieran analizar los sentimientos, pero no pueden.
-Tampoco pueden analizar la compatibilidad sexual -Nick le acarició la mejilla-. Creo que tendré que investigar eso...
Se la quedó mirando fijamente. A pesar del coraje con que había hablado, Nick sabía que Miley estaba asustada. Bajó la cabeza y la besó.
Los labios de Miley eran suaves y temblaron; al cabo de unos segundos, el beso profundizó.
Ella se aferró a él, le respondió con pasión. Quizá Nick tuviera razón, quizá el matrimonio fuera la solución.
Nick la soltó y le sonrió.
-De eso tenemos a montones.
-¿Qué es lo que tenemos a montones? -preguntó ella sin poder pensar.
-Compatibilidad sexual -Nick sonrió.
Ella se apartó de él.
-Eso no es suficiente para sustentar un matrimonio y tú lo sabes de sobra, Nick -a Miley le tembló la voz.
-Es un buen comienzo.
-No puedes tratar un matrimonio como si se tratara de un negocio. Cualquier relación necesita amor en el que basarse.
Entonces, Nick notó el brillo de las lágrimas a punto de aflorar a los ojos de Miley.
-Vamos, cielo, no me mires así. Se me rompe el corazón -le dijo él con ternura-. Te quiero mucho... más que a ninguna otra mujer... desde hace mucho tiempo.
-Y yo también te quiero mucho - Miley bajó los ojos-. Pero eso no es suficiente, ¿verdad?
-Escucha, los dos estamos cansados. ¿Qué te parece si seguimos hablando de esto mañana por la noche. Reservaré una mesa en Romanio, ¿te parece?
-No sé qué pensar -la proximidad de él la confundía-. Creo que ya nos hemos dicho todo lo que teníamos que decirnos.
-Sabes que eso no es verdad. Vamos, Miley... Por favor, ven a cenar conmigo mañana -su voz era ronca, invitante.
A Miley le hirvió la sangre en las venas. Por fin, asintió. Los viernes era buena noche para salir, Miley solía irse a casa de su amiga después del colegio y, a veces, dormía allí. Eso les daría tiempo para discutir y dar una solución a la situación.
-Gracias -dijo Nick, y la besó brevemente en los labios.
-No se lo vas a contar a nadie, ¿verdad, Nick? Me refiero a lo del niño. Preferiría esperar un poco.
-Lo que tú quieras -Nick le sonrió-. Bueno, hasta mañana.
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