miércoles, 29 de febrero de 2012

Capitulo 7.-

Miley se quedó estupefacta al oír aquella osadía pronunciada con tanta serenidad.
—Sabes que no accederé a eso —declaró con voz tensa.
— ¿No? —inquirió Nick arqueando una ceja.
—No. Compartir una habitación o una cama es imposible. Y me gustaría que te fueras para poder vestirme —lo informó Miley.
—Miley...
—Ahí está la puerta. Úsala —le aconsejó levantando la barbilla—. Lo nuestro no es un matrimonio convencional. Me forzaste a casarme contra mi voluntad.
—Lo mires como lo mires, estamos casados. Y sin la pasión este matrimonio no tiene la mínima esperanza. De hecho, ahora mismo es lo único que tenemos a nuestro favor —replicó Nick irónicamente—. ¿Por qué tratas de negarnos ese único elemento positivo?
Miley no estaba preparada para esa cruda sinceridad y perdió hasta el último ápice de viveza y color. Al pedir su propia habitación sólo trataba de protegerse. La aterrorizaba exponerse a que Nick la hiriese otra vez.
—No permitiré que sabotees este matrimonio sin antes darle una oportunidad —declaró Nick con rígida impaciencia—. Por una vez en tu vida vas a aceptar tu situación y hacer un verdadero esfuerzo.
—No tienes ningún derecho a hablarme así —replicó Miley con voz temblorosa.
—Ha sido un aviso —contestó Nick clavándole una mirada de hielo—. Por muy mal que se pongan las cosas, esta vez te quedarás. Ahora tenemos que pensar en nuestra hija...
—Sí, pero...
—Trece años has tardado en reunir el valor de decirme por qué te marchaste la otra vez y me lo echaste en cara como si yo supiera de qué estabas hablando.
—Yo... —dijo Miley poniéndose rígida.
—Pero no me dijiste ni una palabra en su momento —exclamó Nick mirándola de arriba abajo con llameantes ojos dorados—. Y, lo creas o no, el divorcio fue un duro golpe para mí. No estaba preparado y desde luego no lo vi venir. Te amaba y creía sinceramente que tú me amabas a mí también... y luego me di cuenta de que no era así, ¿no, Miley?
Miley se quedó helada y sintió una gran confusión emocional. No había considerado nunca la posibilidad de que Nick no hubiera deseado el divorcio.
—Sólo lo dices ahora para hacerme sentir mal —lo censuró—. Estás mintiendo.
—Dio... —dijo Nick dando un paso hacia delante.
—Estás tratando de retorcer las cosas y actuar como si yo te hubiera abandonado sin razón, cuando sabes perfectamente que no tenía motivos para quedarme. Tú ya te habías ido a otra habitación.
Nick la asió por los antebrazos para aprisionarla. Tenía la expresión rígida y un aire de perplejidad en la mirada. Luego soltó lentamente sus delgados brazos y frunció el ceño al tiempo que entornaba los ojos.
—Sólo porque no podía dormir en la misma cama que tú sin ponerte las manos encima...
—Eso no tiene sentido.
— ¿Qué no? Nunca pasé tanta vergüenza en mi vida como el día en que mi padre me dijo que esperaba que no siguiera pidiendo sexo a mi esposa por que las mujeres embarazadas no se sentían cómodas haciendo el amor después de los dos primeros meses. Quise preguntarte si te había estado haciendo daño pero no pude reunir el valor de hacerlo. Mis exigencias en ese ámbito habían sido, después de todo, bastante voraces...
— ¡Creí que ya no me deseabas! —lo interrumpió Miley boquiabierta—. Nunca me hiciste daño.
— ¿No?
Miley lo negó con la cabeza rápidamente y sus cabellos de color rubio platino ondearon junto a sus mejillas encendidas. Sus ojos violetas estaban clava dos en los suyos.
—Por eso me sentí tan culpable cuando abortaste —confesó Nick bruscamente—. Pensé que todos aquellos encuentros apasionados podían haber contribuido a que...
— ¡No! —protestó Miley en un susurro de dolor, y acarició su brazo con los dedos para consolarlo—. Simplemente ocurrió. El doctor me había asegurado que no había razón para que no siguiéramos haciendo el amor... Siempre me gustó hacerte perder el control. Era casi tan excitante como perderlo yo —confesó Miley todavía conmocionada. Por increíble que pareciese, Nick la había deseado a pesar de su voluminosa figura y la idea la había dejado desarmada.
