a luz de la mañana iluminó su poderoso pecho y su abdomen. Sin saber por qué, su extraordinario atractivo enfureció aún más a Miley. Lo deseaba, pero eso la enfadaba al mismo tiempo. Nick era un farsante y un mentiroso.
-No voy a permitir que me digas lo que puedo o no puedo hacer -le advirtió ella-. Me voy.
De repente, el enfado de Nick se desvaneció como si se hubiera quitado una máscara.
-No quiero que te vayas, Miley. Maldita sea, eres mi esposa. Tienes que pensar en el niño.
-Estoy pensando en el niño -respondió ella furiosa-. Estoy tratando de hacer lo que es mejor para todos; para ti, para mí y para el bebé.
-Creía que ya habíamos decidido qué era lo mejor. Estabas de acuerdo conmigo en que deberíamos formar una familia y esforzarnos para que funcionase.
-Pero no funciona, ¿no te parece, Nick?
-¿Y crees que con huir vas a mejorar la situación? -la voz de Nick se suavizó-. Miley, hablemos de ello. Sé que, últimamente, estás aburrida. No te he prestado la atención debida.
-De eso no hay duda -le espetó ella.
Estuvo a punto de hablarle de Lola, pero logró contenerse.
-Se debe al trabajo, pero te prometo que la situación mejorará.
Miley apartó las sábanas y se levantó de la cama.
-Eres un mentiroso, Nick. La situación no va a mejorar. Al menos, sé honesto contigo mismo y, de esa manera, podrás ser honesto conmigo también. La realidad es que no nos amamos.
Durante unos momentos, Nick se quedó en silencio, mirándola. Los ojos de Miley le parecieron imposiblemente grandes para un rostro tan pequeño, penetrándole hasta el último rincón del alma.
-Dame una buena razón, sólo una, para que me quede -preguntó ella de repente, su voz apenas un susurro.
-Tenemos un trato,Miley...
-No estoy de humor para hablar de tratos - Miley se acercó al armario y sacó un vestido.
Nunca se había sentido tan consciente de la mirada de Nick sobre su cuerpo, acariciándola como si sus ojos se hubieran transformado en manos.
-En ese caso, ¿de qué clase de humor estás? -preguntó él súbitamente, con voz sensual, cuando ella se acercó a la cama para agarrar el cepillo del pelo que había dejado encima de la mesilla-. ¿Estás de humor para tener sexo? Para eso sí que somos compatibles, ¿no?
Nick levantó un brazo y agarró el de Miley, tirando de ella hasta tumbarla en la cama.
-Nicholas, para - Miley trató de zafarse de él; pero Nick, agarrándole las muñecas, la sujetó con firmeza.
-¡Para, Nick!Miley trató de volver la cabeza, pero los labios de Nick se apoderaron de los suyos con dureza, en un beso castigador.
A pesar de sí misma, Miley le respondió. Nick le soltó las muñecas y encontró los botones del camisón de ella.
La respiración de Miley se tornó más dificultosa. Se odió a sí misma por desearlo tanto, sin dejar de recordarse que la noche anterior había encontrado a otra mujer en sus brazos. Pero esos pensamientos parecieron desvanecerse cuando, en una gran oleada de pasión, Nick volvió a besarla.
-Así está mejor -Nick esbozó una sonrisa-. Miley, me perteneces. Hemos hecho un trato, tanto si quieres hablar de ello como si no.
Nick la despojó del camisón. Piel contra piel. El sabor de él, su textura hicieron que Miley abandonara aquella lucha imposible. Empezó a devolverle los besos, respondiendo a su apasionada exigencia con igual intensidad, permitiendo que su enfado se tornara en una pasión con cierto sabor amargo.
Nick le hizo el amor de un modo totalmente diferente a lo que había experimentado con él hasta ese momento. Su pasión fue dura, autoritaria y posesiva. La excitó hasta el punto de hacerla odiarse a sí misma. Pero no pudo detenerlo. Fue sumamente excitante y sensual.
Al alcanzar el éxtasis, Miley gritó el nombre de Nick en una mezcla de placer y desesperación.
Nick se separó de ella.
El corazón de Miley galopaba, el cuerpo le ardía. Pero odiaba la forma como le había respondido. ¿Acaso no tenía amor propio?
-Bueno, has demostrado una cosa -dijo ella con voz temblorosa-. Has demostrado que tienes más fuerza que yo.
-Vamos, Miley-Nick se dio media vuelta y se la quedó mirando-. Paré un poco antes de llegar más lejos, podrías haberme dicho que parara. Has respondido, has seguido...
-Sí, es posible -no podía negarlo.Miley agarró su camisón y se lo puso con manos temblorosas.
-No te he hecho daño, ¿verdad?
Entonces, Miley lo miró.
-No, no me has hecho daño físicamente -necesitaba ser sincera con ella, pero se arrepintió al ver la mirada de pesar que cruzó los ojos de Nick.
- Miley... lo último que quiero en este mundo es hacerte daño. Pero...
-Pero si seguimos juntos eso es lo que vamos a continuar haciéndonos el uno al otro -la voz de ella estaba llena de desesperación.
Nick no respondió.Miley se levantó de la cama y fue al cuarto de baño.
Se dio una ducha y se vistió, sintiéndose vacía e insensible. Por mucho que tratara de analizar la situación para saber qué debía hacer, su mente se negaba a funcionar.
Después de acabar de arreglarse, salió al pasillo en busca de su marido.
Al entrar en la cocina el aroma de café recién hecho le dio la bienvenida. Nick había dejado la puerta posterior de la casa abierta, la de la cocina, y estaba en el porche con una taza de café en la mano. Llevaba pantalones cortos color crema y una camiseta clara. Se le veía relajado, con aspecto informal e increíblemente atractivo.
Nick se volvió al oírla.
-¿Te encuentras bien? -preguntó él con voz tensa.
-Sí, gracias -mintió ella.
Parecían educados desconocidos. Después de haber hecho el amor como lo habían hecho, era algo absurdo.
-Hay café en la cafetera.
-Gracias.Miley se sirvió un café y luego se volvió a él.
-He estado pensando -dijo Nick por fin, con calma-. Tienes razón. Puede que lo mejor sea que aceptes ese trabajo en Sydney.
Perversamente, Miley sólo sintió dolor y desilusión.
-No es bueno hacernos desgraciados el uno al otro -continuó él.
El silencio los envolvió, sólo se oía el ruido del bosque.
Por fin, Miley rompió el silencio
-Se trata de un contrato de dos meses -dijo ella, con la esperanza de que Nick le pidiera que se quedara-. Además, no creo que pueda trabajar más de dos meses, en caso de que realmente me contraten, que no es seguro del todo.
-Pero el piso de Joe te está esperando y es una oportunidad que no quieres dejar pasar -dijo Nick con voz seca.
-Lo consideraremos una separación de prueba, ¿te parece? -preguntó Miley con respiración entrecortada.
Nick se pasó una mano por los cabellos.
-Lo que tú quieras.
-Te llamaré todos los días y, en esos dos meses, tú tendrás tiempo para decidir qué quieres hacer.
-De acuerdo. Vete a Sydney, Miley. Persigue tu sueño.
Nick respiró hondamente. Dejarla marchar era lo más difícil que había hecho en su vida. Pero Miley quería trabajar como modelo y él, si no quería conseguir que ella lo odiara, tenía que ceder.
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