viernes, 3 de febrero de 2012

Cap 3.-

EL AIRE acondicionado del piso no funcionaba. Miley había tratado de arreglarlo, pero sin con­seguirlo. El calor la estaba poniendo mala.
-No importa -le dijo animada a su hermana-. Nick estará aquí pronto y él lo arreglará.
-Ojalá se dé prisa -protestó Demi-. Tengo un montón de deberes, pero con este calor me duermo.
Miley se miró el reloj. Las siete. Podía llamar a Nick para pedirle que fuera antes de la hora. Descolgó el teléfono y marcó su número.
No había nadie en su casa. ¿Dónde podía estar a esas horas? Desde luego, no podía estar hablando de negocios con Lola, ¿o sí?
-Voy a traerte un vaso de agua con hielo -le dijo a su hermana mientras colgaba-. Puede que eso te ayude.
Demi hizo una mueca.
-Me ayudaría más que supieras hacer estas fórmulas.
-Echaré un vistazo, pero las matemáticas no son mi fuerte.
Miley se acercó al frigorífico y deseó poderse me­ter en él al sentir el frescor nada más abrir la puerta.
El piso era demasiado pequeño para las dos. Dos dormitorios diminutos, un cuarto de baño entre ambos, y cuarto de estar con cocina americana. Eso era todo, pero 
Miley no podía permitirse nada mejor. Pagaba los estudios de Demi y eso la dejaba sin dinero extra.
Volvió la cabeza y vio a su hermana tirar el lapicero en el tablero de la mesa.
-Esto es imposible -Demi gruñó, pasándose una frustrada mano por el cabello rubio.
-No puede ser tan difícil.
Miley sirvió dos vasos de agua con hielo y luego fue a sentarse al lado de su hermana. Aunque sólo había tres años de diferencia de edad entre ambas, la actitud de  Miley hacia Demi era más de madre que de hermana. Era así desde que sus padres murieron en un accidente automovilístico cuando Miley tenía sólo nueve años.
Desde esa primera noche, cuando las dos se encontraron en el orfelinato Albany House, se sintió responsable de su hermana. Preocuparse por otra persona le distrajo de encerrarse en su propio dolor, en sus propios miedos. En cierta forma, eso le había ayudado a superar la pérdida. Y, desde luego, la había hecho madurar a temprana edad.
Cuando
Miley fue suficiente mayor para abandonar Albany House, se llevó a Demi consigo. Ahora, las dos vivían en ese piso felices... bueno, cuando el aire acondicionado funcionaba y Miley no tenía tantas náuseas.
Las dos se pusieron a solucionar los problemas de matemáticas. Eran difíciles, y
Miley, absorta, no se dio cuenta de lo tarde que se estaba haciendo. Eran casi las nueve cuando Nick llegó.
-Hola, perdona el retraso -besó a 
Miley en la mejilla.
-¿Llegas tarde? - Miley se miró el reloj y arqueó las cejas, pero no dijo nada.
-¡Dios mío, qué calor hace aquí! ¿Qué le has hecho al aire acondicionado? -Nick se acercó a la caja de control de la pared.
-Yo no he hecho nada, ha dejado de funcionar él solo.
Miley se lo quedó mirando mientras Nick abría la caja del aparato; después, lo vio girando unos botones antes de cerrar la caja.
Un aire frío empezó a circular por la habitación al momento.
-Tu hermana es una inútil con todo lo que tenga que ver con la mecánica -le dijo Nick a Demi con sonrisa de conspiración.
Demi le devolvió la sonrisa.
-Gracias, Nick. A propósito, tú no sabes de fórmulas matemáticas, ¿verdad?
-Déjame ver - Nick se sentó a su lado y se acercó los libros.
-Este sistema de aire acondicionado es muy temperamental -se defendió
Miley.
De repente, se sintió indefensa. ¿Por qué Nick la hacía sentirse así, como si su vida no pudiera ir bien sin él? No le gustaba esa sensación, siempre había sido independiente... hasta conocerlo.
