viernes, 3 de febrero de 2012

Cap 18.-

La lancha surcó las aguas esmeraldas y el viento arremolinó los cabellos de Miley.
El sol se estaba poniendo cuando Nick aminoró la velocidad y se acercó a una isla con playas con palmeras.Nick apagó el motor, y todo fue tranquilidad y silencio.
Nick permitió que la corriente los llevara lo más cerca posible a la blanca arena de la playa. Entonces, se quitó los zapatos y los calcetines y saltó al agua para tirar de la lancha.
Miley se subió el vestido y también saltó al agua para ayudarlo.
Ella rió y, cuando llegaron a la orilla, se tiraron cansados al lado de una palmera.
-¿Qué te hace tanta gracia?
-Nosotros. Debemos tener pinta de haber naufragado.
-¿Eso te parece? -Nick se miró y sonrió-. Bueno, yo sí que la tengo.
Después, la miró a ella y añadió:
-Pero tú... estás espectacular.
Algo en la forma como la miraba hizo que el deseo le quitara casi la respiración. Se humedeció los labios y, de repente, sintió una profunda timidez, incluso inseguridad.
-Hace mucho tiempo que no hacemos el amor -susurró ella con voz quebrada.
Nick guardó silencio unos instantes. Luego, bajó la cabeza.
-Hemos tenido una temporada muy loca.
-Te has mostrado muy distante durante las últimas semanas.
-¿Ésa es tu impresión? -Nick frunció el ceño-. No era mi intención. Lo que pasa es que tenía muchas cosas en la cabeza.
-¿Como, por ejemplo, si debíamos o no casarnos? -tenía que preguntárselo, aunque no sabía si quería saber la respuesta.
-Claro que no -contestó él con voz firme.
-Entonces, ¿no has tenido dudas en el último momento?
Nick le acarició la piel con los ojos.
-Ninguna.
-Pues, en las mayoría de las bodas, la gente se pone nerviosa en el último momento. Aunque supongo que, como nuestra boda se basa en motivos prácticos más que en nuestros sentimientos... las emociones normales...
-¿Y tú, has tenido dudas?
-Yo... he tenido algo de miedo -admitió ella con voz ronca.
Nick alzó una mano y le tocó el rostro. A 
Miley le conmovió el gesto.
-Entre los dos, conseguiremos que salga bien. Nos llevamos muy bien.
-Sí -
Miley se deprimió-. Tú lo ves todo desde un punto de vista práctico, Nick. Pero hay momentos en los que yo no me siento tan segura.
Las estrellas ya iluminaban el cielo y, ausentemente, 
Miley pensó en lo brillantes que se veían. El mar también había cambiado de color, ahora era negro, y el canto de las olas apaciguó sus oscuros pensamientos.
-No creo que haya sido práctico en absoluto -dijo él con voz queda-. Últimamente, hay momentos en los que me digo a mí mismo que soy un perfecto estúpido.
Ella lo miró fijamente.
-Me considero culpable de no haberle dado la suficiente importancia a nuestra relación -susurró Nick, mirándola intensamente a la boca-.
Miley, significas mucho para mí. Hoy, cuando estábamos juntos delante del altar, ha sido uno de los momentos más especiales de mi vida.
Nick extendió una mano y agarró la de su mujer.
-Estaba feliz de que hubieras aceptado ser mi esposa, de que vayamos a formar una familia.
-También ha sido un momento especial para mí -a 
Miley se le hizo un nudo en la garganta al preguntarse si lo que más feliz hacía a Nick era formar una familia, y los ojos se le llenaron de lágrimas.
-No llores,
Miley-dijo él con ternura.
-No lloro.
Nick le tocó la piel bajo los ojos.
-Sí, lloras.
-Es de felicidad -en cierto modo, era verdad. Y al menos, Nick no se arrepentía de su matrimonio. Aunque ella no fuera el amor de su vida, le tenía mucho afecto.
Lo miró y vio que la observaba con ojos oscuros. A pesar de la calidez de la noche, se estremeció.
-¿Por qué me miras así?
-Porque sé que piensas que has dejado pasar tu oportunidad en Sydney...
-Eso no es cierto -lo interrumpió ella con firmeza-. Estoy encantada de estar aquí contigo.
-Pero también piensas en lo que has renunciado.
Miley negó con la cabeza.
