martes, 29 de mayo de 2012

Capitulo 2.-


Miley, dejando la mochila en la cama-.
- ¿Es que no se te ha ocurrido que nunca lo has mencionado?
-No puedo acordarme de ningún momento en el que al menos no lo sospechara. Pero tenía miedo de que, si se lo decía a alguien, incluso a ti, acabaría por salir en la portada del periódico local y no podría volver a aparecer por casa.
 - Tenías que haberte imaginado que me enteraría en cuanto llegara aquí.
 -Claro, pero esto es Nueva York y no Ohio, donde tal vez le hubieras dicho algo a alguien sin querer. Lo siento, Mils. Sé que debería habértelo dicho hace mucho tiempo. ¿Amigos?
 -¿Cómo no íbamos a ser amigos? -preguntó Mils, sonriendo.
 - Me tenías algo preocupado en eso -dijo él, abrazándola.
 De repente, un sonido algo estridente salió de entre los dos-.
- O somos capaces de hacer música con nuestros cuerpos o es mi teléfono móvil.
-Creo que es más bien el teléfono –dijo Miley, riendo.
- Cristian Cyrus-dijo él, tras sacarse el teléfono del bolsillo-. ¡Nick! Me alegro de tener noticias tuyas -añadió, mirando a Miley.
-¡Por fin os encuentro! -exclamó Daniel, saliendo de entre el attrezzo con una bandeja de sandwiches y agua mineral.
-Ahora mismo la estoy mirando -le decía Nick al teléfono-. Todo está arreglado.
-¿Cómo? -exclamó Miley-. ¡No!
-Claro, claro que está dispuesta. Por cierto, ¿te he mencionado que es mi prima? -preguntó Nick.
Mils se acercó a Nick y le tomó por el cuello de su chaqueta, sacudiendo la cabeza-.
- ¿Engañarte? -añadió Nick al teléfono mientras le suplicaba a Miley con un gesto de los labios-. No, Nick, no, claro que no te he engañado. Es modelo. Se llama Miley Cyrus. En estos momentos se aloja conmigo porque acaba de llegar a la ciudad procedente de...
-Tahití -le ofreció Daniel mientras ponía la bandeja en el cofre.
- Tahití -dijo Nick al teléfono-.. Creo que... de presentar unos bañadores. Para uno de esos calendarios.
-Cris... -dijo Miley.
 -No -observó Cris, tapándole a Miley la boca-. No, no tiene casa propia.Ya no... Porque... ha estado fuera de la ciudad durante un tiempo. Ha estado trabajando en... -añadió, mirando a Daniel para que le ayudara.
- Milán -dijo Daniel.
- Milán -concluyó Cris.
-¿Milán? ¿Tahití? -protestó Miley, tras apartar la mano de su primo-. Cris...
 -¿Por qué no se lo dices tú mismo? -sugirió Cris, pasándole el teléfono a Miley para luego dejarse caer al suelo de rodillas con las manos suplicándole.
-¿Señorita Cyrus? -decía la voz al otro lado del teléfono, profunda y suave.
 -¿Sí?
-Quería decirle lo mucho que le agradezco que haga esto por mí, especialmente cuando le hemos avisado con tan poco tiempo.
-Gracias. Quiero decir, de nada -contestó Miley, tragando saliva.
-Y, desde luego, le estoy muy agradecido a su primo por haberlo organizado todo.
 -Sí, es un hombre al que le gusta ayudar , musitó Miley, dándose cuenta de que Cris había conseguido justamente lo que buscaba.
-¿Paso a recogerla a las ocho y media entonces?
-A las ocho y media estará bien -dijo Miley, viendo a Cris aferrado a sus piernas.
-Gracias, gracias, gracias -susurraba Cris.
-Hasta luego, entonces -dijo Nick Jonas.
-Adiós -respondió Miley, colgando el teléfono.
-¡Gracias, Mils! -exclamó Cris, que, trasponerse de pie, la besaba y la abrazaba alocadamente-. ¡Te adoro!
 -¿De verdad? Pues yo creo que estoy empezando a odiarte -bromeó Mils, dejándose caer en la cama.
Tomó un bocadillo pero al ver que estaba hecho de carne casi cruda, lo volvió a dejar en la bandeja.
 -¿Va a dormir aquí? -preguntó Daniel-. No creí que le gustara estar aquí, rodeada de toda tu parafernalia fellinesca.
 -y no le gusta -dijo Cris, sentándose también en la cama y tomando un sandwich-. Se siente vulnerable e indefensa sin cuatro lindas paredes a su alrededor pero es demasiado educada como para decir nada.
 -¿Quieres dejar de leerme los pensamientos?
 -¿Cuatro paredes? -preguntó Daniel, moviendo las perchas de manera que formaran un cuadrado perfecto alrededor de la cama-. Voilá! Ya tienes cuatro paredes.
-Me gusta más así -dijo Miley, atentamente observada por Cris-. Muchas gracias, Daniel.
-¿Has hecho tú todos esos trajes? -añadió, al ver una máquina de coser.
-Algunos -respondió Daniel, abriendo la botella de agua-. El resto los he comprado, pero normalmente tienen que modificarse para que le sirvan a un hombre.
-Hablando de trajes -dijo Cris, con la boca llena-. Miley va a necesitar un traje de noche para la fiesta. Algo sexy pero elegante. Además de zapatos, peinado, maquillaje... Bueno, todo el lote. Esperaba que tú, Daniel, pudieras sacudir la varita mágica y transformar en una Cenicienta a nuestra pequeña pueblerina.
-¿Hacer de hada madrina, eh? -preguntó Daniel-. ¡Ese es mi papel favorito! ¿Cuánto mides? ¿Un metro setenta y cinco más o menos? ¿Y cuál es tu talla? Espera, déjame adivinar -añadió, haciendo que Miley se pusiera de pie-. Esa ropa tan amplia que llevas no me ayuda, pero yo diría... que eres una cuarenta de cuerpo y treinta y ocho de piernas. Entonces, rápidamente, se fue a una de las perchas y sacó un vestido, que acercó para que Miley lo inspeccionara. .
-¿Eso? -preguntó Miley, examinando el vestido.
Era un vestido de seda largo, cortado al bies, de color cobre con unas finísimas hombreras-. Pero si no tiene nada de tela -protestó ella.
 -Ya verás como sí la tiene cuando te lo pongas -dijo Daniel, sonriendo-. Es perfecto.
 -Pruébatelo -le animó Cris, poniéndose de pie para bajar las persianas.
-¿Y qué talla tienes de pecho? -preguntó Kevin, mirándole los senos-. ¿Una ochenta y cinco? Tengo un precioso sujetador sin hombreras, de los que realzan el pecho y viene con un tanga a juego.
-¡Un tanga! -exclamó Miley, escandalizada.
- Las marcas de las braguitas son la muerte para un vestido como este. Además, tengo una bisutería de circonita que parece completamente auténtica. Y si usas un treinta y nueve de pie, y me apuesto mi rizador de pestañas a que es así, tengo unos zapatos de tacón de aguja dorados que son para morirse.
-Si puedo andar con ellos, me los pondré, pero no quiero bisutería. Me pondré mis cosas.
 Tras desabrochar la mochila, sacó su collar más espectacular. Era de oro, labrado para simular unas ramas, del que colgaban dos docenas de piedras de ámbar, ónice y granate muy bien pulidas. En el centro, algo más baja que las demás, Miley había colgado «el huevo del águila», una nuez de ámbar que guardaba en su interior un insecto alado prehistórico perfectamente conservado.
-Esto es la cosa más fea que he visto en toda mi vida -dijo Daniel, sosteniendo el collar delante de la ventana.
-No te preocupes por lo que dice, primita -dijo Cris-. Es que tiene una debilidad extrema por el brillo y el relumbrón. Es su mayor falta.
 -Eso y una debilidad por los hombres que se disculpan por mí cuando deberían estar convenciendo a sus primas para que no se pongan un vestido de noche con un collar de pedruscos y bichos -dijo Daniel, devolviéndole el collar a Miley con dos dedos-. Pruébate el vestido para que pueda entallártelo. Luego, es mejor que te des un relajante baño de espuma para que luego pueda yo peinarte y maquillarte. Te prometo no ponerte como una máscara -añadió, al ver el pánico reflejado en el rostro de Miley.
Miley les pidió a los hombres que esperaran fuera del perímetro de las perchas mientras ella se cambiaba a pesar de las protestas de Daniel de que ellos eran inmunes a sus encantos.
-Lo que tienes que recordar esta noche es que tú estás allí estrictamente para Nick Jonas -dijo Cris-Tú eres su adorno. No te despegues de su lado, sonríe constantemente Y ríele los chistes. Sé encantadora pero no hables demasiado Y no hagas amistades tú sola.
-Me estás convirtiendo en una geisha -replicó ella, quitándose la sudadera y la camiseta.
-Ya te dije que no había sexo de por medio.
- Las geishas no son prostitutas –intervino Daniel.
 - Efectivamente -confirmó Miley, quitándose las zapatillas-. Su trabajo es tener un buen aspecto y mimar a los hombres. Eso es todo. Ellas se limitan a servir el té, a cantar y a ese tipo de cosas.
-y no le digas a nadie que acabas de conocerlo -le advirtió Cris-. Tiene que parecer que hay algo entre vosotros.
-¿Y por qué no se lleva simplemente una muñeca hinchable? -preguntó Miley. Creo que con eso le vale.
-Miley...
-Espero que te des cuenta de que esta noche estoy agotada -añadió ella, quitándose los vaqueros-.Ya sabes lo maliciosa que me pongo cuando estoy cansada.
-¿Tú? -preguntó Daniel-. ¿Maliciosa?
-Sí, se le cruzan los cables muy rápido cuando está cansada -confirmó Cris-. Mileysita, cielo, prométeme que te lo pensarás dos veces antes de hablar esta noche. Por favor. Y no le digas que haces joyas. Él cree que eres modelo. Si alguien te pregunta para qué agencia trabajas, di que para «Boss». Creo que se llama «Boss Models Worldwide». Si te preguntan lo que ganas...
-Nadie me va a preguntar algo tan grosero -dijo Miley, poniéndose el collar.
 -Esto es Nueva York Aquí son así de groseros -replicó Cris-. Diles que cobras cinco mil dólares al día.
-¿Al día? No creo que pueda decir eso sin que se me note que estoy mintiendo -añadió ella, mientras se ponía el vestido.
Era precioso, pero con las tiras de su sujetador y el pelo tan desordenado no dejaba de parecer una niña que se había vestido con las ropas de su madre. Por mucho que Daniel la arreglara no dejaría de parecer una granjera con un vestido caro.
 -Creo que esta noche va a ser una pesadilla.
 -¡Cielito, no! -exclamó Daniel-. No escuches a Cris. Limítate a relajarte y a divertirte.
-¡No! -replicó Cris-. ¡No te relajes! Hay demasiado en juego aquí. No quiero insultarte ni nada por el estilo pero, ¿sabes qué tenedor hay que usar y todas esas cosas?
-Sí, claro. El grande para recoger el heno y el pequeño para armar pianos.
-Miley -insistió Cris-. Recuerda que acabas de volver de Tahití y que, antes de eso, vivías en Milán. ¿Crees que te acordarás? Cinco mil al día, Tahití. . .
 -¿Y si no puedo? ¿Es que vaya arruinar tu vida?
 -Solo mi carrera -dijo Cris, con un suspiro
Miley miró el reflejo de su imagen en la ventana, rodeada por el panorama de la ciudad con la que había soñado durante años. Casi deseó no haber puesto el pie allí.
-Ya te he dicho que te odio, ¿verdad Cris?
El timbre sonó justo cuando Daniel estaba terminando de maquillar a Miley.
 -Es muy puntual. ¡Qué banalidad! –protestó Daniel.
-¡Ya ha llegado! -exclamó Cris, asomando la cabeza por la puerta del cuarto de baño-.Acabo de abrirle. ¿Estás lista?
-Casi -dijo Daniel.
-¿Y el pelo? -preguntó Miley.
 -Dame cinco minutos -respondió Daniel, sacando unas tenacillas del pelo y enchufándolas.
 - Entonces, te acuerdas de todo lo que te he dicho, ¿verdad? -insistió Cris-. No te separes de Nick no hables demasiado...
-Cris, ¿te pones así cuando estás preparando una de tus fiestas? .
-Sí. Por eso todo sale perfectamente -le espetó él-. Dan, ¿te parece que ese color de lápiz de labios es el adecuado? ¿No crees que sería mejor algo más oscuro...?
-iCállate y sal de aquí! -protestó Daniel-.Está a punto de llegar a la puerta. En aquel momento, sonaron tres golpes en la puerta principal.
 -Ya es hora -dijo Cris, yendo a abrir y dejándose la puerta entreabierta. Unos segundos después, se oyó el ruido de las cerraduras y la puerta abriéndose-. ¡Nick! Me alegro mucho de volver a verte.
-Cristian -dijo una profunda voz, que lleno a Miley de pánico.
-¿Me das el abrigo? -le ofreció Cris.
-No, gracias. Espero que ella esté lista. Le dije a las ocho y media en punto.
-Claro que está lista. Saldrá enseguida -añadió Cris, en voz más alta para que Daniel y Miley le oyeran.
-Tranquila -susurró Daniel-. Parece que te van a poner una inyección letal.
-Ese hombre me intimida.
-Miley, mírate -dijo Daniel, dándole un espejo.
Miley vio que su aspecto era excelente.
Daniel le había aplicado el maquillaje con muchísimo cuidado, resaltándole los rasgos, y le había metido el vestido hasta que le sentaba como un guante. Además, el sujetador le daba un escote de lo más llamativo en el que «el huevo del águila» se alojaba cómodamente. Estaba provocativa pero elegante. Era la verdadera esencia de una geisha.
-Creo que si esta noche alguien se siente intimidado, será Nick Jonas -añadió Daniel.
En el salón, Cris estaba invitando a Nick a tomar algo de beber.
-Whisky, si tienes -respondió Jonas.
-¿Solo?
-Con hielo. ¿Te importa si fumo?
-En absoluto, en absoluto... Estoy seguro de que tengo algo por aquí que podremos usar de cenicero.
Daniel hizo un gesto de asco en el espejo.
-Cris es normalmente el primero en decir que fumen fuera. Me horroriza verlo comportarse tan servilmente -le dijo Daniel mientras le recogía el pelo con dos de las agujas que la propia Miley había diseñado para adornos del pelo.
Luego le soltó unos pequeños mechones, dándole un aspecto ingenuo a la vez que sofisticado-. Me está empezando a gustar ese collar. Ya no me parece ni la mitad de feo de lo que me pareció esta tarde.
-Me asustas cuando dices esas cosas, Daniel. Yo he venido a Nueva York para crear mis joyas, como esta. Tengo que hacerme con una clientela a la que le guste este tipo de cosas.
 -Oh, no dejes que yo te influya, querida. Soy un esclavo del brillo y del relumbrón, como te he dicho Cris. Por cierto -añadió, tomándole las manos a Miley, que nunca se había hecho la manicura-, todavía hay ciertos retoques...
-Creo que es mejor que los dejemos-sugirió Miley.
- Tienes razón. Voy a por tu chaqueta y tu bolso.
Miley trató de no morderse los labios. Cuadró los hombros y se dirigió al salón, deteniéndose justo en la puerta, detrás de un enorme ficus.
Cris y Nick Jonas estaban hablando de la vida social de Nueva York.
Nick se rió un par de veces. Tal vez, después de todo, era un buen tipo. 
 -¿Dónde se celebra la gala de esta noche? - preguntó Cris.
-En el Waldorf -respondió Nick Jonas, tomando un sorbo del whisky.
-¿En la sala Imperio?
 -No, en el Gran Salón de Baile.
 -Me impresionas -replicó Cris.
-Necesitábamos una sala de ese tamaño. Tiene capacidad para mil quinientos invitados sentados.
- Es una sala espectacular -prosiguió Cris-. Es perfecta cuando se quiere un aura de lujo clásico pero, ¿has pensado alguna vez en la rampa de un aparcamiento?
-¿Te refieres a un aparcamiento público? -preguntó Nick Jonas, riendo.
-No, no, no. No parecería un aparcamiento. Por dentro no. Yo lo transformaría en un castillo medieval o en una tumba egipcia llena de tesoros y pasajes secretos...

