viernes, 3 de febrero de 2012

Cap 33.-

-¡Eres tú! -exclamó ella por fin.
Nick sonrió traviesamente, una sonrisa que hizo que la sangre le hirviera.
-Eso espero.
-¿Qué estás haciendo aquí?
-Te estaba buscando. He llamado a la agencia y me dijeron que fuera al estudio, que estabas allí. En el estudio, me han dicho que te encontraría aquí.
La camarera de la barra se acercó a servirles.
-Café solo para mí -pidió NicK, luego miró a Miley.
-Agua mineral, por favor.
Nick se sentó en el taburete contiguo al de su mujer. Después, miró a Simon, que se estaba levantando para marcharse.
-Es una verdadera sorpresa -dijo
Miley.
-Quería darte una sorpresa -respondió Nick, volviendo la atención de nuevo a ella con un brillo de admiración en los ojos-. Casi no te reconocía al verte.
Miley llevaba un traje pantalón color crema y una blusa de seda.
-He engordado algún kilo.
-Estás preciosa -dijo él con toda sinceridad-. Muy...
-¿Maternal? -dijo
Miley sonriendo.
-Sofisticada -contestó Nick con firmeza-. Me gusta cómo llevas el pelo.
-Gracias -
Miley sonrió tímidamente.
La semana anterior había ido a una alta peluquería. Aunque le habían dejado el mismo largo, le habían cortado el cabello en capas.
-Me alegro de que no te lo hayas cortado del todo.
-¿Te alegras de verdad? -preguntó ella anhelante.
-Sí. Siempre he pensado que tienes un pelo muy sexy.
Miley rió.
-¿Cómo se puede tener un pelo sexy?
-No lo sé, pero tú lo tienes.
Llegaron sus bebidas, ninguno de los dos tocó la suya. Continuaron mirándose.
En cualquier momento se despertaría de aquel sueño, pensó
Miley presa del pánico.
-¿Quién era el tipo que estaba hablando contigo? -preguntó Nick por fin.
-Uno de los fotógrafos. Mañana tengo una sesión de fotos con él -respondió ella sin darle ninguna importancia-. Dime, ¿cómo es que has venido, Nick? Quiero decir que... ¿por qué, cuando llamé esta mañana, no me dijiste que ibas a venir?
-En primer lugar, porque no he tenido tiempo para decírtelo. Tenía un montón de cosas que hacer antes de tomar el avión -Nick sonrió-. Y luego, como ya he dicho, quería darte una sorpresa. Lo decidí anoche, a última hora. Quería venir y ver cómo estabas.
-Pues no hay mucho que ver -ella sonrió.
-No te va nada mal, ¿verdad? Te he visto en montones de revistas, en diferentes poses y con diferentes acompañantes masculinos.
A
Miley le dio un vuelco el corazón. ¿Estaba Nick celoso? "Por favor, Dios mío, que esté celoso", rogó al cielo.
-No es tan maravilloso como parece -contestó ella con sinceridad.
-En cualquier caso, quería ver qué clase de vida es la que llevas últimamente -Nick se acercó más a ella-. Quería ver si estabas cuidando bien del pequeño.
La realidad la golpeó. Para eso era para lo que Nick había ido.
-Naturalmente que sí -la voz de 
Miley endureció.
-Sí, ya lo veo. Estás radiante -Nick sonrió-. ¿Y por lo demás, qué tal te va?
-Mejor que nunca -le aseguró ella-. ¿Y a ti?
-Bien, sin contar que soy un año mayor -Nick se encogió de hombros.
-Siempre y cuando no te hayas endeudado hasta las cejas...
-Gracias -respondió él secamente.
Ella se echó a reír.
-Ahora sí que me has levantado la moral -comentó Nick burlonamente.
-Feliz cumpleaños -
Miley se inclinó sobre él y le besó en la mejilla.
Al momento, sintió vergüenza y se apartó de él. No pudo mirarlo a los ojos. Estaban intentando comportarse distante y desapasionada con un hombre del que estaba locamente enamorada.
Nick no la amaba y no la deseaba, se recordó
Miley a sí misma. Lo único que a él le interesaba era su hijo, por eso estaba allí.
-¿Te parece que nos vayamos de aquí? -preguntó Nick de repente-. Este sitio cada vez está más lleno.
Miley asintió y se lo quedó mirando mientras Nick dejaba dinero en la barra para pagar sus bebidas. Después, juntos, salieron a la calle.
-¿De dónde has sacado ese coche? -le preguntó ella mientras NicK abría la portezuela del vehículo.
-Lo he alquilado en el aeropuerto.
-Ya veo que no has elegido un utilitario -bromeó ella.
-Ya sabes, estos coches les gustan a las chicas. Y mientras pueda...
-¿Antes de que el niño y el cochecito estropeen la imagen? -
Miley se echó a reír.
-Sí, justo. Bueno, ¿qué te parece? ¿No te ha dejado hipnotizada?
-El coche no -las palabras salieron de la boca de 
Miley antes de que se diera cuenta de lo que acababa de decir.
-¿Quiere eso decir que voy a recibir más que un beso en la mejilla como felicitación de cumpleaños? -preguntó Nick arqueando una ceja.

-Nick, yo...
Pero Nick no la dejó terminar porque, al momento, se apoderó de su boca.
Fue una caricia breve, firme, dominante y deliciosamente sensual.
Entonces, Nick se separó de ella.
-Mejor que el que me has dado antes.
Miley no podía decir nada, casi no podía respirar. El corazón parecía querer salírsele del pecho. Pero no había amor en ese beso, se recordó a sí misma.
-He pensado que podíamos ir a cenar. ¿Qué te parece?
Ella asintió.
-Buena idea.
En el interior del café, a través del ventanal, las chicas de la agencia los miraban con estupefacción.
-¡Oh, no! -las mejillas de
Miley enrojecieron inmediatamente al darse cuenta de que tenían público.
-¿Qué te pasa? -preguntó Nick alarmado.
-Estaba ahí dentro con unas amigas. Ni siquiera me he despedido de ella.
-¿Eso es todo? -Nick sacudió la cabeza-. ¿Quieres entrar para decirles que nos vamos?
-Me parece que ya se han dado cuenta -
Miley indicó el ventanal-. Nos están mirando.
Nick volvió la cabeza.
-Entonces, no pasa nada -dedicó a las chicas una sonrisa y luego, después de ayudar a
Miley a meterse en el coche, se sentó al volante y puso en marcha el coche-. Discúlpate mañana por la rápida salida.
La expresión de sorpresa que había visto en sus amigas hizo que
Miley riera.
-¿Qué te hace tanta gracia?
-Oh, nada. Es sólo que me parece que no se han dado cuenta de que eres mi marido.
-¿Quieres decir que se van a creer que has ligado con el primero que te ha dicho un piropo? -preguntó Nick en tono de broma.
-Probablemente -respondió ella riendo.
-Nunca te he visto tan guapa -comentó Nick con voz suave.
-Nicholas, no trates de engatusarme -le advirtió ella en tono bajo.
-No era ésa mi intención.
-Bien.
Su relación era imposible, se dijo
Miley a sí misma con fiereza. Nick había perdido todos sus derechos respecto a ella al acostarse con Lola McDowell. No iba a permitirle que jugara con ella cuando le viniera en gana para luego dejarla. Tenía demasiado orgullo y demasiado amor propio.

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