sábado, 4 de febrero de 2012

Capitulo 7.-

Ella esbozó una sonrisa ante el tono un tanto iró­nico de él.
—Resulta un tanto extraño que estemos así de relaja­dos —replicó ella—. No puedo evitar pensar que en cual­quier momento sonará el teléfono o vendrá alguien de cualquier departamento para preguntarme algo.
—Nunca tenemos un minuto de descanso, ¿verdad? Hace cuatro años, cuando decidí que mi empresa coti­zara en Bolsa, pensé con ingenuidad que tendría me­nos trabajo. Pero creo que estoy trabajando muchas más horas que cuando era el único propietario.
—Quizá sea el precio del éxito —comentó ella con una sonrisa.
—Quizá.
Miley se preguntó lo que estaría pensando él mientras ella miraba cómo las llamas jugaban en su cara. Quizá estaba pensando en las negociaciones que tenía entre manos. Era curioso que, sin saber espe­cialmente de cocina, hubiera tenido tanto éxito con sus restaurantes.
Desde sus humildes comienzos con un solo restau­rante, había desarrollado un estilo especial e imagina­tivo, colocando al jefe de cocina adecuado y eligiendo el lugar idóneo. Aquel restaurante había sido un éxito desde el primer momento.
—Me imagino que no debería quejarme. Cuando murió Stephanie, me alegré de poder estar ocupado tantas horas. Eso me ayudaba a no pensar. De hecho, ha habido veces en las que me sentía mejor en el des­pacho que en mi casa.
—Debió ser una época muy dura.
—Mucho, la peor.
Nick se quedó mirando al fuego, en silencio, du­rante un buen rato.
—Una de las razones por las que compramos esta casa fue porque pensamos que era muy hogareña —añadió luego—. Tiene cinco habitaciones y nosotros planeá­bamos llenarlas todas. Stephanie procedía de una fami­lia numerosa y yo también. A los dos nos gustaba y queríamos lo mismo...
—Lo siento, Nick.
El tono compasivo y cariñoso de ella lo hizo volver al presente.
—La vida continúa, Miley. He aprendido a vivir con ello.
A pesar del tono pausado, ella sabía que no había superado la muerte de su esposa. Miley había entrado en la empresa doce meses después de la tragedia y es­taba acostumbrada a verlo serio y concentrado en su trabajo, incluso distante. Pero otras personas de la em­presa le habían asegurado que la muerte de Stephanie lo había cambiado por completo y lo había vuelto un hombre muy reservado.
Sentada allí al lado del fuego y de él, se daba cuenta de que estaba conociéndolo más esa noche, que en los dos años en los que llevaban trabajando juntos. Bajo la máscara que solía llevar, era un hombre amable. Un hombre amable que, además, resultaba guapo... pensó, estudiando su aristocrático perfil, las facciones bien delimitadas, la mandíbula cuadrada y la línea sensual de sus labios.
Nick se giró y la descubrió mirándolo.
—¿En qué estás pensando? —preguntó él.
—En... lo horrible que debe ser perder a alguien que quieres.
—Sí, lo es.
Nick la observó unos segundos y pensó en que ella tenía razón. Era bastante extraño estar allí senta­dos, hablando relajados. Pero lo curioso era lo fácil que le resultaba hablar con ella. Su intención no había sido la de sincerarse de aquel modo. De hecho, no re­cordaba la última vez que había hablado a alguien de Stephanie.
Se acercó y le sirvió un poco más de vino.
—Bueno, no nos pongamos tristes. Es viernes por la noche, así que hay que celebrarlo.
Miley entendió que no quería seguir hablando de su esposa y cambió de tema.
—Y si el tiempo no cambia, quizá no tengas que ir mañana a Manchester —dijo, levantando su copa.
—Aunque el tiempo mejorara, me costaría mar­charme... porque no sé si Gina podrá venir a casa.
—Bueno, si por un milagro el tiempo mejora, me quedaré mañana a cuidar de Beth.
