sábado, 18 de febrero de 2012

Cap 15.-

—A cinco. Cuatro son inglesas y una es sueca.
Nick bebió un trago de cerveza.
—¿Qué te dijeron en la agencia sobre la sueca?
—Que tiene buena titulación y que habla bien inglés. ¿Qué te hace tanta gracia? —le preguntó, levantando la vista de los papeles que estaba leyendo.
Él le sonreía divertido.
—Nada. Bueno, la verdad es que lo que te pregun­taba es más bien... si era del tipo de sueca rubia, alta y con buen cuerpo.
—Ah, bien, es lo más importante, claro —contestó Miley sin sonreír—. ¿Es lo que querías que pusiera en la lista de requisitos? ¿Tiene que ser rubia, alta y con buen cuerpo?
Nick soltó una carcajada.
—No, es una broma. No quiero distracciones en ese sentido. La vida ya es suficientemente complicada de por sí. No, solo quiero que sea una chica agradable, en la que se pueda confiar y que demuestre que quiere a los niños de verdad. Con eso me conformo... el aspecto no es ningún requisito.
Miley asintió y bebió otro sorbo de vino. En la mesa de enfrente se sentó un grupo de personas algo escandalosas.
—¿Y de horas? —preguntó ella, tratando de concen­trarse.
—¿Qué has dicho?
Miley se acercó y le repitió la pregunta.
Nick no contestó enseguida. La miraba como si estuviera contemplando un cuadro. Tenían los rostros muy juntos el uno del otro; ella lo miró fijamente a los ojos y sintió que el corazón le comenzaba a palpitar a toda velocidad.
—¿Dónde me dijiste que ibas esta noche? —preguntó de repente.
—No... lo dije.
—Entonces, ¿es una cita con un hombre?
—¿Por qué quieres saberlo?
—Por nada, simple curiosidad.
—Es solo... que he quedado a cenar con una persona.
Se sonrojó al ver cómo la miraba él. Fue como si penetrara en su corazón. Y ella, ¿por qué le estaba mintiendo? ¿Qué pasaría si decía que no iba a ir a nin­guna parte? La tentación era poderosa, pero no se atre­vía. Era mejor mantener la distancia con Nick. Al fin y al cabo, era su jefe.
Entonces, ¿por qué estaría tan interesado por lo que iba a hacer esa noche?
—¿Nos vamos? —preguntó de repente Nick—. Aquí hay demasiado ruido. ¿A cuánto está tu apartamento de aquí? —añadió ya en la calle.
—A diez minutos —contestó Miley—. Escucha, Nick. ¿Por qué no te vas a casa, te sientas y apuntas los requisitos que quieres para la chica, el horario y todo eso? Yo lo leeré luego, antes de que comiencen las en­trevistas, como lo hicimos la otra vez.
Él asintió.
—Sí... de acuerdo.
Miley, que no sabía qué hacer, miró la hora.
—La verdad es que hace tan buena noche que creo que me voy a ir andando.
—Te acompaño —dijo Nick.
—No hace falta.
—Ya sé que no hace falta —dijo él, sonriendo—. Pero quiero hacerlo. De todos modos, me viene bien hacer un poco de ejercicio y, como has dicho, hace una buena noche.
—Oh... de acuerdo.
Ella se colgó el bolso y metió las manos en los bolsillos. La situación se estaba volviendo cada vez más extraña, pensó, tratando de adivinar por qué Nick es­taba haciendo todo aquello.
Ninguno de los dos rompió el silencio mientras ca­minaban. Era como si ambos estuvieran sumidos en sus pensamientos. Miley miró de reojo a Nick un par de veces, preguntándose qué estaría pensando, pero su rostro era totalmente hermético.
Cuando llegaron a la calle donde vivía Miley, esta, muy nerviosa, buscó algo que decir. Algo que relajara la tensión que sentía por dentro.
—¿Está Gina con Beth? —preguntó al final.
—Sí, se quedará cuatro semanas más. ¿Crees que tu amiga tenía razón cuando dijo que Liam volvería?
Estaban de pie ante la puerta de su casa.
—No, definitivamente no.
—Entonces, no es con Liam con quien has quedado, ¿verdad?
—No.
Ella bajó la vista y comenzó a buscar las llaves en el bolso.
—Bien —Nick la miró con preocupación—. No me gustaría que le dieras una segunda oportunidad y que volviera a hacerte daño... eres demasiado buena, Miley.
—¿Sí? —preguntó ella, no muy complacida—. Gracias por el voto de confianza. Pero en realidad no me cono­ces. Por ejemplo, creo que no voy a firmar lo de la casa hasta que Liam no me pague algunas de las facturas que me dejó.
—No sabía que había dejado facturas sin pagar.
Miley se puso colorada.
—Pues... sí —admitió—. Esa fue la principal razón por la que te pedí un aumento de sueldo.
—Entiendo —contestó muy serio—. Creí que era por­que te habían ofrecido más dinero en la otra empresa.
—No... Liam me dejó en una situación... desastrosa. Pero voy a recuperarme pronto.
Nick no tenía duda de que Miley era capaz de cui­darse de sus propios asuntos. Era una mujer com­petente y capacitada. Pero el dolor que veía en sus ojos en ese momento le mostraba también un lado frágil. Era evidente que Liam se había comportado como un canalla.
—¿Quieres que te ayude?
A ella la sorprendió aquello.
—No... gracias, lo puedo solucionar yo sola.
Nick se sintió decepcionado por la respuesta.
—Bueno, si cambias de opinión, la oferta sigue en pie —contestó, como sin darle mucha importancia—. ¿Tienes tiempo para invitarme a una taza de café? —preguntó en voz baja.
Al decirlo, le quitó la llave de la puerta y el roce de sus manos provocó en Miley un escalofrío que recorrió todo su cuerpo.
—Bueno, un café rápido. No quiero llegar tarde a la cena.
—No te preocupes.

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