lunes, 27 de febrero de 2012

Capitulo 10.- ¡FIN!

Devastada, Miley lo miró, incrédula.
-Resulta que, animado a hacer de esposo amante, decidí presentarme en casa de tu tía para ayudarte a soportar la reunión que mencionaste.
Miley se quedó blanca.
-Tu tío me dijo que te habías marchado y, mientras hablábamos en la entrada, también me comentó la noticia de la ruptura del matrimonio de tu prima y Liam y que tu tía estaba muy preocupada, así que esperaba que comprendiera que no me pudiera invitar a entrar.
Miley estaba temblando. La rudeza de su familia hacia Nick sólo podía empeorar las cosas. Se humedeció los secos labios.
-Nick, te lo puedo explicar...
-Ya sé donde has estado. Te has pasado toda la tarde con él. ¡En el momento en que descubriste que estaba libre de nuevo te apresuraste a reunirte con él!
-¡No ha sido así! Mi tía me pidió que...
-Me mentiste.
-Sí, pero...
-¿Te has acostado con él? ¿Es qué te he transformado en una mujer sexualmente segura de ti misma para que se beneficie él?
-¡No seas desagradable!
-¡Yo encuentro mucho más desagradable el que hayas estado haciendo manitas con él mientras murmurabais tonterías en voz baja! ¡Eso me revuelve el estómago! Podría comprender una obsesión sexual, aunque no me guste, pero esa relación nauseabunda y sentimentaloide hace que se me ponga la piel de gallina. ¡Sobre todo cuando pienso en lo que estuviste haciendo en la cama conmigo anoche mismo!
-¡Te equivocas del todo! -exclamó ella, dominada por el pánico-. Mi tía me convenció para que fuera a hablar con Liam y lo convenciera para que volviera con Selena. Yo no quería ir, pero no me atreví a negarme. Ya no siento nada por él... ¡De verdad que no! ¡No se ha dicho nada entre nosotros a lo que tú podrías objetar algo!
-Me metiste...
-Lo siento, pero fui una cobarde. Pensé que podría ver a Liam sin que tú lo supieras -admitió ella, desesperada-. No quiero echarlo todo a perder entre nosotros. Hemos sido muy felices y no quiero tener otra discusión por él.
-Estás desperdiciando el aliento, Miley. Me marcho.
-Por favor, escúchame. ¡Por favor, Nick! Liam no significa nada para mí.
-No, evidentemente, todo esto no significa nada más para ti que lo que significa él -dijo él con un gesto que abarcaba toda la casa-. ¿Por qué más me ibas a mentir sino para protegerte a ti misma?
-¡Porque te amo!
Nick se rió incrédulamente. Luego pasó a su lado llevando la caja con los archivos bajo el brazo.
-Lo digo de verdad. ¡Te amo!
Las palabras de Miley resonaron en el gran salón. Nick se volvió y la miró.
-No sabes nada del amor, cara. Nunca lo has sabido. No voy a acceder al divorcio. Te mantendré atada a mí durante años y, si alguna vez te atreves a meterlo en esta casa, ¡Os lo haré lamentar!



A la mañana siguiente, ya tarde, Miley se despertó de un sueño agitado. Estaba tumbada boca abajo en la cama, vestida. Se fijó en la camisa blanca arrugada que tenía debajo. La camisa de Nick. La había usado como una especie de talismán para aliviar su soledad.
Afrontó la realidad. Todo era culpa suya. ¿Cómo había podido ser tan estúpida?
¿En qué había estado pensando cuando le había dicho la noche anterior que lo amaba? Desde el mismo principio, Nick le había dejado muy claro que no le interesaba su amor, que no lo quería. Pero también estaba claro que no podía soportar la idea de que Liam lo tuviera tampoco. En realidad no podía ni oír su nombre sin ponerse agresivo. Entonces se le ocurrió que lo que le pasaba a él es que se ponía tremendamente celoso.
Mintiendo, ella se había cavado su propia tumba con Nick. Le había mentido por impulso, porque le parecía la forma más fácil de arreglar una situación. Así no lo haría preocuparse. Lo había hecho con la mejor intención del mundo. Pero, ¿cómo iba a hacer que Nick volviera a confiar en ella después de aquello? ¿Cómo lo iba a convencer de que lo amaba y necesitaba? Bueno, ciertamente no quedándose sentada y sintiendo lástima por sí misma vestida con la misma ropa del día anterior y con los ojos rojos como tomates.
Lo mejor que podía hacer ella ahora era enfrentarse con él de nuevo y repetirle las mismas cosas que le había dicho la noche anterior. Así que, ¿a qué estaba esperando?