sábado, 26 de mayo de 2012

Capitulo 1.-


-¿Sabes, lo que es «golosina para el brazo»? preguntó Cristian, el primo de Miley, mientras paraba un taxi en la Séptima Avenida.
A pesar de que había habido taxis en la estación de Pensilvania, Cristian se había negado a tomar uno por lo cercana que estaba su casa. Sin embargo, el pesado equipaje le había hecho cambiar de opinión.
-¿«Golosina para el brazo»? -replicó Miley, algo aturdida por el bullicio de Manhattan en aquella soleada tarde de septiembre-. ¿Qué es eso? ¿Una droga?
- Ese es uno de los significados -dijo él, mientras metía el equipaje en el maletero del coche-. No es como si no supieras lo que es una gran ciudad.
 -Cleveland es de tercera división comparada con esto -comentó Miley, metiéndose, junto con su primo, en el asiento trasero del taxi, que arrancó y se introdujo de nuevo en el lento flujo del tráfico neoyorquino.
-Ya lo entiendo. Entonces, esto es como una especie de prueba personal para ti. Supongo que crees que si consigues progresar aquí, lo podrás hacer en cualquier sitio, ¿no?
-¡Oye! Tú lo has conseguido -replicó Miley, riendo, mientras le daba un puñetazo en la espalda.
 Bajo de estatura y con su pelo castaño eternamente revuelto, Cristian Cyrus se parecía más a un novato de instituto que a un joven empresario de veinticuatro años.
Siete años atrás, después de dejar el instituto en Keniston, Ohio, su ciudad natal, se había mudado a nueva York.
 La opinión de todo el mundo había sido que no conseguiría nada pero se las había ingeniado para transformar su apetito por la dolce vida en una lucrativa carrera que él llamaba «organización de acontecimientos sociales» y que podría definirse más bien como «preparar fiestas».
-Entonces, ¿cómo te va en el amor? -preguntó Miley-. ¿Estás saliendo en serio con alguien?
Con su aspecto juvenil y su magnética sonrisa, Cris como le decian sus amigos había sido un rompecorazones en Keniston. Sin embargo, siempre había puesto tierra por medio cuando las relaciones habían empezado a ir más en serio.
 -¿Salir en serio? ¿En qué planeta has estado viviendo? ¿Y tú? -le desafió él-. ¿Has tenido alguna vez una relación con alguien? No me puedo creer que...
-¡No te oigo! ¡No te oigo! -exclamó Miley, poniéndose las manos en los oídos-. Na, na, na, na...
-No creo que será por falta de oportunidades -le dijo Cris, apartándole las manos de los oídos-. En cuanto te miren los hombres, con ese pelo rubio, esa cara Y esas piernas, por no mencionar tus... -se detuvo, mirándole el pecho-.... otros atributos, estoy seguro de que se vuelven locos. Y eso a pesar de esta armadura que te pones -añadió, señalando la enorme sudadera que llevaba sobre los vaqueros.
-Exactamente -replicó ella-. Los hombres ven partes de mí, y las desean pero nunca me desean a mí. No a mí como persona. Para ellos, yo solo soy una típica rubia estúpida.
-¿Es que no te das cuenta? -preguntó Cris, dándose un golpe en la frente-. Es un círculo vicioso. Los hombres muestran interés por ti y, así, de repente, tú decides que no eres tú lo que quieren, sino tu cuerpo de escándalo. El resultado es que así consigues mantenerlos a distancia, ergo nunca llegan a conocer a la verdadera Miles, ergo cualquier relación se corta de raíz.
-¿Ergo? -preguntó Miley, extrañada de que su primo hubiera utilizado aquella palabra latina tan culta.
-Se supone que las chicas que tienen un título de tres al cuarto no deben juzgar a otras personas...
-¡De tres al cuarto! ¡De tres al cuarto! -replicó Miley, que había conseguido pagarse su bien ganado título en metales, sin duda el más difícil de todas los cursos que se ofrecían en su escuela de oficios, trabajando en el restaurante de costillas más grasienta de Cleveland.
-Lo que quería decir es que alguien, en alguna parte, tiene que romper ese círculo. –insistió Cris, con exagerada paciencia-. Y, dada la falta de ingenio de la mayoría de los hombres para las relaciones hombre-mujer, creo que ese alguien vas a tener que ser tú.
- Y me da el consejo el experto en compromisos de la ciudad de Nueva York -concluyó Miley, poniéndose a mirar par la ventana-. Bueno, ¿qué es eso de «golosina para el brazo»?
-Ah, buena... Es una mujer que sale con un hombre al que no conoce, o por lo menos no conoce muy bien, como en una especie de... acuerdo. Nada serio y no. hay implicaciones románticas. Y, normalmente, un intermediario concierta la cita.
- En Cleveland decimos que eso es ser una chica de alterne.
 -No., no., no.. En este casa no hay sexo de por medio ni se intercambia dinero. La chica es solo algo ornamental. Estas chicas tienen que ser del tipo que hace que todo el mundo se vuelva a mirarlas. La mayaría de ellas son modelos profesionales. Altas, guapísimas y con... atributos de sobra.
 -¿Y los hombres? Son más mayores y no tan decorativos, ¿verdad?
 - Lo único que los hombres tienen en común es su posición social en la cadena alimenticia de Nueva York. Esta normalmente suele estar entre los tiburones. La «golosina para el brazo» es simplemente otro símbolo de su situación social, como los coches o los barcos.
 - Me parece que este tema beneficia más a los tiburones que al plancton con el que salen. ¿Qué sacan las mujeres de todo esto si no hay dinero de por medio?
-Consiguen asistir a acontecimientos sociales de primera clase a las que, de otro modo, nunca hubieran sido invitadas. Estrenos de películas, bailes benéficos, grandes recepciones. Se mezclan con los peces gordas con los que, en condiciones normales, nunca podrían conocer en persona.
 -Me parece que es una razón muy pobre para ponerse toda elegante y encima simular que eres la novia de alguien -dijo. Miley, encogiéndose de hombros-. Yo nunca me tomaría todas esas molestias.
-¿Lo harías para hacerle un favor a tu primo que te quiere mucho y que, a pesar de que lo siente, ya te ha organizado una de estas para ir al baile de la Cruz Roja con un hombre realmente agradable...?
-No..
-No me digas que no todavía.
-Ya te he dicha que no. Lo digo en serio, Cris. ¿Crees que yo podría ponerme de punta en blanco solo para que un tipo tuviera buen aspecto? ¿Yo haciendo el papel de la mujer guapa pero sin cerebro?
Cris se retorció en el asiento para sacarse un recorte de periódico del bolsillo de atrás del pantalón, que alisó encima de la pierna para luego entregárselo a Miley.
-Ese es el hombre.
Miley vio que en la fotografía, muy granulada, había dos hombres con una copa de champán en la mano. Miley reconoció a uno de ellos como el alcalde de NuevaYork.
 -Se llama Nicholas Jonas -añadió Nick, señalando al otro hombre, alto y esbelto, con pelo oscuro y facciones angulosas-. Tiene unos treinta años. Es inglés o al menos de nacimiento. Ahora ya vive todo el tiempo en Nueva York. Estudió Derecho en Oxford y luego desapareció durante diez años.  
- Tal vez estuvo en la cárcel o en un psiquiátrico.
-Alguien me dijo que estuvo viajando.
-¿Durante diez años?
-Hace dos años -explicó Cris-, apareció en Nueva York, alquiló un despacho en el Edificio Flatiron y creó el Grupo Consultor Jonas, que, de la noche a la mañana, se convirtió en la empresa que utilizan los organismos de alto nivel para recaudar fondos. Representa a cada gran museo o iglesia, organizaciones médicas y fundaciones de Nueva York. Lo que hace es sacarles donaciones a los ricos y famosos a cambio de un porcentaje de los beneficios. Dicen que es el mejor.
Miley miró los ojos de Nicholas Jonas, oscuros e intensos. La mandíbula tenía un ligero toque de dureza que, junto a los ojos, le daba un aire fiero que no encajaba con su garbosa apostura.
- No -replicó Miley, dándole el recorte.
 -Miles porfavor -suplicó Cris-. Necesito que hagas esto por mí. Solo esta noche...
-¿Esta noche?
-Ya sé que no te he dado mucho tiempo...
-¿Te das cuenta de que me he pasado las últimas doce horas en un tren? Me marché de Cleveland a las tres de la mañana. Llevo levantada casi treinta y dos horas y estoy completamente agotada. En lo único en lo que puedo pensar es en llegar a tu casa, comer algo y echarme a dormir.
Al mencionar la casa, Miley recordó que Cris le había ofrecido su hospitalidad únicamente hasta que ella pudiera encontrar su propio piso. Además, él le había prestado el dinero para su pequeño negocio de fabricación de joyas sin ningún interés, por no mencionar que él le había dado dinero cuando ella estaba estudiando, lo que significaba que ella le debía algo.
 -Lo siento -dijo Cris-. No creí que estuvieras tan cansada, sino que estarías en la ciudad y me podrías echar una mano.
-¿Echarte una mano en qué? suspiró ella.
