miércoles, 29 de febrero de 2012

Capitulo 5.-

Miley dio un portazo, hizo estremecer toda la casa y se apoyó en ella hasta que oyó ruido en la habitación de Destiny. Se arrastró hasta la suya, se quitó la toalla, se enfundó el camisón y se metió a velocidad supersónica en la cama. La puerta crujió al abrirse.
Miley cerró los ojos con fuerza y se hizo la dormida.
—Sólo será un momento... —prometió Destiny—. No puedo dormir.
Miley se rindió.
—Bueno, ¿qué te ha parecido... Nick?
—Es increíble. Habló prácticamente de todo —exclamó Dest cayendo sobre el borde de la cama y metiendo los pies por debajo del edredón—. ¡Hasta le pregunté sobre su novia por ti!
— ¿Qué hiciste qué? —gimió Dest horrorizada.
—Sabía que te morías de ganas por saber si su relación iba en serio. Tranquila. No tenemos de qué preocuparnos. Papá ha terminado con ella.
— ¿De verdad? No es asunto mío —dijo Mi, pero no lo bastante rápido.
—Bueno, pensé que sí que era asunto nuestro —replicó Desty con una mirada cargada de significado—. Deberías ver cómo lo miran las mujeres de arriba abajo... ¡te llevarías un susto de muerte! No va a seguir solo durante mucho tiempo, así que no es el momento de hacerte la dura si lo quieres recuperar. —Desty... —dijo Miley espantada.
—Mamá, sé que todavía lo quieres locamente. Por eso llevas esa foto suya en tu bolso y lees el Financial Times y pones mirada trágica cuando hablo de él —le soltó Destiny con los ojos desbordados por la pena—. Pero no te preocupes... No le he dicho nada, aunque sí que le pregunté lo que pensaba de ti.
Miley se volvió y mordió la almohada.
—Bueno, creo que si papá no te deseara ni siquiera un poquito, debemos saberlo ya. Mamá, todavía está soltero, como tú. ¿No crees que eso puede significar que el destino quiere que sea nuestro? —presionó Dest.
—No, no lo creo —balbuceó Miley, pero sentía una urgencia irreprimible de reír.
—Papá dijo que nunca se habría divorciado si hubiera sabido que yo existía. Dijo que te quería de verdad, pero que no había sido buen marido de adolescente. Parecía sentirse terriblemente culpable —le reveló Dest con una satisfacción que no podía ocultar—. Creo que debiste hablarle de mí cuando nací. En tu lugar, no le hubiera dejado marchar. Era su deber quedarse con nosotras y al final, se habría acostumbrado al matrimonio.
Decididamente se trataba del típico sermón ego céntrico de los Jonas. A Miley se le estaba helando la sangre. Dest había decidido que no quería a Nick como un padre a tiempo parcial y era demasiado posesiva como para querer compartirlo con ninguna otra mujer aparte de su madre. ¿Le habría dejado ver a Nick lo que quería de él? ¿Era por eso por lo que había dicho que debían volver a casarse? Si Nick era tan impresionable, su hija con seguiría de él lo que quisiera.
Dest bajó de la cama y miró a Miley con picardía.
—Sé que te mueres por saber lo que dijo. Papá piensa que sigues estando increíble... y creo que le vendría muy bien tener una segunda oportunidad contigo...
—Eso no va a pasar, Desty —dijo Miley con tanta suavidad y firmeza como pudo.
—No veo por qué no —dijo su hija mirándola con aprobación—. A muchos hombres les gustas, ¿por qué no ibas a gustarle a él?
Aquella conversación explosiva y reveladora persiguió a Miley hasta la mañana siguiente. No podía concentrarse en el trabajo y se sorprendió imaginando cómo habría sido su vida si no se hubiera divorciado de Nick. ¿Habría cambiado después de dar a luz a Destiny? ¿La habría vuelto a desear? Miley miró por la ventana esperando cínicamente ver vacas voladoras.
—Sabes, te noto algo distinta esta semana —comentó Jared observando cómo dibujaba triángulos en su cuaderno—. Estás mucho más accesible.
