Nunca entendería a los hombres, pensó enfadada. A ella no le había importado ayudarlo, haber estado a su lado tanto en el plano emocional como económico. No le había importado tener ella el sueldo más alto. Pensaba tan solo que los dos trabajaban juntos con la idea de comprarse la nueva casa.
Y lo había amado. De acuerdo, no había habido fuegos artificiales entre ellos. Eso nunca. Había sido una sensación más relajada, más sólida. Pero a Miley le gustaba que fuera así, que los dos tuvieran los pies sobre la tierra. Y había creído que Liam pensaba lomismo.
La terrible discusión de hacía cuatro semanas había sido una sorpresa total. Había comenzado de manera inocente porque ella había regresado tarde del trabajo. Él le había reprochado que no le dedicaba tiempo suficiente, que se equivocaba en sus prioridades, que para ella era más importante el trabajo que él. Entonces, ella le había hecho un pequeño comentario sobre que necesitaba desarrollarse a nivel profesional y él se había puesto hecho una furia. Por algunos comentarios despectivos que hizo sobre su trabajo, Miley se había dado cuenta de que Liam estaba resentido por haberlo mantenido durante una temporada.
Cuando ella le había sugerido que se sentaran y hablaran con tranquilidad, él había reaccionado de manera arrogante, desechando la idea y marchándose del apartamento.
Había sido una discusión tan ridícula, que ella había pensado que él reflexionaría sobre ello y volvería para discutir las cosas de manera razonable. Pero Liam no había vuelto. O, por lo menos, no mientras ella había estado. Cuando había vuelto del trabajo al día siguiente, se encontró con que él se había llevado todas sus cosas, sin dejar señal alguna de que habían estado compartiendo un año de sus vidas.
—Pensé que a liam le gustaba que fuera independiente —comentó, girándose hacia Nick—, Pero resultó que no le gustaba.
Él se fijó en el aspecto frágil que presentaba Miley. Nunca la había visto en tal estado, así que se sorprendió mucho. Ella era una persona que se controlaba siempre y que parecía muy fuerte.
La muchacha apartó la vista y Nick se quedó pensativo.
—De todos modos, supongo que lo cierto era que estaba quedando con alguien. Una de mis amigas lo vio con ella hace poco —miró fijamente a Nick—. ¡El amor! Creo que con el próximo hombre que conozca va a ser a lo que le dé menos importancia.
Nick entornó los ojos y la miró pensativo.
—¿Y qué cosas pondrías primero en la lista?
—El respeto mutuo, lo primero —cerró los ojos como si estuviera pensando en la pregunta—. Y que fuera alguien amable y atento.
Él no pudo evitar pensar si la pasión figuraría en su lista. Tenía la sensación de que, bajo aquel aspecto profesional y sensato, ella debía esconder una faceta de increíble apasionamiento. Bajó los ojos y observó su cuerpo.
Miley, consciente de que él la estaba mirando con bastante atención, se puso colorada y se preguntó por qué demonios le había contado todo aquello.
—Y ya basta de hablar de mí. ¿Dónde está hoy Helen? —preguntó.
—Ha estado trabajando en un caso importante toda la semana. Hoy han dado el veredicto y su cliente ha sido absuelto. Así que me imagino que lo está celebrando con todos los compañeros.
—Debe ser difícil hacer coincidir vuestras apretadas agendas.
—Sí, a veces es complicado —admitió él.
En aquel momento, el reloj del pasillo dio las dos.
—No sabía que era tan tarde —dijo Miley, sorprendida.
—Yo tampoco —replicó Nick, sonriendo—. Para ser dos personas que no suelen hablar de su vida privada, creo que hemos recuperado parte del tiempo perdido.
—Sí.
—Y ha sido muy agradable.
Ella se tomó el vino que le quedaba y pensó que Nick tenía razón. Era un placer estar sentada a su lado hablando. Era una persona muy amable. La luz de la chimenea y los copos de nieve que caían silenciosos en el patio, daban a la escena un aire un poco romántico. El problema estaba en que ellos dos no eran las personas adecuadas. Él debería estar con Helen y ella con Liam, se dijo casi enfadada.
Se giró hacia él y lo miró relajada, fijándose en que resultaba extremadamente sexy vestido de manera informal. Se preguntó de repente lo que sentiría si enredara las manos en su cabello negro y espeso antes de besarlo. De inmediato, trató de pensar en otra cosa. ¡Era su jefe! El hombre que la ponía nerviosa con su intensa mirada mientras le daba órdenes. ¿Se estaba volviendo loca o qué?
Él la miró y esbozó una sonrisa. Fue una sonrisa tan cálida, tan atractiva, que la hizo sentirse aún más confusa. Nick Jonas era un hombre impresionante, pensó, casi mareada. Pero si se enteraba de lo que acababa de pensar, seguro que se horrorizaría. —Es mejor que me vaya a la cama —dijo. —No hemos terminado la botella de vino —protestó él—. Quédate a tomar otra copa.
—Mejor que no —dijo, levantándose.
Nick también se levantó educadamente.
—Bien, buenas noches —dijo ella con una sonrisa en los labios.
—Buenas noches —al decirlo, sus ojos encontraron los de ella y luego se posaron en sus labios.
Nick no se movió. Parecía como si algo la atara al suelo.
Nick extendió una mano y acarició un mechón de pelo que tenía sobre los ojos. Fue un gesto íntimo y el contacto de sus dedos la hizo sentir calor por dentro.
—Estás preciosa con el pelo suelto. Lo deberías llevar así más a menudo.
—Me estorba —respondió con el corazón latiéndole a toda velocidad.
—Eres una mujer muy práctica. En tu modo de vestir y también en la manera en que piensas sobre las relaciones personales —esbozó una sonrisa—. Apuesto a que tienes tu colección de compactos ordenada alfabéticamente, ¿a que sí?
—No, pero es una buena idea.
Su voz se apagó al darse cuenta de que él se estaba acercando y la iba a besar.
Ella podía haberse ido, pero no lo hizo. Le entró una especie de locura que la hizo inclinarse hacia delante, encontrarse con sus labios y responder a la suave presión de su boca.
Estar entre sus brazos fue una sensación increíble. Los labios de Nick la provocaban eróticamente al moverse sobre los de ella. Miley notó que se apretaba contra ella y sintió cómo una oleada de excitación recorría su cuerpo. Quería estar más cerca de él. Deseaba que le acariciara por todas partes. Cuando sintió sus manos en la espalda, quiso más. Necesitaba sentirlas sobre su piel.
Entonces, rodeó el cuello de él con sus brazos y el beso se hizo más profundo. Nick exploraba su boca con una sabiduría que la estaba haciendo enloquecer. De repente, sintió las manos de él en la cintura y se dio cuenta de que le había sacado la blusa de la falda. La sensación de aquellas manos le produjo un hormigueo por todo el cuerpo.
Deseaba que él le desabrochara la blusa. Quería sentir sus manos sobre los senos, que tenía hinchados por el placer y la excitación.
Nick la besó en la cara y luego bajó por el cuello de un modo totalmente desconocido para ella.
Si continuaban así, sabía que acabarían haciendo el amor. Se acabaría entregando por completo a él y eso no estaría bien.
Ese pensamiento la hizo volver a la realidad en medio de aquella tormenta de deseo.
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