La casa de Lola parecía salida de una película de Hollywood. Un chef cocinaba unos enormes chuletones en una barbacoa y las mesas estaban dispuestas en el jardín alrededor de la piscina.
Había entre treinta y cuarenta invitados en la terraza, y un camarero se paseaba entre ellos con una bandeja de bebidas.
Miley había perdido a Nick entre los invitados. Paseó la mirada por los diversos grupos de personas, buscándolo. Apenas prestaba atención a lo que decía la pareja que tenía al lado, que hablaba de lo último en tecnología informática.
-Por supuesto, el nuevo diseño de Nick es genial. ¿Lo has ayudado a programarlo? -le preguntó el hombre a Miley de repente.
-Yo soy su secretaria -respondió Miley sonriendo por educación.
-Se va a hacer un hombre muy rico.
"¿Y qué?", quiso decir Miley. Lo único que quería era que Nick la amase. No había corrido ningún peligro al pintar la habitación; pero al contárselo, Nick la había mirado como si la odiara. Luego, de camino a la fiesta, Nick apenas le había dirigido la palabra.
-Además, es muy atractivo -dijo la mujer al hombre-. Todo un partido.
-No te entusiasmes -le informó el hombre-. Su mujer también es muy guapa.Miley frunció el ceño y volvió su atención de nuevo a la pareja.
-Mira, ésa es su mujer -le dijo el hombre moviendo la cabeza y dirigiendo la mirada hacia un rincón de la terraza.Miley siguió aquella mirada y vio a Nick hablando con Lola. Estaban muy cerca el uno del otro. Lola estaba fabulosa con un vestido de noche muy escotado y de sencillo corte que acentuaba sus curvas.
-Ésa no es su esposa -dijo Miley rápidamente.
-¿Estás segura? -el hombre frunció el ceño-. Aunque, por supuesto, yo no conozco a Lola a nivel personal, sólo tenemos tratos de negocios. Pero hace unas noches la vi cenando con Nick y ella me lo presentó como su compañero; por eso, me imaginé que vivían juntos.Miley tardó varios segundos en responder.
-Ha debido ser... una equivocación -declaró ella por fin.
-No creo. Me invitaron a venir ese día, cuando me los encontré en el restaurante Romanio.
Eso debió ser dos días después de que ella y Nick fueron a cenar al restaurante tailandés. Pero Lola estaba saliendo con otro hombre...
De repente, confusa, miró a su alrededor, pero no consiguió ver a Nick. No estaba por ninguna parte.
Miró en dirección a las puertas del jardín que conducían al interior de la casa, Lola y Nick debían haber entrado. Sí, los vio retirándose hacia el interior de la vivienda.
-Perdonad - Miley se separó de la pareja.
Dentro de la casa el aire era fresco y reinaba el silencio. No los encontró ni en la cocina ni en el cuarto de estar. Se adentró por el pasillo y, por fin, pudo oír sus voces.
-¿Dónde has dejado a tu novio esta noche? -estaba preguntándole Nick a Lola en tono sarcástico.
-John ha cumplido su objetivo, ¿no te parece? -Lola lanzó una melódica carcajada-. Ahora, tu mujer se ha tranquilizado.
-Lola, yo...
-Y ha hecho que te dieras cuenta de lo principal -continuó Lola con firmeza-. Me parece que ha llegado el momento de que le digas que me necesitas, Nick. Esto de que nos tengamos que esconder de ella me está volviendo loca.
-Sí, es cierto que te necesito, pero...
-Pero lo quieres todo -le interrumpió Lola con intensidad-. No, no se puede tener todo, Nick.
La puerta estaba entreabierta y Miley la empujó suavemente. Vio a Lola, al lado de un escritorio, en el momento en que alzaba los brazos para rodearle el cuello a Nick. Estaban tan ensimismados el uno en el otro que no la oyeron.
-Quieres tu hijo, por eso te has casado con ella; pero no la amas, jamás te he oído decir que la amaras -Lola suspiró-. Escucha, una vez que el dinero te empiece a lloverte, podrás hacer los arreglos necesarios para quedarte con tu hijo y pagarle a Miley tu libertad.Miley se apartó de la puerta, sentía un agudo dolor en el pecho.
Encontró el cuarto de baño, cerró la puerta y se apoyó en ella. No sabía qué hacer, lo único que quería era llorar hasta que no le quedara una sola lágrima.
¿Cuánto tiempo llevaban teniendo relaciones? Era evidente que Nick le había mentido.
Le entraron náuseas y vomitó. Al cabo de un rato, se echó agua fría en el rostro y luego, con cuidado, se retocó el maquillaje.
Bien, tendría que reaccionar, se dijo a sí misma con la calma de la que fue capaz. Lo único que Nick quería era a su hijo, pero no a ella. Tenía que enfrentarse a la realidad.
Con sus sentimientos bajo control, salió del baño y volvió a la fiesta. Afuera hacía calor. Tomó un vaso de agua mineral de una bandeja y luego se refugió en un rincón de la terraza que estaba vacío.
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