lunes, 30 de enero de 2012

Cap 1.-

Capítulo 1

DARLA en adopción? —repitió Miley consternada—. ¿Quieres que deje a Melanie en manos de un extraño?

Allí estaba Miley en medio de su pequeño y destartalado apartamento. Se dirigía a su tía como si estuviera tratando con el diablo.

Lo cierto es que le costaba creer que aquello estuviese pasando de verdad. En las últimas tres semanas la tragedia se había cebado con su vida de forma verdaderamente insistente. Y ahora esto.

—Voy a hacer como si no hubiera oído tus palabras, tía Laura —dijo Miley, sosteniendo a un bebé en sus brazos y estrechándolo aún más contra su pecho.

—No, tú vas a hacerme caso —repuso la tía con decisión—. ¿Crees de verdad que te propondría esta solución si pudieras hacerte cargo de la niña?

-¡Por supuesto que puedo hacerme cargo de ella! —exclamó Miley airadamente

Laura llevaba un traje de chaqueta gris que le sentaba impecablemente. Tenía el cabello rubio recogido de modo elegante e iba discretamente maquillada. Parecía querer hacer hincapié en sus palabras mirando a su alrededor.

—Por Dios, lo único que te he pedido es que me ayudes a pagar el alquiler —adujo 
Miley.

Se sentía como un gato callejero pidiéndole limosna a una reina.

—Ya veces hay que ser cruel para ser de utilidad —murmuró Laura a la defensiva—. Eso significa que tengo que ser despiadada para que abras bien los ojos.

Como 
Miley se imaginaba, le estaba diciendo de manera elegante que no pensaba soltar ni un duro. En fin, la tía Laura nunca había sido conocida por su generosidad.

— ¡Melanie ni siquiera es tu hija! —exclamó la tía.

—Pero es mi hermana —sostuvo 
Miley enfadada—. ¿Cómo pretendes separarla de mí?

Aquello había sido un auténtico sollozo. ¡Había soportado demasiadas preocupaciones y disgustos durante los últimos seis meses!

—Tu hermanastra —la corrigió Laura—. Ni siquiera conoces al padre.

La tía miró con verdadero desprecio a la pequeña de tono oliváceo y cabellos oscuros.

—¿Y eso qué más da? —preguntó 
Miley con los ojos azules llenos de indignación.

De acuerdo, su madre había tenido una aventura con un camarero español, ¿y qué? Al menos había sido capaz de atraer a un hombre, cosa que con su padre no había logrado.

—Por nuestras venas corre la misma sangre —prosiguió 
Miley.

¡Lo malo era que con la tía Laura ocurría lo mismo!

Pero casi nunca se notaba. La madre de 
Miley siempre decía que su hermana no tenía corazón. Era fuerte y dura. Y eso lo plasmaba en su trabajo. Estaba consagrada exclusivamente a su carrera profesional como alta ejecutiva de uno de los bancos más importantes de Europa.

Antes que pedirle ayuda, 
Miley tenía que haber encontrado otra solución a sus quebraderos de cabeza.

Para la tía Laura aquello no suponía más que una remora para los años venideros. Por eso, ella, que había sacrificado amor e hijos por su carrera, le había dicho a su única sobrina que se deshiciera del bebé.

Miley le dieron náuseas.

— ¡Maldita sea, solo tienes veintiún años! —exclamó Laura, impaciente—. Has dejado la Universidad y ni siquiera tienes trabajo. No tienes con qué vivir y menos aún con un bebé a tu cargo. Y ahora me vienes con que no tienes para pagar el alquiler.

—Pronto encontraré un trabajo, estoy segura —aseguró 
Miley orgullosa.

—¿Qué tipo de trabajo? —la desafió su tía—. ¿Sirviendo mesas en un restaurante como el padre de la niña? ¿Fregando suelos? Si prefieres ser la criada de otros en vez de acabar la carrera y ser lo que tu madre quería que fueses... ¿Y quién va a cuidar a Melanie mientras estés fregando suelos? Una niñera por horas resulta excesivamente cara. Después de todo, la herencia de tu madre apenas dio para su entierro.

Aquellas palabras fueron el colmo.

—Seguro que tengo derecho a recibir asistencia por parte del Estado —gritó de pronto 
Miley.

—Oh, claro —respondió la tía—. Los días en que el Estado lo pagaba todo han pasado a la historia. Y Melanie también tiene derecho a crecer en un ambiente que le permita todo lo que pueda estar a su alcance. O es que crees que te va a estar muy agradecida de vivir pobremente.

Tras la brutalidad del discurso, 
Miley se tambaleó llena de confusión.

¿Sería mejor para Melanie mantenerse alejada de su hermana?
Miley intentó ponerse en el lugar de la pequeña.

Puede que su tía tuviera razón: Melanie podría recriminarle algún día el tipo de vida que le había inducido a llevar.

Silenciosamente, se dirigió hacia la cuna y allí depositó a la criatura. 
Miley había adelgazado mucho; los vaqueros y la camisa de algodón que llevaba le estaban grandes. Sin embargo, hacía un par de meses tenía un aspecto de lo más saludable.

Pero hacía un par de meses, Melanie no había nacido aún. Y la madre de 
Miley, estaba todavía viva, expectante ante el nacimiento de su futura hija. Se iba a tratar del comienzo de una nueva etapa que pondría fin a un triste pasado.

Tan solo hacía tres años,
Miley era la hija única de unos padres que estaban completamente locos por ella.

Luego, su padre se quitó la vida al comprobar que su negocio había quebrado, dejando a su familia con lo puesto. Para pagar sus deudas, su viuda tuvo que vender la casa, los muebles, incluso hasta parte de, su ropa. En Londres vivían en Holland Park. Y tuvieron que abandonar aquella zona residencial para instalarse en un piso alquilado del East End.

Victoria Cyrus no se había recuperado después de que el que fuera su esposo durante veinte años se suicidara, dejándola en la miseria. Para colmo, había perdido a la mayoría de sus amistades.
Miley  había tenido que abandonar el colegio privado al que asistía. De hecho, tuvo que terminar el último curso de educación secundaria en un instituto público. Ella también se quedó sin buena parte de sus amigos.

Aquellas circunstancias contribuyeron a que Victoria Cyrus sintiera por momentos una gran amargura y desilusión. Se vio obligada a ponerse a trabajar. Lo cual, teniendo en cuenta que se había pasado la vida entre algodones, no resultó demasiado fácil. Aunque pareciera raro, fue la propia tía Laura quien le consiguió el empleo. Se trataba de un puesto de dependienta y asesora de imagen de unos almacenes de lujo. Su estilo innato y su exquisito sentido de la estética bien le valieron para ello.

En aquella nueva situación, Victoria Cyrus demostró ser una señora con clase. Era una mujer alta y esbelta, de cabello rubio que a sus cuarenta y dos años demostró ser una excelente vendedora.

Por eso, cuando su jefa, que se había puesto enferma, tuvo que ir de viaje de negocios a Madrid no dudó en enviar a Victoria. Una vez en la capital española tendría que entrevistarse con varios proveedores del sector de la moda.

Lo demás era historia. Cuando ella volvió a casa, Miley no podía creerse el cambio que se había operado en ella. Tenía aspecto de ser feliz y de estar en paz consigo misma. Un par de semanas después ya sabía la razón.

domingo, 29 de enero de 2012

La Novia del Millonario. Sinopsis.

Miley no podía dar a su pequeña hermana en adopción, pero sabía que aunque ella le diera todo su amor, no tenía medios económicos para hacerse cargo de un bebé. Estaba desesperada, tratando de tomar la mejor decisión para Melanie, cuando conoció al atractivo magnate griego Nicholas Jonas.

Casarse con él era la solución a todos sus problemas, pensó 
Miley, sin imaginar que muy pronto iba a enamorarse perdidamente de un hombre que sólo se había casado con ella para tener un heredero.

Cap 32.- ¡FIN!



Lo dijo más tarde. Muchas veces. Y lo dijo cinco años después, para contestar a la pregunta que Nick le hacía desde que nació su primer hijo.

Nicky, de cuatro años, y Desty, de dos, asistieron a la boda de sus padres en Balmoral Beach. Steve y Linda, su esposa, fueron los testigos.

Owen no tomó parte e intentó no quejarse demasiado de haber perdido la oportunidad de que Five-Stars Wedding organizara la boda de los Jonas.

—Está tan guapa de blanco —le dijo Owen a Denise—. Me pregunto dónde habrá encontrado ese vestido tan bonito. Sabes, nunca he visto a Miley vestir de blanco.

—Yo lo elegí —dijo Denise.

—¿De verdad? Tiene un gusto excelente para la ropa de novia. No estará buscando un trabajo, ¿no, señora Jonas?

—Ya tengo suficiente trabajo cuidando a estas encantadoras criaturas dos días a la semana, ¿no crees?

—Ya está bien. ¿Pero que esperabas con Miley y Nick como padres? ¿Son una buena combinación, verdad?

—Sin duda. Ahora, silencio. Ha llegado el gran momento.

—Nick, ¿quieres a
Miley como esposa para amarla y honrarla, para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?

—Sí, quiero —contestó Justin con decisión y sonrió a
Miley.

Ella intentó sonreírle, pero no pudo. Había desechado ese momento durante años.

No porque no quisiera casarse con Nick, sino porque tenía miedo. Miedo de las bodas, y de vestirse de blanco y de…

—Y tú, 
Miley, ¿quieres a Nick como esposo, para amarlo y honrarlo, para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?

Ella dudó mientras escuchaba la sencilla pero bonita promesa. De repente, se dio cuenta de lo cobarde que había sido, no aceptando las proposiciones que Nick le había hecho durante todos esos años, temía decirle al mundo lo mucho que amaba a ese hombre, lo mucho que lo amaría hasta el final de sus días.

¿De qué tenía miedo? Con treinta y tres años, ya no era supersticiosa. No creía en la suerte ni en el destino. Creía en forjarse su propio destino, en elegir, en lugar de dejar que ocurriesen las cosas, en trabajar duro y mantener la fe.


¡Quería ser la esposa de Nick más que nada en el mundo! Siempre lo había querido. ¿A qué esperaba?

—Sí, quiero.

Justin sonrió. Se miraron y sonrieron hasta que escucharon las palabras más importantes:


—¡Yo os declaro marido y mujer!



                                       Fin!

Continuación.



—Te quiero,Miley. Tal como eres.

—¿Estás seguro de que no quieres decir tal como era anoche?

—A esa también —dijo sonriendo y la abrazó. Le dio un beso largo, cariñoso y con mucho amor—. Te quiero Miley Kirby. Me encanta tu carácter y tu personalidad independiente. Tu ambición y tu compromiso con la perfección. Me encanta tu belleza y tu cuerpo no tan delgado. Y, sí, lo admito, me encanta cómo haces el amor. Pero el sexo es sólo una parte de lo que siento por ti. Confía en eso.

