viernes, 3 de febrero de 2012

Cap 5.-

Vio perplejidad en el hermoso rostro de Nick. No le extrañaba, porque habían tomado precauciones, ella estaba tomando anticonceptivos.
-No te preocupes -dijo Miley rápidamente-, no tienes que casarte conmigo ni nada parecido.
Nick sacudió la cabeza, parecía no poder articular palabra. La perplejidad dio paso a la culpabilidad en su expresión.
-Desde luego, voy a tener el niño -continuó ella-. Quiero decir que no quiero ni pensar en la alternativa.
Nick siguió sin decir nada.
El silencio se hizo muy tenso; no obstante, ella continuó sentada encima de él.
-Lo siento -dijo
Miley con voz temblorosa al tiempo que extendía una mano para acariciarle la cabeza.
Nick cerró los ojos.
-No digas eso.
-¿Por qué no? Es verdad que lo siento y...
-Soy tan responsable de esto como tú, 
Miley-dijo Nick por fin, con firmeza-. Deberías habérmelo dicho antes.
-¿Por qué?
-Porque tenemos que solventar muchas cosas -res­pondió Nick con calma-. ¿Qué quieres hacer?
-No lo sé -
Miley sacudió la cabeza y luego lo miró directamente a los ojos-. ¿Qué sugieres tú?
Nick frunció el ceño y se quedó pensativo unos momentos. Al cabo de unos minutos, se mesó los cabellos. No sabía qué decir. Paseó la mirada por la pálida piel de
Miley, por sus ojos azules. Al final, supuso que lo mejor era ser honesto.
-Sabes que te aprecio mucho, ¿verdad? -le acarició el rostro con ternura, pero ella apartó la cabeza como si esas palabras hubieran sido un insulto. Nick bajó la mano-. De todos modos, no sé si el matrimonio...
-Ya te he dicho que no te preocupes, Nick -le interrumpió ella secamente-. No espero que te cases conmigo. Yo tampoco quiero casarme.
Nick frunció el ceño.
-En estos tiempos no es necesario estar casada para tener un hijo, ¿no? -
Miley se levantó, no podía pensar racionalmente estando tan cerca de él-. Estamos prácticamente en el siglo veintiuno, no en la Edad Media.
-Sí, claro, pero...
Miley fue a la cocina para cerrar bien el grifo que goteaba. Era una excusa para alejarse de él y recuperar la compostura.
Había imaginado muy distintos modos de cómo podía transcurrir aquella conversación. A veces, había soñado con que Nick le confesara que se había enamorado de ella y le pidiera que se casara con él. Por supuesto, eso era una fantasía. Sabía que la realidad era siempre más dolorosa.
Nick también se alegró de tener un momento de respiro. Desde la visita de Joe aquella mañana, su ordenada vida había sufrido un traspié. Se había dado cuenta de algunas cosas; entre ellas, que llevaba algún tiempo evitando analizar lo que sentía por
Miley . Estaba satisfecho con la situación tal y como estaba. Le gustaba tener a  Miley cerca y la respetaba. Era muy madura para la edad que tenía, digna de confianza, divertida y animada. Quizá no le había dado la importancia que tenía.
Pero cuando Joe le dijo esa mañana que Miley podía irse a Sydney,Nick tuvo que analizar más profundamente la relación. No quería que Miley se marchara, de ninguna manera. Después, se sintió culpable al darse cuenta de que no tenía derecho a obstaculizar la carrera de ella, su futuro. No... a menos que quisiera comprometerse seriamente con ella. Y ése era su dilema.
Tenía mucho cariño a
Miley, pero no estaba seguro de que se tratara de algo más serio. El amor era algo en lo que no quería pensar. No sabía si era capaz de ello... desde la muerte de Paula.
Ahora, acababa de enterarse de que
Miley estaba embarazada y no sabía qué hacer. Quería protegerla, estar con ella. Pero eso implicaba un compromiso mayor y era algo que no quería.Miley volvió a su lado y se plantó delante de él.
-Puede que lo mejor sea que haga las maletas, me marche de Queensland y me vaya a Sydney -declaró ella de repente-. Podría modelar durante unos meses, hasta que se me empiece a notar. Puede que lo que necesite sea algo nuevo. Además, en Sydney no me resultaría difícil encontrar trabajo y...
-No digas tonterías -le cortó él.
-No estoy diciendo tonterías -ella lo miró furiosa-. Puedo arreglármelas sola.
Quizá pudiera. Nick sabía que a
Miley no le faltaba coraje ni decisión. Se le oscurecieron los ojos. Se angustió al imaginarla en la ciudad tratando de sobrevivir con su hijo. Se imaginó al niño creciendo sin un padre... O peor, Miley casándose con otro hombre y éste criando a su propio hijo. La idea le hizo ponerse en pie.
-No estás sola -declaró él con firmeza-, me tienes a mí.
Miley arqueó las cejas ligeramente.
-Podríamos vivir juntos.
Se la vio tan sorprendida como él se sintió. No sabía cómo se le había ocurrido una idea así.
Miley se quedó en silencio, el corazón le martilleaba.
-Podríamos inscribir al niño con mi nombre -al decir aquello, Nick se enterneció. Cuanto más lo pensaba, mejor le parecía la idea.
Miley frunció el ceño. A Nick no le importaba que el niño llevara su nombre, pero no ella. Eso le dolió y Miley negó con la cabeza.
-No -fue una negativa más vehemente de lo que había sido su intención.
-Al menos, piénsalo.
-No necesito pensarlo, no me gusta la idea. No quiero que mi hijo tenga un apellido distinto al mío.
-¿Por qué? No es nada extraño en estos tiempos. Tú misma lo has dicho, casi estamos en el siglo veintiuno.
-Hace unos momentos casi me estabas animando a que me fuera a Sydney si eso era lo que quería, y ahora me dices que quieres que el niño lleve tu apellido. ¿Y luego qué? Después de que nazca, ¿vas a sugerirme que me vaya a Sydney, que tú contratarás a una niñera?
-Estás siendo injusta,
Miley. Yo no haría eso. Admás, cuando te lo sugerí, no sabía que estabas embarazada.
-¿Te gusta la idea de ser padre? -le preguntó ella de pronto.
-Sí -respondió Nick sin reservas, lo que le sorprendió a él mismo. Frunció el ceño-. Sí, me gusta.
A
Miley le agradó su reacción, pero también le entristeció. Ojalá tuviera también unos sentimientos tan profundos por ella.
Nick se mesó los cabellos y continuó con calma:
-Pero jamás intentaría arrebatarte a mi hijo...
-Mi hijo -le corrigió
Miley con voz queda-. Yo seré quien tenga la custodia del niño, yo me haré cargo de él... o ella.
-Maldita sea,
Miley, estás hablando como si fuéramos a divorciarnos y ni siquiera estamos casados.Miley encogió los hombros.
-Lo mejor es que seamos completamente honestos, no tiene sentido fingir ni andarse con rodeos.
-Y vivir juntos y que el niño lleve mi nombre es fingir, ¿verdad? -Nick se había enfadado.
-No tiene nada de malo vivir juntos. Pero en nuestro caso, sería fingir, porque no estamos enamorados.

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