-No le avises -le dijo Miley a Gina, la recepcionista de la oficina de Nick-. Quiero darle una sorpresa.
-Hola, Miley -le dijo Pete cuando pasó por delante de su despacho-. ¿Te está esperando Nick?
-¿Es que ahora necesito cita previa, Pete?
Dándose cuenta de que se había pasado añadió:
-Lo siento. ¿Está con alguien?
-No. Pero el helicóptero le está esperando para llevarlo al norte.
-No lo entretendré mucho.
Luego entró decididamente en el despacho de Nick.
Él estaba mirando por la ventana y se dio la vuelta inmediatamente cuando la oyó. La miró de tal manera que a ella se le olvidó momentáneamente lo que tenía preparado para decirle.
-¡Vaya! ¡No me esperaba esto! Pensaba que tenías demasiado orgullo para hacer una escena aquí.
-No voy a hacer ninguna escena...
-Pero no deberías estar aquí. Anoche te dejé muy claros mis deseos. Vete a casa. No me puedes decir nada que no me haya imaginado ya.
-Pero tienes que escucharme...
-¿Por qué? No te quiero cerca de mí.
-Nick, ¿es qué nunca has hecho algo de lo que avergonzarte dejándote llevar por el momento?- dijo ella, desesperada.
-Sí, me casé contigo.
-No nos hagas esto a los dos. Una vez me dijiste que nadie es perfecto y sé que tienes razón al estar enfadado.
-No lo estoy -dijo él, y por un momento se vio un destello de dolor en su mirada-. Y me estás avergonzando.
Miley agitó la cabeza, preguntándose si se habría imaginado el dolor que había visto en su mirada.
-¿Nick?
Entonces él miró su reloj.
-No tengo tiempo para esto...
-Si dices una palabra más, te odiaré durante el resto de mi vida.
-Cualquier cosa que pienses que tienes que decir, dísela a tu abogado, no a mí.
-Creía que no querías el divorcio.
-He cambiado de opinión. Te quiero fuera de mi vida.
Luego Nick pasó a su lado y salió del despacho, dejándola allí, como atontada, perdida en sus pensamientos.
-¿Miley?
Ella levantó entonces la cabeza y vio a Marco. No lo había oído entrar.
-¿Qué le has hecho a mi hermano?
-¿De dónde sales tú?
-Pasaba por aquí para ver cómo estaba. ¿Qué le has hecho? Anoche vino a mi casa y parecía como si lo hubiera atropellado un camión. Me di cuenta de que estaba dolido por algo, pero no me dijo ni una palabra. ¡El muy cabezota! ¿Qué está pasando?
-Le mentí y él ha dado por hecho lo peor y me ha dejado.
-¿Y te sorprende?
Miley suspiró.
-No me puedes decir nada que me haga sentir peor de lo que me siento ya, ¿de acuerdo?
-No me gusta ver así a mi hermano. Sería mucho más saludable si se emborrachara y se dedicara a darse de cabezazos con las paredes en vez de andar por ahí como si fuera un muerto en vida.
-¿Sabes a dónde se ha ido?
Marco se acercó a la puerta y gritó:
-¡Pete!
-Al Lake District -dijo Pete a la vez que entraba.
Evidentemente, lo había oído todo.
-¿Qué va a hacer allí? 