—Jared...
—Cena conmigo esta noche —la urgió poniéndose ágilmente de cuclillas delante de su silla para poder mirarla a los ojos—. No te pondré un dedo encima, te lo prometo.
—Déjalo, Jared —gimió Miley.
—Está bien, solía fanfarronear un poco cuando empecé a trabajar aquí, pero eso fue hace tres años —enfatizó Jared con una sonrisa de ganador al tiempo que estrechaba sus manos—. Ya he crecido. Ya no presumo de mis aventuras de una noche. Sé que no te impresiona lo rápidamente que conduzco el Porsche. Creo que incluso podría ser fiel por ti.
Miley lo escrutó y experimentó una débil punzada de remordimiento. En el fondo de su alma siempre había sabido por qué había detestado a Jared. En aspecto y descaro, le recordaba un poco a Nick de joven. Pobre Jared. La había estado cortejando durante tanto tiempo que su acoso ya era una broma corriente en la oficina.
—Siento... —empezó a decir.
—Miley...
Jared la soltó y se puso en pie de un brinco. Miley se habría desnucado de no ser porque Nick había girado su silla con tanta rapidez que había visto luces girando.
—El almuerzo —masculló Nick con clara agresividad.
—No tengo hambre —murmuró Miley por la comisura de sus labios mientras volvía a girar la silla hacia su mesa—. Lárgate...
— ¿Señor Jonas? —inquirió Jared aclarándose la garganta—. Hablamos por teléfono la semana pasada...
—Puede informar a su superior que la señorita Cyrus no volverá a trabajar aquí —interpuso Nick, suave como la seda—. Estará demasiado ocupada ardiendo en las llamas del fuego eterno como mi esposa.
—Su... ¿su esposa? —tartamudeó Jared con incredulidad. Nick lo ignoró y asió el pequeño bolso de Miley de su mesa observándolo con escepticismo.
— ¿Dónde están los demás trastos?
— ¿Trastos? —dijo Miley levantándose torpemente, incapaz de creer que hubiera hecho aquel anuncio delante de toda la oficina.
—Miley, no podrías sobrevivir ni un día con un bolso tan minúsculo. En algún otro sitio debes de tener un tanque con las mil y una cosas que necesitas tener a mano. Ah... —dijo con satisfacción metiendo la mano por debajo de la mesa y sacando un viejo y abultado bolso de cuero que había atisbado—. ¿Cada cuánto tiempo llenas el bolso? ¿Cada hora?
—Volveré después de comer, Jared —dijo Miley frígidamente tratando de recuperar el control de la situación, pero bastante hundida por la manera en que Nick se estaba comportando.
—No lo harás —dijo Nick—. ¿Has traído abrigo? ¿Uno? ¿Dos?
—Yo me ocupo de eso —dijo Monique con una risita dirigiéndose al armario del otro extremo del despacho. Regresó con dos paraguas, un abrigo, una chaqueta y un par de botas con tacones de aguja que habían suscitado tanta lujuria en Jared, que Miley había dejado de ponérselos.
—Volveré —dijo Miley desafiantemente.
—No eres Terminator —repuso Nick con suave ironía agarrándola del brazo y saliendo con ella al aire fresco de la calle. Monique les seguía los pasos—. ¿Es que el chico nunca supo cómo abordarte? Si te asaltan por sorpresa, te quedas tan indefensa como una tortuga boca arriba, cara.
— ¿Fue amor a primera vista? —intervino Moni con ojos soñadores mientras entregaba las pertenencias de Miley al chofer.
— ¿Eso es como sentir que te ha arrollado un tanque? Más bien fue como si me cayera encima una roca enorme desde gran altura. Puede que la tierra se hubiese movido pero no fui lo bastante rápido como para apartarme.
Miley lo miró con incredulidad.
—Supongo que los hombres sienten que tienen que luchar por conseguir a una mujer —suspiró Monique con filosofía—. Pero no creo que tuviera que luchar mucho, ¿verdad?