-Este tipo, Nicholas Jonas -explicó Cris, sintiendo que ella estaba a punto de capitular-, es el hombre estratégico detrás de todos los actos sociales de postín y de las cenas de mil dólares el cubierto que hay en esta ciudad. Lo sé porque llevo rondando su negocio durante los últimos dos años.
-Eso son muchas fiestas.
-.Él contrata personas que le organicen las fiestas, como yo. Pero las personas que ha estado usando, bueno, las mismas salas de hotel, la misma comida y la misma música de siempre. Yo tengo muchas buenas ideas pero me está costando un poco convencerlo de que me dé una oportunidad. Es que yo no soy muy ortodoxo. Además, mi experiencia es principalmente en fiestas privadas, bodas, celebraciones sagradas... No me va mal, pero los acontecimientos sociales que realmente vienen cubiertos de diamantes son las fiestas benéficas. Bueno, el caso es que fui a ver a Nick a su despacho esta mañana y me lo encontré gruñendo porque había cancelado la cita que tenía para el Baile de la Cruz Roja, no me dijo por qué, y estaba desesperado por encontrar una mujer que le acompañara con tan poco tiempo.
 -¿Me estás diciendo que un tipo como ese estaba desesperado por encontrar una mujer que le acompañe?
- Él no quiere una mujer, quiere «golosina para el brazo». Confía en mí. A Nicholas Jonas nunca le ha faltado compañía femenina pero lo que ocurre es que su gusto no va por las modelos o actrices. Tiende a salir con mujeres empresarias y de carrera. Pero esta noche, por alguna razón, quiere aparecer con un bellezón del brazo.
-¿Y por eso canceló su cita para esta noche? ¿Porque no era un bellezón? Me parece algo asqueroso.
-No sé por qué canceló la cita. Resulta un poco hortera interrogar a alguien a quien estás intentando camelarte. Todo lo que sé es que él me preguntó si yo podía encontrarle a alguien presentable pero sin complicaciones. Exactamente dijo «del tipo de una modelo». Y, siendo el oportunista que yo soy, le dije que no había ningún problema.
-¿Por qué no?
 - Los que organizamos fiestas, tarde o temprano acabamos por conocer a todo el mundo que hay que conocer Y nunca perdemos un número de teléfono. ¿Que se necesita un faquir que se trague espadas? ¿Un artista del graffiti? ¿Una compañía de bailarinas? ¿Golosina para el brazo? Todo lo que tengo que hacer es llamar por teléfono.
-¿Y pensaste en mí para este trabajo?
-En realidad, había pensado en una modelo, pero resulta que lleva un mes en rehabilitación. No me preocupé porque conozco otras modelos pero todas tenían plan para esta noche o estaban fuera de la ciudad. Lo que me hizo pensar en ti.
-Yo no soy modelo.
 -Podrías pasar por una. Te necesito, Miles. Ya le he prometido a Jonas que le encontraría una cita. Si me presento con las manos vacías, se pensará que lo mío
es solo de boquilla y nunca me contratará. Mi carrera se quedará en el mismo punto hasta el final de mis días.
-¿Y no hay nadie más que pueda hacer esto?
 -Yo no puedo concertarle una cita con cualquiera. Tiene que ser alguien de "quitar el hipo. Y tú eres de esas, si no recuerdo mal. No te habrás traído un traje de noche, ¿verdad?
-Sí, claro, los tengo aquí... -bromeó Miles, dando un golpecito en la mochila junto con las tiaras de diamantes de imitación y los guantes de seda largos.
 - No te preocupes. Sé cómo podemos vestirte bien para esta noche.
-¡Qué bien! -exclamó Miles, desesperada. Mira Joe, yo no creo que pueda hacerlo.
 -Claro que puedes. ¡Vaya! Vas a estar codeándote con la alta sociedad neoyorquina en tu primera noche en la ciudad. Aquí vale -le dijo al taxista.
-¿Aquí? -preguntó Miles, algo preocupada, al bajarse del taxi. Se habían detenido delante de lo que parecía ser una vieja fábrica o almacén en un ruinoso barrio de la ciudad-. Pensé que tenías dinero.
-Y lo tengo. Por eso pude permitirme comprar todo el piso de arriba de este edificio –dijo Cris, después de pagar al taxista y sacar las maletas del coche.
Cris se dirigió a la puerta, con una llave en la mano. Miles le siguió a lo largo de un estrecho pasillo hasta un enorme montacargas.
Una vez dentro, Cris apretó un botón y la antigua maquinaria les transportó al sexto piso. Allí salieron a un lúgubre descansillo, iluminado por una única bombilla, que revelaba una puerta marrón con una mirilla.
Miles pensó que había cometido un terrible error viniendo a Nueva York.
 -No juzgues este lugar hasta que lo hayas visto por dentro -comentó Cris, girando la llave varias veces en la enorme puerta, como si le hubiera podido leer la mente.
-¿Cris? -llamó una voz de hombre desde el interior-. ¡Pero si es Miles de la granja Sunnybrook! -exclamó un joven de unos treinta años, de pelo claro y vestido todo de negro, abrazándola y besándola-. ¡Venga, entrad!
El hombre la llevó de la mano dentro de la casa hacia un salón lleno de antigüedades y alfombras orientales que casi se perdían entre las numerosas plantas.
Música de jazz, tocada al piano, salía de unos altavoces invisibles. Completaban la escena unas enormes velas perfumadas.
Miles se sentía como si acabara de entrar en un mundo nuevo. Cris cerró la puerta tras meter todas las maletas en el apartamento y dijo. 
 -Miles, es Daniel Mills. Daniel, ¿qué estás haciendo aquí? Pensé que el ensayo duraba hasta las cinco. .
 -Acabé antes para estar aquí y recibiros. No me gustaría ofenderte pero ¿llevas eso en la calle? -preguntó Daniel, señalando la mochila de Miley-. Querida, eso es para cuando se va uno de marchas forzadas a través de campos de arroz. Cris, ¿dónde vamos a alojarla? Nunca lo hemos hablado.
 -Oh -dijo Miles-. No sabía que tenías un compañero de piso. Daniel, ¿estás seguro de que no os importa que me quede? No quiero imponeros mi presencia.
-Cielito, claro que no -dijo Daniel, tocándole a Miles la mejilla de una manera tan delicada que le hizo preguntarse si Daniel sería homosexual y si Cris lo sabría-. Bueno, ¿dónde la colocamos? Solo hay una cama y, aunque es bien grande, yo diría que no es lo suficiente como para acogernos a los tres, ¿no te parece?
Efectivamente, parecía que Cris lo sabía perfectamente.
Miley miró a su primo con incredulidad y vio que él se sonrojaba.
 -Ya he metido la pata -dijo Daniel.
 -Daniel -dijo Cris-, ¿crees que podrías prepararle algo de comer a Miley? Y tú Miles, ven conmigo.
Miles siguió a su primo, que seguía llevándole las maletas, a través de apartamento, decorado muy cálidamente.
Tras sujetar una cortina, Cris le hizo pasar a una habitación de techos muy altos decorados con tragaluces y decorada con columnas. El cuarto estaba lleno de jarrones, manteles de todos los colores, candelabros...
-Madre mía -murmuró Miles.
-Mis fiestas llevan más attrezzo que la mayoría de las producciones de Broadway. Cris la condujo a través de las columnas, rodeadas por estatuas de dioses griegos medio desnudos, armaduras, animales de granja de pasta de papel...lncluso había un platillo volante.
Al final de la habitación, había una hilera de ventanas, cubiertas de persianas de papel de arroz, revelando una perfecta postal de la línea del horizonte de Manhattan a media tarde.
 Cerca de las ventanas, había una enorme alfombra encima de la cual, una cama de hierro forjado se había convertido en sofá por medio de unos cojines. La cama estaba flanqueada por dos lámparas de pie y, en lugar de mesa, había un pequeño cofre. A un lado de aquel improvisado salón había un montón de perchas con lo que parecían ser vestidos.
 -Esos son los trajes de Daniel -dijo Cris, poniendo las maletas en el suelo-. Se encarga del vestuario y el maquillaje de una obra de teatro alternativo. Todo el reparto son hombres pero los personajes son femeninos. Están todos los tipos desde Blancanieves a Courtney Love.
-¿Es un espectáculo drag?
- No. Es un musical. Y, además, ha tenido unas críticas admirables de nada más y nada menos que del New York Times.
-¡Vaya! -exclamó Miles, dándose cuenta de que ya no estaba en Ohio.
- Pensé que podrías estar cómoda aquí.
 -Sí -dijo Miles, mirando el Museo de Curiosidades que se extendía a su alrededor-. Claro. La vista es impresionante.
 -Y, además, a partir del próximo sábado, tendrás toda la casa para ti sola. Dan y yo nos vamos al Caribe durante dos semanas.
 -¿De verdad? -preguntó Miles, algo aterrorizada de estar sola en aquel apartamento tan surrealista en medio de aquella enorme ciudad.
-Se me había ocurrido que podríamos quitar los trastos de esa zona para que puedas ponerte con tus joyas. Ya te he encargado una mesa de trabajo con un torno y una luz de acetileno y todo lo qué has pedido. llegará mañana.
 -Muchas gracias. No sabes cuánto te lo agradezco.
-Lo que sea por mi prima favorita.
-Entonces, ¿cuánto tiempo hace que sabes que eres homosexual? -preguntó