-Creo que visitar a unos amigos. Va allí unas dos veces al año.
-¿Quienes son?
-Una vez hablé con una mujer, se llama Elisa -les dijo Pete-. No sé su apellido.
Marco pareció anonadado.
-¿Elisa?¿Estás seguro?
Aquello fue como si el cielo le cayera sobre la cabeza a Miley. Pete frunció el ceño, vio la cara que habían puesto los dos y se marchó a toda prisa.
-¿Sabías algo de esto? -le preguntó entonces Marco-. ¿Que Nick estaba de nuevo en contacto con ella? ¿Qué siempre había sabido dónde estaba?
-No.
-Elisa viviendo en Gales -dijo Marco incrédulamente-. Y nunca me ha dicho una palabra.
-Tengo entendido que ella ha sido siempre alguien muy especial para hablar de ella.
-Si estás pensando que Nick tiene una querida a la que sólo ve dos veces al año, es que has perdido la cabeza. Nick está loco por ti.
-Nunca me lo ha dicho.
-Porque es un poco corto con las palabras. Pero se casó contigo. Y está viviendo en una casa heladora con un solo baño, por ti. Está haciendo tonterías tales como comprar muebles. Éste no es el Nick que conozco desde que nací.
-¿No?
-Miley, está tremendamente feliz contigo. No para de nombrarte en todo momento. No se queda nunca en la oficina después de las cinco. Es un tipo que ahora no puede esperar a estar de vuelta en su casa con su esposa todas las noches. Ahora te pregunto: ¿te parece que es un hombre capaz de mantener una amante del pasado?
-Creo que me gustaría conocerla antes de contestar -dijo Miley, decididamente.
-¿Para qué?
-¿Tienes miedo de lo que pueda descubrir? Yo también lo tengo. Pero me daría mucho más miedo quedarme en casa, pensando.