—Sí, Nick —dijo con el corazón rebosante de amor.

—Cuando me dices que sí de esa manera, me derrito. Dime que sí de esa manera, aunque no lo sientas.

—Sí, Nick —y le dio un beso en la boca.

—Ahora no —protestó—. ¡Más tarde!

—Sí, Nick.

Cao 31.-



Miley estaba impresionada. No se había dado cuenta de lo malvado que era el padre de Nick. Pensaba que esa noche fue amable con ella, cuando le dijo que…

Se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Sí —contestó.

Nick intentó mantener la compostura.

—¿Por qué no me contaste todo esto cuando nos reencontramos?

—¿Cómo iba a hacerlo si te ibas a casar con otra?

—Sí, nueve años después que tú —dijo él en tono acusador.
Miley contuvo las ganas de llorar e intentó mantenerse fuerte.

—No debí de haberme casado con Liam. No lo amaba, pero estaba sola y era un hombre bueno. En aquel momento necesitaba a alguien… algo… Me equivoqué. En cuanto me di cuenta, lo dejé y me planteé permanecer sola en el futuro. No quería herir a nadie más. Y no quería hacerme daño. Me volví dura. Y sí que herí a gente. A hombres a los que les gustaba. Quizá hasta me querían. No estoy orgullosa de ello. Cuando nos volvimos a ver, creía que de verdad había superado lo tuyo.
Miley no se parece en nada a Destiny, me dije. No se enamorará del mismo hombre — Miley se puso derecha para su última confesión—. Pero me he vuelto a enamorar de ti, Nick, y no hay nada que pueda hacer para remediarlo. Soy tuya… si me quieres.

Él no sabía qué decir. Pero sus ojos hablaban por sí solos. La emoción derritió la dureza de su mirada y ya sólo reflejaba amor.

Denise se aclaró la garganta y se levantó.

—Creo que ya es hora de que vaya a ver a los de la limpieza.

—Nunca se me había ocurrido que me abandonaste por amor —dijo él.

—Créeme, después me arrepentí.

—Nunca te olvidé —le dijo él agarrándole las manos. Ella agarró las suyas, su corazón rebosaba de felicidad.

—Yo tampoco.

—Solía entrar en todas las tiendas de fish and chips que veía, pensando que quizá estabas allí, detrás del mostrador.

—Yo solía marcar tu número de teléfono, para escuchar tu voz.

—Odiaba imaginarte con los hijos de otro.

—Nunca tendría hijos con otro. Sólo quiero los tuyos, Nick —dijo ella apretándole las manos.

—¿Intentarás tener un hijo conmigo,
Miley ?

—Si tú quieres.

—Si yo quiero. ¿No sabes cuánto te quiero?

—Puedes decírmelo si quieres —contestó ella con una sonrisa.

—Lo único que se me ocurren son frases hechas; tanto como grande es el océano o profundo el mar…

—Esas valen, de momento. Más tarde te dejaré que me lo demuestres.

—Eres perversa.

—Si lo soy, tú eres el responsable. Hasta que te conocí, ni siquiera me gustaba el sexo. Pensaba que era algo repulsivo.

—Veo que has superado tu repulsión.

—Nick —le dijo con preocupación.

—¿Qué?

—Tengo que pedirte una cosa.

—Lo que sea.

—Prométeme que no me pedirás que me case contigo.

—¿Por qué no? Creí que me querías.

—Sí, pero no hemos tenido suerte con los matrimonios ni con los días de boda. ¿Crees que podemos dejarlo para cuando tengamos un par de bebés?

—¿Quieres tener hijos primero?

—Mmm, sí. ¿No te importa?

—En absoluto. ¿Cuándo quieres que empecemos?

Se sonrieron.

—¿Esas sonrisas significan lo que yo creo? —dijo su madre uniéndose a ellos—. ¿Podemos planear otra boda para dentro de poco?

—Me temo que no, querida madre.
Miley quiere que seas abuela antes que suegra.

Denise se quedó sorprendida, después sonrió.

—¿De verdad?

—Soy un poco supersticiosa —explicó
Miley —.Nick ya ha estado casado dos veces, y los desastres vienen en trío.

—Lo entiendo perfectamente. El certificado de matrimonio tampoco es importante, siempre y cuando os améis.

—Nos queremos de verdad —dijo Nick—, por eso nos vamos. Quiero enseñarle mi casa a la futura madre de mis hijos.

—¿Dijiste que te gustaría vivir en Balmoral, no?

—¡Claro que sí! —dijo ella poniéndose en pie.

—Adiós, Denise.

—Adiós, 
Miley , cariño. Adiós, hijo. Conduce con cuidado.

—¿Eso quiere decir que quieres que viva contigo? —preguntó 
Miley mientras se dirigían hacia el coche.

—¡Por supuesto! ¿No quieres?
Miley le dio un beso en la mejilla.

—¡Más que nada en el mundo!

—¿Eso es un sí?

—Sí.

—Estupendo. Podemos empezar hoy mismo a hacer la mudanza. ¿Tu casa es alquilada?

—No, estoy comprándola a plazos.

—Entonces, véndela.

—No, la alquilaré —Nick
 frunció el ceño—. Es una buena inversión, Nick. Y un buen sitio para irme si alguna vez te cansas de mí.

—Nunca me hartaré de ti.

—Puede que sí. No conoces bien del todo a la nueva
Miley.

—Quiero a la nueva
Miley .

—¿Sí? Bueno, permíteme decirte que mi nuevo yo ha venido aquí en su propio coche y que se lo va a llevar — Nick frunció otra vez el ceño y ella se preocupó un poco—. Nick … ya no soy Destuny. Tengo un trabajo y pienso por mí misma. Y no pienso dejar de ser así.

—¿Y crees que quiero que lo hagas?

—No sé. Quizás.

Continuación cap 30.-



—Está bien, Kathryn —murmuró Miley.

—No. no está bien. Lo que hice estuvo muy mal. Y lo que hizo tu padre, Justin, también. Y lo sabía. Tenía cargo de conciencia y por eso me lo confesó.

—¿No le costó mucho convencerla, no? Sólo me marché media hora.

—Sabes la rabia que tenía. Era un negociador brillante. Podía hacerte ver negro donde había blanco si se lo proponía. Tenía una buena arma.
Miley te amaba. Le hizo creer que abandonarte era lo correcto.

—¿Por qué? —dijo Nick angustiado—. ¿Por qué lo hizo? Sabía que yo la quería. ¡Lo sabía!

—Oh, Nick, era tu padre y quería lo mejor para ti. Creía que estaba siendo cruel para algo bueno. Que estaba haciendo lo correcto.

—¡Lo correcto! ¡Si supiera lo que me ha hecho pasar!

—También se lo hizo pasar a 
Miley—le recordó Denise.
Miley observó cómo Nick se volvía a mirarla.

—¿Es cierto lo que ha contado mi madre? ¿Así fue cómo ocurrió?.

Cap 30.-

CAPITULOO 29

Miley estaba dentro del coche enfrente de la casa de Denise observando cómo cargaban en los camiones la carpa y todo lo que se había llevado para la boda.

Estaba muy nerviosa. Pero tenía esperanza.

Si Owen tuviera razón…

Pero aunque la tuviera, eso no significaba que todo fuese a salir bien. Podía que Nick no la creyera cuando le contara por qué lo había abandonado hacía diez años, y lo que sentía por él.

Tenía muy mala opinión de cómo era ella en la actualidad.

Tenía que intentarlo. Owen tenía razón. Nunca tendría una oportunidad mejor. Si la perdía las cosas se complicarían más.

Arrancó, cruzó la verja que estaba abierta y llegó hasta la casa. Era mediodía.

La puerta principal estaba abierta y había unos hombres limpiando y recolocando las alfombras del

salón.
Miley los había contratado para que fueran por la mañana, después de la boda.

Atravesó la casa y se encontró con Denise y Nick sentados en la terraza de atrás. No había nadie trabajando por allí que pudiera escuchar lo que
Miley tenía que decir.

Al verla, Nick se levantó y susurró con sorpresa:

—Llegas pronto —y le tendió una silla.

—Me alegro de que hayas venido —dijo Denise, con cara de cansada y sonriente—. Te agradezco

mucho lo que hiciste anoche por Nick.

La mirada de 
Miley se cruzó con la de Nick.

«No hay ni rastro de amor en su mirada», pensó con tristeza.

—Hiciste que evitáramos pasar vergüenza. Ya sabes, no puedo aceptar la forma en que se comportó Delta. No me importa que la gente sea homosexual, pero fingir que estaba enamorada de Nick y casarse con él sólo para poder tener un hijo legítimo. Me sorprende que te lo hayas tomado tan bien, Nick.

Miley me ha convencido de que he tenido suerte. Puede que no me hubiera enterado hasta que fuese demasiado tarde.

—No quiero ni pensarlo —dijo la madre.

—Hablando de enterarnos de cosas —comenzó
Miley antes de perder el valor.

Nick la miró desconcertado.
Miley no lo miró, sabía de corazón que era en ese momento, o nunca.

—Tengo que decirte algo, Denise. Algo que Nick ya sabe y que te hemos ocultado.

Miley —le advirtió Nick.

—No, Nick. He decidido que quiero que tu madre lo sepa.

—¿Saber qué? —preguntó Denise.

—Por favor, no te enfades, Denise. No quiero hacerte daño. Me he dado cuenta de que tenía que haberte dicho la verdad desde el principio, y me arrepiento.

—¿La verdad? ¿Qué verdad?

—Sobre mi identidad. Verás, hace diez años no me llamaba
Miley  Kirby. Entonces me llamaba Noni Cyrus.

Denise se quedó asombrada. Nick se quejó.

—Por favor,
Miley . ¿Tenías que decírselo así?

Ella lo miró fijamente.

—No había otra manera más fácil, Nick. Decir la verdad nunca es fácil.

Denise fue recuperando el color de la cara y miró a
Miley de arriba a abajo, incrédula.

—Jamás te habría reconocido.

—Lo sé.

—¡Has cambiado tanto!

—Sí, ha cambiado —dijo Nick.

—¿Tú la reconociste?

—Por supuesto.

—Sí, claro, ya veo.
Volvió a mirar a  Miley, quien se quedó sorprendida al ver que Denise tenía lágrimas en los ojos.

Y algo más.

—Ya veo —repitió Denise con suavidad, y 
Miley reconoció qué era el algo más. Comprensión.

Se emocionó. Denise sabía todo. No tenía que explicarle nada. Nick era el que no comprendía nada.

No sabía por qué hacía eso. Estaba sentado, su cara expresaba un sentimiento de furia y frustración porque
Miley hubiese decidido contarle a su madre quién era en realidad.