—Por favor… no digas eso —gimió Nick, y con manos delgadas y fuertes la levantó y la presionó contra su cuerpo, tenso y musculoso. Miley averiguó por sí misma por qué estaba temblando al entrar en contacto con la dureza de su encendida masculinidad.
Nick tomó sus labios con voracidad salvaje y ardiente. La excitación la asaltó y provocó una violenta oleada de respuesta. En un instante, lo rodeó con los brazos y le acarició el pelo murmurando un gemido que lo incitó a seguir. Con aquel único beso, la pasión que Miley había contenido durante tanto tiempo explotó en una lluvia de fuegos multicolores y le hizo perder la cabeza. Con un ahogado gruñido de satisfacción, Nick exploró vorazmente su boca con traviesa precisión semejante a una posesión primitiva.
La bajó al suelo y la hizo girar, buscando con los labios la suave piel de su nuca y descubriendo puntos de placer que Miley pensó que no poseía. Miley estiró el cuello dejándose llevar por aquel éxtasis y deslizó sus caderas hacia atrás, contra su virilidad encendida, sintiendo que se estremecía como reacción a su provocación.
Sus manos ascendieron lentamente sobre sus senos henchidos que presionaban la camisa de algodón. Cuando acarició las puntas de sus pezones con los pulgares, Miley se quedó sin respiración y sintió un húmedo calor en la entrepierna. Nick la giró de nuevo y la levantó para llevarla con él hasta la cama sellando sus labios con los suyos.
—Decías que era increíble en la cama —susurró Nick entrecortadamente, clavándole sus ardientes ojos dorados mientras se hincó y se despojaba de su camisa—. No era cierto. Éramos increíbles juntos...
Un tórax musculoso y moreno apareció ante su vista, y Miley empezó a derretirse y a sentir debilidad en todos sus miembros. Nick se inclinó sobre ella y desató los botones de su camisa. Luego la abrió y contempló sus senos henchidos y pálidos con clara apreciación.
Cuando sus miradas se volvieron a cruzar, Miley se estremeció de sensualidad y Nick bajó su oscura cabeza para atrapar un suave pezón rosado y hacer que Miley se agitara y gimiera con aquel placer torturador.
En algún lugar próximo se oyó el estridente sonido del teléfono y Miley frunció el ceño. Nick maldijo con el poco aliento que le quedaba. Con la brusquedad de una frustración violenta, se apartó de Miley y buscó con la mano el teléfono móvil. Luego, inesperadamente, Nick se quedó helado mientras Miley lo contemplaba con creciente fascinación.
—Hola —murmuró con sorprendente afecto—. Si… Si... maravilloso… estupendo... ¿Te gustaría hablar con tu madre?
— ¿Destiny?—dijo Miley instintivamente avergonzada, como si su hija acabase de entrar en la habitación y los hubiera sorprendido en la cama. Nick le pasó el teléfono sin decir palabra.
— ¿Cómo les va? —preguntó dest—. Sabía que estaríais súper preocupados por mí porque es la primera vez que estoy fuera de casa.
—Sí...
— ¿No es muy romántico que papá te haya llevado al lugar donde os conocisteis? Apuesto a que te quedaste de piedra.
—Sí...
—Bueno, estoy bien y me lo estoy pasando de miedo, así que espero que no les importe que no los vuelva a llamar... —dijo Desty bajando la voz antes de continuar—. Lo siento, pero parece muy ñoño tener que llamar a casa.
Segundos después, Miley devolvió el teléfono a Nick y él lo dejó a un lado. Se hizo el silencio y Miley frunció el ceño cuando Nick no hizo ademán de volverla a abrazar. Se puso en tensión y se ruborizó al reconocer su intensa excitación.
—Pensé que mi fantasía de adolescente había coloreado los recuerdos, pero no ha sido así —dijo con voz profunda e inexpresiva mirándola fríamente. Se levantó de un respingo de la cama y tomó su camisa—. Realmente eres dinamita en la cama, pero creo que voy a tomar el aire.