—No creo que quiera la respuesta a esa pregunta —murmuró Nick mientras empujaba a Miley al interior de la limusina y le pasaba el bolso acto seguido.
— ¿Cómo has podido avergonzarme de esa manera? —inquirió Miley mientras el coche se apartaba de la acera—. ¿Cómo voy a explicar todas las tonterías que has dicho?
—No tendrás que hacerlo. Cuando dije que no ibas a volver a poner el pie ahí dentro, no estaba bromeando. Ya he conseguido una licencia especial. Podemos casamos el sábado por la mañana antes de que Dest se vaya de viaje a Francia con el colegio —explicó Nick con una calma pasmosa. Las pestañas de Miley se agitaron con incredulidad.
— ¿Una licencia especial? ¿Estás loco? Estamos divorciados y seguiremos así.
— ¿Estás preparada para perder a Destiny? —inquirió Nick posando sus astutos ojos leonados en ella.
— ¿Me estás amenazando? —inquirió ella poniéndose rígida.
—Es un aviso. Te estoy diciendo lo que puede pasar si no nos casamos y presentamos un frente unido. Escogiste criar a la niña al margen de la sociedad a la que pertenece y ahora su vida va a cambiar por completo. No está preparada en ningún sentido para esa transformación y mi familia intentará mimarla tanto como a mí —explicó Nick fríamente—. Todo lo que Dest quiera, lo tendrá. No podrías competir ni por asomo. Es una Jonas y un día será una joven muy rica.
Nick estaba diciendo verdades sobre el futuro de su hija que Miley no quería oír. No había duda de que a su hija el estilo de vida de los Jonas le resultaría sorprendentemente seductor. Sus abuelos la esperarían con los brazos abiertos. Dest era, después de todo, uno de ellos. Todo aquel dinero y atención podía subírsele a la cabeza al adulto más equilibrado, así que, ¿qué efecto podría tener en una adolescente tan impresionable? Recordó el Ferrari que habían regalado a Nick al cumplir los dieciocho años y se le encogió el estómago.
—Hablas como si Dest fuese a pasar mucho tiempo en Italia.
—No tendrás mucha elección en ese sentido, Miley. Mi padre se va a jubilar y, aunque mantendrá un cargo consultivo en el banco, yo me ocuparé de la sede central de Roma el próximo mes —declaró Nick—. Sólo volveré a Londres en viajes de negocios.
—Pero estabas buscando una casa aquí —dijo Miley involuntariamente, tratando de ocultar el creciente desconsuelo que sentía al oír sus palabras.
—Buscaba una casa para mis padres. Quieren tener una base en Londres.
Una base, reflexionó Miley vagamente. Sólo un Jonas podría referirse a una casa tan cara como a una base. Observó a Nick con ojos nublados para no enfrentarse a los hechos amenazadores que le estaba exponiendo. Estaba magnífico, era innegable. No había ojeras y ni rastro de la tensión del día anterior. Su traje de color gris carbón resaltaba de manera espectacular su físico delgado y varonil, pero Miley sintió un fuerte anhelo por volverlo a ver con un par de vaqueros ajustados y descoloridos...
—De modo que, como verás, si voy a mantener una relación más o menos estrecha con mi hija, viajará a Roma con regularidad.
—Mmm... —suspiró Miley preguntándose si todavía recordaría la vez que trató de quitarle los vaqueros con los dientes... Esperaba sinceramente que no.
—Quiero darle a Dest lo que quiere y tendría que ser rematadamente estúpido para no saber qué es después de ayer.
Con enorme esfuerzo, Miley trató de recuperar la concentración y lo miró con ojos exasperados.
— ¿De eso se trata, no? Dejas que Destiny consiga de ti lo que quiere.
—En absoluto —dijo Nick lanzándole una centelleante mirada de sorpresa—. Cuando me preguntó en voz alta en medio de un restaurante lleno de gente si todavía deseaba a su madre, me encantó.
La barbilla desafiante de Miley se estremeció al tiempo que se ruborizaba y el miedo se apoderaba de ella.
