sábado, 18 de febrero de 2012

Cap 28.- ¡FINAL!

ESTABA embarazada, se repitió a sí misma cuando llegó a su apartamento. Se había que­dado muy impactada al enterarse de que el picor en la piel se debía a que esperaba un bebé.
El médico le había explicado que se trataba de una reacción hormonal. Luego le había dicho que debía es­tar de unos dos meses más o menos. Por lo cual, debía haberse quedado embarazada aquella noche en que hi­cieron el amor en su apartamento.
Miley miró la hora y comprobó que faltaba una hora para que Nick se pasara a recogerla. Pero no tenía ganas de verlo todavía. Quería pensar con calma cómo iba a de­círselo, ya que no sabía de qué manera iba a tomárselo él.
Necesitaba consultarlo con la almohada antes de hablar con Nick, pero ya era tarde para cancelar su cita para cenar. Así que tendría que ir con él y pasar la noche lo mejor que pudiera.
Fue a ducharse y cambiarse. Cuando terminó, él ya estaba allí, diez minutos antes de la hora.
—¿Qué tal te ha ido con el doctor Hallowell?
—Bien. Solo era una alergia.
Miley recogió su bolso.
—Estoy lista.
El Waterside estaba, como siempre, lleno, pero ellos no tuvieron que esperar ni un minuto.
Ya en la mesa, Miley examinó el menú. Cuando llegó el camarero con una botella de champán, no le dejó que le rellenara la copa. No debía olvidar que las embarazadas no podían beber alcohol.
—Tomaré solo agua, gracias.
Una vez que se quedaron solos, levantó la vista ha­cia Nick.
—¿Qué tal la niñera de Beth?
—Bien. Ella está muy contenta con Paula.
Miley asintió, recordando que había sido la última a la que había entrevistado.
Nick levantó su copa.
—Brindemos por nuestra boda. Que será... ¿en ju­nio?
—Pero si ya estamos a mediados de junio —en reali­dad, no quería hacer planes hasta haberle dado la noti­cia de que estaba embarazada.
—Ya. Pero hay que fijar la boda cuanto antes.
Llegó un camarero y les tomó nota.
—¿Te parece que nos casemos entonces en julio? —insistió Nick—. ¿Y qué prefieres: casarte por la igle­sia o por lo civil?
—Por lo civil, que es menos lío.
—Muy bien.
En ese momento, llegó un camarero y le dijo algo en voz baja a Nick.
—Lo siento, Miley —se excusó él—. Jamie quiere verme en su despacho.
—Sí, claro.
Ella se lo quedó mirando mientras se alejaba y, en ese momento, sonó el móvil de Nick. Era Helen, se­gún pudo leer en la pantalla.
Después de pensárselo un instante, contestó la lla­mada.
—Hola, cariño, quería comentarte algo sobre lo de París... —comenzó a decir Helen.
Miley colgó, comprendiendo a qué se había debido el lapsus de Nick. Se iba a llevar a Helen a París.
—Me han llamado, ¿no?
La voz de él la sobresaltó.
—Sí —respondió ella, tragando saliva.
—¿Quién era?
—No lo sé —mintió, devolviéndole el móvil.
En ese momento volvió a sonar el teléfono, pero él no quiso contestar.
—No es importante. Ya dejarán un mensaje —dijo Nick, fijándose en que ella se había puesto muy pá­lida—. Miley, ¿te pasa algo?
—No me encuentro bien —respondió ella—. ¿Te im­porta que nos vayamos?
—Claro —dijo él, haciendo una seña al camarero.
Jamie se acercó de inmediato para preguntarle a Nick si pasaba algo.
Pero Miley no esperó y salió a toda prisa del restau­rante. Se acercó al dique, preguntándose por qué le ha­bía afectado tanto aquello. Porque, al fin y al cabo, siempre había sabido que su matrimonio solo era una especie de trato, ya que él no la quería.
—Miley, ¿te pasa algo? —le preguntó Nick, que ha­bía salido detrás de ella.
—No voy a casarme contigo —dijo ella en un tono frío.
—Pero eso no puede ser. Vamos al coche y hable­mos.
—No hay nada que hablar —replicó ella, sacudiendo la cabeza.
Él le agarró con fuerza de la mano.
—¿Por qué?
—La que llamó hace un momento fue Helen, que quería hablar contigo del viaje a París.
—¿De qué viaje?
—Vamos, Nick, no soy tonta y sé que vas a París con ella.
—No es cierto.
—Entonces, ¿por qué ha mencionado ella lo de Pa­rís?
—No lo sé, pero vamos a comprobarlo enseguida —Nick sacó su móvil y llamó a Helen—. He visto que me has llamado antes. ¿Qué querías? —sacudió la ca­beza—. ¿Puedes repetirlo?
Nick le puso el móvil en la oreja de Miley.
—Como me contaste esta mañana que ibas a París, quería pedirte que me trajeras algún bote de mi per­fume favorito.
Él le quitó el móvil y colgó.
—Lo siento, Nick —se excusó Miley—. Sé que eres un hombre honrado y que adoras a tu hija.
—Y también a su prometida. Miley, nunca te haría algo así. No podría soportar perderte.
Ella se quedó petrificada.
—Entonces, ¿me amas?
—Por supuesto que te amo —aseguró Nick, mirán­dola con ternura.
—Oh, Nick —Miley lo abrazó—. Yo también te quiero.
Se besaron apasionadamente.
—Pero, ¿por qué no me dijiste antes que me querías? —le preguntó ella—. Cuando me pediste que me casara contigo, pareció como si me estuvieras haciendo una oferta de negocios.
—Es que no quería asustarte al decirte lo que sentía por ti.
—Pues yo pensaba que era porque seguías queriendo a Helen.
—Nunca la he querido —aseguró Nick—. Nunca he sentido por ella lo que siento por ti —añadió, besándola con ternura—. Sin embargo, sí tenías razón al sospechar que había algo raro en mi viaje a París.
Nick abrió la guantera y sacó un sobre.
—Mira, estos son nuestros billetes de avión a París. Miley, quería darte una sorpresa.
Ella se abrazó a él.
—¡Oh, Nick, te quiero tanto!
Volvieron a besarse.
—Yo también tengo una sorpresa para ti —comentó ella con timidez.
—¿Qué sorpresa?
—Cuando empezaste a hablarme antes de la boda, no te contesté porque tengo que decirte algo impor­tante —Miley respiró hondo—. Estoy embarazada de dos meses, Miley. Me he enterado hoy.
Él se quedó muy serio, pero enseguida una enorme sonrisa iluminó su cara.
—Cariño, es maravilloso.
—¿No crees que quizá Beth no quiera tener un hermanito o hermanita?
—Ni hablar. Va a ponerse tan contenta como yo.
Nick la abrazó y la besó con ternura.
—Creo que al final he encontrado el Paraíso —susu­rró ella.
Fin

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