—¿Estás contenta? Quizá quieras confesarlo todo, ya que estás. Quizá quieras contarle a mi madre dónde pasamos la noche ayer y qué hicimos.
Miley se quedó destrozada, Denise se dirigió a su hijo y le dijo:

—No, Nick. no. No sabes lo que le estás haciendo.

—¿Qué le estoy haciendo? —dijo poniéndose en pie—. ¿Y qué hay de lo que ella me ha hecho a mí? ¿Qué ha estado haciendo desde que apareció de nuevo en mi vida? Ha sido un infierno. Es el demonio disfrazado, aparenta ser dulce y amable, pero en realidad roba el alma de los hombres y los destroza.

A mí no me va a destrozar por segunda vez. Esta vez va a ser ella la destrozada. ¿Te gustó lo de anoche,
Miley? Bueno, pues guárdate el recuerdo, cariño, porque no voy a verte más. Ni a tocarte. ¡Jamás!

Denise lo miraba.
Miley intentaba aferrarse a la idea de que el rencor que sentía hacia ella no era más que la otra cara del amor.

Se puso en pie y lo miró fijamente a los ojos.

—Te quiero, Nick. Y hace diez años también te quería.

—¡Mentirosa! Hace diez años no me querías. Me lo dijiste. Y me lo demostraste. Me dejaste sin mirar atrás. ¿Actúa así alguien que está enamorado?

—¡Sí! —dijo Denise poniéndose también en pie. 
Miley y Nick la miraron.

—¡Sentaos, los dos! —ordenó.

Sorprendidos, obedecieron.

Denise también se sentó.

—Nunca te he contado nada de esto, Nick, porque no tenía sentido. Además no sabía nada hasta justo antes de que muriera tu padre. Ahora, las cosas han cambiado. Destiny, quiero decir,
Miley ha vuelto a aparecer en tu vida y debes saber la verdad de lo que pasó hace diez años.
Mileypermaneció en silencio y Denise le dedicó una sonrisa de disculpa.

—Esta dulce chica no quería dejarte. Te quería mucho. Cuando perdió el bebé se deprimió mucho y estaba muy susceptible. Tu padre, aprovechando que tú no estabas, se aprovechó de su estado
emocional y la convenció de que te abandonara. Por tu bien, insistió. Y por el de ella, fingió. ¡Ahora, escucha! —dijo Denise al ver que Nick iba a hablar—. Le dijo que tú eras demasiado inmaduro para saber lo que querías, que te habías enamorado muchas veces antes y que era muy normal que los hombres jóvenes confundieran el amor con el sexo. Le dijo que un día te darías cuenta de que no estabas enamorado de ella y la odiarías por haberte casado con ella. Jugó con su inseguridad y la convenció de que no era lo adecuado para ti, de que no te haría feliz. Y en esto yo tengo parte de culpa. Te critiqué mucho,
Miley. No me percaté de lo malvada y esnob que era hasta que pasó mucho tiempo. Siempre quise encontrar la oportunidad para pedirte perdón.

Volvemos a la normalidad Cap 29.-

capitulo 28

—¿Cómo te atreves a decirle a Nick esas cosas sobre mí? —Gritó Miley furiosa dirigiéndose a Owen y golpeando el escritorio con los puños—. No tienes derecho. Es imperdonable. Es más, ¡no te perdonaré nunca!

«Oh, oh, se ha enterado de que le conté a Nick  cosas de su vida amorosa», pensó Owen, «¿Pero cómo? ¿Y cuándo?»

El día anterior cuando habló con ella por el móvil, en mitad de la celebración, no sabía nada.

Estaba tranquila, y le dijo que la ceremonia había salido muy bien y que no estaba teniendo problemas con el banquete. ¿Qué diablos pasó después?

Dado el nivel de enfado que tenía, Owen pensó que era mejor ir poquito a poco.

—Mm.… no estoy seguro de qué estás hablando, 
Miley.

—Oh, sí lo estás, ¡bastardo egoísta y manipulador! Te preocupaba que surgiera algo entre Nick  y yo y  que perdieras la oportunidad de que tú nombre se asociara a una gran boda de sociedad, así que le dijiste que yo me acostaba con todos y que no tenía ningún interés en casarme y tener hijos.

—¡Yo nunca he dicho que te acuestes con todos! —protestó Owen—. Sólo dije que tus admiradores no tenían garantía de durar mucho contigo. Y con respecto a casarte y tener niños, no es un secreto, 
Miley.

—¡No sabes lo que has hecho!

—No. Lo admito. ¿Qué más da lo que dijera, si el novio está casado y de luna de miel? No volverás a verlo.

Owen se alarmó al oír el quejido que emitió 
Miley.

—¡Aquí hay algo que yo no sé! —dijo preocupado.
Miley se dejó caer en una silla y se tapó la cara con las manos.

—¡
Miley! ¡Dime lo que ocurre!

—¿Quieres saber qué ocurre? Te diré lo que ocurre, aunque lo que ha ocurrido es mucho más interesante—
Miley se puso en pie y comenzó a caminar de un lado a otro—. ¿Por dónde empiezo?
¿Por el momento en que la suegra descubre que su nuera no está enamorada de su hijo, sino de la dama de honor? ¿O quizá debo retroceder hasta el día de la primera boda de Nick? El día en que yo
perdí el bebé y abandoné a Justin porque me dijeron que no era lo suficientemente buena para él y no pude soportar la idea de que algún día llegara a odiarme, ¡aunque lo amaba más que a mi vida!
Owen hizo una mueca, tenía el corazón encogido. La pobrecilla…


—No, eso es muy dramático —continuó
Miley —. Será mejor que te cuente que anoche Justin me pidió que suplantara a Delta, después de que ella y Carmel se marcharan juntas. Para engañar a los invitados, nada más. No quería que nadie se enterase de que su novia prefería a la dama de honor. Comprensible, pensé yo, y acepté. ¡Y también para proteger nuestro querido negocio, claro! —le echó una mirada asesina a Owen.

—Muy bien —la felicitó Owen intentando quitar importancia al desastre que 
Miley le iba a contar.

—Entonces, nuestro querido Nick, quiso que hiciera de Delta pero de una manera más personal.

Y yo, como soy débil y tonta, no pude decirle que no. Así que pasamos la noche juntos y me he vuelto a enamorar de él, sólo que esta vez él no me quiere nada. Cree que soy buena para el sexo y que puede utilizarme hasta que recomponga su corazón roto, o su ego lastimado, o lo que sea. Y lo que más rabia me da, Owen, lo que no puedo soportar, es ¡que voy a permitírselo!
Miley terminó y rompió a llorar. Owen se puso en pie y la acompañó hasta el sofá. Miley se sentó y Owen se apoyó en la mesita que había enfrente y le dio una palmadita en las piernas.

—Eso es, llora. Te sentirás mejor después de llorar un rato. No lloras mucho, para ser una mujer. Cuando termines, te contaré cómo son las cosas de verdad.
Miley no le hizo caso durante unos momentos. Pero, más tarde, pensó en el último comentario que había hecho Owen y dejó de llorar. Tomó el pañuelo de lunares que él le tendía y se sonó la nariz.

—¿Qué quieres decir?

—¿Por qué crees que le conté todo eso a Nick? Porque estaba mostrando sus sentimientos hacia ti. Y no me refiero a sentimientos sexuales. Hablo de implicación emocional. Créeme, he visto a muchas parejas enamoradas como para darme cuenta.
Miley sintió que se encogía por dentro e intentó no ilusionarse demasiado.

—¿Crees que Nick está enamorado de mí? —preguntó.

—Digamos que creo que sigue ligado a ti emocionalmente.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Diablos,
Miley. ¿Por qué tenía que hacerlo? Pensé que creías que Nick era una complicación para tu vida. Se iba a casar con otra. No era yo quien tenía que decirte que no se había olvidado de ti.

—¿Estás seguro de esto, Owen? Quiero decir… ¿estás seguro de que aún le importo? —no se atrevió a decir; «me ama». Se volvería loca si descubriera que no la amaba.

Owen le agarró la mano.

—¿Cómo puedo estar seguro? No me ha dicho nada. Es una sensación. Tú eres la que pasó la noche con él. Si te quiere, seguro que hubo algún momento en que te hiciera ver su amor, si no con palabras, con acciones.
Miley deseó que hubiera sido así. Sí, estuvo cariñoso un par de veces. Cariñoso, tierno y halagador.

Pero también cínico, e incluso cruel. ¿Un hombre enamorado emborracharía aposta a su amada para poder hacer lo que quisiera con ella?

—No creo que sea amor lo que siente por mí —dijo con tristeza.

—¿Por qué no se lo preguntas?
Miley abrió los ojos con sorpresa.

—Y de paso, ¿por qué no le dices que lo amas? Y luego le cuentas la verdad de por qué lo abandonaste hace diez años. Seguro que nunca lo has hecho.

—Yo… yo…

—Ha llegado el momento de la verdad, querida amiga. Nunca tendrás una oportunidad, ni una razón mejor.

La verdad…

Sí, ella sabía que Owen tenía razón, a pesar de que sólo de pensar en dejar su alma al descubierto le entraban arcadas.

¡Era el momento de la verdad, de toda la verdad y nada más que la verdad!

La continuación de el otro.



capitulo 26

Ella intentó mantenerse distante. ¿Pero cómo iba a conseguirlo si él la besaba por todo el cuerpo? En la boca, en el cuello, en los pechos, en el vientre. En el momento que pasó esa zona, ella gimió y se rindió dejando que sus piernas se separasen de forma desenfrenada.

Él comenzó a hacerle lo mismo que le hizo en la mesa del comedor de la casa de su padre. La sujetaba con fuerza para que no pudiera escabullirse de las caricias de su lengua malvada. La atormentó durante largo rato, jugueteaba sobre terminaciones nerviosas electrificadas antes de introducírsela con suavidad. Después se retiraba

y comenzaba de nuevo. Ella comenzó a rogarle y él la levantó por las caderas y metió la lengua a más profundidad, encontró un punto que hizo que ella gritara de placer.

Miley tenía la espalda arqueada y permaneció así durante todo el orgasmo.

Cuando terminaron las inacabables contracciones, él la dejó.

Jadeando,
Miley volvió a acostarse en la cama. Le pesaban tanto los párpados

que sabía que se quedaría dormida en cualquier momento.

Nick se sentó entre las piernas de
Miley y mirándola con los ojos brillantes, le dijo:

—Me gustas así No tienes fuerzas para evitar que te haga lo que quiera.

Le metió las manos por debajo de las nalgas y colocó a 
Miley sobre su regazo.

Ignoró el quejido que emitió ella.

—¿Ves lo que digo? —bromeó él y comenzó a juguetear con los pechos de ella. Le pellizcó los pezones, todavía erectos, y ella se quejó de nuevo, pero de una manera nada convincente.