-Esto que has puesto aquí está mal -Nick subrayó unas líneas-. Verás, es muy sencillo.E hizo en cinco minutos lo que ellas no habían podido hacer en media hora.
Miley arrugó la nariz.
-¿Te apetece un café, Nick?
-Sí, gracias -murmuró él sin levantar la vista.
-A mí no,
Miley -dijo Demi-. Me voy a dar una ducha y me voy a ir a la cama pronto, estoy agotada.Miley preparó café mientras oía a Nick explicarle las matemáticas a Demi pacientemente. Esa noche tenía que contarle lo del niño. Tan pronto como Demi se marchara a darse una ducha, lo haría.
Le dio a Nick una taza de café, se sentó al lado de su hermana y esperó a que terminaran los problemas de matemáticas.
Nick la miró desde el otro extremo de la mesa. La vio cansada. Tendría que darle menos trabajo. A veces, se apoyaba en ella en exceso con el trabajo de la oficina. 
Miley era muy eficiente, la mejor secretaria que había tenido nunca. En lo sucesivo, tendría más cuidado, no quería perderla.
Miró a Demi y luego a
Miley . En algunos aspectos, eran muy parecidas. Los mismos rasgos delicados, el mismo cabello liso y rubio. Las dos llevaban pantalones cortos y camisetas.  Miley no parecía mucho mayor que Demi, y Demi era... en realidad, era una niña.
-¿Está bien así? -Demi le pasó el cuaderno a Nick y éste le echó un vistazo.
-Perfecto. Eres un genio -le animó Nick.
-No, el genio eres tú -respondió Demi con entusiasmo-. No sé cómo nos las arreglaríamos 
Miley y yo sin ti.
Nick sacudió la cabeza.
-Os las arreglaríais perfectamente.
Algo en la forma de decir aquellas palabras le encogió a 
Miley el corazón. Quizá tuvieran que arreglárselas solas después de que le diera la noticia. La cuestión era que Nick no estaba enamorado de ella, su relación era una aventura pasajera para él. Una aventura apasionada, excitante... pero nada serio. En varias ocasiones le había dicho que no tenía intención de casarse y formar un hogar. En una ocasión, le dijo que, si alguna vez lo hacía, sería cuando fuera mucho mayor, cuando tuviera la vida resuelta.
-¿Has salido en serio con alguna de tus novias, Nick? -le había preguntado ella.
La expresión de Nick cambió.
-Hace unos años... estuve prometido.
-Debía ser una mujer muy especial.
-Lo era -durante un momento, Nick pareció ausente-. Paula y yo éramos novios desde el colegio. Teníamos la misma edad, crecimos juntos y nos licenciamos juntos en la universidad. Desde muy joven, supe que algún día le pediría que se casara conmigo.
-¿Y qué pasó? ¿Por qué no te casaste con ella? -preguntó 
Miley sin poder evitar sentirse dolida.
-Murió en un accidente de automóvil el día que cumplió veintitrés años, la mañana del día que íbamos a casamos.
Las palabras fueron pronunciadas fríamente, sin carga emocional; no obstante, la oscuridad de la expresión en los ojos de Nick le dijo a
Miley que él jamás olvidaría aquello. Su momentáneo ataque de celos dio paso a la compasión. Sabía lo que era perder a un ser querido.
-Ahora, de momento, sólo quiero concentrarme en mi trabajo -continuó Nick rápidamente, como si con ello quisiera expulsar la sombra del recuerdo-. Esforzarme hasta el límite profesionalmente. Si tuviera una esposa y responsabilidades, no podría correr los riesgos que estoy dispuesto a correr en mi situación.
Ella le siguió el juego.
-Te comprendo. Yo tampoco quiero casarme. Sólo tengo veinte años, y quiero afianzarme en mi profesión, viajar, divertirme...
El eco de aquellas palabras se burló de ella.

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