Nick no se sentó cuando Miley fue a preparar el café, sino que se puso a pasear por el salón. Se detuvo unos segundos frente a la ventana y miró hacia el pequeño parque que había en el centro de la plaza. El cielo estaba empezando a volverse rojizo y ya habían encendido las farolas.
Se dio la vuelta y observó la estancia. Estaba todo muy ordenado. Sobre la chimenea había varias velas y fotografías. Se acercó para verlas mejor.
—¿De quién son estas fotos? —preguntó cuando Miley volvió con el café.
—Una es la foto de boda de mi padre y Margaret. Y la otra es mi madre con veintiún años. Y esa es mi hermana Sinead.
—Es muy guapa.
—Sí, lo es. También es muy inteligente. Ha terminado medicina y va a hacer la tesis —contestó, sirviendo el café.
—¿Estás unida a tu hermana?
—Sí, a pesar de la diferencia de edad y de que vivimos ahora muy lejos la una de la otra, seguimos muy unidas.
Nick dejó la fotografía.
—Entonces, a pesar de todo, estás deseando ir a su boda, ¿no es así?
—Sí... —respondió, no muy convencida.
—¿Con quién se casa?
—Con Mark. Es un chico muy amable y se llevan muy bien.
—Entonces, ¿qué pasa? —Nick se apoyó en la chimenea y la miró con detenimiento—. Me ha parecido que no estabas muy convencida de querer ir a su boda.
—Sí, estoy convencida.
—Entonces hay algo que te impide disfrutar de la boda de tu hermana.
—No es cierto —dijo Miley, que estaba apoyada en la ventana bebiendo su café.
—Pero no quieres ir sola, ¿verdad? Hoy, por ejemplo, has dicho que quizá le pidieras a Cliff Roberts que te acompañara.
—Era una broma.
Nick arqueó una ceja.
—Pero no quieres ir a la boda sola, ¿verdad?
—Bueno, a nadie le gusta ir a una boda solo... Es una de las raras ocasiones en las que todo el mundo va con pareja, como en el arca de Noé.
El sonrió ante la comparación.
—Pero hay algo más, ¿a que sí?
Ella lo miró con los ojos entornados.
—No se te pasa nada, ¿eh?
Nick se encogió de hombros.
—Bueno, si de verdad quieres saberlo... es mi padre. Sé que le haría mucha ilusión verme casada. Y ahora que mi relación con Liam ha terminado, se habrá puesto a buscar nuevos candidatos para presentármelos en la boda.
Miley hizo una pausa y alzó las manos con impotencia.
—Sé que estarás pensando que bastará con no hacerle caso a mi padre y concentrarme en disfrutar de la boda. Pero es muy difícil ignorarlo cuando se pone a hacer de casamentero. Las últimas dos veces que me han llamado, ya me han hecho ciertas sugerencias sobre algunos solteros de la zona. Cosas como: « ¿Te he hablado alguna vez de Joe McCarthy, Dulce? Tiene una parcela de ciento veinte acres y todos los dientes sanos».
—Bueno, siempre que no quiera que le zurzas los calcetines...
Ella lo miró y vio que estaba de broma.
—Da igual —dio un suspiro—. Mi padre es así. Es tan sutil como un ladrillo. Es una estupidez, porque hoy en día muchas mujeres deciden quedarse solteras. Para ser médico y un hombre inteligente, está bastante anticuado.
—Se preocupa por ti. Es el trabajo de los padres.
—Bueno, pues no tiene por qué —contestó enfadada—. Quizá esté mejor sola, concentrada en mi carrera y olvidándome de los hombres.
—Eso sería una pena —respondió Nick con dulzura.
El hombre dejó su taza sobre la mesa y el movimiento fue tan firme, que Miley creyó que se iba a marchar. Pero en lugar de ello, se acercó a ella.
—Tengo una idea.
—¿Qué tipo de idea?
Nick apoyó una mano sobre el alféizar de la ventana, al lado de donde estaba ella. El hecho de estar tan cerca de él puso nerviosa a Miley. Alzó los ojos y luego deseó no haberlo hecho al recordar el viernes anterior y el beso que se habían dado.
Los ojos de él se clavaron en sus labios. Nadie la había hecho sentirse así jamás.
—¿Y si te acompaño a la boda?
—¿Tú? ¿Por qué ibas a acompañarme?
—Tú me ayudaste este fin de semana y me gustaría corresponderte.
—Pero es un viaje, Nick. Es un fin de semana en Irlanda con mi familia.
—Será divertido. Nunca he estado en Irlanda.
—No sé qué decir... Pero todo el mundo creerá que voy con mi novio y tú eres mi jefe.
—El que sea tu jefe no quiere decir que no pueda ser también tu novio. ¿O crees que no puedo interpretar el papel de manera convincente?
—No lo sé... ¿por qué querrías interpretar ese papel?
—Yo también tengo varias cenas de compromiso en los próximos meses y tampoco voy a tener pareja.
—¿Quieres decir que sería como un acuerdo comercial?
—No hace falta que hagamos un documento escrito, ¿verdad? Además, he decidido dejar de planear mi vida con exactitud.
Miley frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir exactamente?
—Estoy diciendo que quizá podríamos ayudarnos el uno al otro. Tú necesitas una pareja para esta boda y yo voy a tener algunos compromisos en el futuro en los que necesitaré una mujer a mi lado... El mes que viene, por ejemplo, tengo una cena. Todos los altos directivos vienen a casa y a mí me vendría bien tener pareja.