—Sólo eran las doce y media, pero ya esperaba la pregunta. Destiny no es nada sutil. No puede esperar. Treinta y dos años junto a Bianca resultaron de gran utilidad.
—Así que adivinaste sus intenciones —dijo Miley con mortificación.
—Digamos que al final del día capté perfectamente la idea. Destiny adora el suelo que pisas. También has alcanzado la condición de mártir en vida —murmuró con mirada sarcástica—. El divorcio fue en un cincuenta por ciento culpa mía y en un cincuenta por ciento culpa de tu diabólica familia política. Mis malvados y maquinadores padres, que por lo que decía parecían unos Borgia del siglo XX, no lograron llevarte al suicidio pero eso sólo fue debido a la fortaleza de tu carácter.
—Los adolescentes pueden resultar muy melodramáticos —dijo Miley tragando saliva.
—Pero lo que hay debajo de eso es que mi hija está consumida por el deseo de vernos reconciliados.
—Es comprensible que tenga ese sueño —reconoció Miley a regañadientes.
—Pero yo quiero darle a mi hija ese sueño —replicó Nick con peligrosa suavidad. La limusina se detuvo y el chofer abrió la puerta de Miley para que saliera.
— ¿Se puede saber a dónde vamos?
—A mi apartamento.
Dentro del ascensor, inspiró profundamente.
—Nick... Quiero mucho a Desty y comprendo que, tal como te sientes ahora, quieras darle la luna si es que te lo pide, pero no quiero...
—Lo que tú quieres no importa —le espetó Nick, y Miley se quedó boquiabierta— ¿No has hecho lo que has querido durante bastante tiempo? Cuando las cosas se pusieron mal, acabaste con nuestro matrimonio sin dudarlo —le dijo con agresividad—. No tuve elección en aquel entonces y, en cuanto a ser padre, menos todavía. No renunciaste a tus deseos hasta que Destiny no te hizo sentir culpable. Y si no hubiera mostrado interés por su padre ausente, yo no habría sabido nunca que tenía una hija. Dio... Creo que me he ganado el derecho de exigir algo yo también.
Miley se quedó hundida ante aquella condena. Era evidente que Nick la veía como una egoísta redomada que había causado un daño ilimitado. Pero estaba siendo injustamente juzgada. Al casarse con ella a los diecinueve años, Nick había admitido que las necesidades de su hijo eran lo primero. Había sido un ideal noble, pero no lo había conciliado con la realidad de que su matrimonio tendría que funcionar para hacerlo posible.


El ático de Nick dejaba sin aliento. Dirigió una mirada curiosa a través de las puertas abiertas y pudo ver suelos encerados de madera, magníficas alfombras y relumbrantes antigüedades. Dentro de un elegante comedor, el primer plato de su almuerzo les estaba esperando sobre la mesa. Un criado silencioso le ofreció una silla, desplegó la servilleta de Miley y sirvió el vino antes de dejarlos a solas. Miley yació su copa rápidamente. El silencio latía anunciando la tormenta.
Nick espiró con impaciencia.
—Cuando nos encontramos, reconozco que fui muy hostil. Pero fue por autodefensa. Se agolparon todos los recuerdos en mi cabeza y sólo reconocí dos reacciones: lujuria y enojo. Pero también hubo mucho dolor y amargura.
Miley sintió la suficiente curiosidad como para levantar la vista del plato y prestar más atención. Nick tenía los ojos tan entornados que sólo se veía una línea dorada.
—Me sorprendió que todavía pudiera recordar esos sentimientos. Pero mi ego era muy frágil cuando te conocí y tú tienes el título de ser la única mujer que me ha sacado un buen fajo de billetes.
Miley se quedó sin aliento al recordar tardíamente que todavía no le había explicado lo del dinero.
—Yo...
Nick levantó una mano delgada y aristocrática para silenciarla.
—Pero aquella sórdida realidad no me libera de lo que es claramente mi deber de cuidar a mi hija y responsabilizarme de ella. Y tampoco tus sentimientos personales te liberan de la misma obligación.