—Es el momento de decirte el resultado, mi dulce e insaciable 
Miley —dijo él

mientras comenzaba a moverse dentro de ella—. Primero, a partir de ahora no vas a tener más amigos aparte de mí. Voy a ser tu único amante. Sí, el único —repitió

mientras aceleraba el ritmo—. Saldrás conmigo cuando yo quiera, harás lo que yo quiera. ¿Te ha quedado claro?
Miley quería mandarlo al diablo. Pero no encontró las palabras, o la voluntad.

¡Era tan débil con respecto a él! Terriblemente débil.

—¿Te… ha… quedado claro? —repitió empujando cada vez más fuerte y con la cara desfigurada.

—Sí —lloriqueó ella mientras su cuerpo comenzaba a traicionarla de nuevo—. ¡Sí!

«Lo has dejado muy claro. Muy, muy claro».

Al día siguiente,
Miley se levantó un poco enfadada y con un sentimiento de rabia hacía sí misma. ¿Cómo pudo dejar que Nick la tratase de esa manera, como si fuese un juguete sexual?

Era imposible que se hubiera levantado sintiéndose muy bien físicamente, con los ojos claros, la piel tersa y sin una pizca de resaca. El éxtasis sexual no era excusa para haberse comportado de esa manera tan detestable.

Y respecto a volver a enamorarse de Nick…

¡Ese era el pecado más imperdonable de todos!

No quería pensar en ello. Tampoco iba a soportar esa relación ridícula de

amante cautiva que Nick le había hecho aceptar aprovechando que ella no

podía pensar con claridad.

Tenía que estar loco si creía que alguna mujer inteligente e independiente

aguantaría ese tipo de relación masoquista y unilateral. No se había convertido

en una mujer madura para volver a comportarse como la tonta de Destiny.

Después de ducharse, vestirse y tomarse dos tazas de café, le llevó el desayuno a Nick, que aún dormía, y se sentó en la cama.

Viéndolo dormido,
Miley vaciló de nuevo. Estaba tan sexy y guapo allí tumbado, con las pestañas reposando sobre los pómulos y su maravillosa boca entreabierta. Recorrió con la vista el cuerpo desnudo y pensó en el placer tan intenso que ese cuerpo podía proporcionarle.

¿Estaba dispuesta a arriesgarse a perder ese placer por orgullo?

Se enderezó y levantó el mentón orgullosa.

«Sí», se dijo, «Tengo que decir que sí».

Era muy fácil tomar esa decisión con Nick dormido. Algo parecido a entrar

en la jaula del león cuando estaba drogado, o muerto, y después alardear de ello.

No era un gran reto.

¿Y qué pasaría si cuando Nick  despertara la agarrara y la metiera en la cama?

¿Si no aceptara un no como respuesta y la obligase a realizar sus fantasías sexuales hasta que ella le rogara que la utilizara para lo que él quisiera, y tan a menudo cómo él quisiera?

Esa posibilidad la horrorizaba.

Bajó de la cama y dejó el café sobre la mesilla de noche. Estaba a punto de escapar cuando Nickn se movió, bostezó y se dio la vuelta, la sábana azul se le quedó

justo a una altura que rozaba la indecencia.

Antes de que
Miley pudiera moverse, él abrió los ojos y la miró. Se sentó y la sábana se le escurrió hasta los muslos.

—¿
Miley?

Él miró el reloj:

—Son las siete de la mañana, ¿qué haces levantada y vestida?

—Es lunes. Tengo que ir a casa a cambiarme y después a trabajar.

—Pero yo tengo vacaciones la semana que viene. Pensaba que te tomarías tiempo libre y pasarías tiempo conmigo.

«¡Cielos!», pensó, «una semana entera como anoche. Siete días con sus siete noches».

—Entonces pensabas mal, Nick  —dijo con frialdad aunque su cara estaba ardiendo.

—¿Pero no eras tu propia jefa?

—Sí. Lo soy.

Él la ignoró.

—¿Esto es para mí? —preguntó tomando la taza de café.

—Sí.

—Gracias —lo probó—, está perfecto. Como a mí me gusta.

—Lo sé.

Ups otra vez me equivoque, me falto este.



capituloo 25

Él abrió la botella y sirvió el champán, después colocó las copas sobre una cómoda en la que también había una lámpara dorada.

—¿Y ahora qué haces? —preguntó ella impaciente cuando Nick fue a encenderla.

—Apaga la luz de arriba —ordenó él.

Ella apagó y la habitación quedó sumida en un ambiente romántico, la cama era lo único que estaba iluminado y la colcha de raso azul brillaba al recibir los rayos de luz.

—Ahora, ven aquí —dijo Nick.

Por fin iba a hacerle el amor.

Avanzó despacio hacia él. Tenía los pechos erectos y sentía un nudo en el estómago. Le temblaban las piernas.

—Date la vuelta.

Ella obedeció.

Habría hecho cualquier cosa que él le hubiera pedido.

Nick  le acarició los hombros desnudos y ella casi gimió de placer.

Se puso más tensa cuando él le quito el collar y los pendientes.

—Te dije que te quería desnuda —le dijo.

—La cremallera… está en la espalda, escondida.

—Ahh, ya la veo —ella contuvo la respiración mientras él la bajaba. Cuando la abrió del todo, el vestido se escurrió y ella lo agarró tapándose los pechos.

—Suéltalo.

Ella lo soltó y se quedó sólo con las medias, los zapatos de tacón y un montón de gasa blanca a sus pies.

—Sal del vestido con cuidado y camina hacia la puerta, cuando llegues allí date la vuelta, quítate toda la ropa y ponte los zapatos de nuevo.

Su orgullo le gritaba que no dejara que él le hiciera aquello, que no permitiera que la redujese a un mero objeto sexual destinado a satisfacer cualquier deseo que a él se le ocurriera.

Después pensó que quizá era más seguro ser un mero objeto sexual. A lo mejor así su corazón no se rendiría ante Nick , igual que su cuerpo. Si se limitaba al sexo, podría sobrevivir a esa noche, manteniendo la autoestima intacta.

Así que lo obedeció, consciente de que él observaba todos sus movimientos, una vez desnuda volvió a ponerse los zapatos y permaneció allí.

—No, quédate allí —le dijo él cuando ella comenzó a andar—. Sólo quiero mirarte mientras me desnudo —y se quitó la pajarita.Miley observó cómo él la observaba mientras se desvestía. No sabía qué la excitaba más, verlo desnudarse o mostrarse desnuda sin pudor.

Él era más guapo de lo que ella recordaba. Estaba tremendo.

—Ahora puedes venir —dijo él después de apartar la ropa y de sentarse en el borde de la cama.

Casi no pudo obedecerlo, de repente sus piernas eran como de gelatina. Forzó su movimiento y consiguió llegar temblando hasta él. Una vez allí, él le ordenó que separara las piernas y que permaneciera de pie.

En ese momento, no podía negarle nada. Encontraba que esa postura era muy excitante, las piernas abiertas, él agarrándola por los muslos y con la boca a la altura de la tripa de ella, tan cerca que podía sentir el calor de su respiración en el ombligo.

La soltó y comenzó a acariciarla por todo el cuerpo. Primero por detrás de las rodillas, luego fue subiendo, se detuvo en los glúteos, continuó por el costado, los pezones y descendió acariciándole el vientre.
Miley respiraba más hondo a medida que él se acercaba a la parte superior de los muslos. Nick  se saltó esa zona y acarició todo su cuerpo menos la zona que ella quería que le acariciara. Después de que él repitiera varias veces esa tortura,  Miley tenía el estómago como una piedra y los pezones como uñas.

Se derretía por dentro.

Cuando por fin él deslizó la mano entre las piernas de Miley, ella gimió tan fuerte que dejó claro cuál era su nivel de excitación y de frustración. Él comenzó a acariciarle con el pulgar el capullo deseoso de cualquier roce erótico y a
Miley se le empezaron a mover las piernas.

—No te muevas —ordenó él y ella intentó no hacerlo. Pero cuando él comenzó a explorar en profundidad todo lo que hacía que ella fuera una mujer.
Miley quería gritar, retorcerse y pedirle que parara. Se mordió el labio inferior y trató de quedarse callada y quieta. Se estaba convirtiendo en algo insoportable. Se iba a… Tenía que…

Él paró y
Miley emitió un sollozo angustioso.

Nick emitió algo similar mientras la agarraba y la colocaba en la cama con una rodilla apoyada a cada lado de él, tenía su miembro erecto perfectamente colocado para detectar la parte ardiente del cuerpo de 
Miley. Ella no podía esperar ni un momento más, se dejó llevar dando un largo gemido de placer. Acercó uno de sus pezones erectos a la boca de Nick y él lo recibió complacido, ******* como un niño hambriento.

Le rodeó la cabeza con los brazos, y comenzó a montarlo, se sentía una mujer primitiva con un hombre a la vez en su pecho y en la profundidad de su cuerpo. El acariciaba su interior mientras ella cabalgaba sobre él.

Acababan de empezar cuando ella comenzó a jadear. Nick gimió y le mordisqueó el pezón, la agarró por las caderas e hizo que continuara moviéndose durante todo el orgasmo.
Miley se sorprendió al ver que su excitación no disminuía como otras veces después de llegar al clímax. El éxtasis pasó a otro nivel, donde las sensaciones eran cada vez más adictivas. Cuando Nick  llegó al fin dentro de ella, Miley experimentó otro orgasmo.

Después, los dos se dejaron caer sobre la cama, Nick la abrazó y murmuró algo que ella no fue capaz de entender.
Miley se quedó durante un buen rato recostada sobre él, medio aturdida y desorientada. No recordaba haber tenido dos orgasmos como esos, ni siquiera en los viejos tiempos.

Claro que, Nick ya tenía más experiencia. Y quizás ella estaba más necesitada. Durante la última década ningún hombre la había satisfecho sexualmente. Se mantenía demasiado distante de ellos como para dejarse llevar en la cama. Sólo se abandonaba con Nick.

Y por eso lo consideraba tan peligroso.

De repente, él abrió los ojos y sonrió.

Cap 28.-



capituloo 27

Él sonrió.

—¿Sabes todo lo que me gusta, verdad?

A ella le hubiera gustado darle una bofetada.

— Nick—dijo ella.

—¿Sí, cariño?

«Eso es rastrero», pensó Miley, «e irónico».

—Tenemos que hablar de lo de anoche.

—¿Qué ocurre?

—Sobre lo de que yo acepté…

—¿Sí?

—Me temo que te engañé.

Él la miró de forma aterradora.

—¿En qué sentido? —preguntó.

—Nick, la cosa es que yo quiero algo más que sexo.

Él arqueó las cejas como si realmente estuviese sorprendido.

—¿De verdad?

—Sí, de verdad. No quiero jugar a ser la amante cautiva de ningún hombre,

ni siquiera contigo.

—Anoche hiciste muy buen trabajo.

—Te lo permití porque sabía que estabas dolido.

—¿Me lo permitiste?

—Sí.

—Te lo permitiste a ti, Miley. Disfrutaste de cada minuto.

Ella no podía negar que había disfrutado mucho.

—Sé perfectamente qué buscas en la relación con un hombre, cariño—continuó con tono de mofa y cinismo—. Y eso es lo que te di anoche. También sabía que tus hombres tienen fecha de caducidad, pero no esperaba que la mía fuese hoy. Owen me contó que los amantes te duran más de una noche.

Miley se quedó muy sorprendida. ¿Owen? ¿Qué le habría contado a Nick sobre sus amantes?

Tenía que haberle dicho algo, pero se distrajo al ver que Nick retiraba la sábana y salía de la cama.

—Veo —dijo pavoneándose desnudo delante de ella— que tienes tus prioridades.

El trabajo es lo primero —le dio una palmadita en la barbilla y después un beso en los labios—, ¿y si quedamos después del trabajo? Podemos ir a cenar a algún sitio. Puedes tenerme después —añadió con una sonrisa que hubiera seducido a una monja.
Miley lo hubiera tenido allí mismo, en ese momento, si no hubiese estado tan enfadada.

—¿Qué te ha dicho Owen sobre mí?

—Nada más que la verdad, así que no te pongas hecha un basilisco. Mira, me parece muy bien que no quieras casarte ni tener hijos. Yo ya he abandonado la idea. En serio, parece que no tengo mucha suerte en ese tema —Miley no sabía si gritar o llorar. Estaba enfadada y desesperada—. Por favor, cuando llegues al trabajo no montes una escena. El pobre Owen creía que estaba haciendo lo correcto, advirtiéndome de cómo eres. Seguro que no se imaginaba que lo que tú ofreces a los hombres es justo lo que yo busco ahora, para superar lo de Delta. Así que cálmate y deja de actuar como una hipócrita.

Miley se puso furiosa, y eso la alivió un poco.

—Tienes que hablar. Me dijiste que no te gustaba. Que era demasiado delgada.

—Mentí. La verdad es que llevo mintiendo desde que me reencontré contigo. Nunca debí haberme casado con Delta. Tenía razón cuando dijo que yo no la quería de verdad. ¿Cómo iba a hacerlo, si sólo podía pensar en ti?

Miley lo miró. ¿Qué quería decir? ¿Qué estaba enamorado de ella? No parecía verdad, pero no podía ser que la pasión que reflejaban los ojos de Justin fuera sólo deseo sexual.

— Nick —dijo ella y los ojos luminosos de Nick perdieron el brillo.

—No te preocupes, cariño —dijo con una sonrisa irónica—. No te estoy declarando mi amor eterno, sólo estoy diciendo que un hombre que esté enamorado de una mujer no pasa las horas deseando tener relaciones sexuales con otra. Y créeme, he querido hacer el amor contigo durante las últimas diez semanas. Y por cómo reaccionaste anoche creo que tú sufres el mismo mal. ¿Pero estamos en recuperación, no? Dentro de seis meses, más o menos, se apagará la llama para siempre. Entretanto, intentaré dormir bien por la noche. ¿A qué hora quieres que te recoja?

Miley no podía casi ni responder.

—¿Qué?

—Esta noche. ¿Quieres que te recoja en tu casa o en el trabajo? Creo que voy a pasar el día con mi madre, no tengo nada más que hacer y supongo que querrá que le haga un poco de compañía después del fracaso de anoche.

—Pero… yo tengo que ir allí también —protestó ella—, para ver si todo ha quedado bien recogido.

—Perfecto. Entonces te veré allí.

¡A Miley no se le ocurría nada peor!

—Pero… pero…

—¿Miley, qué pasa, cariño? —le preguntó abrazándola—. ¿Te has disgustado por algo? Mira, claro que tendremos otra relación además de la sexual. Saldremos y pasaremos tiempo juntos. Hasta hablaremos de vez en cuando. Lo que no haremos son planes de futuro. No tiene sentido, ¿no crees?

—Supongo que no.

—Bien. Eso ha quedado claro.

—Pero…

—¿A qué hora vas a ir a Kenthurst?

—Sobre las dos.

—Nos vemos a las dos.

—¿Y qué hacemos con tu madre? —preguntó por fin.

—¿Qué ocurre?

—No quiero que se entere de lo nuestro.

—¿Por qué?

—Porque… porque me cae bien y yo a ella y no quiero que se avergüence de mí.

—¿Quieres decir que te importa lo que piense de ti?

—Sí. Me importa.

—Sorprendente. Bueno, vale, no le diré nada. Tampoco pensaba decírselo. Te veo a las dos —le dio un beso de despedida en los labios y entró en el baño.

Cap 27.-



—¿Ya te has recuperado? —dijo rodando y colocándose sobre ella—. Estás tan sexy —añadió retirándole el pelo de la cara y dándole un beso en la boca—. Te comería. Pero no ahora. Voy a preparar el jaccuzziy algo para beber. Se me había olvidado que hacer el amor con una diosa acababa con un hombre. ¡No te vayas! —dijo mientras se bajaba de la cama.
Miley lo siguió con la mirada. No pensaba ir a ningún sitio. Lo obedecería ciegamente.

—Me siento decadente —dijo ella diez minutos después recostada sobre la bañera. Bebía champán y comía fresas de la bandeja que Nick. había llevado del salón.

Él contestó desde el otro lado:

—Tienes un aspecto muy decadente —dijo mirándole los pechos que asomaban por encima de las burbujas.
Miley no se sonrojó.

—¿Cómo va tu caso de asesinato? —preguntó ella y él la miró incrédulo.

—¿Quieres hablar de mi trabajo? ¿Ahora?

—Tenía curiosidad, ¿qué ha pasado?

—Ganamos. El jurado la absolvió.

—Sabía que ibas a ganar.

—¿Ya qué se debe tanta confianza?

—A que tengo fe en tus habilidades. Y en tu pasión.

—¿Mi pasión? ¿Qué quieres decir?

—Eres el único hombre que conozco que sienta las cosas de una manera tan intensa. No dejas que nadie te impida hacer lo que tú quieres.

—Tienes razón, pero no sé si eso es bueno o malo.

—No puede ser malo.

—Depende. Pero no nos pongamos serios. No he venido aquí para ponerme serio. Bebamos —dijo y le rellenó la copa—. Quiero que cuando salgamos del baño estés bebida y bien.

—¿Por qué?

—Creo recordar que cuando vas bebida estás muy dispuesta a complacer.
Miley bebió y se convenció de que beber era bueno. Borracha no pensaba y todo le daba igual. No tenía nada de profundo y mucho de superficial.

—Rellénala —dijo sujetando la copa. Iba camino de una intoxicación. No había cenado mucho y probablemente también estaba un poco deshidratada. El champán la estaba afectando bastante y hacía que se comportara como una niña incauta.

¿Hasta dónde podría llegar? Soltó una carcajada y Nick la miró.

—Te quiero borracha, no paralítica.

—Estoy muy lejos de ser paralítica. Confía en mí.

—Eso suele ser lo que hacen los hombres.

—Si quieres que pare, dímelo. Esta noche estoy aquí para obedecerte.

—¿Sólo esta noche?

—Hablemos de una noche cada vez, ¿vale?

—En ese caso creo que es el momento de continuar con esta.

Salir del baño y secarse fue la prueba definitiva del nivel de intoxicación que tenía
Miley. Decidió que no había bebido lo suficiente cuando Nick tomó una toalla y le secó todo el cuerpo.

Su ternura inesperada hizo que le afloraran sentimientos que nada tenían que ver con lo sexual, pero sí con lo emocional. Se le encogió el corazón cuando él le dijo lo guapa que estaba y cuando le pasó la toalla con suavidad por la columna vertebral para después besarla de principio a fin. Cuando él le tendió la toalla y le dijo que hiciera lo mismo, ella estaba inmersa en un estado de confusión.

Tenía que volver a conseguir que todo fuese sólo sexo.

En el momento que se arrodilló frente a él, se rindió ante lo que sentía hacia Nick y perdió los papeles. Cuando se dio cuenta, le estaba haciendo el amor con la boca y las manos, con tanta pasión y delicadeza como sólo una mujer enamorada podría hacer. Rezó para que él la detuviese, pero no lo hizo, además no podía parar.

Después Nick le tendió otra copa de champán y se quedó mirándola pensativo.

—Siempre lo hiciste muy bien, pero ahora lo haces mejor.

—Tú también.

—¿Es un cumplido o una petición? No importa, sea lo que sea te daré lo que quieres —dijo él, la abrazó y la llevó de nuevo a la cama.

Cap 26.-



—¡Madre mía, serías una buena abogada! Tienes mucho talento a la hora de discutir. Y tienes razón, aunque mi madre podría callarse y no contar la vida personal de su hijo a los extraños. Aun así, me declaro culpable. Pido disculpas por cualquier opinión apresurada que te afecte. ¿Pasarás la noche conmigo? —y le dedicó una sonrisa seductora.

Miley estaba deseosa aunque dudaba.

—No debería. Probablemente te arrepientas por la mañana.

Él se rió.

—Si te preocupa que pueda volverme a enamorar de ti, no tienes por qué. Ya no soy un niño que se deja llevar por las hormonas. Sé las diferencias entre sexo y amor.

—Sólo quería decir que puede que por la mañana veas las cosas de otro modo. Estás actuando de forma impulsiva. Y enfadado.

—No del todo,
Miley, he estado pensando en acostarme contigo desde que te vi recostada sobre la columna esta noche. Me he casado con Delta pensando en acostarme contigo. Prometí amarla, honrarla y cuidarla mientras pensaba que me gustaría amarrarte a esa columna, desnudarte y tenerte a mi disposición para el resto de los días.

—¡No digas eso! —susurró ella, su cara resplandecía mientras su cuerpo ardía de deseo.

—Pero es cierto. Eso es lo que me haces sentir. Siempre lo hiciste. No tienes ni idea de cuánto te he deseado, nunca era suficiente, no importaba cuántas veces lo hiciéramos, o de qué manera.

—No, Nick .

—Tienes razón, será mejor que me calle o ni siquiera llegaré hasta el maldito hotel. Pararé aquí mismo, y eso no es lo que quiero. Quiero mucho espacio. Que tú estés totalmente desnuda. Y quiero hacerlo más de una vez. Tu recuerdo me ha atormentado durante años, Dest. Esta noche no me atormentará.

Ella se quedó mirándolo, el sonido de las últimas palabras le retumbaban en la cabeza. Palabras magistrales. Palabras eróticas. Palabras apasionantes.

«No es él mismo», razonó ella. «Está triste».

Y luego pensó… «No me importa. Yo también lo deseo, sea cual sea la manera en que él me desee. Por lo menos será Nick el que me haga el amor, y no un sustituto cualquiera. Y cuando amanezca, será Nick el que esté a mi lado…»

—¿Cuánto queda para llegar al hotel?

Él sonrió de manera sexy y orgullosa. Estaban en la misma onda. Querían las mismas cosas.

—Si tenemos suerte, quince minutos.




—Eso es mucho.

—Pero puedes esperar.

—Quizá.

—Va a ser una buena noche.

—Sí —contestó ella.

Los quince minutos siguientes estuvieron llenos de deseo,
Miley  nunca se había sentido antes así. La sangre le corría por las venas y le llegaba hasta el cerebro, se sentía mareada y desorientada.

Podía aparentar estar tranquila, allí sentada, mirando la ciudad a través de la ventanilla, pero no era así.

Sentía cómo la cabeza le daba vueltas, igual que los pensamientos. ¿Cómo podía hacerse eso? ¿Cómo podía? Porque lo deseaba.

El Jaguar atravesó con facilidad el Harbour Bridge. Parecía como si hubiera una conspiración de fuerzas para que ella llegara pronto a su destino, a menos que cambiase de opinión y le dijese a Nick  que la llevara a casa. O que el diablo opinara que no había otra manera de liberar la tensión sexual acumulada y dejara a
Miley en manos de Nick   una vez más.

Miley le daba miedo que al pasar la noche con Nick se derrumbara la barrera en la que se había protegido para no volver a enamorarse de él. Sospechaba que a la mañana siguiente no sólo desearía su cuerpo, sino también su corazón.

Pero Nick tenía el corazón herido, demasiado grave como para volver a enamorarse de ella. Él quería sexo, no intimidad. Venganza, no interés. Se dejaba llevar por la lujuria, no por el amor.
Miley iba rumbo a la miseria.

Pero el viaje iba lleno de excitación salvaje.

Eso era lo que la mantenía cautiva, por lo que no protestó cuando el Jaguar se detuvo frente a uno de los mejores hoteles de Sydney y Nick la hizo entrar con apremio.

La suite de recién casados estaba situada en la planta más alta. Estaba decorada en azul claro y dorado y tenía unas vistas maravillosas del puerto de Sydney.

Una vez que cerraron la puerta de la habitación y Nick tuvo a 
Miley a su plena disposición, pareció como si su deseo se hubiese disipado. Él caminó despacio por todas las habitaciones, como inspeccionándolas. Había todo lo que unos recién casados podían desear. Un balcón privado. Un elegante salón. Un pequeño rincón destinado a comedor. Un dormitorio como sacado de las Mil y Una Noches. Un baño con jacuzzi, suelo de mármol y grifos de oro.

— Nick —dijo ella cuando regresaron al salón—. ¿Qué estás haciendo?

Él la miró y sonrió.

—Tranquila.

—Oh… —no había nada que pudiera calmarla. Su corazón latía muy rápido y todas sus terminaciones nerviosas estaban en alerta roja.

—¿Llevamos esto a la habitación? —dijo él señalando la botella de champán que estaba en una hielera sobre una mesa, junto con dos copas de cristal.

—Si quieres —murmuró ella, aunque lo único que necesitaba llevar a la habitación era a él. Estaba estupendo, allí de pie, vestido de esmoquin.
Miley no podía esperar a quitárselo.

—Trae las copas —dijo él.

Ella dejó el bolso sobre la mesa, se quitó la chaqueta, agarró las copas y lo siguió

Cap 25.-



Todo salió como estaba planeado, el Jaguar arrancó rápido sin que nadie se diera cuenta del engaño. Cuando Justin torció a la derecha en la carretera, las ruedas chirriaron.

—¿Tienes que conducir tan rápido? —se quejó Miley.

—Sí —soltó él, pero disminuyó la velocidad. 
Miley respiró con más facilidad,

sabía que Nick   debía de estar muy triste. Lo que le acababa de ocurrir tenía que ser horrible. Si estaba o no enamorado de Delta no era lo importante. Le importaba y se iba a casar con ella. Esa misma noche se iba a ir de luna de miel con una chica guapa que decía que lo quería y que iba a ser la madre de sus hijos.

En cambio, estaba conduciendo de noche, con una mujer a su lado que, aparte de la atracción sexual, ya no le gustaba.

No iban a ningún sitio.

—¿Dónde me llevas?

—¿Qué más da?

—A mí me importa.

—¿Por qué? ¿Por tu maldito Joe? No lo quieres.

—Nunca dije que sí.

—¿Entonces por qué sigues acostándote con él?

—Ya no.

Nick  se volvió para mirarla.

—Mira a la carretera.

Nick  se quedó ensimismado durante unos segundos.

—¿Cuándo has roto con él?

—Hace un tiempo.

—¿Cuándo?

—No me acuerdo exactamente.

Él le echó una mirada despreciativa.

—No te importamos nada, verdad? Para ti sólo somos cuerpos masculinos,

para utilizar y tirar a tu antojo.

—Eso no es cierto. Por lo menos no contigo.

—Ah, bien. Eso me hace sentir mucho mejor.
Miley suspiró.

— Nick, se que hoy lo has pasado muy mal. Lo siento mucho. Si hay algo que pueda hacer para que te sientas mejor, lo haré.

—Sí que lo hay. Créeme. Vamos de camino para que puedas hacerlo.

—¿Perdón?

—No te hagas la inocente conmigo. Sabes exactamente adónde te llevo y qué vamos a hacer cuando lleguemos.

—No, no lo sé.

—En ese caso, déjame que te lo diga. Nos dirigimos hacia la suite que he reservado para mi luna de miel. Está ahí, esperando a que llegue con mi novia, tiene vistas al puerto, champán, sauna y sábanas de seda. Dijiste que querías hacer algo

para que me sintiera mejor. Conviértete en mi novia por esta noche.

A
Miley comenzó a latirle el corazón con fuerza.

—No, retiro lo dicho, no quiero una novia. Quiero una mujer que sepa exactamente lo que hace. Abreviando,
Miley, te quiero a ti.

—No quieres decir eso —dijo ella impresionada por cómo había reaccionado ella.

Una excitación oscura comenzó a recorrerle las venas, atormentándola, tentándola.

—Si tú no quieres complacerme, cariño, encontraré a alguien que lo haga. No tendré problema. Iré a algunos de los bares de mala fama de la ciudad y encontraré a alguien cualificado. Quizá hasta sea guapa. No es que me importe mucho después de que me haya bebido unas cuantas copas. No bebí mucho en la cena porque sabía que tenía que conducir, y quería estar en buenas condiciones para mi novia. Pero el juego ha cambiado, ¿no? Una vez deje este carruaje en manos del guarda del hotel,

va a correr el alcohol que haga falta.

—¡Nick! No puedes ir a emborracharte y a buscar a una mujer cualquiera. Nunca se sabe que enfermedades puede tener.

—¿Entonces, te ofreces voluntaria?
Miley no sabía qué hacer. Quería irse con él. No podía negarlo. Se estaba excitando sólo de pensar en estar con él.

También sabía que no tenía futuro.

—Parece que tienes problemas en decidirte. ¿Cuál es el dilema? ¿Te preocupa contagiarte de algo?

—No…

—No puede que te preocupe quedarte embarazada. Una mujer independiente como tú tiene que tener esa base bien cubierta.

—Sí, tomo la píldora. Pero normalmente no se lo digo a mis amigos. Siempre insisto en que utilicen protección.

—Caray, sí que eres precavida. Lo siento, pero no llevo condones. Esta noche no tenía previsto tomar medidas. Podemos parar en una farmacia, si quieres.

—Todavía no he aceptado ir contigo.

—Decídete. Cuanto más cerca estemos de la ciudad más difícil será parar.
Miley trató de parecer tranquila y de no dejar translucir sus pensamientos.

—La cosa es, Nick , que yo no me acuesto con hombres que piensan que soy una pelandusca. O que me tratan como una. ¡Porque no lo soy! No sólo soy perspicaz con mis compañeros sexuales, exijo que me respeten.

—Yo te respeto.

—No, no me respetas. Por alguna razón me desprecias. En serio, no sé por qué. Si es porque me he acostado con hombres por otras razones que por amor, entonces deberías despreciarte a ti también. Sé por tu madre que no te habías enamorado desde que rompimos, hasta que apareció Delta, y dudo que hayas mantenido el celibato todos estos años.

Él la miró sorprendido.

cap 24,.



—Miley vino hace un rato para ver si podía ayudarte. Llamó, pero no contestaste, así que entró. Parece que tú y Carmel estabais… ocupadas —dijo él en tono de mofa—. En el baño. ¿Así es, verdad 
Miley ?

—Sí —confirmó ella y vio cómo las chicas se retorcían.

—¿No tienes nada que decir, Delta? —preguntó furioso Nick.

La culpabilidad pasó a ser un desafío.

—No. ¿No tendría mucho sentido, si ella nos ha visto?

Nick miró a su novia disgustado.

—Sólo dime una cosa. ¿Cuándo pensabas dejarme? ¿Después de que naciera nuestro primer hijo, o antes?

—No tenía intención de dejarte.

Nick se quedó perplejo y Delta consiguió parecer apenada.

—Me gustas, Nick —insistió—. Eres el único hombre que he conocido que he soportado que me toque. Por eso tenías que ser tú, ¿no lo ves?

—Sólo sé que tomaste mi amor y escupiste sobre él.

—Oh, Nick, no seas tan dramático. Nunca me has querido de verdad. Lo sé porque yo sé lo que es querer a alguien de verdad. Yo amo a Carmel y Carmel me ama. Nos queremos desde que teníamos quince años. Te gustaba, eso es todo. Encajaba contigo. Y con tu madre. Pero no me querías.

—No sabes de qué estás hablando. Ahora quiero que tú y tu… novia… salgáis de esta casa. ¿Tienes aquí el coche, supongo?

—Sí.

—Entonces vete y no vuelvas a contactar conmigo. Tendrás noticias mías en su momento. No en persona. Enviaré los papeles de anulación del matrimonio a casa de tu padre.

—No se lo digas, Nick. Te lo ruego. Me desheredará. Por eso tengo que casarme. Está paranoico con los homosexuales, y con las madres solteras, y con todo lo que ocurre en este mundo.

—No se lo diré. No se lo diré a nadie. ¿Crees que quiero parecer tonto?

—No eres tonto, Nick. Eres un hombre bueno. Eres…

—¡Por favor, vete!

Él las vigiló hasta que se fueron. Una vez que el coche desapareció se dirigió a
Miley , que estaba a su lado en silencio.

—¿Tienes un abrigo? —preguntó él.

—Tengo una chaqueta arriba.

—Vete por ella y quedamos aquí en dos minutos. Será mejor que traigas tu bolso también, y todo lo que puedas necesitar. Nos vamos.

