jueves, 2 de febrero de 2012

Cap 34.-


Miley no tenía ninguna posibilidad de escapar. Sus labios se entreabrieron y su lengua fue al encuentro de la de su pareja. Tras el contacto, Nick se estremeció y sus manos la aferraron más fuerte contra su pecho. Como dos imanes que se atraen por el polo opuesto, sus cuerpos estaban completamente pegados.

Se trataba de algo salvaje y excitante, y se alimentaba de la furia del hombre y el empeño de Miley de no dar marcha atrás, con las consecuencias que ello conllevaba. Era una combinación letal que los hizo perder el control sin posibilidad de remediarlo.

Nick la besó ardientemente y ella respondió de la misma forma, incitándolo a recurrir a toda su experiencia para concentrarla en esa zona concreta de su cuerpo.

Era una experiencia devoradora y embriagadora. Cuanto más le pedía Nick, más le daba ella, arqueando su cuerpo en puro acto de ofrecimiento hacia el tacto del hombre. Miley gimió de placer cuando él le acarició los pechos. Tenía la mano herida detrás de la nuca de Nick, y con la otra palpaba el musculoso torso masculino entreabriendo la camisa nerviosamente. Él se sobresaltó cuando notó el recorrido de Miley sobre su piel. Estaban en el paraíso. Si de pronto alguien hubiera abierto la puerta de su dormitorio, no se habrían dado cuenta. Estaban sumidos en un combate que ambos habían ido propiciando con el paso del tiempo.

Miley... —murmuró Nick, cerca de su boca.

Ella no supo si se trataba de una expresión de placer o de protesta. Pero sí fue consciente del ardor abrasador de la erección en el hombre. A partir de ese momento, decidió unirse lo más posible a ese miembro desafiante mientras el deseo la invadía por completo.

Parecía como si fueran amantes experimentados... ¡Y eso que era la primera vez que  Miley mantenía una relación sexual!

Los largos dedos de Nick desataron el cuerpo del vestido de la muchacha y volaron sobre su clara piel. A Miley se le pusieron los pelos de punta al notar ese contacto. Sin darse cuenta, Miley se topó con la cama mientras iba retrocediendo paso a paso.

Ambos cayeron sobre el colchón, abrazados. Nick estaba sin aliento, serio y con la boca húmeda por el largo beso que se habían estado dando. Pero fue su mirada lo que inmovilizó a Miley bajo su cuerpo.

Era la primera vez en su vida que ella veía una expresión parecida. Estaba llena de excitación, de ardor, pero también de vulnerabilidad.

—Te deseo —murmuró Nick.

—Sí —asintió Miley—. Estoy convencida de ello...

Pero ella lo dijo con dulzura y se irguió ligeramente y lo besó en la boca. Fue un beso apasionado y sincero.Pero la guerra tenía que continuar, sin dar más treguas al cariño o al juego. Nick la besó con auténtica ansiedad y ella le respondió con una pasión insospechada.

Casi sin darse cuenta,  Miley se fue quedando sin vestido y Nick se fue quitando la chaqueta, la camisa, la pajarita. Mientras tanto, besaba a  Miley, jugueteando y lamiéndola como un poseso.

Cuando ella se atrevió a palpar el sexo emergente de Nick se sorprendió al ver como se quedó completamente inmóvil. Miley lo miró dulcemente mientras permanecía tumbada a su lado. Él pareció tomarse una pausa para respirar. Luego, cerró los ojos y con los labios entreabiertos de nuevo se puso tenso. Pero no estaba tenso por el deseo, sino por otra cosa.

—¿Nick? —lo llamó ella, sin entender lo que estaba ocurriendo.

Como él no respondía, Miley retiró la mano de su sexo y, mortificada, se sonrojó. Pero antes de que la quitara, Nick se la inmovilizó con dedos temblorosos.

Una vez más, su comportamiento cambió. Dejó de ser pasional para ser el amante más dulce y sensual que hubiera existido jamás.

No obstante, aún estaba ávido de sexo... Tanto como lo estaba  Miley, con su boca sedienta de besos y sus ansias de tocarle todo el cuerpo.

Era como si en el mundo entero no existiera otra cosa...

La fiesta, la gente, la ira... todo había sido eclipsado por esa incursión maravillosa al mundo de los sentidos.

Él pesaba mucho, pero a Miley no le importaba.

Nick no estaba aún en su interior... pero la experiencia era realmente apasionante. La expresión del hombre era tan intensa que el corazón de Miley se arrebató.

«Te quiero tanto», quiso decirle ella. Pero prefirió callar para no romper el encanto de la situación.

Entonces, ella pasó a la acción: abrió un poco más las piernas entreabiertas y sonrió provocándolo. Arqueó la espalda y colocó el pubis contra su sexo, invitándolo a entrar.

La reacción de Nick fue sorprendente. Su rostro se puso tenso y su mirada se llenó de emoción. A continuación, con decisión se introdujo en lo más profundo del cuerpo de Miley.

Tras la ligera mueca de dolor que esbozó esta, Nick comprendió lo que ella acababa de ofrecerle. Luego, el ardor de la pasión los devoró de nuevo, olvidando el pequeño incidente.

Haciendo el amor, solo los más afortunados logran alcanzar las cotas más altas del placer.

Nick y Miley tuvieron esa suerte una y otra vez. Tras ese oleaje de sensaciones exacerbantes y deliciosas, ella comenzó a culminar su climax. Nick la estrechó aún más entre sus brazos y ella empezó a gemir cada vez más alto, cada vez más fuerte.

Un sollozo de rendición quebró su cuerpo estallando como una descarga eléctrica. Él se rindió al mismo tiempo con un aullido salvaje y entre espasmos de placer.

Necesitaron varios segundos para volver a la tierra.

Miley vio que Nick estaba tumbado relajadamente sobre su cuerpo. Tenía el rostro puesto sobre su cuello y el corazón le latía aceleradamente contra sus senos.

Por primera vez en los últimos meses, e incluso, en los últimos años,  Miley había sido verdaderamente feliz.

—Estoy en el paraíso —murmuró ella.

De pronto, Nick se retiró con un gesto brusco. Miley estaba atónita por su reacción. El hombre se puso de pie. En el rostro tenía una expresión muy peculiar: se había quedado anonadado. Tan alto y fuerte como era, allí estaba completamente desnudo. Cuando, enfrentó su mirada a la de Miley se estremeció y tuvo que apartar los ojos enseguida.

Ella estaba aterida de dolor y se había sentado con los codos sobre las rodillas, en posición fetal.

—¿Qué pasa? —preguntó Miley, aterrada.

—No... —murmuró Nick—. Esto no tenía que haber ocurrido.

¿Qué quería decir con eso?

— ¡Pero, ha ocurrido! —gritó Miley, furiosa por lo cruel que podía llegar a ser Nick.

Él ni siquiera se había dado cuenta de sus palabras. Comenzó a caminar a grandes zancadas y abriendo de par en par la puerta de sus habitaciones, desapareció, dejando a Miley sumida en el desaliento.

No tenía que haber ocurrido...

Miley estaba de acuerdo con él. Se quedó sentada entre las sábanas arrebujadas, en posición fetal

Porque, si no hubiera ocurrido, no se sentiría tan mal tras haber sido utilizada y rechazada de la forma más humillante.

O más bien, tras haber sido castigada, pensaba Miley mientras le oía vestirse en el dormitorio contiguo.

Como no había cerrado la puerta podía seguir todos sus ajetreados movimientos.

Miley se estremeció. Lo odiaba, lo despreciaba.

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