Tal y como soy. Sinopsis


Nicholas Jonas estaba tan harto de que las mujeres lo utilizaran, que decidió buscarse una acompañante a la que no le atara ningún lazo emocional o sexual. Pero cuando conoció a Miley se dio cuenta de que ella era lo que había estado buscando.
Miley Ray Cyrus, una auténtica belleza de Ohio, había accedido a salir con Nicholas Jonas para hacerle un favor a su primo. Según las reglas que regían su relación, no debería haber tenido nada que temer.
Sin embargo, Nick se empeñó en romperlas, y Miley supo que su vida se había complicado cuando se dio cuenta de que se había enamorado de él.

miércoles, 23 de mayo de 2012

One Shot-El Ascensor


Ya habían pasado cinco minutos desde que se había esfumado la luz. ¡Maldita suerte! Atrapado en ese *beep* ascensor sin ventilación, con nadie más que Miley. ¡Maldición!

Maldecía por la insoportable falta de luz. Maldecía por el irritante calor que emanaba de todos los rincones de ese pequeño lugar. Maldecía la hora que seguía avanzando con una lentitud intolerable. Maldecía a los técnicos por ser unos ineptos y no solucionar el problema con velocidad.

-¿Puedes quedarte quieto por lo menos cinco segundos? Tus tembleques me desesperan – La voz cansada de Miley lo hicieron voltear hacia ella. Los destellos brillantes que liberaba su piel a causa del sudor parecieron cegarlo por unos instantes. ¡Maldición! ¿Debía ser ella la que estuviera ahí junto a él? No era sano para su salud mental, y menos con ese diminuto vestido azul cielo que se ceñía de manera magistral a su menuda figura.

-Quiero salir de aquí.- exclamó Nick exasperado.
-¿Y crees que yo no? ¡Llegaré tarde a mi cita! – [¿Debía decirle que iba a una cita? ¡Maldición!]
-¿Vas a una cita?
-Sí – Fue una respuesta monótona. - ¡Estos tacones me están matando!

Los tembleques de su cuerpo se intensificaron al notar la delicada mano de Miley posarse en su hombro. La chica lo miró con una extraña mueca. Se apoyó de la puerta cerrada del ascensor mientras se liberaba de sus zapatillas, pues, si buscaba el apoyo en Nick, lo más posible era que se cayera directo contra el piso.

-Nick, ¿te sientes bien?
-Perfectamente – Respiró hondo con la intención de calmarse. Miró a la joven por escasos segundos. – Me voy a sentar – Flexionó sus rodillas hasta sentir su trasero impactarse suavemente contra el suelo.
-Yo también. Esos zapatos magullaron mis pies – El atractivo joven realizaba esfuerzos sobre humanos para no desviar sus ojos del techo del lugar. Sintió la figura de la castaña sentarse frente a él, e imaginó la altura que había subido la base de su vestido, mostrando más piel de la que debería.

Cerró los ojos. ¿Quién demonios le había dicho “Enamórate de Miley”, “Desea a Miley”, “Fantasea con Miley”? Nadie… En el corazón, Ni en la mente...no se manda.

Años de amistad en los que esa chica ocupaba la mayor parte de sus pensamientos, y no precisamente como la hermanita de su mejor amigo. ¿Qué pensaba ella?

-Eres como mi hermana, Miley.

