viernes, 3 de febrero de 2012

Cap 38.-

 Al pasar por su lado camino del dormitorio, Nick le agarró la muñeca.
-¿Qué pasa? -le preguntó ella sorprendida.
-¿Qué quería Joseph?
-Sólo quería decirme que va a venir el fin de semana que viene.
-¿Te ha avisado por si acaso se me ocurría venir a mí?
Miley frunció el ceño.
-No, claro que no. ¿Qué le importa a él que estés o no?
-Estoy seguro de que te querrá para él solo.
-No digas tonterías, Joe no es de esa clase -respondió ella rápidamente.
-¿No? -Nick pasó la mirada por el cuerpo de su esposa-. Yo no estaría tan seguro; sobre todo, si te paseas por la casa así.
-¿Así, cómo? NicK, ¿qué demonios te pasa? Sabes perfectamente que entre Joe y yo no hay nada.
-¿Vas así por la casa cuando él está aquí? -preguntó Nick furioso.
-Ya te dije anoche que Joe no ha estado en Sydney desde que estoy aquí.
-Sé lo que me dijiste anoche.
-¿Me estás llamando mentirosa? Jamás te he mentido, NicK.
-Lo sé. Siempre has sido brutalmente honesta -Nick la miró encolerizado-. De lo que te estoy acusando es de ir provocando.
-Yo... Yo no he hecho nada.
-Excepto ir por el piso paseándote como una diosa. Con una mirada que dice: "ver, pero no tocar".
-Yo no he hecho eso -
Miley sacudió la cabeza, incapaz de comprender la súbita ira de Nick-. ¿Te has vuelto loco?
-No, tú me estás volviendo loco.
Entonces, Nick le pasó las yemas de los dedos por el principio de los senos.
De repente,
Miley se dio cuenta de lo desnuda que estaba bajo la toalla. Con sólo un tirón, se quedaría completamente desnuda delante de él. La idea la hizo sentirse sumamente vulnerable.
-No quiero que estés en este piso con Joseph Blake, maldita sea.
Miley frunció el ceño, el enfado acudió en su ayuda.
-No me digas lo que puedo o no hacer. No eres mi dueño, Nick; ni tú ni ningún otro hombre. Soy dueña de mí misma. Puedo hacer lo que quiera y cuando quiera. Soy independiente económicamente y...
-Y la mujer más cabezota e irritante que he conocido en mi vida -le interrumpió Nick-. Ya has dejado claro que eres una mujer independiente. Ahora, soy yo quien va a dejar algo claro: te necesito,
Miley, y los celos me matan. No puedo soportar la idea de que tú y Joe estéis aquí solos. Quiero que tú y el niño estéis en casa, en vuestro hogar. La vida es horrible sin ti. Quiero que vuelvas. Quiero tocarte, besarte y hacerte el amor cuando me venga en gana.
-No, eso no es verdad -ella lo miró furiosa. Para ella, Nick había perdido sus derechos en el momento en que convirtió a Lola McDowell en su amante-. Eres un maldito hipócrita, Nicholas Jonas. Tú no me quieres contigo. Lo que pasa es que te asusta que otro sí me quiera porque lo que realmente quieres es jugar a las familias felices. Te encantaría que volviera a casa, tuviera el niño y luego volviera a desaparecer, dejándote a ti al bebé. Eso es lo que quieres de verdad.
Nick se la quedó mirando.
-Te equivocas,
Miley. Te quiero a ti -para ilustrar sus palabras, le acarició los pechos por encima de la toalla-. Te quiero ahora mismo.
-No hagas eso... -
Miley fue a sujetarse la toalla, pero se le escapó y cayó al suelo. Sus senos se aplastaron contra el duro pecho de Nick.
-No tienes idea de lo mucho que te deseo -Nick bajó la cabeza y le besó el hombro desnudo.
Ella respiró profunda y temblorosamente, mientras trataba de obligarse a sí misma a decirle que parase. Pero, en realidad, no quería. Su enfado se había transformado en deseo.
Nick volvió a besarle el hombro; después, la garganta y las orejas...
Miley gimió de placer.
Entonces, de repente, Nick se apartó de ella.
Miley se apresuró a recoger la toalla y a taparse. Luego, miró a su marido sin decir nada, preguntándose por qué se había echado atrás.
-Perdona,
Miley. No debería haber empezado... Lo siento.
Nick se mesó los cabellos en un gesto de absoluto pesar. Después, se dio media vuelta para agarrar su bolsa de viaje, que había dejado junto a la puerta.
-Nick, yo...
-No, no digas nada. Tú tienes razón y yo estaba equivocado. Lo siento. Nunca debí convencerte para que te casaras conmigo, y es absurdo que trate de decirte lo que tienes que hacer.
NicK puso una mano en el picaporte de la puerta y añadió:
-Lo mejor es que me vaya.
Miley pensó que el corazón iba a partírsele en dos.
-Si quieres volver a Queensland,
Miley, te prometo que no te molestaré. Es más, me marcharé de la casa y te la dejaré a ti. ¿Qué te parece?Miley no podía pronunciar palabra.
-Decide lo que quieres hacer -dijo él con voz queda-. Sé que quieres ser independiente, pero no olvides que estaré encantando de manteneros a ti y al niño.
Las lágrimas brillaron en los ojos de
Miley.
-Espero que algún día me perdones -dijo él en voz baja-. El problema es que te amo,
Miley. Siempre te he amado y siempre te amaré, y eso me está volviendo loco.
Durante unos segundos,
Miley se preguntó si había oído bien. No podía creer que esas palabras hubieran salido de los labios de su marido.
Cuando consiguió recuperar el sentido para poder responder, la puerta se cerró tras Nick.
Miley corrió hacia la puerta y la abrió, pero él ya había desaparecido. La luz del ascensor le indicó que estaba bajando.
Se quedó en el descansillo, frustrada. De no ser porque estaba desnuda habría salido corriendo detrás de él.
Cerró la puerta de un golpe y luego se apoyó en ella. ¿La amaba NicK de verdad o se estaba burlando de ella? No podía creer lo que le había dicho.
En ese momento, sonó el teléfono.
Era Joe.
-¿Has dicho que Nick está ahí? -preguntó Joe con cautela.
-Sí, estaba. Pero acaba de marcharse.
-¿Te encuentras bien?
-Creo que sí... ¿Cuándo has dicho que vas a venir a Sydney?
-El próximo fin de semana, ¿por qué?
-Porque puede que no esté aquí -decidió
Miley súbitamente-. Voy a ver si consigo un vuelo lo antes posible. En realidad, voy a ver si puedo marcharme hoy mismo. Necesito hablar con Nick.
-No olvides que tienes una sesión con Rupert hoy. No puedes marcharte y dejarlo plantado -le advirtió Joe.
Miley se mordió los labios. Tenía que cumplir con sus obligaciones, y la primera obligación era asistir a la sesión de esa misma mañana.
-Tienes razón, Joe, tengo trabajo hoy.

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