jueves, 2 de febrero de 2012

Cap 41.-



—Estar solo —terminó de decir Miley, que sabía perfectamente lo que se sentía cuando se perdía a un ser querido—. No estaba dormida, solo adormilada.

nick estaba absorto en su propio dolor, con la mirada lejana.
Miley se sentó en la cama y notó el cansancio de todo el día acumulado en sus músculos.

—¿Sufrió antes de morir? —preguntó ella con suavidad.

—Murió mientras dormía y tenía una sonrisa en los labios —contestó Nick secamente.

—Pues, debería servirte de consuelo.

—¿Tú crees? —preguntó él sonriendo levemente.

Sin pensar dos veces lo que hacía,
Miley se acercó a él y lo abrazó, poniendo el rostro contra su pecho. En aquellos momentos, Nick necesitaba sentir el calor de otro ser humano.

No obstante, su primera reacción fue un estremecimiento. Luego, comprendió lo que 
Miley le estaba ofreciendo.

—Eres muy madura para tu edad —le dijo él.

—No es necesario tener mucha edad para pasar por lo que tú has pasado —le aseguró
Miley—. Te lo digo por experiencia.

Nick lanzó un suspiro y se relajó. A continuación, abrazó a su mujer.

—Grigoris me dijo que desapareciste enseguida. ¿Dónde fuiste?

—Me escondí en el cuarto de Melanie —repuso
Miley—. No me sentía con fuerzas para llevar el vestido de novia.

—Podías haberte cambiando simplemente el traje —sugirió nick.

— ¡Pero tu abuela no me habría perdonado que le robara el protagonismo! —exclamó
Miley.

Nick logró sonreír y ella se sintió muy satisfecha.

— Sin embargo, te cambiaste de indumentaria — dijo él, mientras le pasaba el pulgar por el talle del camisón de seda.
Miley notó una descarga vibrante por todo el cuerpo.

—Una vez que la llevaste a la capilla, me pareció que era el momento adecuado.

—Fue tu forma de mostrar tu condolencia —adujo Nick—. Te lo agradezco.

—No tienes por qué hacerlo. Entonces, Nick la estrechó más aún en sus brazos. Pero ella se soltó de pronto.

—Ahora que tu abuela ha muerto, ya no es necesario que me quede —le dijo
Miley.

—Pensé que estabas convencida de mi compromiso...

—Sí, pero ya no resulta útil, ¿no es cierto? —adujo
Miley.

—Las cosas siguen igual —repuso Nick—. Pero preferiría no tener esta conversación en estos momentos.
Miley sonrió para disculparse.

—Lo siento, pero pensé que era mejor...

—Dejarme libre —continuó Nick—. Pero es que yo no quiero librarme de ti.

—El simulacro de nuestra boda ya no tiene sentido —sostuvo 
Miley.

—¿Tú crees que ha sido algo fingido? —preguntó Nick.

Entonces, 
Miley contuvo la respiración, impresionada por la profundidad de la mirada de aquel hombre.

Fue cuando ella se dio cuenta de que la deseaba. Era por eso por lo que había roto con las normas y había traspasado el umbral de su puerta sin su permiso. No lo había hecho para hablar de su abuela, sino para encontrar sosiego con una mujer... Con ella.
Miley lo besó en la boca suavemente.

—¿Por qué has hecho eso? —preguntó Nick queriendo ser distante pero resultando de lo más ansioso.

—Es mi noche de bodas —le recordó 
Miley—. Y te deseo. ¿Querrás hacer el amor conmigo?

De pronto,
Miley se planteó si había actuado así por orgullo o por pura sinceridad.

Fuera lo que fuera, Nick no la rechazó. Al contrario, lanzó una maldición y la besó apasionadamente.

Estaban de pie, junto a la ventana iluminada por la luz de la luna. Nick estaba acariciando sensualmente el sedoso camisón, y comenzó a quitarse la ropa poco a poco.
Miley sabía que a él no le hacía gracia sentir tanto deseo por ella. Y le habría gustado que con la camisa, los zapatos y los calcetines, se hubiera quitado además los pantalones y todas sus reservas. Pero ella no era una mujer fatal: no tenía experiencia para hacerlo sola con gracia. Por eso se tuvo que contentar con la imagen que tenía de su torso. Nick no se quitó el pantalón.

—No has terminado de desvestirte —le reprochó
Miley, con el ceño fruncido.

—Luego lo haré. Te lo prometo...

Eso ocurrió después de que la llevara a la cama y de que la pusiera en un estado completamente fuera de sí.

Ocurrió cuando la excitó, acariciándole todos los rincones del cuerpo mientras
Miley deslizaba la lengua por sus pequeños pezones erectos.

Ambos se conocían ya y sabían como poner al otro fuera de lugar. Estaban los dos preparados para viajar al país de los placeres sin límites, cuando él se quitó los malditos pantalones.
Miley notó la poderosa presencia del miembro viril desnudo contra su vientre. Entonces Nick entró en de ella.

Esta vez no tenía que haber ocurrido.

—No digas nada —le advirtió
Miley.

Estaba sentada en la mesa de la cocina de Lefka, tomando su taza de café entre las manos como si en ello le fuera la vida. Estaba pálida y tenía el cabello alborotado. Llevaba puesto un albornoz.

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