-Lo más probable es que esa agencia estuviera interesada en mí por el único motivo de ser Joe el que ha enviado las fotos. Joe se ha hecho con un nombre, y tiene mucho talento. Es capaz de hacer que cualquiera parezca guapa.
Nick se echó a reír.
-¿Por qué te ríes? -
Miley lo miró con el ceño fruncido-. ¿Qué es lo que te hace tanta gracia?
-Que hayas dicho justo lo que Joe me dijo que dirías.
-Pues es la verdad -
Miley se encogió de hombros.
-Para mí, no es la verdad -contestó Nick con voz queda-. Joe sabe lo que se hace.
-En cualquier caso, es irrelevante -declaró 
Miley, que no quería seguir hablando del tema-. Además, ya no les interesaría, a menos que fuera para modelar ropa de maternidad.
-No es irrelevante. Tengo miedo de que, en el futuro, me eches en cara haber arruinado tu carrera.
-¡Nicholas! ¿Cómo puedes decir una cosa así?
-Lo he pensado hoy durante el banquete. Al hablar del tema, Joe estaba seguro de que podrías haberte hecho famosa... y hubo un momento en el que te vi muy triste.
Ella sacudió la cabeza.
-Ahora, lo más importante para mí es mi bebé.
-Nuestro bebé -le corrigió él en voz baja-. Te prometo que haré todo lo que esté en mi mano por haceros felices a los dos,
Miley.
-Lo sé. Y yo haré lo mismo.
-¿Qué nombre vamos a poner al niño? -preguntó él de repente.
-¿Cómo sabes que va a ser un niño? -dijo ella con una sonrisa.
-Llámalo... intuición masculina.
-Pues yo creo que va a ser una niña -
Miley puso la cabeza en el hombro de su marido y miró la luna-. Y la llamaremos Zaira.
-Yo estaba pensando en Clark.
Miley  alzó la cabeza y lo miró.
-¿Clark? ¿Como Supermán?
Nick sonrió traviesamente.
-¿Por qué no?
-Porque creo que es una niña, por eso. Además, aunque fuera un niño, jamás le pondría de nombre Clark a mi hijo.
-Está bien, si es una niña se llamará Zaira, y si es un niño se llamará Alex. ¿Qué te parece?
Ella no contestó. Entonces, Nick bajó la cabeza y la besó con ternura. Fue un beso cargado de sentimiento, y ella respondió al instante.
El beso, de tierno, se transformó en exigente y apasionado en cuestión de segundos. El deseo cobró vida en el instante en que sintió las manos de él sobre su cuerpo, hábiles y provocativas.
Entonces, Nick se separó de ella.
-¿Te parece que nos retiremos a nuestros aposentos antes de que te posea aquí mismo? - Nick sonrió.
Miley asintió. Y juntos caminaron a lo largo de la playa desierta. No hablaron, limitándose a escuchar los sonidos de la noche australiana.
-Bueno, ya hemos llegado -Nick indicó un chalet de madera a su derecha, justo al borde de la playa, la única construcción a la vista.
Las luces de unas lamparillas brillaban en el porche de la cabaña.
-¿Cómo has encontrado este sitio? -le preguntó ella encantada cuando Nick la condujo a una preciosa habitación.
-Es parte de un complejo hotelero que hay al otro lado de la isla. Se llama El Escondite De Los Recién Casados -Nick sonrió maliciosamente-. Puede que la cabaña parezca primitiva, pero tiene todas las ventajas modernas.
Abrió la puerta del cuarto de baño, que tenía una bañera enorme y una ducha.
-Has pensado en todo.
-Eso espero. ¿Te importa que, antes de nada, me dé una ducha rápida?
-No, adelante. Yo voy a abrir la maleta a ver qué es lo que Demi ha metido en ella.
Miley tarareaba una canción mientras deshacía su equipaje. Aún sentía el calor de los besos de Nick, que habían restituido la confianza en su matrimonio.
Sonrió al sacar de la maleta un exquisito picardías de seda blanca. Con la pieza de lencería había una pequeña nota con la letra de Miley que leía: Un pequeño regalo de mi parte.
La sonrisa de
Miley se agrandó. Su hermana era una romántica. Puso el picardías encima de la cama y después, siguiendo un impulso, abrió la maleta de Nick con intención de deshacerle el equipaje.
Encima de la ropa había una tarjeta de felicitación con una rosa impresa. Sonrió, pensando que sería de alguien deseándoles felicidad, y abrió la tarjeta.
La sonrisa se murió en sus labios al instante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario