domingo, 19 de febrero de 2012

Capitulo 2.-

Nick observó el montón de metal y tomillos que sus primos y él utilizaban para ir a
reparar vallas rotas y para cargar comida para el ganado.
—Le falta una de las luces y está un poco sucio de barro, pero...
—¿Un poco? —la agente hizo una mueca de desa­grado mientras miraba el destartalado vehículo—. Si en este estado aún exigieran inspecciones de seguri­dad de todos los vehículos, hace tiempo que el suyo ya seria chatarra, señor Jonas —dijo mientras le de­volvía el permiso—. Quiero que dé la vuelta a la ca­mioneta y vuelva por donde ha venido.
Nick le dedicó otra de sus encantadoras sonri­sas, que fue tan bien recibida como la anterior.
—Iba camino de la estación de servicio a cambiar las ruedas y a sustituir el tubo de escape —explicó tan educadamente como pudo.
—Hoy no —dijo ella a la vez que sacaba su cua­derno de multas y un bolígrafo.
—Vamos, agente—dijo Nick, tratando de enga­tusarla—. No me multe. He conducido muchas veces esta camioneta a la ciudad. Esta es la zona más rural de Estados Unidos, y los atascos no son precisamen­te nuestro principal problema —señaló con un dedo la autopista—. Desde que me ha detenido no ha pa­sado ni un coche. No hay nadie a quien poner en pe­ligro.
La agente entrecerró los ojos.
—¿Está cuestionando mi autoridad, señor Jonas?
—Nick —corrigió él con una nueva sonrisa—. No, solo estoy diciendo que nunca he tenido proble­mas con los otros agentes de Owl County. Usted debe de ser nueva aquí.
—Lo soy, pero las normas siguen siendo las nor­mas —insistió ella, y a continuación señaló el cami­no de grava que se dirigía hacia el oeste—. Y ahora, regrese por donde ha venido o le pondré una multa en lugar de dejarlo ir. Y no vuelva a atravesar la au­topista con este vehículo hasta que lo tenga en condi­ciones.
Tras escribir una nota de advertencia que entregó a Nick sin miramientos, giró sobre sus talones. Distraí­do, Nick contempló el hipnótico balanceo de sus ca­deras encajadas en unos ceñidos pantalones azules. Su atención se vio momentáneamente atraída por la larga coleta de pelo castaño que se balanceaba entre sus omóplatos, pero enseguida volvió a posarse en su ex­cepcional trasero.
Mmm. El aspecto de la agente era igualmente magnífico cuando se alejaba que cuando se acercaba. Era una lástima que fuera tan severa y poco amistosa. Y lo más probable era que su personalidad tampoco mereciera la pena.
Nick entró en la camioneta, la arrancó y le dio la vuelta mientras la agente permanecía sentada en su coche, observándolo atentamente a través del cristal de sus gafas.
Una traviesa sonrisa curvó los labios de Nick cuando vio que el primo Joe se dirigía a toda prisa hacia él. El plan original era que Joe lo recogiera en la ciudad para ir a comprar los suministros para el ran­cho mientras reparaban la camioneta. Luego, pensa­ban comer en el Stephanie's Palace, el restaurante de Steph, la nueva esposa del primo Kevin. Wade había estado impaciente toda la mañana, ansioso por termi­nar sus tareas para poder reunirse a comer con Laura, su reciente esposa.
Cada vez que veía al primo Joe, el ex misógino de la familia, babeando a causa de lo colado que esta­ba por su esposa. Nick no podía evitar reír. Era paté­tico ver lo colados que estaban Joe y Kevin por sus respectivas esposas.
Cuando Joe sacó un brazo por la ventanilla para hacerlo parar, Nick pisó el freno a fondo, cosa que le hizo recordar que no vendría nada mal revisar el nivel del líquido de frenos.
Joe lo miró con cara de pocos amigos.
—¿Qué haces? ¿Acaso has olvidado cómo se va al pueblo? —miró ansiosamente su reloj—. Le he dicho a Laura que me reuniría con ella a las doce. Si llego tarde por tu culpa te vas a enterar.
Nick reprimió una sonrisa a la vez que tenía una inspiración. Salió de la camioneta.
—Vamos a cambiar de vehículo, primo. He olvida­do algo en el rancho. Lleva tú la camioneta y yo te sigo enseguida.
—Más vale que sea así —amenazó Joe mientras bajaba de su todoterreno negro y pasaba junto a Nick— . Hoy es nuestro sexto aniversario mensual, ya sabes.
—Sí, lo has mencionado más o menos una docena de veces.
Impaciente, Joe cerró la puerta de la camioneta, giró y se dirigió hacia la autopista. Nick rió divertido mientras su primo se alejaba en una nube de humo. Estaba deseando ver cómo se las arreglaba con la nue­va agente.
Nada como una buena broma para empezar bien el día.

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