La cara de Miley se encendió por el shock y la humillación. Aquel rechazo cayó como un viento invernal sobre su carne desnuda. Se cubrió con la sábana y cerró los puños por debajo.
— ¿Qué te pasa? —se oyó preguntar con perplejidad.
Nick se volvió hacia ella y torció sus generosos y sensuales labios.
—Todavía estoy muy enfadado contigo. Cada vez que recuerdo que apartaste a mi hija de mi lado tengo ganas de aplastar algo. Pero lo superaré. Es irracional esperar de ti más de lo que eres capaz de dar, y es imposible dar marcha atrás al reloj.
—No eres justo —dijo Miley con desmayo. Había ocultado aquella ira tan bien, que la había engañado.
—Al contrario, estoy siendo muy justo. Eres una madre considerablemente buena. Eres hermosa y sexy, y estupenda en la cama —le dijo haciéndole inclinar la cabeza y ruborizarse—. Que seas tan codiciosa y tan superficial emocionalmente no es gran cosa —añadió Nick gravemente. Miley alzó la cabeza en seguida.
—No soy codiciosa... y tampoco superficial.
—Miley, tienes la constancia de una mariposa.
— ¡Eso no es cierto!
—No importa —dijo Nick encogiéndose de hombros—. Si no fuera por Dest, no estaríamos aquí.
—No hace falta que me lo digas —replicó Miley. Sólo estaba confirmando lo que ya sabía, lo que inexplicablemente había olvidado en la última media hora. Pero se sintió increíblemente vacía y degradada. La intimidad que, como una tonta, había creído recuperar con Nick, sólo había sido una ilusión nacida de su estúpido sentimentalismo y de su voracidad sexual. Se odiaba por su debilidad. Quería morir, pero no delante de él.
Sin avisar, Nick se dirigió hasta la puerta y la abrió de golpe con gesto impaciente.
—Creo que tenemos visita.
Una voz femenina ascendía hacia el piso de arriba y se oía el distante taconeo de unos zapatos de tacón de aguja en la escalera de mármol.
—Bianca —susurró Nick saliendo al pasillo para interceptar a su hermana.
— ¿Y cómo demonios ha entrado? —jadeó Miley palideciendo—. ¿Volando sobre una escoba por la ventana?
Nick se paró en seco y volvió la cabeza dejando ver su perfil endurecido por la ira y la incredulidad. Miley se puso como un tomate al darse cuenta de lo que acababa de decir.
—Madura, Miley —la aconsejó Nick con mordacidad—. Tal vez te hayas quedado atrapada en el tiempo, pero los demás hemos crecido. Si no puedes comportarte como una adulta y ser civilizada, sugiero que te quedes aquí arriba.
—Yo...
Pero la puerta ya se había cerrado. Gimiendo de frustración, Miley se volvió a arrojar sobre la almohada. Nick no tenía ni idea de lo mucho que su hermana la había hecho sufrir. Pero la verdad, Bianca no era su peor problema en aquellos problemas. De modo que apartó la sábana y se levantó sintiendo miedo hacia lo que la deparaba el futuro. Había caído en brazos de Nick, se había quedado sin defensas y una voracidad física que la aterrorizaba la había traicionado con humillante facilidad.
Diez minutos después, Miley descendió la escalera. Había recuperado la seguridad en sí misma gracias al elegante vestido de color azul pálido que llevaba puesto. Por dentro tenía un torbellino de emociones y de conflictos pero no estaba dispuesta a recibir a Bianca con cara compungida.
Las puertas del vestíbulo que daban al exterior estaban abiertas de par en par. Al llegar al último peldaño, Miley se quedó helada. Nick estaba fuera rodeado por los brazos de una rubia. Miley pestañeó y volvió a mirar, incapaz de dar crédito a sus ojos. Unos brazos delgados y morenos rodeaban el cuello de Nick, y la mujer sonreía mostrando la perfección de su perfil y una melena rubia dorada que ondeaba al viento. Miley la reconoció al instante...
Su corazón dio un vuelco de dolor y se quedó en estado de shock. Delta Goodrem . ¿Qué hacía allí? ¿Y por qué Nick le había hecho pensar que se trataba de su hermana? Un gemido de angustia se quedó atrapado en su garganta y huyó al salón antes de que la vieran.

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