Ya era media tarde y había unos trescientos kilómetros hasta el pequeño pueblo donde vivía Elisa, pero Miley se metió decidida en el Jaguar. Podría ser que Nick ya se hubiera marchado cuando ella llegara. Bueno, que le iba a hacer. Era a Elisa a la que quería conocer. No quería ver a Nick con esa mujer.
Horas después llegó delante de una casa de campo de piedra a un par de kilómetros del pueblo donde le habían dicho que encontraría a Elisa. No se veía ninguna luz dentro. Miley apagó el motor del coche y apoyó en el respaldo la cabeza. ¿Y ahora qué?
¿Estaba Nick con ella? Ese pensamiento la dejó completamente abatida. Dos antiguos amantes metidos en una cómoda y blanda cama. Elisa había traicionado a su primer marido. ¿Por qué no iba a ayudar ahora a traicionar a una mujer a la que ni siquiera conocía?
Sumida en sus pensamientos, de repente oyó que alguien daba unos golpes en la ventanilla del coche. Estaba en semejante estado que ni siquiera se sobresaltó. Levantó la mirada y vio a una mujer vestida con un incongruente vestido de noche color rosa. Bajó un poco el cristal.
-¿Miley? -le preguntó la mujer, insegura-. Tú eres Miley, ¿verdad? Miré cuando oí detenerse un coche. Nick me ha descrito este coche. ¿Quieres entrar?
-¿Entrar?
Miley parpadeó cuando vio que la casa estaba muy iluminada.
-Voy a parecer un poco rara así si pasa algún coche. Y está empezando a llover.
-¿Tú eres Elisa?
El suave acento escocés de la mujer era igualmente desconcertante. Miley había dado por hecho que Elisa era italiana.
-Bueno, ahora todo el mundo me llama Liz, menos Nick.
Miley salió entonces del coche.
-Me temo que no lo vas a encontrar. Creo que es por él por lo que has venido, pero él nunca se queda. De todas maneras, me alegro de que hayas venido. No me gusta nada estar sola por la noche. John se ha llevado a los niños a casa de su madre esta noche y no volverá hasta mañana.
-¿John?
-Mi marido -dijo Elisa abriéndole la puerta de la casa y fue entonces cuando Miley la pudo ver bien por primera vez.
No era precisamente la viva imagen de la seducción. Ni tampoco era tan parecida a ella. Tenía los ojos azules, el cabello corto y castaño y una figura más bien regordeta. Pero tenía un rostro hermoso y una especie de cálida vivacidad que lo inundaba todo.
Elisa la estaba mirando a ella igualmente fascinada.
-Me moría de ganas de conocerte, pero a Nick no le parecía una buena idea.
-¿No?
-No me lo ha dicho -dijo Elisa abriendo la puerta de la pequeña cocina-. Nick puede tener mucho tacto cuando quiere, pero puede saltar a la más mínima cuando le pisan. No es como John. John es un hombre con el que es maravillosamente fácil vivir... ¡Lo siento! -exclamó Elisa llevándose rápidamente una mano a la boca.
-No es necesario que te disculpes -le dijo Miley, sonriendo-. En realidad, he venido pensando que tenías un lío con Nick.
Elisa frunció el ceño, sorprendida.
-Pero, ¿por qué?
-Nick no le ha dicho a nadie que seguía en contacto contigo.
-Se lo pedí yo. Dejé atrás mi antigua vida y no quiero que me vuelva a atrapar. John lo sabe todo al respecto, por supuesto, pero no me gustaría nada que la familia de Nick supiera que seguimos en contacto. Realmente me odian -dijo Elisa, suspirando Pero Nick ha hecho mucho por nosotros desde que nos arruinamos con nuestro primer negocio. No nos las podríamos haber arreglado sin él. Nos ayudó a volver a empezar. Cielo Santo... un lío con Nick.
Entonces quitó un montón de ropa de encima de una silla mientras Miley miraba unas fotos encima de una estantería.
-¿Vuestros hijos?
-Bueno, técnicamente, los de John. Cuando lo conocí, hace ya diez años, era viudo y con tres hijos. Ese fue mi nuevo principio. Me puse en contacto con Nick dos años después de nuestra ruptura porque seguía sintiéndome culpable. La verdad es que huí de su lado, lo que no estuvo muy bien, dada la forma en que él dio la cara por mí.
-¿Por qué lo dejaste?
-Estaba estorbando en su vida, Miley. No era feliz conmigo. No lo admitía, pero yo me daba cuenta. Le debía mucho. Sin el apoyo de Nick nunca habría tenido el valor de dejar a Sal. Mi primer marido era un hombre muy violento. Nick sintió lástima por mí, yo empecé a depender de él, y el resto ya te lo imaginarás.
-Sí -dijo Miley, sonriendo-. Siento haber aparecido en tu puerta con esto...
-Pero has sido muy valiente para hacerlo. Mi falta de valor siempre puso nervioso a Nick.
-¿Puedo preguntarte por qué ha venido a verte hoy?
-Él tiene la mayoría de las acciones de nuestro negocio, Miley. Importamos terracota desde Italia. Él invirtió en el negocio cuando no nos concedieron un préstamo. A John no se le dan muy bien los negocios y Nick le echa un vistazo a la cuestión económica de vez en cuando. Bueno, para serte sincera, la tiene controlada como si fuera un halcón para que no volvamos a tener problemas. Tampoco es que él gane mucho con esto. Es un amigo muy generoso.
Miley se tapó la mano con la boca cuando no pudo controlar un bostezo y Elisa se rió.
-No vas a poder conducir esta noche. ¿Quieres quedarte aquí a pasar la noche?

