jueves, 2 de febrero de 2012
Cap 32.-
«No, no lo sientes. Y estás disfrutando como nunca, víbora».
—Él no tiene una amante —aseguró Miley, comenzando a dudar de Nick nada más terminar de hablar.
Un hombre como Nick no se casaba por conveniencia sin asegurarse una serie de necesidades básicas.
—Todos los hombres griegos con dinero tienen una amante, querida —afirmó Desmona—. Es lo que se espera de ellos. ¿Quién crees que es? ¿La morena con la que está bailando? ¿O quizá aquella que está tan acaramelada con su marido?
Miley se puso a mirar a una y otra. Las dos eran muy guapas, no habría podido culpar a Nick de desearlas.
—Yo diría que es la que está tan acaramelada — continuó Desmona—. Me da que debe de estar desesperada con su marido y por eso exagera tanto...
—Creo que estás mintiendo —sostuvo Miley.
—Entonces, es que eres estúpida —repuso Desmona—. Y seguro que te mereces todo lo que vas a recibir de Nick Jonas. Debe de tener una buena razón para querer a tu hija, pero no creo que te quiera a ti. Aunque es lo suficientemente frío y calculador como para seguir con la boda hasta conseguir su propósito. Una vez dicho esto, me marcho para que sigas disfrutando de tu fiesta de compromiso. Buena suerte, querida. Creo que la vas a necesitar.
¿Por qué habría hecho eso? Para herir a Miley o porque quizá Nick la había rechazado.
Pero, lo importante era que la semilla había arraigado. Miley estaba mirando con recelo a todas las mujeres de la fiesta.
Nick ya no bailaba. Estaba hablando con la esposa acaramelada de antes. Su marido no estaba presente. Ella reía mirando a Nick a los ojos...
¿Sería su amante?
Rápidamente, Dulce pensó que no era algo de su incumbencia.
Pero no pudo evitar fijarse en el lenguaje corporal que utilizaban ambos: sonrisas, guiños, etc...
De pronto, la mujer se puso muy seria, Nick la tomó de la mano y después de comprobar si los estaban mirando se fueron los dos juntos a una habitación contigua.
Miley notó con cierto dolor, que Nick ni siquiera había reparado en ella. Luego, vio a Desmona que la estaba mirando con aire burlón y se sintió completamente humillada.
Una cosa era engañar a alguien y otra bien distinta ser engañada... Se sentía inundada de dolor y paralizada en pleno salón.
Súbitamente, el grupo de invitados jóvenes se acercó a ella. La animaron a que bailara con ellos música disco en la terraza que daba a la piscina cubierta. Ella aceptó entusiasmada.
Al cabo de media hora, Miley ya no era la misma persona. Su madre habría reconocido a la joven feliz y despreocupada que era antes.
Se entregó desesperadamente a la danza rítmica del sonido disco, pero nadie lo notó. Al revés, los jóvenes estaban encantados con Miley: no era la inglesa caradura de vida fácil que habían creído conocer.
Alguien llevó una caja de botellas de champán. Durante unos instantes, los jóvenes se dedicaron a descorcharlas y a beber el delicioso vino dorado a sus anchas.
Las burbujas intoxicaban la sangre de los alegres bebedores y Miley dio rienda suelta a sus inhibiciones. La música vibraba y Miley movía su esbelto cuerpo de forma sensual y llamando la atención de los chicos. Aquello provocó la envidia de las otras jóvenes.
Un joven más atrevido que los demás se acercó a ella y la tomó de la cintura, bailando a su alrededor. Miley, en vez de sorprenderse, le instó a que siguiera, riendo y moviéndose con frenesí.
—Nick no sabe apreciar lo que tiene —murmuró el chico a la joven—. Es demasiado frío para disfrutar con una criatura como tú.
— Lo adoro —mintió Miley con mucha labia, cuando hacía unos minutos le habría asesinado—. Es dinamita pura.
Y en cierto modo aquello era verdad, pensó ella desolada. Le dedicó una sonrisa a su acompañante.
En ese preciso instante apareció Nick. Al sorprender la escena se quedó paralizado.
—¿Disfrutando, eh? —preguntó él furioso de forma que el resto de los jóvenes se calló de inmediato.
Aunque en la terraza había poca luz, todos sabían que el rostro de Nick estaba lleno de ira.
A alguien se le ocurrió la brillante idea de apagar la música. De pronto, se hizo un silencio total.
Nick estaba mirando fijamente las manos que estaban puestas en la cintura de Miley.
El magnate no se dignó a contemplar al joven. Con un simple chasquido de dedos, le instó a que la soltara y desapareciera. Era como si el chico hubiese atentado contra su propiedad privada.
Nick se puso frente a Miley, le quitó la botella de champán de la mano y se la quedó mirando de un modo intimidante. Alguien tomó esa botella y se la llevó.
—Podéis volver a la fiesta —anunció entonces Nick, sin dignarse a mirar a los demás a los ojos.
Ni siquiera a Miley que se quedó sola y abandonada ante él mientras los otros obedecían sin rechistar.
—Ya veo que eres muy sociable —sostuvo ella con ironía, rompiendo el silencio inexorable de Nick.
Pero él no contestó. La tomó por la mano buena y la obligó a caminar hacia la casa.
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