Por lo tanto, le gustaba el aspecto que tenía Miley. La expresión de la joven se iluminó al oír sus palabras.
Nick sonrió, y ella también. Era la primera sonrisa sincera que le había dedicado ella en mucho tiempo. Y mientras tanto, Nick aprovechó para ponerle un anillo en una de las manos que tenía entre las suyas.
—Un anillo de compromiso para mi prometida — murmuró él.
Miley se quedó atónita al comprobar que se trataba de un precioso anillo de brillantes.
—Es parte del plan —continuó diciendo Nick.
El plan; ¿cómo había podido olvidar Miley el maldito plan?
—Y además te está bien —prosiguió Nick, con el mismo tono ligeramente irónico—. Lo que significa que la abuela me hará pagar por poder disfrutar viéndolo en tu mano.
—¿Es el anillo de tu abuela? —preguntó Miley aturdida.
—Uno de los muchos que le regaló mi abuelo — respondió Nick con una mueca—. Pero este es su preferido. ¿Te gusta?
—Es precioso —murmuró Miley en voz baja. Tenía el tamaño ideal para no resultar ni demasiado ostentoso ni carente de relevancia.
—Gracias por habérmelo prestado esta noche — prosiguió ella, educadamente—. Te prometo que lo trataré con mucho cuidado.
—Es un regalo, no quiero que me lo devuelvas.
Miley sacudió la cabeza.
Aquel anillo no le pertenecía ni lo haría nunca. Ella podía aceptar los modelos de su guardarropa y su nuevo estilo de vida rodeado de lujo porque todo eso solo costaba dinero. Y el dinero era un bien que le sobraba a Nick. Pero el anillo, como el vestido de novia, eran distintos. Estaban repletos de valor sentimental y de recuerdos que pertenecían a la familia y no a Miley. Al fin y al cabo, ella solo estaba de paso.
nick adivinó lo que estaba pensando ella. Pero en vez de discutir, guardó silencio.
—Eres una persona íntegra, Miley —dijo él en voz baja, al cabo de unos segundos—. Eso es algo que escasea en nuestros tiempos. Por favor, no cambies nunca.
—¿Acaso soy una persona íntegra, casándome con un hombre al que no quiero, por puro interés? —preguntó ella con una sonrisa burlona.
Nick no supo qué contestar.
—Es mejor que vayamos a la fiesta —dijo él finalmente—. Tenemos que reunimos con los invitados.
Y lo poco de armonía que se había creado entre los dos se fue al traste al caer en la cuenta del motivo de su unión. El interés de Nick por adoptar el bebé de una extraña, sin un motivo concreto. Por primera vez, Miley se planteó cual era la verdadera motivación de Nick. En aquel momento, lo conocía un poco más y no creía que él fuese a adoptar legalmente a Melanie solo con el fin de hacer funcionar su plan.
Después de todo nadie había puesto en duda que la niña fuese su hija. ¿Si de verdad necesitaba un heredero, por qué no buscaba entonces a un niño moreno como Melanie? A no ser que adoptar a una niña formara parte del plan... para confundir a la gente.
¿Podría ser tan tortuoso y tan increíblemente calculador?
Mientras caminaban hacia las escaleras, Miley observó su rostro cínico y despiadado y pensó que sí, realmente era calculador.
Lo que no contestaba a la pregunta de por qué quería realizar una adopción legal. Si todo aquello estaba planeado con el fin de hacer feliz a la abuela, a ella le quedaba poco tiempo de vida. Miley no tardaría en volar por su cuenta. Y Melanie era demasiado pequeña como para notar la pérdida de un padre, que, además, no era de su sangre.
Entonces, ¿qué demonios estaba ocurriendo allí?
—Deja de preocuparte —la reprendió Nick en un tono neutro—. No voy a dejar que te coman.
Pero lo hicieron, o al menos estuvieron a punto de hacerlo mirándola con curiosidad e incredulidad.
Sin embargo, para ser sinceros, ninguno de ellos fue atrevido o maleducado con ella. El grupo de mayor edad se dedicó a tomarle el pelo a Nick por el motivo de su boda. Los más jóvenes, en especial los hombres, se la comían con los ojos de forma tan alarmante como para provocar una reacción de advertencia en Nick.
Miley pensó que su prometido era demasiado posesivo y protector. Durante las presentaciones no le soltó la mano ni un momento.
—No ha sido tan complicado, ¿verdad? —le preguntó Nick cuando ya habían saludado a todos los invitados.
Miley le habría respondido preguntándole donde había estado mirando. Pero le contestó simplemente:
—No.
Una persona en particular le había incomodado más que las otras: Desmona. Iba vestida de un modo solemne, con un largo vestido tubo de color negro. Esa imagen hizo que Miley se sintiera más carente de sofisticación que nunca.
Sin embargo, Miley tuvo que admirar la forma de afrontar el silencio que se produjo en el momento de su llegada a la fiesta.
El silencio gritaba: Desmona ha sido rechazada. Pero ella no hizo ninguna concesión al desasosiego.
Besó en las dos mejillas a Nick e intercambió unas palabras en griego que le hicieron sonreír. Luego se dirigió a Miley, saludándola y preguntándole por Melanie con mucho interés.
Cuando Desmona se alejó, Miley se planteó si ese momento habría sido planeado por nick antes del viaje a Grecia.
—Tiene mucha clase, ¿no crees? —le preguntó Nick refiriéndose a su cuñada.
—Me da mucha pena —confesó Miley siguiéndola con la mirada.
—Pues deja de pensar así —le sugirió Nick—. Porque es la típica pantera adormecida que puede saltar y atacarte cuando menos te lo esperes.
Eso era una advertencia muy clara... Miley sintió un escalofrío.
Y tal y como predijo Nick, al cabo de varios minutos, Desmona hincó los dientes en plena autocon-fianza de Miley.
Después de haber bailado con un anciano llamado Grigoris que iba a ser su padrino de boda, Miley se quedó apartada a un lado del salón recuperando el aliento.
Estaba contemplando a Nick mientras bailaba con una bella criatura morena, cuyo nombre ya no recordaba. Él estaba más relajado y sonriente que nunca. Parecía estar disfrutando del ambiente sofisticado en el que se había criado.
Una voz suave y persuasiva la interrumpió.
—¿Has adivinado ya cuál es su amante?
¿Su amante? Miley notó que se le revolvía el estómago y Desmona lo adivinó.
— ¿No lo sabías? —prosiguió la mujer—. ¡Qué mala suerte! Y en el día de tu compromiso, además... Lo siento, de veras.
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