A la mañana siguiente, cuando salió de su coche ya en Ladymead, la sorprendió que lo primero que vio fue a Nick saliendo de la casa y dirigiéndose directamente hacia ella.
-¿Dónde has estado? -le preguntó él explosivamente-. Llevo despierto toda la noche, preocupándome por ti. ¡Iba a llamar otra vez a la policía!
Miley se quedó extrañada por su cambio de actitud y no pudo decir nada. Nick la abrazó tan fuertemente que casi la levantó del suelo.
-No me importa donde hayas estado. Has vuelto a casa.
-Nick...
-Por favor, no me vuelvas a hacer esto -dijo él soltándola y tomándola luego de las manos-. He pasado las peores cuarenta y ocho horas de mi vida.
Ya sé que me lo he buscado, pero grítame la próxima vez, no desaparezcas. Ni quiero que haya una próxima vez. ¡Nunca más volveré a arriesgarme a perderte!
Nick había vuelto a casa. Y estaba prácticamente de rodillas y lleno de gratitud porque ella hubiera vuelto. La cabeza le daba vueltas. Evidentemente, él no había hablado con Marco. O eso o Marco había decidido dejarlo estar.
-¿Ya no estamos a punto de divorciarnos? -le preguntó sólo para ver.
-Estaba enfermo de celos y amargura, cara. Quería devolverte el golpe, aunque eso me destruyera a mí también.
-Eres como de hielo.
-No quería que vieras el daño que me habías hecho.
-¿Cuándo has vuelto?
-Ayer... tan pronto como pude. Pensé que estarías aquí. Luego llamé a todos los sitios que se me ocurrieron y me entró el pánico. Tenía miedo de que hubieras sufrido un accidente. Llamé a la policía...
-Fui a conocer a Elisa.
Nick la miró entonces fijamente.
-¿Qué?
-Pasé la noche allí. Me cayó bien.
-¿Pasaste la noche allí?
-Cuando oí ese nombre pensé que había descubierto una amante secreta y decidí ir a enfrentarme con ella.
-Dío... -exclamó Nick poniéndose pálido-. Así que es allí donde has estado todo este tiempo.
-Pero pronto me di cuenta de que no tenía nada de que preocuparme. No sé de dónde ha sacado alguien la idea de que ella y yo nos parecemos.
-Fue Paul el que empezó con esa tontería el día de la boda. Elisa tuvo en su momento el cabello oscuro y largo, pero esa es la única similitud entre vosotras. Paul ve muy mal, pero es demasiado vanidoso como para llevar gafas. Dudo incluso que se acuerde bien de Elisa.
-Pero Claudia me dijo que yo era como la doble de Elisa.
Nick soltó una palabrota en italiano y Miley sonrió dulcemente.
-Y no recuerdo que tú lo negaras cuando lo mencioné. ¿Crees que podrías explicarme eso, Nick?
-Pensé que unos pocos celos te harían pensar de otra manera.
-En ti. Y no en Liam -supuso Miley-. Pero en ese momento ya no estaba pensando en él.
-Cada vez que veía ensombrecerse tu rostro, cada vez que te quedabas callada, daba por hecho que estabas pensando en él. No podía dejar de hacerlo incluso cuando me daba cuenta de que estaba siendo poco razonable. Después de todo, me había casado contigo sabiendo que amabas a otro hombre. Pensé que podía ser paciente, pero lo encontré más difícil de lo que me había imaginado.
-Deberías haberme dicho que seguías en contacto con Elisa.
-Mi familia tiene la mala costumbre de comportarse como si Elisa fuera el gran y trágico amor que destruyó mi vida y me rompió el corazón, algo de lo que, según ellos, nunca me he recuperado. La verdad era que no me importaba mucho que tú pensaras un poco en esa relación, pero ciertamente, no quería que tuvieras esas mismas ideas fijas. Cuando ella se marchó me hizo daño, pero, con el tiempo, he visto que hizo muy bien. Por los dos. Cuando me la volví a encontrar, dos años más tarde, nos pudimos reír y vimos lo mala pareja que éramos una vez que el romance había terminado.
-Así que seguisteis como amigos, ¿no?
-No. Seguimos nuestras vidas por separado hasta hace tres años, cuando ella me llamó para pedirme consejo financiero. John acababa de arruinarse y estaban en un buen lío. Me alegró poder ayudarlos.
-Fue muy amable por tu parte.
Nick se encogió de hombros.
-Son una gran pareja. Pero unos inútiles en los negocios.
-Anoche, ¿de verdad que estabas tan preocupado por mí?
-Tremendamente.
-¿Cuándo decidiste volver a casa?
-Cinco minutos después de que el helicóptero despegara -dijo él tomándola de nuevo de las manos-. Ya sé que me porté mal, pero me estaba haciendo tanto daño a mí mismo como a ti. Dío, cara, llevo tanto tiempo amándote.