—Nick, estoy segura de que no te será difícil encontrar pareja. Así que, ¿por qué quieres que sea yo?
—¿Y por qué no? Eres inteligente y encantadora. Lo cual es una ventaja para esa clase de reuniones.
—Pero si te vienes a la boda de mi hermana y yo hago de anfitriona en tu fiesta, la gente va a empezar a creer que hay algo entre nosotros.
—Que crean lo que quieran. Ninguno de los dos estamos casados, así que no vamos a hacer nada malo.
—Pero es que tú eres mi jefe. Y si mantenemos una relación fuera de la empresa, puede acabar afectando a nuestro trabajo.
—Estoy dispuesto a arriesgarme —aseguró Nick con voz grave—. La otra noche nos dimos un beso y no ha pasado nada. De hecho, a juzgar por cómo fue, creo que podremos pasar perfectamente en la boda por amantes.
—Pero ambos estuvimos de acuerdo en que aquel beso había sido producto de un momento de locura —replicó ella.
Al recordar el modo en que ella lo había besado el viernes por la noche, Nick sintió cómo un intenso deseo se despertaba en su interior. Porque quizá hubiera sido una locura, pero eso no le había restado placer. De hecho, no había podido dejar de pensar en aquel beso desde entonces. En el calor de sus labios, en su cuerpo sensual...
—Es cierto que fue una locura —dijo él, acercándose y quitándole las gafas—. Y creo que la locura está volviendo a apoderarse de mí.
Ella, al verlo tan cerca, sintió que el corazón le empezaba a latir a toda velocidad.
Entonces la besó y ella se rindió, agarrándose a los hombros de él. Miley sintió sus manos, acariciándole la espalda y subiendo luego hasta la horquilla que le sujetaba el cabello. Este, una vez liberado, le cayó sobre los hombros. Él, después de echarle la cabeza hacia atrás, comenzó a besarle el cuello, haciéndola estremecer de placer.
Miley sintió las manos de él sobre su cintura y, poco después, sobre sus senos. Fueron manos ardientes, manos que despertaron un intenso deseo en ella. Nick le quitó la chaqueta y empezó a desabrocharle la blusa. Ella sabía que debería detenerlo, pero no lo hizo porque en realidad lo deseaba de un modo tan poderoso, que la razón no podía hacer nada para evitarlo. Se quedó muy quieta mientras le abría la blusa y le bajaba el sujetador, dejando sus senos al descubierto.
Al sentir las manos de él sobre ellos, se quedó sin respiración. Los dedos de él contra su piel desnuda la excitaban de tal modo, que su cuerpo se estremecía de la cabeza a los pies.
Miley cerró los ojos, dejándose llevar por el intenso placer, mientras él le besaba un pezón.
Cuando él metió las manos por debajo de la falda, ella volvió a decirse que debería detenerlo. Pero no quería parar.
La falda cayó al suelo, y ella quedó delante de él con unas medias de encaje y unas braguitas minúsculas. Nick le dio la mano y la condujo hasta el sofá. Él se sentó primero y la atrajo para que se sentara a horcajadas encima suyo.
—No deberíamos hacerlo —susurró ella con voz ronca.
—Es cierto —admitió él, quitándole la blusa—. Pero no pensemos en eso. Limitémonos a disfrutar.
Le desabrochó el sujetador y comenzó a acariciarle los senos con los pulgares. Ella soltó un gemido de placer y, entonces, él comenzó a lamerle los pezones. Luego, se retiró para contemplarla así, con el pelo suelto y el placer dibujado en su rostro.
—Esto está mal —susurró ella antes de besarlo en la boca con apasionamiento—. Pero tienes razón. Limitémonos a disfrutar.
El deseo que reflejaba el tono de voz de ella excitó aún más a Nick, que comenzó a desabrocharse los pantalones mientras ella le quitaba la corbata y comenzaba a desabotonarle la camisa.
—Dime que me deseas —le pidió él, acariciándole de nuevo los pezones.
—Te deseo —susurró ella, incapaz de controlarse.
Cuando sintió que él le apartaba las braguitas y comenzaba a acariciarle el sexo húmedo, soltó un gemido.
—Miley Cyrus, eres todo un enigma —susurró él—. Bajo esa imagen remilgada que llevas, se esconde una mujer apasionada.
—No digas nada más —le pidió ella—. Hazme el amor.
Entonces él la penetró y trató de concentrarse en darle placer, pero enseguida se sintió tan excitado por los gemidos de ella, que no pudo controlarse más. Acto seguido se dejó llevar y alcanzó el clímax a la vez que ella.
Cuando acabaron, Miley se abrazó a él, que comenzó a acariciarle el cabello.
Ella no se atrevía a mirarlo a los ojos. Le asustaba que un hombre tuviera tanto poder sobre ella. Estaba algo enfadada consigo misma por su falta de control.
Finalmente, se apartó de él y comenzó a vestirse con manos temblorosas. Se alegró de que la habitación estuviera iluminada solo por las luces de la calle.
—Nick, ha sido solo sexo —dijo, tratando de encontrar una salida que la hiciera recuperar su habitual autocontrol.
—Por supuesto —contestó él, algo extrañado por el tono de ella.
—Bien. Porque mientras ambos estemos de acuerdo, no habrá ningún malentendido entre nosotros. Al fin y al cabo, trabajamos juntos y no podemos dejar que lo personal afecte a nuestro trabajo.
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