jueves, 2 de febrero de 2012

Cap 39.-



CUANDO Dulce salió del cuarto de los niños, se enteró por los sirvientes que Nick se había marchado. Le dijeron que estaba ocupado con una de sus últimas adquisiciones.

Pero Miley sabía que el problema real era ella y que Nick había preferido quitarse del medio hasta que no tuviera lugar el enlace.

Al fin y al cabo, ella había sido realmente su última adquisición. Por lo tanto, él no había dicho ninguna mentira.

El resto de la semana transcurrió rápidamente. 
Miley pasó la mayor parte del tiempo con Melanie y con la abuela de Nick. La anciana quería asegurarse de que la novia de su querido nieto llegara al altar con un aspecto tan impecable como el que lució ella el día de su boda.

La vieja dama sacó un velo de encaje a juego con el del vestido nupcial. Le ordenó a
Miley que se lo pusiera sobre el cabello ayudandose con dos pequeñas peinetas de oro y brillantes que ella le tendió. Al día siguiente, la anciana le entregó el collar y los pendientes que hacían juego con el anillo de compromiso.

—Mi marido me lo regaló la noche anterior a nuestro matrimonio —le confesó la mujer, con un suspiro.
Miley no tuvo el valor de rechazarlo. ¡La anciana parecía tan feliz recordando su juventud!

Ya se lo devolvería a Nick en cuanto terminara la boda. Así, no se sentiría como si fuese una ladrona y una mentirosa.

Trataba de aliviar su conciencia, diciéndose que lo único que estaba haciendo era proporcionarle los últimos días de felicidad a una anciana moribunda.

Por fin, llegó el día de la boda, y
Miley accedió a la pequeña capilla del brazo de su padrino, el tío Grigoris.

Todos los invitados de la fiesta de compromiso estaban presentes en el templo y luego en la recepción. Como una marioneta, 
Miley aceptó en matrimonio a un hombre al que no conocía en absoluto.

El novio colocó el anillo de boda en el dedo de
Miley y ella hizo lo mismo. Nick la besó pero ella cerró los ojos. Solo los abrió cuando su marido se estaba retirando, y vio su mirada profunda y oscura.
Miley desvió la mirada: no quena tener ningún contacto íntimo con él en aquel instante.

El banquete tuvo lugar en el jardín de la casa. La recién casada tenía que pasar otra dura prueba: entretener a los invitados sin poder evitar pensar en su reciente incursión en la vida sexual.

De pronto, Nick le rodeó los hombros con el brazo, y 
Miley sintió una descarga eléctrica por todo el cuerpo que la hizo respirar con dificultad.

¿Cuál era el motivo de una reacción tan demoledora?
Miley no lo sabía con exactitud.

—Es natural que una novia tenga un aspecto etéreo, pero ¿no te parece que podías poner otra cara? —dijo Nick—. Pareces un cordero a punto de degollar.

—Lo siento —balbuceó 
Miley torpemente. Pero, ya era demasiado tarde para disculparse. Nick apartó el brazo, tenso e irritado.

—Antes de saludar a los invitados, tenemos que ir a visitar a mi abuela —le comunicó su marido fríamente—. Ha llegado el momento de que conozca a Melanie.
Miley había olvidado que su hermana ya no iba a ser un miembro ilegítimo de la familia. Es más, era la finalidad de toda la gran farsa.

Los pequeños ojos de color ámbar se dirigieron hacia Miley y Nick, que tenía a Melanie en brazos.
Miley supo en seguida que la anciana estaría comparando la imagen con la suya y la de su marido el día de la boda.

— ¡Perfecto! —exclamó la anciana, satisfecha—. Excepto por la niña, claro. Eso habría sido impensable en nuestros días... Por favor, traed un cojín y ponedme luego a mi bisnieta encima.
Miley obedeció y le colocó a la niña. La anciana estaba ávida de tenerla cerca y con sus manos huesudas acarició el cabello negro de Melanie.

La niña, notando algo nuevo dirigió su atención hacia la vieja dama, dándose un impulso con la pierna.

Fue algo inolvidable, verlas a las dos allí juntas.

—Eres un pájaro —le dijo la abuela a Nick. El nieto esbozó una sonrisa fría.

—Y tú a veces eres demasiado estricta para disfrutar de la vida —repuso él.

Ambos comenzaron a intercambiar frases en griego. Aunque
Miley no los entendía, sabía que la anciana estaba haciendo alusión a ella porque de vez en cuando la miraba de modo incisivo.

El proceso terminó con una mirada penetrante dirigida sobre
Miley y un asentimiento breve.

—Ahora, llamad a Althea —ordenó la abuela—. Quiero disfrutar de unos instantes a solas con mi bisnieta.

—¿De qué estabais hablando? —se atrevió a preguntar
Miley, cuando dejaron a la anciana con la sirvienta.

—Ya sabes que a ella le gusta hacer como si todavía lo controlara todo —argüyó Nick en pocas palabras.

—Te llamó pájaro —sostuvo
Miley.

—Puede que lo sea —repuso Nick sin más.

A
Miley le dio la impresión de que algo importante se le estaba escapando.

Pero Nick logró desviar sus sospechas. En su despacho, empezó a sacar una serie de documentos legales. Se trataba de los papeles de las autoridades británicas para solicitar la adopción por parte de ambos de Melanie.

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