viernes, 3 de febrero de 2012

Cap 19.-

Querido Nicholas:
Sólo quería decirte lo mucho que Perth ha significado para mí. Sé que tú sientes lo mismo que yo, y que esos días han sido maravillosos para ambos. Comprendo los motivos que tienes para casarte con Miley y te deseo lo mejor. Pero quiero que sepas que te amo y que siempre estaré a tu disposición cuando me necesites.
Lola.
 
Miley oyó cerrarse la ducha, pero no podía moverse.
Al cabo de unos segundos, Nick entró en la habitación.
-El baño es todo tuyo -dijo él animadamente.
Nick llevaba un albornoz blanco, nada más. A 
Miley se le encogió el corazón al verlo tan guapo, con el pelo mojado. Parecía un actor de cine. No era de extrañar que las mujeres... que Lola lo encontrara irresistible.
Pero la ira se apoderó de ella. Su matrimonio era una mentira, y ella era la mayor estúpida del mundo por haber creído que, con el tiempo, Nick llegaría a amarla.
-
Miley, ¿te encuentras bien?
Ella no respondió, no podía pronunciar palabra, la cólera se lo impedía.
Nick miró la tarjeta que ella tenía en la mano y que acariciaba con gesto ausente mientras se sentaba.
-¿Qué es eso?
Miley lo miró a los ojos y, de repente, sintió una sorprendente y fría calma.
-Es para ti -alargó la mano y él tomó la tarjeta-. Estaba en tu maleta.
Se lo quedó observando mientras leía. Notó las arrugas de su ceño y vio una expresión de perplejidad al volver a mirarla.
-No crees lo que pone aquí, ¿verdad?
Miley le dedicó una mirada de absoluto desdén.
-
Miley, no ha habido nada entre Lola y yo en Perth -dijo él con voz implorante.Miley se puso en pie.
-No insultes a mi inteligencia, Nick.
-Es la verdad.
Ella le lanzó una furiosa mirada.
-No reconocerías la verdad aunque te dieras de narices con ella. Me has mentido, me has engañado y... te odio por ello.
-No digas eso,
Miley.
-¿Por qué no? ¿No has sido tú quién ha dicho que tenemos que ser sinceros el uno con el otro? -preguntó ella sarcásticamente.
-Yo no te he mentido.
-Ya. Como sigas así, vas a acabar diciendo que la tarjeta es producto de mi imaginación.
-No, es producto de la imaginación de Lola -respondió él en tono tenso-. No ha habido nada entre nosotros en Perth.
Miley le vio hacer añicos la tarjeta.
-No te creo.
-Es la verdad.
-La llevaste a nuestra casa -a
Miley le vino a la mente la conversación que había tenido aquella tarde con Lola durante la fiesta-. Le enseñaste nuestra casa antes de llevarme a mí.
-Bueno... sí. Pero sólo porque apareció justo en el momento en que yo iba a verla. Me dijo que tenía que hablar de negocios urgentemente conmigo, que no podía esperar...
-Eso sí que me lo creo -
Miley escupió las pala­bras-. ¿Y qué hiciste? ¿La poseíste en nuestro dormitorio?
-No, por supuesto que no -respondió él enfadado.
Miley sacudió la cabeza, no le creía.
-Me has tomado por tonta, ¿verdad? Bien, no es demasiado tarde, podemos anular nuestro matrimonio.
-¿Qué? -Nick se la quedó mirando con estupefacción-. Escucha...
-Ahórrate las palabras, Nick. No quiero seguir oyendo mentiras. Estaba dispuesta a sobrellevar un matrimonio sin amor basado en el respeto mutuo y la amistad, todo eso a lo que tú le das tanta importancia. Pero no estoy dispuesta a aguantar que me engañes; lo considero inaceptable, despreciable y... y no voy a tolerarlo.
Los ojos de Nick oscurecieron.
-No es necesario que lo toleres porque no te he sido infiel. No es lo que piensas. Es cierto que Lola y yo tuvimos relaciones...
-¿En Perth?
-No. En Perth, no pasó nada.
-Creo que será mejor que te vayas.
-¿Que me vaya? -preguntó él con incredulidad-.
Miley, necesitamos hablar esto con calma. Estás sacando las cosas de quicio...
-¿Eso te parece? -le lanzó una furiosa mirada-. ¿Me has engañado y crees que estoy sacando las cosas de quicio?
Miley agarró los artículos para darse una ducha y se encaminó hacia el cuarto de baño.
-Voy a darme una ducha -dijo ella con voz débil, sintiendo la necesidad de estar sola-. Has dicho que el hotel está al otro lado de la isla, ¿no? Te sugiero que vayas allí a pasar la noche.
Tras esas palabras, entró en el baño y cerró la puerta.

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