¿Sórdida realidad? Esa había sido la historia de su primer matrimonio y no estaba lo bastante loca como para tropezar en la misma piedra dos veces. Dest no les agradecería a ninguno de los dos la desgracia de vivir con un matrimonio infeliz. Si Nick quería sacrificarse, no iba a conseguir que Miley lo hiciese. Miley sabía que no era buena como mártir.
—Miley... —dijo Nick con tono grave—. ¿Me estás escuchando?
Como un ratoncito que levanta la cabeza lenta mente para enfrentarse a la mirada hipnótica y mortal de una serpiente, Miley alzó la vista.
— ¿Cómo? —dijo con voz tensa.
—Sin duda te sorprenderá —dijo Nick con furia en los ojos—. Pero estoy acostumbrado a que me presten atención cuando hablo. Claro que también estoy acostumbrado a tratar con personas que tienen una pequeña capacidad de concentración —añadió con suavidad.
—Ha sido una semana traumática para mí —murmuró Miley.
— ¿Cómo ha podido ser traumática si estás en otro planeta? —tronó Nick con frustración echando hacia atrás la silla y poniéndose en pie—. Puede que estés aquí en cuerpo, pero no en mente.
—Sólo he perdido el hilo de la conversación durante unos...
— ¿Qué conversación? —se burló Nick—. Si apenas has abierto la boca desde que salimos del ascensor. ¡Dio, es como volver al pasado! Eludes las cosas que no te gustan.
Nick empezó a andar en dirección a la puerta, pero se paró en seco, con la espalda rígida. El ambiente estaba cargado de electricidad.
— ¿Es que esperabas que estuviera pendiente de cada una de tus palabras, cómo solía hacer? —replicó Miley con abierto rencor.
—Incluso entonces tu mente viajaba por lugares a los que yo no llegaba —reconoció Nick con brusquedad—. Somos personas muy diferentes.
—Sí... —reconoció Miley con voz temblorosa—. Tú eres organizado, práctico y sensato. No pierdes las cosas, ni te olvidas de ellas, ni te tropiezas o te caes... —añadió haciendo un esfuerzo por juntar los labios. A los diecisiete años había sido lo bastante tonta como para pensar que aquellas diferencias significaban que se complementaban.
—Eficiente hasta la exasperación pero con poca imaginación, ¿verdad? —inquirió Zac con voz suave como la seda—. Es posible que esté a punto de sorprenderte.
— ¿De sorprenderme?
Abrió una puerta del comedor y la sostuvo para que Miley pasara delante. Sus finas cejas se fruncieron mientras entraba en una habitación que estaba claramente habilitada como despacho. Se aclaró la voz.
— ¿Por qué me traes aquí?
—No tenía intención de presionarte de forma ilegal, Miley. He empleado todos los medios de persuasión racional que tenía en mi poder.
A Miley se le puso la piel de gallina y calculó a qué distancia estaba de la puerta. Su fértil imaginación ya se había disparado. Nick tomó un grueso documento de encima de la mesa y se lo tendió.
— ¿Qué es eso? —inquirió Miley, todavía más tensa.
—Una escritura de compra de Elite Estates. He comprado la agencia.
El tenso silencio que prosiguió martilleó los oí dos de Miley.
—No es posible. El viejo señor lINLEY nunca vendería. Fue su primer negocio y aunque no reciba un beneficio directo estos días...
—La agencia no es muy rentable dado el estado actual del mercado inmobiliario —replicó Nick—. Cody aceptó mi oferta rápidamente.
¿Nick había comprado la agencia? Miley estudió el documento y complicados términos legales aparecieron difusamente ante su vista hasta que finalmente encontró frases que hablaban de aquella espeluznante realidad.
—Pero no entiendo por qué... —murmuró confundida.
—Podría obtener una gran ganancia con este negocio. La agencia está ubicada en una zona excepcional y tiene mucho espacio desperdiciado en el aparcamiento. Está lista para una reestructuración.
— ¿Una reestructuración? —repitió Miley sintiéndose enferma—. ¿Estás hablando de cerrar la agencia?