—Gracias, Miley.
—No te preocupes, Beth y yo nos llevamos muy bien —contestó alegre—. No va a ser una tarea dura.
Nick sonrió.
—Eres muy amable, pero, ¿qué me dices de liam? ¿No le va a importar? ¿Dónde está hoy?
—No lo sé —respondió, nerviosa—. Es probable que esté tomando algo con amigos —se dio cuenta de que él le miraba la mano donde había desaparecido el anillo de prometida—. Nos separamos hace casi cuatro sema­nas —admitió al final.
—¿Por qué no me lo dijiste? No me has comentado nada.
—Me imagino que estoy intentando hacerme a la idea todavía. Además, nunca hablamos de nuestra vida privada, ¿no? Te confieso que me ha costado incluso hablar contigo de trabajo.
—Lo siento, Miley, espero que la situación se aclare pronto.
Ella sonrió.
—Llevamos meses diciendo eso. La verdad es que no me importa tener que trabajar mucho... por lo me­nos, así se me pasan los días volando.
—Entonces tu ruptura con Liam ha sido repentina, ¿no? Llevabais bastante tiempo juntos, según creo.
—Sí, lo conocí justo antes de empezar a trabajar contigo, hace dos años. Pero quizá no estuviésemos hechos el uno para el otro. Esas cosas pasan —lo ase­guró con una firmeza que no sentía.
Quería demostrar que ya estaba recuperada e in­cluso esbozó una sonrisa.
Nick no se dejó engañar. Al contrario, notó la pa­lidez de su piel y el brillo húmedo en sus ojos.
—Es mejor haber descubierto ahora que no os lleváis bien, que después de casados.
—Sí... eso es lo que yo me digo. Pero llevábamos vi­viendo juntos más de un año... y pensaba que... bueno, que era el hombre de mi vida. Fuimos incluso al regis­tro civil...
—Entonces, si no es una pregunta demasiado indis­creta... ¿qué pasó? ¿Otra mujer?
—Bueno, no exactamente... aunque ahora sí parece que hay otra.
Quizá ya entonces estuviera manteniendo una rela­ción con ella y había utilizado su última pelea como disculpa para marcharse con todo su dinero, pensó con amargura.
—Bueno, pues es un beep por dejarte. Un completo beep.
El cumplido sorprendió a Miley.
—Gracias —dijo, apartando la vista de él y sintién­dose de repente muy incómoda.
No podía creerse que estuviera hablando de aquella manera con su jefe. Era muy extraño.
—Conocerás a alguien, te enamorarás y agradecerás no haberte casado con Liam.
—No sabía que fueras tan romántico.
—Ni yo tampoco. Pero suena bien, ¿verdad?
Miley pensó en ello durante unos momentos y luego negó con la cabeza.
—No sé mucho sobre...
—¿Por qué no?
Se encogió de hombros.
—Todo eso de que la tierra se mueva y te pase una corriente eléctrica cuando alguien te besa... es solo una manera de distraerse, ¿no te parece?
—¿Distraerse de qué?
—De la pregunta de si en verdad la persona con la que estás es la adecuada para pasar con ella el resto de tu vida.
—Eres muy joven para ser tan cínica.
—No creo que sea nada cínico. Creo que es sensatez.
Miley miró al fuego y pensó en su relación con Liam. Ella había creído que todo marchaba bien... pen­saba que tenían los mismos gustos. Y entonces, cuatro semanas antes, discutieron y ella descubrió que no solo no tenían los mismos gustos, sino que además eran por completo diferentes.
¡La había acusado de estar demasiado centrada en el trabajo! Eso había sido una estupidez... ella siempre le había dado importancia a su carrera profesional. Además, él no se había quejado de ello cuando había necesitado ayuda económica porque sus negocios iban mal. Ella fue la que sostuvo la mayor parte del peso de la relación du­rante casi un año. Y lo más curioso fue que, cuando él se estaba empezando a recuperar, se lo reprochó.

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