-¿Cuánto?
-Desde el primer mes que empezaste a trabajar para mí.
Sorprendida, Miley lo miró.
-Pero me dijiste que no creías en el amor.
-Miley, te habría dicho que el cielo es rosa si con eso te hubiera impresionado. Habría dicho o hecho cualquier cosa con tal de convencerte de que era una buena idea que te casaras conmigo. Si te hubiera contado lo que realmente sentía, te habría asustado. Eres tan considerada con los sentimientos de los demás que podrías haber decidido que no era justo que te casaras conmigo.
-Así que me ofreciste un matrimonio de conveniencia.
-Algo nada amenazante.
-Y no te quejaste de nada hasta que no tuve este anillo en el dedo.
-Pensé que tenía que ser paciente.
-No eres precisamente un hombre paciente.
-Cuando supe que Liam y tu prima habían roto y me imaginé dónde podías estar tú... Y me mentiste. Eso fue toda una mala experiencia. Me sentí fatal.
-Nick, yo...
-Pero aun así, volví. No me creí tu versión de los hechos, pero tu tía llamó esta mañana y me pidió que te dijera que te agradecía el pequeño favor que le habías hecho y que Liam y selena se habían vuelto a hablar. Ella no tenía ni idea de que yo no sabía a lo que se estaba refiriendo. Miley... debería haber confiado en ti.
-Cuando la gente miente, la confianza puede ser muy difícil -dijo ella suavemente.
-Si no me hubieras mentido, no habrías hecho ningún pequeño favor. No te lo habría permitido.
-Habrías sentido lástima por Liam. Selena le engañó cuando le dijo que estaba embarazada.
Nick oyó eso con una completa falta de interés y sin dejar de mirarla a ella.
-¿Estabas hablando en serio cuando me dijiste que me amabas?
Miley le puso las manos en los hombros y lo miró extasiada.
-¿Tú qué crees?
-Creo que quiero que me lo digas, por lo menos, una vez cada cinco minutos.
-Te amo.
Entonces, Nick le abarcó el rostro con manos temblorosas.
-No sé cómo no te diste cuenta de que estoy locamente enamorado de ti, ansioso de llamar tu atención...
Su hambrienta boca se apoyó en la de ella y el doloroso vacío de su interior se esfumó para siempre. Luego la tomó en brazos y así subieron las escaleras hasta el dormitorio.
-¿Realmente vas a estar tan loca como para querer un hijo mío? -le preguntó él mientras le recorría el rostro a besos.
-¿Tenemos que llegar a hacer esto mucho para conseguir ese objetivo?
-¿Necesitamos una excusa?
Decidieron entonces que no la necesitaban para nada y se concentraron en la dificultad de desnudarse a toda prisa, cuando ninguno de los dos tenía la menor gana de seguir mucho tiempo de pie. Un buen rato después, estaban tumbados en la cama con los cuerpos entrelazados.
Entonces, de repente, un pensamiento se le ocurrió a Miley.
-Nick, ¿crees que podrías conseguirle un trabajo mejor a Liam?
Cuando los rasgos de él se pusieron tensos, Miley le pasó un dedo por la boca.
-No me ha parecido mal que tú hayas ayudado a Elisa y a su familia, ¿verdad?
-No, pero...
-El matrimonio de Liam y Selena tendría muchas más posibilidades de salir adelante si él ganara un poco más de dinero.
La tensión desapareció de los rasgos de Nick y Miley sonrió satisfecha.
-Estoy aprendiendo a pensar como tú, mi amor... será mejor que te andes con cuidado.
-Todo eso de los celos ya está olvidado -dijo Nick, poniéndose a la defensiva.
-Porque ahora ya sabes que no tienes que estar celoso. Empecé a enamorarme de ti desde el primer día. ¿Cómo podía haber sido de otra manera? Eres atractivo, sexy y suspicaz sólo cuando es en mi bien. Y, de paso, a Liam no le gustaría nada trabajar en Alaska.
-En Dubai hay un buen mercado turístico. Así tendrían un descanso de la familia, una buena vida social, sol y una doncella y cocinera -dijo Nick sonriendo con ganas-. ¿Tú qué crees?
-Creo que vas a tenerme que aguantar bastante tiempo.
-Y yo creo que eres lo mejor que me ha pasado en toda mi vida, bella mía.
Y, con la ayuda de un beso apasionado, Nick se aseguró de que los problemas de los demás fueran lo último en lo que a ella se le ocurriera pensar en esos momentos. En vez de eso, Miley se rindió completamente a las sensaciones.

¡FIN!

1 comentario:

  1. hahha Hola, nueva lestora me encatnta tus noves, recien leo esta y me gusto mucho =D

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