Había terminado todo cuando Nick volvió a salir.
-¿Te he dicho ya que me resultas indispensable? -preguntó Nick con una sonrisa mientras la observaba archivando unos disquetes.
"Supongo que eso es lo más próximo a una declaración de amor que voy a recibir de ti", pensó Miley irónicamente. Se dio media vuelta y le sonrió.
-¿Lo podrías poner por escrito?
-No. Si lo hiciera, me pedirías que te subiera el sueldo -Nick rió.
-Vaya, me has descubierto.
Los ojos de Nick se pasearon por el cuerpo de Miley cuando ésta se agachó para cerrar con llave uno de los cajones de un archivador. Llevaba un sencillo vestido color rosa, aunque muy elegante. Llevaba el cabello rubio recogido en una trenza en la nuca.
-Aunque, por supuesto, siempre estoy dispuesto a negociar.
-Abierto a sugerencias, ¿eh? -dijo Miley en tono de broma-. Lo tendré en cuenta. ¿Te apetece venir a mi casa esta noche a cenar?
-Me encantaría, pero... tengo una cena de negocios.
-En ese caso, ¿quieres venir después de la cena?
Nick frunció el ceño.
-Estoy muy cansado, Miley, y tengo otra reunión mañana por la mañana.
Ella asintió, fingiendo no darle importancia, pero sí le importaba. No se habían acostado juntos desde que le dijo que estaba embarazada y de eso hacía dos semanas. Lo echaba en falta.Miley se acercó al escritorio.
-Nick, ¿le has dicho a Lola que estoy embarazada? -preguntó ella en tono neutral.
-¡Claro que no! ¿Por qué?Miley encogió los hombros.
-No sé, es que tengo la sensación de que lo sabe.
-Yo no le he dicho nada en absoluto.Miley frunció el ceño y se miró su delgada figura.
-No se me nota nada todavía, ¿verdad? -miró a Nick-. No estoy gorda, ¿o sí?
Él se echó a reír y le agarró una mano cuando ella pasó por su lado.
-No, no lo estás.
Se le acercó y la besó en la boca. Inmediatamente, el enfado y las preocupaciones de Miley desaparecieron.
-Eres preciosa -murmuró él.
-De verdad te lo parezco? - Miley volvió a besarlo.
-Sí. Estoy deseando hacerte mi esposa.
-¡Oh, Nick!
Y Miley no pudo evitar las lágrimas.
-¿Qué te pasa? -Nick la miró alarmado mientras se sacaba un pañuelo y le secaba las mejillas-. ¿Por qué lloras?
-No lo sé -ella lo miró y entonces se echó a reír-. Deben ser mis hormonas. Nunca me he sentido tan vulnerable en la vida.
-No te preocupes, todo irá bien -Nick la estrechó contra sí.
Pero Miley no podía estar segura de ello del todo. ¿Cómo podía ir todo bien si él no la amaba?
-Verás lo que vamos a hacer: vamos a marcharnos pronto de la oficina y te enseñaré una cosa.
-¿Qué?
-Es una sorpresa - Nick la apartó de sí-. Venga, apaga el ordenador, pon en marcha el contestador y vámonos.
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