—¿Nos vamos?

—Estás a punto de convertirte en mi novia. Nos vamos a ir para evitar el famoso ¡vivan los novios!, que encanta a los invitados borrachos de las bodas. Mi madre puede decirle al padre de Delta que su querida hija y su amor se han ido temprano —la sonrisa de Nick era muy irónica—. Pensará que se refiere a la novia y al novio. Le diré a Steve que elija a algunas personas para que salgan a despedirnos mientras salimos corriendo en mi Jaguar. A través de los cristales polarizados no se darán cuenta de que no eres rubia.

—Pero, pero…

—Piensa en la alternativa,
Miley . ¿Quieres que todo el mundo se entere de que esta boda ha sido un desastre? ¿Por qué quieres que la gente la recuerde? ¿Por su creatividad y su esplendor? ¿O porque los novios no pasaron del banquete? Claro que, siempre puedo escapar con mi madre, pero creo que preferirá quedarse aquí.
Miley comprendió el sentido de lo que decía y suspiró.

—Voy por mi chaqueta.

—Creo que es lo mejor —dijo Nick.

cap 23.-





capituloo 22

Media hora más tarde, Nick y Delta eran marido y mujer. Tres horas después, Delta se marchó para cambiarse de ropa y Carmel fue con ella para ayudarla. Nick comenzó a dar las gracias a los invitados por su asistencia.

Miley, que cada vez estaba más deprimida, vio que Steve se dirigía hacia ella. Escapó entrando en la casa, y se encontró con Denise al pie de la escalera. Estaba pálida y temblorosa.

—¡Denise! ¿Qué ocurre? ¿Estás enferma?

—Oh,
 Miley , me he llevado un susto de muerte, y… ¡y no sé qué hacer!

—¿Qué susto? ¿Puedo ayudarte?

—No creo que nadie pueda ayudarme.

—Déjame que lo juzgue por mí misma. Dime qué ha pasado.

—Delta. He subido para ver si podía ayudarla. Llamé a la puerta pero no obtuve respuesta. Abrí y parecía que el cuarto estaba vacío. Me extrañó y entré. Fue entonces cuando yo… yo…

—¿Tú qué?

—Las vi. En el baño… reflejadas en el espejo…

—¿Qué es exactamente lo que viste, Denise?

—A Delta y a Carmel… Estaban… abrazándose y besándose.

—¿Sólo se daban besos y abrazos?

—Sí, pero no como amigas, 
Miley . Como… amantes. Yo sé la diferencia.
Miley sólo pudo mover la cabeza, todas las piezas del puzzle encajaban. Sentía furia hacia la chica y lástima por Nick.

—Tienes que decírselo a Nick —insistió.

—No puedo, no puedo. No lo entiendes.

—¡No puedes dejar que se vaya de luna de miel con esa chica! No puedes, Denise.

Denise se cubrió la cara con las manos.

—¡No sé qué hacer!

—Sabes lo que tienes que hacer. Ven, entra en el estudio y espera aquí. Llamaré a Nick y le contarás lo que has visto.

Denise aceptó a desgana.

Nick no quería ir con ella, insistiendo en que Steve lo acompañara. 
Miley se puso enferma ante su actitud, pero nada iba a cambiar su decisión de decirle la verdad sobre Delta. No había abandonado a Nick hacía diez años para que lo traicionara una mujer embustera con una vida secreta.

—¿Bueno, y qué ocurre? —preguntó impaciente tan pronto como 
Miley cerró la puerta tras ellos.

Denise estaba sentada muy tiesa, con las manos cruzadas sobre el regazo. Nick captó el mensaje de que algo iba muy mal.

Miró primero a su madre angustiada y luego a
Miley.

—¿Qué ha pasado? ¿Es Delta?

—Tu madre te lo contará.

Denise contó lo que pasaba. Nick se puso pálido mientras Steve maldecía.

—¿Estás completamente segura? —le preguntó a su madre.

—Sólo llevaban la ropa interior —susurró ella.

Entonces fue Nick quien perjuró. Después miró a
Miley.

—Ven conmigo.

—¿Dónde?

—Arriba. Necesito un testigo para enfrentarme a Delta y no creo que mi madre esté en condiciones de hacerlo. Steve, quédate aquí y tráele a mi madre una taza de té o algo.

—Vale, Nick. Vete y soluciona lo de Delta. No quiero decir que ya te lo había advertido, pero sabes que siempre desconfié de ella.

—Sí, lo sé.
Miley  tuvo casi que correr para poder seguir a Nick. Él se paró en el rellano y se volvió para mirarla.

—¿Sabías algo de todo esto antes de hoy?

—¡No! Habría dicho algo si lo hubiera sabido.

—Tú diste a entender que Delta no me amaba. ¿Por qué? No te escabullas. Dime la verdad. ¡Tenías que saber algo!

—No sabía nada con seguridad pero, el día que las llevé de compras, ella dijo que con un padre como el suyo tenía que casarse antes de tener un bebé, y que por eso se casaba contigo. Pensé que era un comentario muy extraño si te amaba de verdad.

—¿Eso es todo?

—Eso es todo. Te lo prometo. Si crees que iba a dejar que te casaras con Delta, sabiendo la verdad, piénsalo dos veces. Te dije que me importabas, y me importas, Nick.

—¿Te importo? En ese caso, miente por mí. Dile a Deltae que fuiste tú quien la viste con Carmel.
Miley levantó la barbilla y dijo:

—Encantada.

Nick entró sin llamar. Delta y Carmel ya no estaban en una posición comprometedora. Iban completamente vestidas pero el enfado con el que entró Nick hizo que su cara las delatara culpables.

—¡Nick! ¿Qué ocurre? ¿Ha pasado algo?

—Tú dirás, Delta. Tú dirás.

La novia no estaba tan guapa con la cara demacrada y ojos de preocupación.

—¿Qué quieres decir?

Carmel estaba aterrorizada.

Cap 22.-



Bill no necesitaba ayuda, así que Miley volvió abajo para comprobar que todo estaba preparado para la ceremonia y para el banquete. El sol empezaba a ponerse y la luz con que alumbraba el jardín y la piscina era dorada.

Todo estaba preparado. 
Miley echó un último vistazo a la carpa. Estaba decorada con mucha elegancia, con drapeados en el techo y las mesas muy bien puestas. No habían escatimado en gastos.
Miley estaba satisfecha de haber conseguido que la boda fuera realmente memorable, aunque el pánico se apoderó de ella cuando se dio cuenta de que el novio no había llegado. Lo llamó al móvil y se tranquilizó al averiguar que estaba de camino, a la vuelta de la esquina.

Denise apareció de nuevo. Estaba muy guapa, pero parecía un poco estresada. Las bodas causaban ese efecto en las madres. Y también en las organizadoras.
Miley le dijo que estaba preciosa y le colocó una orquídea de color malva en la chaqueta, después le sirvió otro brandy.

—Tómate tú uno, 
Miley —insistió ella.
Miley no dijo que no.

Hacia las seis y cuarto llegaron los primeros invitados. Denise y 
Miley hicieron de anfitrionas acompañando a la gente hasta el salón, donde servían bebidas y una orquesta tocaba música tranquila. Más tarde, los músicos saldrían a tocar a la terraza.

—¿A que todo el mundo está guapísimo de blanco y negro? —le dijo Denise a 
Miley en la puerta cuando el reloj dio las seis y media.
Miley no estaba escuchando ni a Denise ni al reloj. Se había quedado sorda al centrar su atención en el coche que acababa de detenerse frente a la puerta de entrada.

Un Jaguar negro.

—Tengo que comprobar las luces de la piscina, Denise —dijo apresurada y se marchó.
Miley agonizaba mientras escapaba a través de la casa, se le estaban descolocando las emociones y estaba a punto de perder el control. «Pensé que podría hacer esto, pero no puedo. ¡No puedo!»

Se movía tan rápido como el vestido y los tacones se lo permitían y no se detuvo hasta que se chocó con una de las columnas de mármol. Se agarró a ella con fuerza para estabilizarse y también para aliviar la impotencia que sentía. Deseaba estrujar la columna con las manos, derribarla.

Tuvo que hacer un gran esfuerzo para soltarla. Se dio la vuelta despacio y se apoyó en ella, cerró los ojos y respiró hondo.

«Cálmate», se ordenó. «¿Qué vas a conseguir así? ¿Dónde crees que ibas? Tienes que pasar por esto. Beber de esta agua».

Al sentir un golpecito en el hombro, abrió los ojos.

—Nick —exclamó, luchando para recomponerse—. Me… me has asustado.

—Lo siento. Me pareció raro que estuvieras ahí apoyada, con los ojos cerrados. Pensé que quizá no te encontrabas bien. No porque tengas mala cara —añadió—. Es más, diría que estás para comerte.
Miley lo miró y el sonrió.

—¿En estos momentos el novio no debería decirle eso a ninguna mujer que no sea su novia? —bromeó

—Quizá no, pero no puedo evitar cómo me haces sentir,
Miley. Parece que estás conectada con mis hormonas masculinas.

—Nick, yo… yo…

—Sí, lo sé, lo sientes y yo también lo siento. Los dos lo sentimos. Ah, ahí está el padrino, Steve, viene a rescatarme. No te preocupes, no le he dicho nada y no te reconocerá.

No la reconoció.

«También ha cambiado mucho», pensó
Miley cuando vio que se acercaba. Estaba más guapo y parecía más seguro de sí mismo. Pero no superaba a Nick.

Él sonrió mientras la miraba de arriba a abajo.

—Así que esta es
Miley, la que creí que nunca iba a conocer. Nick no me dijo que fueses una diosa.

Miley tiene novio formal —dijo Justin —, así que ahórratelo.

—Las chicas como ella siempre lo tienen. Pero no lleva anillo, y en el amor y la guerra todo vale. ¿Qué vas a hacer después de la boda, encanto?

Hacía diez años,
Miley se hubiese sentido adulada por la expresión de celos que puso Nick. Ese día, sólo se sintió triste.

—Lo siento, Steve, pero Nick tiene razón. En este momento hay otro hombre en mi vida, y con él tengo suficiente. Ahora tengo que marcharme. Vosotros quedaos aquí y yo voy a ver si siento a los invitados. Estoy segura de que Delta llegara un poquito tarde, pero por favor,Nick, no te vayas.

—No me voy a ningún sitio,
Miley. Estoy aquí para casarme.

—Y yo estoy aquí para asegurarme de que lo haces —se fue sin mirar atrás, ni siquiera cuando Steve le silbó.

Cap 21.-



capitulo 21

—¡Oh, Miley, qué guapa estás! ¡Te queda tan bien el blanco! Tenías que vestir así más a menudo. Denise no sabía lo irónico que resultaba lo que estaba diciendo, ni el daño que le había hecho a  Miley hacía diez años, un día de boda.