Eso se lo había dicho muchas veces, y él se recriminaba por ser un completo tarado. ¿No podía besarla y hacerle ver que no era su hermano?

-¿Con quién ibas a salir?- preguntó tratando de cambiar de tema.
-Con Andres.

¡Maldito Andres! ¿No que era su amigo?

Los minutos dentro de ese lugar continuaban avanzando con increíble lentitud. De vez en cuando, desviaba sus ojos del techo para observar su reloj de pulsera. El calor aumentaba con el paso de cada segundo, por lo que se liberó de su gruesa chaqueta.

-Nick…
-¿Qué?
-Nada – La voz de Miley sonó con un ápice de inseguridad. En ese momento, la miró; la chica mantenía su cabeza apoyada en la puerta, cerca de los botones que marcaban los pisos del edificio. Había cerrado los ojos, seguramente por esa sensación de estar dopado por el calor.

No desaprovechó la oportunidad de verla detalladamente, conduciendo sus ojos miel por el pecho de ella, y llegando justo a lo que el nombraba “La Gloria”. Pequeñas gotas de sudor resbalaban por su piel, y aquello sólo provocó que el cuerpo de Nick se calentara más de lo debido, y no gracias al calor. Sus piernas se encontraban flexionadas una sobre otra, adoptando la cómoda posición indígena. La esbeltez y hermosura de aquella parte de su cuerpo lo hicieron suspirar… se encontraba ante la perfección en persona, al menos para él.

-¡Maldición! - Masculló al sentir cierta parte ubicada en su entrepierna tensarse y agrandarse. Tomó el chaleco que se encontraba junto a él, y lo depositó con velocidad sobre su regazo.

Observó de nuevo el rostro de Miley, la cual se encontraba aún con los ojos cerrados. Suspiró de nuevo. ¿Qué pensaría Joe si se enterara de las fantasías que anhelaba hacer realidad junto con su hermana? O, para cuestionar mejor ¿qué pensaría ella?

-Eres como mi hermano, Nick

Esas palabras taladraban su cabeza hasta provocar una molesta jaqueca. ¡No era su hermano, maldita sea, NO LO ERA!

-Nick…
-Dime… - Sus ojos continuaban mirándola con ese reflejo de veneración y deseo.-
-Hace mucho calor – Nick enderezó su cabeza y lo miró.-
-Sí… mucho calor.
-¿Por qué te tapas con eso? – La joven señaló el saco que tenia sobre sus piernas, él enrojeció sin evitarlo.
-Eh… pues…yo -balbuceo-
-¿Por qué tardan tanto en arreglar este problema? – Agradeció el que la castaña cambiara radicalmente de tema.
-Esto nos pasa por vivir en un edificio – Rió el joven para destensarse.-
-Sí… aunque me agrada, y más por el hecho de que eres mi vecino – Miley le sonrió abiertamente, y él se perdió en la perfecta curva de sus labios rosas.
-Sí, tu vecino… - Los tembleques regresaron a su cuerpo cuando sintió la figura de la Castaña moverse para estar a su lado. La joven enredó uno de sus brazos con el de Nick, y apoyó la cabeza en su fuerte hombro.
-Al menos estoy encerrada contigo – Sus exhalaciones se acrecentaron al sentir la respiración de Miley en su oreja y parte de su cuello. El bulto en su entrepierna sin duda debía ser más notorio.

Los minutos continuaban avanzando; segundo por segundo. Imaginó la alegría que lo invadiría si movía su rostro tan sólo un poco, logrando rozar la boca de Miley con la suya por lo menos una fracción de segundos. ¿Ella lo rechazaría?

-Eres como mi hermano, Nick.

Maldición, Nick. ¡No es tu hermana!¡Maldita sea no lo es!, puedes hacerlo .

Su conciencia actuó como un motivador profesional, y obtuvo buenos resultados.

Su cabeza se giró hacia la derecha, captando el aliento de Miley ahora en su mentón. Bajó su rostro unos milímetros, y la besó.

Un simple roce, más inocente que los besos de niños, fue lo que pudo disfrutar. Miley se había movido rápidamente, rompiendo el cálido contacto. La miró, y notó la confusión en esa mirada castaña que tanto adoraba.

-Nick…
-No soy tu hermano, Miley. No lo soy

Tomó su rostro con cierta brusquedad y lo acercó a él con notable desesperación. El choque de sus labios contra los de ella la obligó a entreabrir la boca con velocidad. Bendijo ese acto, y con el deseo ahora irradiando en cada poro de su piel, percibió la suave textura de la lengua de Miley entrar en contacto con la suya.

Sí existían las incontrolables mariposas que revoloteaban en el estómago con la velocidad de las alas de una libélula. El calor sofocante subió, más no era insoportable. La felicidad se acrecentó dentro de él como un huracán dispuesto a destruir media ciudad. La excitación en cada parte de su cuerpo aumentó altamente… La dicha estaba presente al notar que era correspondido.

Los delgados brazos de Miley se enredaron en su cuello, mientras los de él se aferraron a su estrecha cintura. Ahora se encontraban arrodillados, justo en el centro de aquel pequeño ascensor. Sus manos, anhelantes por recorrer caminos que deseaba explorar desde hace tiempo, despertaron del sedante que había producido el intenso vapor. Recorrió con lentitud la menuda espalda de Miley, deslizando sus dedos por la suavidad de su cabello suelto. Su aroma a primavera fresca lo hicieron suspirar dentro de su boca, y aquello ocasionó que el cuerpo de la joven se apretara contra el suyo.

Ella gimió al percibir el duro contacto de la entrepierna de Nick contra su vientre. Rompió el beso, y lo observó fijamente. Aquellos hipnotizantes ojos color miel la hicieron estremecer. Se mordió el labio inferior ante la visión de lo que podía suceder. Miró a Nick, quien la admiraba con una vehemencia que provocó otro suspiro de entre sus labios.

-No eres mi hermano, Nick.

