jueves, 2 de febrero de 2012

Cap 42.-



Él, al contrario, estaba completamente vestido con unos pantalones y un polo de algodón. Tenía un aspecto impecable. Se había retirado tan rápido que le habría dado tiempo a ducharse diez veces antes de que Miley se hubiese recuperado.

Chris se había levantado deprisa, mientras
Miley aún estaba estremeciéndose entre las sábanas.

—Yo...

—No digas nada —dijo
Miley.

Había una tensión tremenda en el ambiente.

Parecía como si volviese a repetirse la misma situación que hacía unos días.

Entonces, Nick suspiró y fue a servirse más café. Luego se sentó de nuevo junto a
Miley que le dirigió una mirada. Estaba encorvado. Tenía aspecto de estar abrumado por los acontecimientos de las últimas horas.
Miley desvió la mirada antes de sentir pena por él. No era un dios, solo un hombre, con sus apetitos, y sus reacciones tan peculiares después de hacer el amor...

—¿Acaso tienes una amante? —le lanzó ella.

—¿Qué? —murmuró Nick sin comprender.

—Desmona me dijo que tenías una, incluso me mostró dos candidatas.

—¿Cuándo te dijo eso?

— ¡No has respondido a mi pregunta! —exclamó
Miley.

—No tengo ninguna amante —afirmó Nick—. Mira,
Miley, yo no te haría algo parecido. Desmona te dijo eso por despecho, nada más.

Era lo que ella se había imaginado entonces.

—Está bien, te creo. Eso quiere decir que puedo sentirme menos culpable.

—Pero no tienes que sentirte culpable por lo que hemos hecho —repuso Nick.

—Pues a mí me da la sensación de haber cometido un pecado —adujo
Miley.

— ¡Estábamos haciendo el amor! —exclamó Nick.

—Estábamos practicando el sexo —argüyó
Miley—. Como lo hicimos hace una semana. Y me siento sucia, como entonces.

—No estaba huyendo de ti. Estaba huyendo de...

Se hizo el silencio.
Miley esperaba a que continuara hablando, pero no lo hizo. Nick se pasó nerviosamente la mano por los cabellos.

—Vete al infierno —murmuró
Miley, maldiciéndolo.

De pronto, Nick se echó a reír, pero cínicamente.

—Llevo consumiéndome en ese lugar durante años —sostuvo el hombre—. Has de decir una maldición más grave para conseguir herirme.

—Pues vete donde quieras, me da igual —repuso
Miley—. No quiero que te vuelvas a acercar a mí nunca más. ¿Entendido?

Se iba a marchar, cuando las palabras de Nick la paralizaron.

—Siento haberme retirado de ese modo. No quería hacerte daño, 
Miley.

— ¡No me digas que siempre eres tan brusco después de hacer el amor! —exclamó
Miley burlonamente. Él titubeó antes de contestar.

—Es verdad —asintió el hombre.

—Ahora lo entiendo: es de ti de quien huyes —argüyó
Miley.

Ella había hablado al azar para herirlo y resultaba que había dado en el blanco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario