Nick llevaba un par de días en París, ocupado en sus negocios. Miley hablaba por teléfono con él, pero se dio cuenta de que la estaba tratando como antes, como cuando era su empleada. Y eso lo hacía siempre que las cosas iban mal entre ellos.
A la mañana siguiente, Miley tomó una decisión de lo más dura. No, Nick no le iba a hacer eso a ella, hacerla pensar que el más pequeño problema los iba a llevar a la ruptura del matrimonio. Era como verse forzada a vivir en el filo de una navaja. Llenó de ropa una maleta. Pudiera ser que no significara nada, pero pretendía quedarse en Ladymead, que ya estaba casi terminada. Lo único que necesitaba para ese día era comida... y una cama. Así que tendría que hacer unas compras por el camino.
Luego le mandó un fax a Nick antes de subir a la limusina.
Querido Nick:
Esperar a ser abandonada es malo para mis nervios, así que me he ocupado del problema por ti y te abandono yo.
El capataz de la obra le dio la bienvenida en la entrada cuando ella llegó.
-Llevan un par de horas llamando por teléfono preguntando por usted, señora Jonas. Alguien llamado Pete.
-Así que estás ahí -le dijo Pete cuando ella contestó la vez siguiente que sonó el teléfono-. ¿Qué ponía en ese fax? Nick dio un salto que llegó hasta el techo y lleva de un humor insoportable desde que llegó.
-¿Te ha dicho que me busques?
-Claro. Este asunto está en un momento crucial. Está muy ocupado negociando con los franceses. ¿Tienes malas noticias o algo parecido? ¿Es qué no te las puedes arreglar sola? Ya sabes que a Nick no le gusta que le molesten cuando está...
-Mira, ya no trabajo para él. Sólo dile que estaba demasiado ocupada como para ponerme al teléfono.
-¡No le puedo decir eso a Nick! -exclamó Pete, horrorizado.
-Entonces Nick no debiera haberte dejado que te ocuparas de esto.
Al fondo ella oyó una voz masculina más profunda. Hubo un corto silencio y luego, sin previo aviso, le resonaron los oídos.
-¿A qué demonios estás jugando? -le gritó Nick por el teléfono a todo volumen-. ¿Cómo te atreves a mandarme un mensaje como ese?
-Esa clase de chantajes no te gustan, ¿verdad? -pero Nick no la escuchó.
-¡Quiero que estés de vuelta en Londres esta misma noche!
-No, Nick.
-Si no paras esta locura ahora mismo, yo...
-Ahórrate las palabras. Ya conozco mis opciones. O te comprometes a hacer funcionar nuestro matrimonio o me dejas marchar y, dado que dudo que tengas el valor para hacer lo primero, estoy haciendo yo lo segundo.
Luego colgó con la cara muy pálida. Se relajó y soltó el aire. Ahora tenía que esperar. El próximo movimiento tenía que hacerlo él.
El día fue uno de los más largos de su vida, y no dejó de darle vueltas a lo que había hecho, sin saber si estaba bien o no, sí él iría a por ella o si la dejaría por pesada e imposible.
Al oscurecer se hizo unos sándwiches, pero no se los comió por falta de apetito. Estaba lloviendo lentamente y eso hacía que se viera borroso por las ventanas. Subió al dormitorio principal y deseó haberse llevado algo para leer. Poco después de las diez se metió en la cama que había comprado esa misma mañana para entrar un poco en calor mientras oía la lluvia y el viento golpeando la casa.
La despertó un ruido distante en mitad de la noche. Por un momento se quedó completamente desorientada hasta que se acordó de dónde estaba y lo que hacía allí. Eran casi las dos de la madrugada. Salió de la habitación con una linterna en la mano, ya que no tenía todavía conectada la electricidad.
Desde lo alto de las escaleras podía ver la gran puerta de la calle y en ella se oían unos golpes fuertes.
-¿Qué he hecho yo para merecer esto? -exclamó Nick nada más entrar en la casa, empapado.
Miley retrocedió un poco, sorprendida por su aspecto. Estaba empapado y el traje se le pegaba completamente al cuerpo. Parecía como si se hubiera bañado completamente vestido.
-¡Si esto es la vida en el campo, ya te puedes quedar con ella! ¡El Bugatti se me ha quedado atascado en el barro de esa maldita pista!
-Oh, querido...
Miley sintió la urgente necesidad de abrazarlo, tranquilizarlo si estaba furioso.
-Necesito un baño y algo de beber.
-Oh, querido... -repitió ella como una tonta, sabiendo que no podía darle nada de eso.
-¡Mi maleta sigue en el coche!
-Oh, querido...
-Mira, si me dices eso una vez más, voy a explotar.
-Tienes que quitarte esa ropa. Ven arriba.
-El helicóptero no podía volar con este tiempo. El avión no estaba disponible. Y aquí ni siquiera hay luz eléctrica. ¿Tienes idea del tiempo que llevo llamando a la puerta?
Miley le abrió la puerta del cuarto de baño y encendió la luz, que por suerte funcionaba.
-No hay agua caliente, pero todo lo demás funciona.
-¿No hay agua caliente? -le preguntó Nick, desesperado.
Cuando él se metió en el cuarto de baño, ella se vistió de nuevo a toda prisa, se puso una chaqueta y salió de la casa. Por suerte, Nick no había cerrado el coche, así que tomó su maleta y se volvió a la casa. La lluvia estaba escampando y el viento calmándose.
No había nadie en el cuarto de baño y ella dejó la maleta en la habitación sin mirar adentro.
-Te haré un café -dijo y se marchó de nuevo. Volvió poco después a la habitación con el café y los sándwiches que había preparado anteriormente.
-No deberías haber ido al coche a por la maleta, pero te lo agradezco.
Miley se dio la vuelta. Nick estaba en la puerta vestido con un jersey y unos pantalones muy bien cortados. Tenía un aspecto de lo más impresionante.
-Era lo mínimo que podía hacer. Y, además, tengo una linterna.
-Este lugar es un asco. Aunque sabía muy bien donde me estaba metiendo. Desobedecí mis instintos.
-¿Café? Me temo que lo único que te puedo ofrecer para comer son estos sándwiches.
Nick no se movió.
-¿Te importaría contarme a qué viene todo esto?
Miley se ruborizó. Ahora que ya no estaba enfadado le parecía de lo más razonable.
-Siento que te haya costado tanto venir aquí.
-Vamos al grano.
-No tenía ni idea de que fueras a venir esta misma noche.
-Estuve a punto de no hacerlo. La inteligencia me decía que dejara que te pudrieras aquí.
-Pero no lo has hecho...
-No, la rabia me hizo venir. También estaba la preocupación natural de que hubiera pasado algo que no supiera. Algo misterioso que pudiera justificar tu comportamiento. Si no me lo vas a contar, dimelo, que llamaré a un coche para que me lleve de vuelta a Londres.
-¿Ves? Ya lo estás volviendo a hacer. Me estás amenazando. Lo haces siempre...
-No te amenazo...
-Tal vez no te des cuenta de que lo estás haciendo, pero lo haces. Si te molesto por algo, inmediatamente empiezas a decirme que este matrimonio tiene los días contados si continúo haciéndolo.
-Eso es una tontería.
-No, no lo es.
-¡Me mandas un fax a París diciéndome que me dejas! ¡Me haces venir aquí como un beep! Y luego, ¿te crees que puedes decirme que me merezco esto?
-Quería que sintieras en tus carnes lo que es ser chantajeado emocionalmente. Tú lo haces conmigo y eso me hace enfadar. A mí tampoco me gusta tener que estar todo el tiempo tensa. No me gusta que me hagas tener miedo de hablar de cosas de las que tengo que hablar. No me gusta que me juzguen y me nieguen el derecho a defenderme.
De repente la mirada de él la atravesó como una flecha.
-¡Madre de Dío! ¿Has montado todo esto porque me he negado a permitirte que te quedaras embarazada?
-¡Creo que tendría que estar loca para querer un hijo tuyo, Nick! Si lo tuviera, estoy segura de que tendría que criarlo sola, así que, créeme, con veintitrés años y toda la vida por delante, no tengo la menor intención de arruinármela de esa manera. Ninguna mujer inteligente pensaría tener un hijo en medio de una relación tan inestable como esta, sobre todo cuando el socio masculino ha dejado su negativa tan clara.
-Nosotros no tenemos una relación inestable y yo no soy tu socio. Soy tu marido.
-Y tampoco soporto el que pienses que no se puede confiar en mí y que no me quede embarazada accidentalmente. ¿Cómo te atreves a compararme con Selena? Yo no atraparía de esa forma a mi hombre...
-Pero tú querías un hijo de él...
-Eso era diferente...
-Eso es evidente.
-Era una clase diferente de relación. Liam y yo... éramos más amigos que amantes. Compartíamos muchas cosas. A él le gustaba sentirse seguro, lo mismo que a mí.
-¡Qué conmovedor!
-Lo que estoy tratando de explicarte es que querer tener hijos era sólo parte de aquello. Teníamos organizado todo nuestro futuro y nos sentíamos muy seguros.
-Lo amabas.
Miley bajó la cabeza y se lo preguntó a sí misma. ¿Había amado de verdad alguna vez a Liam? Creía que sí le había tenido mucho cariño, pero Liam nunca la había afectado tanto como lo hacía Nick.
-No tanto como creía. En eso tú tenías razón. Hace tres años, Liam quiso a Selena, pero a ella no le interesó entonces... La verdad era que ella tenía sólo veintiún años y estaba empezando su carreta como modelo. Era la estrella de la familia y sus padres esperaban que se hiciera famosa y se casara con alguien... alguien como tú. No creo que se la pueda culpar por haber rechazado a Liam en ese momento.
-Eres muy generosa.
-No. Confieso que me alegré cuando empezó a fallarle el trabajo como modelo. Se le da muy bien escalar posiciones pisoteando a la gente. Cuando anduvo mal de dinero el año pasado, tuvo que vender su piso y sus padres dieron por hecho con toda naturalidad que yo compartiría mi casa con ella. Cuando lo pienso, Selena lo pasó mal y, aun así, Liam no dejaba de meterse con ella porque antes ella le había hecho daño a su ego. Debería haberme dado cuenta de lo que había allí de verdad.
-Una atracción fatal -dijo Nick tranquilamente.
-Liam pensó que no la podía tener, así que se conformó conmigo. Yo ya no lo amo, Nick.
-No tienes que decirme eso, Miley.
-¿Ves? Ya lo estás volviendo a hacer. Te estás negando a aceptar lo que te estoy diciendo. ¡Tal vez es que hay una parte de ti que se siente feliz de pensar que sigo enamorada de Liam!
-Eso es ridículo.
-¿Lo es? Yo no estoy tan segura. Fuera de la cama te gusta mantener una distancia emocional segura, ¿no? Sigues tratándome como si fuera tu empleada cuando hablas conmigo por teléfono desde la oficina. La impresión que saco de eso es... es que el matrimonio es un paso demasiado largo para ti.
Nick se puso tenso.
-Nunca pensé que fueras capaz de forzar una discusión como esta.
-No me has dejado muchas opciones. Yo no soy como tú. No puedo olvidarme de las cosas y hacer como si nunca hubieran sucedido, como haces tú. No me puedo comportar normalmente cuando me pones frenética. Me enfado y me siento dolida. Nunca en mi vida he conocido a nadie que pueda ser a la vez tan cálido... y tan frío. Nick, cuando estabas en París y hablamos por teléfono, me di cuenta de que estabas contento de estar lejos de mí.
-No era eso -respondió él metiéndose las manos en los bolsillos de los pantalones.
Pero Miley se dio cuenta de que ni aun así, Nick le iba a contar lo que era de verdad.
-Lo que estoy tratando de preguntarte es si pretendes que este matrimonio sea de verdad... ¡O sólo un juego que se te ha escapado de las manos! Sabías perfectamente lo que me tenías que decir para convencerme de que me casara contigo, pero ¿cuánto de ello era de verdad? Si ya te estás arrepintiendo, sería más amable por tu parte que fueras sincero.
Nick suspiró entonces. Parecía alguien sometido a alguna especie de tortura sofisticada.
-No me estoy arrepintiendo.
-Pero no confías en mí.
-¡Nunca he confiado en ninguna mujer!
-Nick, yo no tengo ni la décima parte de la experiencia que tienes tú, ¿de qué te puedes preocupar?
Él la miró entonces fijamente a los ojos.
-No quiero perderte. Eres demasiado importante para mí.
Aquello era el cumplido más importante que Nick le había dicho desde que se conocían y que no tenía que ver con el sexo. Miley se sintió hasta casi mareada.
-No sabía que te estaba haciendo sentirte amenazada -continuó él en voz baja-. Pero no me resulta fácil esta clase de comunicación. En realidad, mientras más siento, menos quiero hablar de ello.
Sus miradas se cruzaron entonces y ella deseó abrazarlo. Pero en vez de eso se dio la vuelta, y le preguntó prosaicamente si quería comer algo.
Y, de repente, Nick se echó a reír, rompiendo toda la tensión.
-¿Sabes? Si hubiera llegado aquí y me hubiera encontrado una cena a la luz de las velas y con champán, me habría enfadado más todavía.
-Te habrías sentido manipulado.
-Pero siempre hay un buen término medio.
-¿Como un baño caliente y algo de beber?
Luego, mientras se comían los sándwiches, estuvieron charlando tranquilamente de sus respectivas infancias, sobre todo de la de él en Venecia.
Cuando, por fin, se metieron en la cama, ya estaba amaneciendo.
-Voy a tener que llamar para que vengan a recoger el coche -dijo Nick.
-Es sábado. No importará si la pista está bloqueada, pero deberías haber cerrado el coche.
-¿Con qué? Me caí cuando salí del coche. Y se me cayeron las llaves y el teléfono móvil en todo ese barro.
-Oh, cielos... -dijo ella riéndose.
Nick la hizo entonces ponerse sobre él.
-Eres la única mujer por la que me he ensuciado de esta manera.
-¡Y estabas tan gracioso!
-Y con menos ganas de reírme... No era precisamente la entrada que había planeado.
-Pero da igual, me dejó terriblemente impresionada de todas formas.
Nick le puso entonces la palma de una mano en uno de los senos desnudos, despertando todas las terminaciones nerviosas de Miley y se quedó sin respiración.
-Me estoy sintiendo muy animado, bella mía. Este es otro principio. Sin camisón -bromeó él.
Ahora Miley se daba cuenta de verdad que ese matrimonio era real y tan importante para Nick como siempre lo había sido para ella.
-¿Es tuyo?
Janice Gomez observó desde la entrada de su casa el Jaguar color crema y añadió:
-Muy ostentoso.
Miley se ruborizó levemente.
-Nick me lo regaló por mi cumpleaños. Me hubiera gustado que vinierais a cenar con nosotros.
-Ya habíamos quedado.
Miley entró entonces en la casa siguiendo a su tía. Su sonrisa decidida no revelaba nada lo incómoda que se sentía. Durante todo el mes anterior, los Gomez habían rehusado todas sus invitaciones para que los visitaran. Se había sentido aliviada cuando su tía la había llamado pidiéndole que fuera a verla, pero se le notaba una evidente frialdad en el comportamiento. ¿Qué pasaba?
-Creo que será mejor que vaya al grano -le dijo su tía secamente-. Selena y Liam se han separado.
Miley se puso tensa.
-Lo siento.
-Me pregunto si lo dices de verdad.
-Sí, de verdad que lo siento.
Su tía la miró enfadada.
-Por supuesto, tú te puedes permitir ser generosa. Has salido muy bien de todo esto. Dios sabe que nunca me imaginé que ibas a ir por ahí en un Jaguar y vestida como una princesa.
-A Nick le gusta que vista bien.
Miley pensó que no le iba a contar nada de eso cuando volviera a su casa. Le sorprendía lo a menudo que Nick acertaba con la gente. Su tía no podía ocultar el resentimiento que sentía porque ella se hubiera casado con un hombre muy rico y poderoso, mientras que su adorada hija lo había hecho con uno de lo más normal.
-Liam ha sido muy cruel con Selena.
-No creo que eso sea asunto mío.
-Ese es el problema... ¡que sí que lo es! ¡Liam le dijo que sigue enamorado de ti!
Miley se quedó de lo más sorprendida por la ira con que su tía le dijo aquello, hasta que se le ocurrió que, seguramente, eso se lo habría dicho Liam en medio de una discusión. Ella había sabido desde el principio que su prima y su antiguo novio iban a tener una relación tormentosa.
-No me creo ni por un minuto que Liam me siga amando. En realidad, creo que no lo ha hecho nunca.
-Selena lo ha pasado fatál...
Su tía entonces empezó a contarle las penas de Selena con todo lujo de detalles.
-Liam necesita que alguien hable con él y le meta algo de sentido común en la cabeza -dijo por fin-. A mí no me hace nada de caso, pero a ti sí que te lo hará.
Miley se quedó helada.
-¿Yo? ¿Que hable yo con Liam?
-Siempre habéis sido buenos amigos. ¿Por qué no vas a hablar con él?
-Pero, yo...
-Después de todo, Liam y Selena sólo tuvieron un pequeño desliz y entonces tú te precipitaste en tener una relación con Nick Jonas. Afrontémoslo, ¡Entonces no te interesó volver con Liam! Créeme, no me gusta nada tener que pedirte ayuda, pero creo que puedes conseguir con Liam lo que nadie más puede.
A pesar de que a ella no le hacía ninguna gracia, por fin y, gracias a la insistencia de su tía, aceptó ayudarla.
Una vez de vuelta en su coche, llamó a Liam al trabajo por el teléfono móvil y quedó con él para después del trabajo en su casa, donde Selena se había negado a vivir y él lo estaba haciendo solo en esos momentos.
Todavía estaba inmersa en el lío del tráfico de la ciudad cuando la llamó Nick.
-¿Cómo te ha ido con tu tía? -le preguntó él directamente.
El estómago se le encogió a Miley cuando pensó en la mentira que estaba a punto de decirle. Era evidente que Nick no tenía que saber nada de todo aquello.
-Voy a volver tarde. Mi tía ha invitado a algunos amigos y le he prometido que pasaría la velada con ella.
Entonces se produjo una larga pausa.
-¿No hay problema entonces?
Ella se mordió fuertemente el labio inferior.
-Bueno, mi tía está un poco acatarrada...
-Entre esos amigos... ¿está Liam?
Miley casi se atragantó.
-¡Claro que no!
-Sólo preguntaba, bella mía. Pareces preocupada. ¿Por qué no dices que te duele la cabeza y te vienes a casa? Tenía pensado terminar pronto hoy.
A Miley le ardieron los ojos.
-Iré tan pronto como pueda.
-No te pases de velocidad. Quiero que vuelvas en una pieza, signora Jonas.
Malditos fueran Liam y Selena, pensó ella cuando colgó. Una cosa era que les deseara felicidad y otra que la metieran a ella en esos problemas, con lo mal que se le daba mentir.
Liam la estaba esperando en su casa. Miley trató de no mirar el papel de la pared que había elegido ella misma y que estaba semi arrancado.
-Tony -le explicó Liam brevemente.
-No la puedes culpar por no querer vivir aquí. Al fin y al cabo, esta era mi casa. O lo iba a ser.
-La culpo por todo.
-Hacen falta dos personas para tener un ligue.
-¡Pero sólo una mentirosa para hacer que un ligue se transforme en un matrimonio de penalty!-exclamó Liam amargamente-. Me dijo que estaba embarazada... ¡Pues no lo estaba! ¡Me estaba mintiendo y yo fui tan tonto como para creérmelo!
Miley se sentó en un sofá y, de repente, lo comprendió casi todo. Por segunda vez en ese día se vio obligada a escuchar una larga lista de quejas, esta vez por parte de Liam. Le tenía alguna simpatía, pero no dejó que se le notara y lo dejó explayarse.
-¿Se te ha ocurrido que ella debe amarte mucho? -le preguntó cuando él terminó, por fin.
-A la única persona que selena ama es a ella misma.
-Te engañó y se equivocó al hacerlo, pero debía querer desesperadamente casarse contigo.
-Tú nunca habrías hecho algo así.
-Liam... Selena y yo somos muy distintas y siempre lo seremos, pero no te olvides de que era a Selena a quien realmente querías.
-Eso no es cierto...
-Sé sincero contigo mismo. Ella no encaja contigo tanto como yo lo hacía, pero nunca has dejado de sentirte atraído por ella. ¿Dónde está ahora?
-Se ha ido a vivir con una amiga. Le dije que quería el divorcio...
-Pero no lo quieres, ¿verdad? Sólo quieres castigarla -dijo Miley y lo vio ruborizarse-. ¿No crees que le puedes dar otra oportunidad?
-¿Por qué iba a hacerlo?
-Eso es cosa tuya. Pero Selena no va a esperar para siempre y no se va a arrastrar delante tuya. Aunque estoy segura de que te dijo que estaba embarazada porque tuvo miedo de que tú y yo volviéramos.
Bastante después de una hora, Miley estaba subiéndose de nuevo a su coche. Estaba agotada pero parecía que sus esfuerzos iban a valer la pena.
Estuvo pensando en Nick durante todo el camino hasta Ladymead y esperó que él no fuera a perder los estribos cuando le contara que había estado con Liam.
La casa estaba toda iluminada y el conductor de Nick estaba metiendo una maleta en el portaequipajes de la limusina. Miley se encontró a Nick en la espaciosa biblioteca que él utilizaba como despacho. Estaba metiendo unos archivos en una caja.
-¿Qué haces?
Nick levantó la cabeza y la miró fríamente.
-Te estoy dejando -le dijo.
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