El joven sonrió radiantemente ante esas nuevas palabras. ¿Era el permiso dado? ¿Era la confesión deseada? ¿Era su deseo hecho realidad?
Sí.
La besó con una desesperación más notoria que la vez anterior. La mano que mantenía entre su cabellera descendió de nuevo, rozando la suavidad de la piel descubierta de su espalda. La excitación creció de manera irremediable. Besarla de esa manera no era suficiente. Quería más… Y la acción de Miley a continuación, le dieron a entender que ella también.
Las manos de Miley bajaron por lo ancho de su espalda marcada, sus caricias le quemaban de una manera tan placentera como apacible, a pesar de aún estar vestido; la chica se detuvo con firmeza sobre la redondez de su trasero. Gimió al sentir el roce que propició la cadera de la joven contra su pelvis. La erección en su entrepierna creció aún más, y sus mejillas se tornaron de un rojo tomate al notar la mirada castaña en aquella parte de su anatomía. Sólo ella podía causar eso.
La boca de Miley arremetió contra la suya nuevamente, besándolo de una forma que lo hizo gruñir contra sus labios ahora hinchados. El vestido azul que le sentaba a la perfección ya estaba estorbando demasiado. Con una velocidad que cualquier hombre envidiaría, la despojó de él. Y con una rapidez aún más sorprendente, él se desnudó por completo.
-Estamos en un ascensor.
-No importa.
-¿Si regresa la luz?
-Correremos el riesgo.
-Esto es de locos.
-No… es mi fantasía.
No les importaba estar en el piso de un ascensor, sólo dentro de ellos estaba la necesidad de sentirse y quererse. Conectarse hasta lo más profundo.
Las manos de Nick recorrieron ávidas cada parte de ese delgado cuerpo que muchas veces imaginó poseer, y que ahora, se haría realidad. La expresión que surcaba el rostro de Miley lo llenó de placer y disfrute. Sus gruesos dedos masculinos rozaron la curva de sus pequeños, redondos y apetecibles senos, provocando que los rosados pezones de la chica se irguieran al instante.
Es perfecta. Hermosa…
-Nick… - El susurró ronco que Miley proclamó lo alteraron, más no deseaba ser rápido.
Besó sus labios con una dulzura desbordada, asegurándose de saborear cada centímetro de ellos, ¡era exquisita! Sus manos continuaron trazando caminos por la tez de su cuerpo; pasando por su plano abdomen, su vientre… La vio a los ojos, y en ellos pudo observar esa misma mirada con la que él la detallaba desde hacía tanto tiempo.
-Estamos encerrados en un ascensor… - Fue lo que dijo ella, con su respiración notablemente acelerada.
-¿Nos detenemos? –Sabía la respuesta desde mucho antes de que Miley negara con la cabeza.– No tienes idea de lo mucho que deseaba este momento. Miley, yo…
-Nunca te vi como mi hermano… -Con esa oración, Miley quiso dar a entender que desde hace mucho también deseaba ese momento. Que él debió haberse dado el valor de confesarse, y exclamar con besos como los de ese instante, lo mucho que deseaba estar con su persona… Porque para ella, era exactamente igual.
-No soy tu hermano… -La exclamación fue acompañada por una caricia en la parte intima de la joven. La cabeza de la castaña se arqueó hacia atrás, exponiendo su cuello a los labios insasiantes del joven. La humedad que percibía Nick en aquella zona lo hicieron gemir quedadamente. Intensificó la caricia, mientras su lengua debatía con la de Miley una vez más.
-Nick… -Sus dientes mordisquearon el lóbulo de su oreja antes de regresar nuevamente a sus pechos. Su mano ascendía otra vez por la textura suave de su vientre. Gimió al sentir las blancas y delgadas piernas de la joven enroscarse en torno a sus caderas para atraerlo hacia sí.
-Dios…Miley… -Gimió aún más fuerte al percibir la parte más húmeda y sensible de la joven rozar su erección. La castaña realizaba lentos movimientos circulares, sin llegar a penetrarse por completo. Aquella danza lo volvía loco. Disfrutaba de cada roce con un deleite inigualable. Y el hecho de que estuvieran en un lugar poco apropiado para disfrutar de aquel momento pasional, lo excitaban aún más…
{El cuerpo de Miley, sus gemidos, su sudor, sus besos, su aroma tan delicioso… Sólo para ti.}
-Miley, te amo… -Miró su rostro sofocado, sus labios hinchados, sus mejillas sonrosadas. Sentía sus delicados senos presionarse contra su pecho; su respiración acelerada, entremezclando sus alientos, creando una sola fragancia adictiva y deliciosa.
¡Tanto tiempo queriendo decírselo! ¿Debía ser de aquella forma? ¿A punto de conectar sus cuerpos de la manera más placentera posible, sobre su chaleco en el piso de un ascensor?
-Este es un escenario poco común para declararnos… - Los movimientos de su cadera continuaban lentos. Sonrió ante la mirada intensa y lujuriosa de Nick, justo antes de atraerlo hacía ella para besarle con desenfreno. – Yo también te amo… siempre lo he hecho.
Y sólo bastaron aquellas palabras para hundirse en ella con profundidad. Los gemidos de ambos escaparon altamente de entre sus labios, exclamando sus nombres. Las embestidas que Nick daba para llegar más y más dentro de ella iban acelerando el ritmo poco a poco. El sudor de sus cuerpos se entremezclaba. Besó el blanco y suave cuello de Miley, mientras ella se dedicaba a acariciar con vehemencia la espalda de él. Mordisqueo una pequeña parte de su piel al sentir las palmas de la joven hacer presión en su trasero. Se hundió aún más en su interior, pensando en cómo había sido posible que hubiera aguantado tanto tiempo sin siquiera besar los dulces labios de Miley… y lo imperdonable era el no haberse dado cuenta de que ella sentía lo mismo por él. ¡Pudo disfrutar de aquel jugoso manjar desde hace mucho!

Entre gemidos y jadeos, se aseguraron de repetirse aquellas palabras que tanto los llenaban. La tibieza y humedad del cuerpo de Miley lo transportaron a lugares más allá de la realidad. En su mente sólo estaba ella y él, haciendo el amor tan maravillosamente, sin importarles estar en medio de un ascensor sin electricidad… al contrario. Muchas fantasías surcaban en la mente del joven cuando observaba a la castaña, y no podía decir que nunca se imaginó haciéndola suya dentro de un ascensor.

-Nick… - La besó cuando sintió el orgasmo muy cerca. Miley apretó contra él, sintiendo llamas ardientes avivarse en cada parte de su ser.
-Miley… - Se desplomó sobre su cuerpo cuando sintió su esencia liberarse en su interior, su parte más sensible contraerse junto a la de ella; su olor transpirado penetraba en su nariz ¡Dios! No había sido como muchas veces lo soñó, no… ¡Había sido mucho mejor!
-¡Dios! –La chica lo abrazó fuertemente contra ella, besando su hombro y acariciando su espalda – Y te decía que eras como mi hermano. –Rió antes de besar su mejilla.– Que mentira tan grande. ¡Dios! –Exclamó de nuevo.- ¡Estoy tan feliz!

Nick levantó el rostro para observarla. Ella le sonreía de manera radiante, esa sonrisa que tanto lo derretía. Sus bellos ojos brillaban con una intensidad innata.

-Ten claro que te amo, Nick, y no como un hermano. Aunque creo que eso quedó claro– El joven la besó con suavidad, aún sin querer salir de ella. Sin duda había sido un completo cobarde al no haberse atrevido antes. Un ciego de primera por no darse cuenta de los sentimientos de ella para con él. Un *beep* por tardar no sabía cuanto tiempo en decirle que la amaba. Pensó que el encierro en aquel ascensor había dado cabida a la valentía antes dormida… O quizás fue ese efecto sedante que ocasiona el calor.

¡Y otro tanto tiempo aguantando aquel martirio de no poseerla, de no tenerla¡ Sufriendo al verla salir con aquellos idiotas que no la merecían.

-¿Por qué me decías que era como tu hermano?
-Porque creí que tú me querías de esa forma.- los labios de Nick se curvaron en una sonrisa.
-Eres una tonta… - La sonrisa que adornaba su cara era inmensamente ancha. Parecía un sueño, más estaba seguro de que era la realidad.
-Y tú un imbécil. Me hubieras dicho que me amabas desde mucho antes. – Ella fue quien lo besó.
-Nuestro momento… y fue en un ascensor.
-¿No te gustó? – Enredó sus manos en la mata de cabello castaño.
-¿Bromeas? Se cumplió una de mis mejores fantasías.
-Hum… Bueno, una fantasía ya realizada. ¿Dónde más has imaginado estar conmigo, Jonas?

Sonrió ante la pícara mirada de Miley. La besó una vez más, justo antes de sentir el piso del lugar vibrar ligeramente.

-¡La luz! – Exclamó saliendo de ella para levantarse, pero las piernas y los brazos de la joven se lo impidieron.
-Esta fantasía puede durar un poco más…
-Pero,Miley… - La joven estiró sólo una de sus brazos hasta llegar a_ los botones del ascensor para así oprimir el botón de cerrar, para luego
abrazarlo de nuevo. Se movió de manera sorpresiva, logrando estar ahora sobre el masculino cuerpo de su compañero.

Su cabello despeinado, su rostro sonrojado… ¡Dios, era tan hermosa, tan pasional, tan intensa… perfecta!

