jueves, 2 de febrero de 2012

Cap 46.-



—Querrás decir cuando fuiste a ver a mi tía —le corrigió Miley con sarcasmo—. Para convencerla de que regateara con el futuro de Melanie.

—¿Es eso lo que te ha dicho ella? —preguntó Nick—. Entonces, te ha mentido. Fue Laura la que me abordó, Miley. Era ella la que quería regatear conmigo, pero para que guardaras silencio sobre todo este asunto. Tú tía fue la que hizo de mediadora entre su sobrina y yo. Su sobrina que había sido la amante de mi difunto hermano.

—¿Mi tía te dijo que yo fui la amante de tu hermano? —repitió 
Miley anonadada.

Estaba perpleja y llena de consternación.

— Según ella, tú amenazabas con decírselo a la prensa si yo no pagaba una buena suma de dinero — sostuvo Nick.

—Pero, ¿cómo pudiste creer cosas tan terribles de mí? —gritó 
Miley.

—Todavía no te conocía —repuso nick—. Solo sabía que eras una mujer joven que no dudaba en hacer chantaje a una familia de banqueros griegos para enriquecerse.
Miley pensó que aquello parecía tener sentido. Y de pronto sintió vergüenza de la astucia mercenaria de su tía.

—Yo no podía correr el riesgo de que la prensa se enterara, por el precario estado de salud de mi abuela — siguió diciendo Nick—. Lo que no sabía tu tía era que el sueño de mi abuela era poder conocer a un bisnieto antes de morir. Pero la abuela y yo sabíamos que ese sueño era irrealizable.
Miley comprendió que el motivo era la poca salud de la anciana.

—El hecho de haber conocido a Melanie ha debido de ser para ella algo maravilloso —comentó
Miley tristemente.

Él asintió.

—Le ofrecí a tu tía una gran cantidad de dinero por quitarte a la niña —repuso Nick—. Ella me había dicho que no te parecería mal dejármela si la suma era acertada.
Miley se sintió herida. Todo aquello era una espantosa maraña de engaño, traición y codicia.

—Entonces, la llevaste en tu lujoso coche hasta mi apartamento y esperaste a que comprara a la hija de tu hermano —concluyó ella, empezando a sentir náuseas.

Después,
Miley corrió hacia el coche y fue golpeada por la camioneta enfrente de él. Nick había tenido la oportunidad de saber cómo era su apartamento y cómo vivían. Comprendió que Miley era inocente y no tenía nada que ver con la extorsión. Al contrario, le costaría mucho convencerla de que le dejara a su hermana.

Y luego vinieron las sartas de mentiras, pensó 
Miley mientras Nick miraba ausente por la ventana, tal y como lo había hecho ella antes. La propuesta, la coerción las historias lacrimógenas...

Al fin y al cabo, lo único cierto había sido lo de la alegría de la abuela conociendo a su biznieta en vida.

—¿Tu abuela sabía de quién era hija Melanie? — preguntó
Miley con voz ronca.

Nick tardó en contestar. Vaciló y a
Miley le pareció que iba a decir una mentira.

—Ella se lo imaginó todo...

¿Estaba diciendo la verdad?

Su abuela lo había llamado pájaro... 
Miley sintió un escalofrío.

¡Qué de esfuerzos malgastados! Había llegado a contraer matrimonio con ella. Podía haberse evitado ese y muchos inconvenientes. Pero claro, también quería tener la custodia legal de Melanie, por lo que no había actuado en vano.

—¿Le pagaste a mi tía para que se mantuviera alejada de mí? —preguntó
Miley.

—Sí —admitió Nick—. Ella ideó todo este embrollo porque había perdido su empleo y tenía muchas deudas. Vio en mí el modo de solucionar sus problemas. Pero se dedicó a jugar en bolsa para doblar el valor de su dinero, y no hizo más que perderlo.

—Por eso fue a verte a tu oficina esta mañana.

—La eché a patadas —afirmó Nick—. Y ella se ha vengado. Debería habérmelo imaginado por tratar con gente de su calaña.
Miley notó como el dolor que sentía en el corazón se iba suavizando.

—Jamás hice nada para herirte,
Miley—murmuró Nick—. Aunque te resulte difícil de creer, actué de ese modo pensando en tus intereses.

En efecto, a ella le parecía algo imposible. La gente que te quiere no te miente, ni te roba.

—Tu tía trató de darme a Melanie, tomar el dinero y escapar —prosiguió Nick—. Pero yo no podría hacerte semejante cosa. Me di cuenta de ello con solo conocerte media hora. Por eso mentí. Y te di lo que parecía que necesitabas, manteniéndote bajo mi protección. Piénsalo bien: de todo lo ocurrido, ¿qué es lo que he hecho deliberadamente en contra tuya?

Se hizo el silencio.
Miley tuvo que controlarse para no estallar en sollozos.

—Quédate —le rogó Nick suavemente—. No seas víctima de las sucias maniobras de una persona que nunca te ha querido realmente.

—Ahora no puedo pensar —adujo 
Miley—. Necesito tiempo para poner las cosas en claro y decidir si me quedo o no.

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