—El blanco no es un color muy recomendable para una profesional, tampoco este peinado —añadió
Miley mirándose al espejo.

—Necesitas un peinado romántico para acompañar a ese vestido —sugirió  Denise.

Sin duda, el vestido era romántico. De gasa blanca, dejaba los hombros al descubierto y era más transparente en la zona que quedaba entre los pechos. El escote no era demasiado pronunciado como para ser vulgar, pero 
Miley sentía que quedaba vacío, así que se puso una gargantilla de perlas y unos pendientes a juego.

El vestido se lo compró de forma impulsiva, Denise la ayudó a decidirse el día que
Miley la acompañó a que eligiera su vestido para la boda. Después pensó que tenía que habérselo comprado de color negro, como de luto.

En cambio, allí estaba, el día de la boda de Nick y con un aspecto suave y femenino, algo nupcial.

—Quiero darte las gracias por haberte quedado anoche conmigo. Me habría sentido un poco sola, sin nadie a mí alrededor —dijo Denise.
 Miley interrumpió sus pensamientos y sonrió:

—Fuiste muy amable al pedírmelo —esa mujer le había llegado a caer bien, suponía que era un sentimiento un poco perverso, pero era verdad.

Pasar allí la noche tampoco fue tan incómodo. Ni Delta ni Nick estaban allí. Él había pasado su última noche de soltero en casa del padrino y Delta se había quedado en su casa porque por la mañana quería ir a su peluquería habitual. 
Miley supuso que Carmel se había quedado con ella y que iba a ir a la misma peluquería.

Las dos iban a salir hacia Kenthurst después de comer, llegarían allí sobre las tres y tendrían cuatro horas para prepararse para la ceremonia que empezaba a las siete.

Tenían los vestidos preparados en el cuarto de invitados. Nick  y Steve no llegarían hasta el último momento.
Miley había dado instrucciones a los padres del paje y de la niña de las flores para que los vistieran en casa y los llevaran lo más tarde posible. Sabía que los niños pequeños se emocionaban y eran especialistas en sufrir accidentes el día de la boda, sobre todo cuando había escaleras y piscina.

El acto iba a celebrarse en uno de los extremos de la piscina, entre las columnas de mármol y con el jardín como telón de fondo. Para que se sentaran los doscientos y pico invitados, colocaron sillas rojas a los dos lados y en el otro extremo de la piscina. Por desgracia, casi todos ellos habían aceptado la invitación. A última hora, el padre de Delta se acordó de alguna gente importante y también los invitó.

Después de la ceremonia, retirarían la mayor parte de las sillas dejando espacio para que la gente bailase alrededor de la piscina. En la carpa que habían colocado en el césped, no quedaba mucho espacio para bailar ya que se habían colocado allí las mesas para el banquete.

—Espero que todo salga bien —dijo
Miley.

Denise la miró sorprendida.

—Estoy segura. El tiempo es estupendo y todo tiene un aspecto magnífico. La casa. La carpa. Las luces. ¡Todo! Estás preocupada porque la noche del ensayo no estabas aquí, pero tu socio colocó a todo el mundo en su sitio sin ningún problema. Por cierto, ¿estás segura de que te encuentras mejor? Tienes buen aspecto.

—Estoy bien. Fue sólo un virus de esos que duran veinticuatro horas —Owen era el único que sabía que ese día no estaba enferma.

Además de Nick, por supuesto.
Miley no le había contado a Owen toda la verdad, sólo que había un poco de tensión entre ella y Nick y que sería mejor que él dirigiera el ensayo. Owen estaba encantado de ayudarla. ¡No quería que nada arruinase la boda del año!

—Delta estaba preocupada por si no te ponías bien para la boda, pero Nick estaba seguro de que vendrías —dijo Denise.
Miley se estremeció. Así que él seguía enfadado con ella. ¿Qué creía? ¿Qué ella intentaría estropear algo?

Suspiró y Denise la observó de cerca.

—Estás un poco pálida. ¿Qué te parece si bajamos y nos tomamos un brandy?

—Buena idea,Denise —contestó
Miley sonriendo.

El brandy funcionó. Igual que mantenerse ocupada.

Delta y Carmel llegaron después de comer, y las mandaron arriba para que se arreglaran. Tenían que estar listas una hora y media antes de la ceremonia para tomarse las fotos.

Empezaron a suceder cosas. Llegaron las flores. Apareció el hombre del vídeo dispuesto a dejar todo preparado antes de que los invitados comenzaran a molestar.
Miley sabía que el fotógrafo no llegaría hasta las cinco y media. Bill ya había ido la semana anterior y había planeado desde dónde tomaría las fotos.

El catering y los aparcacoches también estaban allí.
Miley iba de un lado para otro comprobando cosas, deseando que no fallara nada. Si ocurriese algo, Owen la mataría.

A las cinco Denise subió a arreglarse. No quiso ponerse el traje blanco demasiado pronto porque tenía miedo de que se le arrugara al sentarse.
Miley no tenía que preocuparse por eso. Su vestido no se arrugaba. Tampoco tenía intención de sentarse.

Bill llegó a las cinco y media en punto, con su ayudante y un grupo de cámaras.
Miley recogió los ramos y acompañó al fotógrafo a buscar a la novia y a la dama de honor para que les tomara algunas fotos en la escalera.

Hasta 
Miley tenía que admitir que ambas estaban preciosas. Especialmente Delta. Parecía una princesa.


capitulo 20

Como él no dijo nada, ella levantó la vista. Deseó no haberlo hecho. Nick estaba muy cerca. Demasiado cerca.

La miró de forma intensa y cautivadora, dejando traslucir que él también sentía algo por ella.

—¿Por qué me dejaste? —preguntó enfadado—. ¿Por qué, maldita seas?

Al escuchar su voz angustiada, a Miley se le encogió el corazón y le acarició la mejilla con la mano temblorosa.

—Oh, Nick  —fue todo lo que pudo decir.

Él no la advirtió de que tenía intención de besarla. De repente, la agarró por los hombros, la atrajo hacia sí e hizo que sus bocas se encontraran.
Miley se quedó sin respiración, con la boca entreabierta; necesitaba que le entrara aire.

¿Pensaría Nick que separó los labios para invitarlo a que introdujera la lengua en su boca?

Debió de ser así, porque fue lo que hizo después de apoyar a 
Miley  contra el espejo y de sujetarle la cara con las manos.

Nick siempre había besado como si estuviese hambriento, pero… esa vez era algo más.

Al principio
Miley se quedó paralizada. En seguida, comenzó a invadirla una ola peligrosa de excitación. Se besaron, él la abrazó con fuerza y se restregó contra ella. Miley gimió y se retorció.

Cuando él se retiró, ella lo miró, tenía la cara sonrojada y le brillaban los ojos. Lo acarició por encima de los pantalones y provocó que Nick se excitara aún más.

—Cielos —susurró él.

Alguien llamó a la puerta del probador y los dos se quedaron paralizados.

—¡Nick! ¿Estás ahí?

Nick entornó los ojos.
Miley no podía creerse lo rápido que se podía pasar de la locura a la mortificación. Pasó de sentir un fuerte deseo sexual a querer morirse.

Retiró la mano de los pantalones de Nick . Tenía la cara cada vez más colorada.

Él volvió rápido a la realidad, casi como disgustado. Abrió los ojos y le echó una mirada fría y acusadora.

—Sí, Steve. Estoy aquí. Espera un momento.
Miley está intentado colocarme la pajarita.

—¿Quién demonios es 
Miley?

—La organizadora de bodas que Delta y mi madre contrataron.

—Ah, ya. Mira, estoy en el probador de enfrente. Me voy a probar el traje que has elegido.

—Vale.

Durante todo el rato que estuvo hablando, Nick no dejó de mirar a 
Miley con frialdad. En cuanto Steve se marchó, le dijo:

—¿Qué diablos te crees que hacías, tocándome así? —preguntó.
Miley se asustó por la injusticia del ataque.

—No pude evitarlo —contestó confundida antes de recuperarse—. Además, tú me besaste primero ¿recuerdas?

—Después de que acariciaras mi mejilla y me miraras con sentimentalismo. ¿Y qué quieres decir con que no pudiste evitarlo? ¿Qué excusa es esa? ¿Qué eres? ¿Una ninfómana que no puede mantener las manos lejos de un hombre?

—¡No seas ridículo! No soy nada de eso. Normalmente, por lo menos.

—Ah, ¿sólo es conmigo? Sería gracioso si no fuera tan lamentable. ¿Por qué no lo admites,
Miley? Eres una maníaca sexual. Siempre lo has sido y lo sigues siendo.

—El sexo no tiene nada que ver con por qué te acaricié al principio.

Él se rió.

—Créeme, cariño, el sexo tiene mucho que ver con cómo me has tocado al final.

—Eso ha sido después de que las cosas se nos fueran de las manos. ¿Y quién eres tú para llamarme maníaca sexual? Me besaste primero. Y no me diste un beso cariñoso. ¿Quién eres tú, Nick? ¿Un maníaco sexual que no puede mantener las manos lejos de una mujer?

—Sólo contigo 
Miley—confesó—, sólo contigo. Viejos recuerdos, supongo —continuó antes de que ella pudiera disfrutar de la confesión—. Pero son recuerdos poderosos. Y perversos. Si Steve no hubiera llamado, te hubiera dejado continuar. Lo admito. Hubiera engrosado tu lista de víctimas masculinas por segunda vez —dijo entre risas—. Ahora me doy cuenta de por qué he tenido tantos problemas para olvidarte, Miley. Pero, te advierto, cariño. Mantente alejada de mí. Tuviste tu oportunidad hace diez años y la desaprovechaste. Quiero a Delta y me voy a casar con ella.

—Sí, ¿pero ella te quiere? —preguntó 
Miley.

Nick la miró incrédulo, después se contuvo.

—Sal de aquí ahora mismo. Y no quiero volver a verte hasta el día de mi boda, y allí sólo si es estrictamente necesario. ¿Te queda claro?
Miley vio su expresión decidida y supo que había perdido la oportunidad. Decir algo más hubiese sido peor.

¡Pero no podía marcharse sin decir nada!

—Sé que tú no te lo crees, Nick  —intentó explicarle—, pero a mí me importas. Todo lo que he dicho, lo he hecho con mis mejores intenciones. Siempre he querido lo mejor para ti.

—Tienes una manera graciosa de demostrarlo. Ahora vete, por favor.

—¿Y qué pasa con los trajes de boda? Owen me preguntará, eso es todo.

—Dile a Owen que el novio se encargará de todo. Y que te quita toda responsabilidad.
Miley se estremeció ante su frialdad.

—Lo siento de verdad, Nick.

—Vete, por favor.

Ella lo miró una vez más y se marchó.