-Aja… - Bajó sus labios hasta su pecho, esparciendo besos por su piel.
-¿Planeaste esto?
-No… - Sus labios acariciaron su mandíbula antes de llegar a su boca. – El momento me dio la oportunidad, y no la iba a desaprovechar. Pero te me adelantaste, con ese beso… - Nick la atrajo por la nuca para besarla de nuevo.
-¿Y Andres?
-¿Quieres que vaya a mi cita con Andres?
-¡No!– Acarició sus piernas con vehemencia. – Gimió al sentir los pechos de Miley restregarse contra su torso, y de nuevo le vinieron las ganas de apretarlos contra sus palmas. Llevó a cabo ese placentero acto cuando ella se enderezó, contoneando lentamente sus caderas sobre su pene nuevamente excitado.

La joven realizaba esa tentadora danza sobre su miembro, sólo dando lentos y rítmicos movimientos circulares.

Es hermosa…

{Y ahora es tuya. Después de tanto desearlo.}

Ahora es mía.

-Te amo,Miley.
-Te amo, Nick… - Lo recibió de nuevo dentro de ella.

Nuevamente, sus mentes se perdieron, sus cuerpos se agitaron, y sus corazones se aceleraron.

Entre tanto placer y tanta felicidad, Nick no logró dar con esa pequeña lista mental, la cual contenía el nombre de esos lugares con los cuales soñaba, mientras hacía a Miley suya, una y otra vez…_

1. Un ascensor. (Cumplido, de manera inesperada. ¡Pero cumplido!)
2. Un auto . (No sabía por qué, pero lo deseaba)
3. Una solitaria cabaña. (En alguna montaña de Canadá..puede ser ¿por que no?)
4. Una laguna.
5. Una cascada.
6. La playa.
7. Sobre la arena.

En realidad, ya no importaba en donde demostrarle lo mucho que la amaba y deseaba. Con tal de estar con ella, cualquier sitio sería perfecto.

sábado, 5 de mayo de 2012

Epilogo.


Un año más tarde...
-¿Nerviosa? -preguntó Nick.
Miley miró desde su posición en el despacho de Liam a los invitados que se movían por la galería de arte. Todo estaba en su sitio. La música. La comida. Los invitados.
-Un poco. Nunca había planeado una boda, ni siquiera una informal. ¿Por qué? ¿Tú estás nervioso?
Él introdujo un dedo debajo del cuello de la camisa blanca.
-No me gusta llevar esmoquin ni tener que estar de pie delante de una multitud, pero, aparte de eso, estoy bien.
Miley lo miró de los pies a la cabeza.
-Estás muy bien. Creo que te voy a poner esmoquin más a menudo.
Nick hizo una mueca.
-Prefiero que te dediques a quitármelo.
-Eso lo haremos más tarde. ¿Crees que vendrán tus padres?
Él se encogió de hombros con una indiferencia calculada.
-Supongo que sí.
Todavía se ponía tenso cuando hablaban de Denise o Paul, pero los tres habían hecho algún progreso en el último año.
-Creo que se arrepienten mucho de haberte dado esa infancia. Y por lo menos ahora lo intentan.
-Yo también. ¿Crees de verdad que la gente puede cambiar?
-Claro que sí. Lo único que nos limita es el miedo y las fronteras que nos pongamos nosotros.
-Nuestra relación me ha ayudado a entender mejor eso -él se pasó una mano por la barbilla-. Creo que la relación de mis padres es parecida a la nuestra. Después de treinta años, él todavía está loco por ella.
Por fin, después de un año, empezaba a creer en serio que ella lo amaba. Que no se iba a despertar un día y decidir que se había dado cuenta de que él no era como esperaba.
Un par de meses atrás la había acompañado a Savannah a conocer a su familia y había sido un fin de semana interesante. Liam los había conquistado con su carácter extrovertido, pero Nick les había gustado más. Su padre lo había descrito como un hombre profundo. Su hermana Betsy lo consideraba raro, pero su hermana consideraba raros a todos los hombres que no jugaban al golf ni eran miembros de un club de campo.
Y Miley supo de cierto que Nick empezaba a sentirse cómodo con su relación cuando le pidió que lo acompañara en otoño a Inglaterra a conocer a sus abuelos. Si todo seguía así, tal vez dentro de una década su amor se sintiera lo bastante seguro como para hacer la locura de comprometerse.
-Hablando de relaciones... ¿dónde está la feliz pareja? -preguntó ella.
Nick sonrió.
-Richard estaba nervioso y Liam ha decidido que debían pasar unos minutos a solas antes de la ceremonia -se tiró de la corbata-. Una ceremonia de compromiso gay que tiene lugar en una galería de arte no es muy convencional. ¿No crees que podían haber elegido algo más vanguardista que un esmoquin?
-Richard quería el esmoquin y Liam quería complacerlo. Creo que Richard le ha venido muy bien.
-Desde luego. Es mucho más considerado que antes.
-Y me parece romántico que hayan elegido el aniversario del apagón.
-Muy sentimental.
Ella le dio un golpecito en el hombro.
-No seas beep -sabía mejor que nadie lo romántico y sentimental que era él en realidad. Nick le sonrió.
-Perdona. Nosotros también llevamos justo un año juntos y todavía hay algo pendiente entre nosotros.
-¿Pendiente? -Miley no sabía a qué se refería.
-Sí. Yo te di las fotos, pero tú todavía no has planeado mi fiesta. Y ahora necesito que prepares un evento.
-¿Qué clase de evento? -Nick no era hombre de fiestas.
-Algo parecido a esto, pero quizá un poco más lujoso. En una iglesia y con una fiesta después y mucho baile.
¿Estaba diciendo lo que ella creía? A Miley le dio un vuelco el corazón.
-¿Quieres una boda?
-Sí.
-¿Estás seguro? Es mucho trabajo y, si crees que puedes cambiar de idea luego...
-Nunca he estado más seguro de nada.
-Y supongo que habrás pensado en alguien.
-Bueno, hay una criatura encantadora que me tiene loco de amor.
-¿Y se lo has pedido ya?
-Estoy en ello -él le tomó una mano y se dejó caer sobre una rodilla-. Miley, ¿quieres casarte conmigo?
Ella siempre había creído que eso de arrodillarse para declararse era un poco cursi, pero no lo era. Era tierno, dulce y, si acababa llorando y arruinaba el maquillaje, lo mataría.
-Me encantaría, Nick.
Él sacó una cajita de terciopelo del bolsillo de la chaqueta.
-Será un honor que quieras llevar mi anillo.
Abrió la cajita y sacó un anillo exquisito con un diamante grande en forma de pera.
-¿Te gusta? -preguntó.
-Me encanta -ella se lo puso en el dedo-. Es precioso -tal vez era una materialista, pero siempre había querido un anillo grande y su hombre acababa de dárselo-. Es una roca.
-¿Es tan grande como el de tu hermana?
Miley sonrió.
-Sí. Éste la deslumbrará.
-¿Y es más grande que el de Liam?
La joven supuso que seguían hablando del anillo.
-Es más grande que el de Liam. Ha debido de costarte una fortuna.
Nick la abrazó y la besó con ternura en la sien.
-Tú lo vales, amor. Y además, lo he pagado con las fotos tuyas en el baño que he vendido en Internet.
Ella sonrió y le echó los brazos al cuello. Se oyó el clic inconfundible de una cámara y los, dos levantaron la vista justo en el momento en que Richard hacía otra foto.
-Ahora que he fotografiado el final feliz. ¿Creéis que podemos seguir adelante con esta boda? -preguntó con una sonrisa nerviosa.
Miley se echó a reír y no lo corrigió. Aquello no era un final feliz... aquello era sólo el comienzo.