Entonces vio que Nick se ponía totalmente pálido.
—Gina, tranquilízate —ordenó con tono autoritario—. No entiendo lo que me dices. Es Beth, ¿no?
Miley se olvidó por completo de sus problemas y se dio cuenta de que algo grave había sucedido.
—De acuerdo —dijo él, mirando su reloj—. Voy directo a casa.
Nick colgó el teléfono con brusquedad, se levantó y se puso la chaqueta.
—Lo siento, miley, pero sea lo que sea lo que quieras decirme, tendrá que esperar. He de irme a casa. Era Gina, la chica que cuida a Beth.
—¿Le ha pasado algo a la niña?
—No... es al padre de Gina. Lo han llevado al hospital y ella tiene que marcharse.
—Pero tienes la cita con Renaldo —dijo Miley, asombrada—. Dijo que era muy urgente.
—Tendrás que disculparme. No sé de nadie que pueda cuidar de Beth. Mi madre está de vacaciones y...
—Puedo ir yo —sugirió sin pensarlo.
Nick, que estaba sacando de un cajón las llaves de su coche, se detuvo y la miró asombrado.
—¿Tú?
—Soy perfectamente capaz de cuidar de una niña de cinco años —replicó enfadada—, y la reunión con Renaldo es importante. Quizá sea la oportunidad que has estado esperando para quedarte con la cadena de restaurantes.
Nick entornó los ojos, pensativo. Como siempre, el tono franco y seguro de ella, así como sus gafas de tímida bibliotecaria, hicieron desaparecer cualquier duda que pudiera tener.
—Me parece la solución más lógica, ¿no te parece? —insistió al ver que él no contestaba de inmediato.
—Sí, me imagino que sí. ¿Has venido en coche?
—Sí, lo tengo abajo.
Nick volvió a dejar sus llaves en el cajón.
—Gracias, Miley, te lo agradezco muchísimo. Intentaré no llegar muy tarde; así podrás disfrutar de parte del viernes.
—De todas maneras, no iba a hacer nada —aseguró ella, levantándose.
Nick la observó recoger sus cosas con rapidez y marcharse. Luego se echó hacia atrás.
La llamada lo había dejado alterado. En los primeros segundos, cuando no entendía lo que Gina quería decirle, había pensado que a Beth le había sucedido algo. Y, de inmediato, le llegó el recuerdo de otra llamada, en la que lo habían informado de que su mujer había fallecido. Quizá se había puesto tan nervioso porque se acercaba el aniversario de la muerte de Stephanie y había estado pensando en ello aquella misma tarde. Ya habían pasado tres años desde aquel día. ¿Qué había pasado con aquellos años? ¿Qué había hecho durante ese tiempo? Se sentía como si hubiera estado vagando en una espesa niebla desde que su mujer murió.
De pronto, recordó la voz sensata y tranquila de su madre, diciéndole que tenía que encontrar otra esposa que hiciera de madre para Beth. Él le había contestado, en el mismo tono, que no necesitaba esposa. Pero había momentos, como aquel, en que se preguntaba si su madre tenía razón. Era difícil ser padre soltero y llevar un negocio adelante a la vez. Y él deseaba con toda su alma que Beth se criara sana y alegre.
Nick movió la cabeza, impaciente consigo mismo por preocuparse tanto. Al fin y al cabo, su hija se estaba criando en un entorno seguro y sus vidas fluían con suavidad. Gina era estupenda con Beth y también podía contar con la eficaz Miley que se había ofrecido a ayudarlo ese día.
Por otra parte, si alguna vez llegaba a decidir volver a casarse, tenía a Helen.
La idea le llegó desde lo más profundo de su mente, donde llevaba un tiempo cociéndose. Era consciente de que la relación de ellos había llegado a un cruce de caminos. Ella quería continuar y él vacilaba. No sabía por qué. Helen era guapa e inteligente y, aunque al principio se ponía nerviosa con Beth, era lo normal... ¿no? Ella no había estado casada ni tenía hijos. Era una mujer con una brillante carrera profesional.
Pero de todos modos, ya estaba mucho más tranquila con Beth... se dijo en un intento de convencerse... mucho más. Pero mientras se decía aquellas palabras a sí mismo, sabía en lo más profundo de su corazón que la relación con Helen no era suficiente... para casarse.
El teléfono sonó de nuevo y lo descolgó de modo brusco. Era de nuevo el departamento de contabilidad. Recordando que Miley le había asegurado que tenía en su mesa la información que le requerían, les pidió que esperaran y fue al despacho de ella.
Esbozó una sonrisa al ver lo ordenada y limpia que tenía su mesa. A un lado, había una lista con las citas del día, junto con notas específicas para poder darle la información adecuada antes de cada una de ellas.
Abrió el cajón de arriba, donde había un taco de folios en blanco. Lo iba a cerrar cuando se fijó en que había una carta. El logotipo era de una empresa que él conocía de oídas. Sin poder evitarlo, la tomó y la abrió.
Era del director con el que Miley había trabajado antes de llegar a su empresa. La empezó a leer y, conforme llegaba al final, se iba poniendo cada vez más nervioso. Al parecer, la empresa en cuestión había progresado y querían contratarla de nuevo, ofreciéndole un aumento sobre el salario que él le pagaba. ¡Fuera el que fuera!
Nick se sentó y se quedó mirando a la carta. ¿Era eso de lo que ella le había querido hablar aquella tarde? ¿Se iba a marchar? Y al darse cuenta de lo mucho que la echaría de menos si se marchaba, se quedó atónito.
Miley no podía irse. ¡Quedarse sin ella era algo impensable!
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