—Eso depende de ti —dijo Nick clavando sus centelleantes ojos en ella.
— ¿De mí? —jadeó Miley—. ¿Qué tiene que ver esto conmigo?
—El destino de tus antiguos compañeros está en tus manos. Si te casas conmigo, la agencia continuará como está. Si no, me consolaré con un amplio beneficio pero la agencia tendrá que cerrar.
— ¡No lo dices en serio! —exclamó Miley soltando una carcajada de incredulidad.
—Nunca he puesto tanto empeño en un pequeño negocio como éste.
—Pero... pero no harías una cosa así. Convertir este asunto en algo personal... Eso no sería ético.
La mirada de Nick colisionó con sus ojos expectantes.
—El chantaje no es ético —declaró Nick contemplando su rostro pálido y el horror reflejado en sus expresivos ojos de color violeta.
—No me conoces —dijo Miley—. Si eres el nuevo propietario de Elite Estates, a mí me da igual —exclamó dejando a un lado el documento y volviéndose de espaldas a él.
—Miley, no podrías pegar ojo sabiendo que has sido la responsable de que una sola persona haya perdido su trabajo.
Miley perdió la confianza que había puesto en su afirmación mientras contaba las diez personas que, además de ella, constituían la plantilla de la agencia. En aquella época, muchas inmobiliarias habían reducido personal y a algunos de sus colegas les resultaría muy difícil, si no imposible, encontrar un trabajo en otro sitio. Cuatro de los hombres tenían familias a las que mantener. Una mujer era una madre soltera como ella, otra tenía un marido que acababa de quedarse sin empleo. Una pérdida repentina de su salario y de su seguridad sembraría el caos en sus vidas.
—Miley... das de comer a animales vagabundos. Lloras con las películas sensiblonas. Te preocupas de si las plantas sienten dolor —enumeró Nick con suavidad—. Tal vez yo no entrara en tu ámbito de sangrante sensibilidad hace trece años, pero no eres una de las mujeres más crueles del mundo.
—Te odio —musitó Miley con los hombros contraídos por la tensión.
—Odias a las arañas... ¿pero has pisado alguna, alguna vez?
—No seas rastrero.
—Estaba siendo realista por ti.
—Soy una persona muy realista, pero nunca, nunca pensé que harías algo así —confesó Miley con ahogo—. Siempre pensé que aparte de todos los defectos que no podías evitar o con los que habías nacido... bueno, pensé que al menos intentabas ser básicamente una persona decente... y si no lo conseguías al menos lo intentabas, y que eso era lo importante. Descubrir que ya no lo intentas... Bueno, no tengo palabras para expresar lo que siento...
Nick pareció no tenerlas tampoco porque el silencio se prolongó y latió durante interminables segundos. Luego respiró con dificultad y le sobrevino la tos.
—Espero que te atragantes —dijo Miley mientras consideraba la idea de contarle a Dest su amenaza. Su hija se quedaría horrorizada. ¿No se daba Nick cuenta de ello? Si Miley hablaba, la confianza que Dest tenía en su padre se destruiría. Pero una acción así haría daño sobre todo a su hija. Dest tenía tantas ilusiones puestas en su padre. Reconociendo la derrota, Miley se hundió como una muñeca de trapo maltratada y resentida en un sillón.
— Has vencido... Me casaré contigo —susurró entrecortadamente. —Pero quiero que sepas que estás cometiendo un grave error.
Nick permanecía inmóvil. No se movía ni un músculo de su hermoso rostro moreno.
—No lo creo.
—Juntos seremos totalmente desgraciados —predijo Miley.
—Estoy dispuesto a correr el riesgo.
—Desti también será muy desgraciada —señaló Miley.
—No si está en mi mano el poder evitarlo.
Los suaves labios de Miley se cerraron y alzó la barbilla.
—Será un matrimonio de conveniencia, ¿de acuerdo? —le espetó.
—De mutua conveniencia —corroboró Nick con voz de seda—. ¿Qué si no?

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