viernes, 3 de febrero de 2012

Cap 36.-

BONITA casa ésta -comentó Nick mientras Miley hacía un café-. A Joe no debe irle nada mal.
-Sí, es bonita, ¿verdad? -respondió
Miley por decir algo.
Tenía cosas más importantes en las que pensar.
-¿Ha venido a verte?
-No -
Miley llevó la bandeja al cuarto de estar y la puso en la mesa de centro-. Pero da igual que venga o no, hay tres dormitorios.
Nick estaba de espaldas a ella mirando el puerto a través del ventanal. Era una vista fabulosa, con los barcos iluminados y los edificios perfilándose contra el cielo oscuro de la noche.
Se volvió y contempló la decoración del salón, con claras alfombras y lámparas blancas en contraste con el azul mediterráneo de las paredes.
Miley sirvió el café y se sentó en el sofá.
El traje oscuro le sentaba muy bien a Nick, aumentaba su atractivo. Verlo era un inmenso placer.
Miley habría dado cualquier cosa por estar en sus brazos haciendo el amor.
Pero para él sólo sería sexo, y
Miley no sabía si podría soportar la amargura que la falta de amor le producía. Pero... ¿cómo iban a dormir?
Nick se acercó y tomó su taza de café.
El silencio entre ambos se hizo casi palpable.
Miley levantó el rostro y sus ojos se encontraron con los de Nick.
-¿Dónde piensas pasar la noche? -se obligó ella a preguntar.
-¿Dónde quieres que la pase?
Nick había evadido la pregunta magistralmente.
-Bueno, la verdad es que estoy agotada. Pero puedes dormir en cualquiera de los otros dos dormitorios.
-Si eso es lo que quieres, bien -respondió Nick con ecuanimidad.
No, eso no era lo que
Miley quería. Apoyó la cabeza en el respaldo del sofá y se masajeó la nuca, que había empezado a dolerle. En realidad, le dolía todo el cuerpo.
-Veamos... no quieres volver a casa conmigo y quieres que durmamos en habitaciones separadas. Perdona si te parezco un poco lento, pero ¿estás tratando de decirme que nuestro "matrimonio de conveniencia" ha llegado a su fin? -preguntó él burlonamente.
-No estoy tratando de decirte nada. Estoy cansada, Nick. Me duele la espalda y estoy levantada desde las siete de la mañana.
Nick continuó contemplándola unos segundos.
-No deberías trabajar tantas horas seguidas -dijo él por fin.
-Nick, no estoy enferma. Voy al ginecólogo regularmente y...
-Está bien, está bien -Nick la interrumpió inmedia­tamente-. Y para que no haya equívocos, te diré que no he venido aquí pensando en que ibas a acostarte conmigo. Capté la indirecta cuando te marchaste de Queensland. Aunque tenía la esperanza de que unas semanas aquí harían que te dieras cuenta de todo a lo que has renunciado.
-¿Renunciado? -
Miley sacudió la cabeza.
-¡Vamos,
Miley, por favor! -exclamó él con impaciencia-. Me necesitas. Vas a tener un hijo, un hijo de los dos, y ese niño me necesita. Puedes seguir jugando y decirte a ti misma que lo tienes todo, pero no es así.
-Qué cara más dura.
Pero
Miley sabía que Nick tenía razón, le necesitaba, aunque no por los motivos que él había expuesto.
-¿Qué quieres decir?
-Lo sabes perfectamente. Eres tú quien lo quiere todo -
Miley volvió a masajearse la nuca, estaba muy tensa-. Además, yo no he dicho que tenga intención de quedarme a vivir aquí definitivamente.
-En ese caso, ¿cuáles son tus intenciones? -Nick dejó el café en la mesa.
-Cumplir con los compromisos de trabajo que he contraído aquí.
Nick se pasó una mano por el cabello. La vio masajearse la nuca, se acercó al sofá, se sentó al lado de
Miley y empezó a masajearle los hombros. El gesto, sorprendió y conmovió a Miley.
Durante un momento, el masaje fue una bendición. Pero poco a poco, las manos de NicK encendieron su pasión.
-¿Qué tal? ¿Mejor? -le preguntó él con voz queda.
 
Miley cerró los ojos y, durante unos instantes, se permitió gozar del placer del contacto. Le había echado tanto de menos...
-Sí, mucho mejor -contestó ella con voz entrecortada.
-Sé que tienes compromisos aquí, pero nuestra cama está muy fría y muy vacía desde que te marchaste, 
Miley-el ronco susurro aumentó la llama de la pasión.Miley quería arrojarse a sus brazos y decirle lo mucho que le había echado de menos. Pero sabía que NicK no hablaba en serio, que era una estrategia para hacerla volver con el fin de asegurarse el control sobre su hijo.
Nick le retiró unas hebras de pelo de la cara y, con ternura, bajó la cabeza para besarle el cuello. La dulce caricia fue demasiado para
Miley, que notó como se venían abajo sus defensas.
Nick le puso los dedos en la barbilla y la besó.
La pasión fue tan vital e intensa como siempre había sido entre los dos. Los labios de Nick eran suaves, persuasivos e irresistibles.
Con desesperación,
Miley pensó que si le permitía seguir, acabaría yéndose con él a Queensland al día siguiente.
Se apartó de su marido en un desesperado intento por no perder la cabeza.
-Para,Nick. Ahora no puedo.
Lo miró. Los ojos de él eran dos pozos negros.
Se apartó de él unos centímetros más.
-Elige la habitación que quieras. Las dos camas están hechas... -una patada del niño la interrumpió-. ¡Nick...!
-¿Qué? ¿Qué te pasa?
Nick se arrodilló en el suelo delante de ella.
-No te preocupes, ya se me pasa. Es que el bebé me ha dado una patada, lo hace mucho.
-¿Desde cuándo?
Vio en los ojos de Nick una profunda tristeza, una inmensa añoranza.
-Desde hace unas semanas -admitió ella.
Entonces, tomó la mano de su marido y se la llevó al vientre.
Después de unos momentos, el bebé volvió al ataque.
-¡Dios mío, lo he sentido!
Nick se quedó perplejo y maravillado. Seguía con la mano en el vientre de ella cuando el bebé dio otra patada.
Miley dio un respingo en el asiento y Nick se echó a reír.
-¡Creo que tenemos un futbolista!
-Sí, yo también lo creo. ¡Y duele!
-¿Crees que está intentando decirnos algo? -preguntó Nick con una sonrisa traviesa.
-¿Como qué? Como... "Eh, acostaros ya que quiero dormir" -ella rió.
-O como... "Eh, ése es mi papá. ¿Me está echando de menos?".
Miley lo miró con tristeza. Era ella quien le había echado de menos.
-¿Te encuentras bien? -preguntó Nick con el ceño fruncido.
Miley asintió.
-Vaya, parece que se ha dormido.
-Quizá nosotros también deberíamos acostarnos.
-Sí.
Miley se levantó del sofá y empezó a colocar las tazas de café en la bandeja.
-Deja eso, yo lo haré -dijo Nick-. Tú vete a acostar.
Miley asintió.
-Gracias.
Fue consciente de que él la seguía con la mirada al abrir la puerta del dormitorio. Quería volverse y decirle que la acompañara, pero no lo hizo.

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