Llovía. Era una de esas lluvias torrenciales del trópico.
Miley estaba tumbada en la cama, despierta, con los ojos fijos en la oscuridad, oyendo la lluvia golpear el techo de la cabaña.
Nick estaba dormido a su lado.
Habían hecho el amor de forma increíble. Pero eso no era una sorpresa, siempre habían sido compatibles sexualmente.
Un relámpago iluminó la habitación.
De repente, Miley recordó lo que le dijera en la recepción la madre de Nick, que después de la muerte de Paula, todas las chicas con las que salió se le parecían: morenas y de ojos verdes.
Lola era morena y de ojos verdes. Relacionar ambas cosas le produjo una náusea.
¿Era ése el motivo por el que Lola le había atraído? Ya había tenido una aventura con ella; en cuyo caso, ¿qué le impedía que esos sentimientos volvieran a salir a la superficie? Nick aún no había superado la pérdida de Paula, eso era evidente.
"No te ama", se dijo a sí misma. "Quiere al bebé, por eso se ha casado contigo. Pero tú siempre serás una sustituta de Paula".
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