ERA EXTRAÑO salir de casa con Nick por las mañanas. En cierto modo, eran una familia. Dejaban a Demi en el instituto y hablaban de lo que iban a cenar por la noche. Luego, al llegar a la oficina, Nick volvía a ser el jefe y ella la secretaria como si nada hubiera cambiado.
Hacía seis semanas que habían regresado de sus dos días de luna de miel y, aunque Nick trabajaba más que nunca, las jornadas laborales en la oficina transcurrían con tranquilidad. Lola no había aparecido por allí.
Nick le dijo a Miley que había hablado con Lola, y que ésta se había disculpado por lo de la tarjeta. El tema estaba olvidado. Miley se permitió ocupar la mente en cosas más agradables, en el bebé.
Aunque sólo llevaba diecisiete semanas de embarazo, no pudo resistir la tentación de comprar algunas prendas para el bebé durante la hora del almuerzo en varias ocasiones; entre otras cosas, compró unas botitas amarillas de tela que guardó en un cajón de su escritorio en la oficina. Al lado de las botas, colocó el regalo de cumpleaños de Nick, aunque con un mes de adelanto.
Le había comprado unos gemelos de oro; un regalo más caro de lo que podía permitirse, pero quería darle algo especial a su esposo. Nick llevaba mucho tiempo sin comprarse nada. Miley sabía que Nick no quería preocuparla, pero su situación financiera no era muy boyante debido a lo mucho que había invertido en su nuevo juego para ordenadores.
Nick salió de su despacho justo cuando Miley acababa de guardar las compras en el cajón.
-¿Qué estás haciendo? -le preguntó él apoyando las manos en el escritorio.
-No estoy haciendo gran cosa -respondió ella cerrando el cajón.
-¿Has mandado la carta que te dije a mi contable?
-Sí. Ha sido lo primero que he hecho esta mañana - Miley buscó entre unos papeles y le dio una hoja de papel-. He hecho una copia para meterla en el archivo.
-Gracias -Nick leyó la carta por encima y asintió con gesto de aprobación.
Nick se la quedó mirando mientras ella consultaba el diario. Notó que llevaba el pelo suelto, sin recoger. Le gustaba así. Se la veía muy saludable con la piel bronceada y los ojos limpios y brillantes.
A pesar de que Nick había trabajado más que nunca aquellas últimas semanas, habían sido las más felices de su vida. Su felicidad se debía a estar con Miley, a acompañarla al hospital a su visita médica, y a planear el futuro con optimismo. Eso le daba un propósito a su trabajo, un nuevo significado a todo.
-Tienes una reunión con el director del banco a las dos -le dijo ella-. Ah, y otra con Robert Vaughn, de la agencia de publicidad, a las cuatro y media.Miley levantó la cabeza y él le sonrió.
-¿Te he dicho que no sólo eres una esposa perfecta, sino también una perfecta secretaria? -dijo él perezosamente-. No sé cómo puedo tener tanta suerte.
-Nick, eres muy diplomático -ella sonrió traviesamente y luego extendió la mano hacia el correo que tenía a un lado del ordenador.
-¿Qué es eso? -preguntó Nick indicando una carta que Miley había puesto a un lado.
-Es una carta para mí -contestó Miley sin darle importancia-. Es de la agencia de modelos de Sydney. Han vuelto a escribir a Joe preguntándole si yo iba a ir a verlos. Me parece que no pueden creer que les haya rechazado. Joe me dijo ayer que la mayoría de las chicas darían cualquier cosa por trabajar en una agencia así.
-Y debe tener razón.
Algo en el tono de voz de Nick la hizo mirarlo a los ojos. De repente, notó lo cansado que se le veía. Había trabajado demasiado durante las últimas semanas.
-¿Quieres que llame para cancelar tu cita con Robert? -sugirió ella de improviso-. Podríamos salir de la oficina pronto, aunque sólo sea por una vez. Y luego prepararé una cena romántica mientras tú descansas.
Nick arqueó una ceja mirándola con ternura.
-Gracias por la invitación, Miley. Me parece algo maravilloso, pero no puede ser. Tengo que ver a Robert hoy con el fin de que empiece la campaña publicitaria lo antes posible. Y me temo que esta noche voy a acabar muy tarde.Miley frunció el ceño. Esa semana Nick había vuelto muy tarde a casa todas las noches.
-Necesitas tomarte las cosas con más tranquilidad -dijo ella con voz queda-. No puedes trabajar tanto, Nick.
-Aminoraré la marcha tan pronto como este proyecto esté en marcha y funcionando -Nick se sentó en una esquina del escritorio y la miró-. Pero me gusta la idea de una cena romántica. ¿Te parece que lo dejemos para mañana por la noche? Reservaré mesa en algún restaurante bueno.
-¿Estás insinuando que no sé cocinar? - Miley lo miró con coquetería-. No sé si lo sabrás, pero decirle eso a una chica puede herirla mortalmente.
Nick sonrió.
-No sólo sabes cocinar, sino también sabes hacer muy bien otras cosas -le aseguró él con voz ronca.
Entonces, extendió una mano y le acarició la mejilla con dulzura. Miley quiso arrojarse a sus brazos.
-Y eres una excelente cocinera -añadió Nick-. Pero también eres joven y guapa, y tienes que divertirte. Quiero llevarte a algún sitio especial y que lo pases bien.
-Hoy estás muy halagador. Si no estuvieras casado, señor Jonas, diría que quieres ligar conmigo -comentó ella con un brillo travieso en los ojos.
-Ahora que lo dices... -Nick se inclinó hacia delante, bajó la cabeza y la besó.
Justo en ese momento, sonó el teléfono.
-De vuelta a la realidad -dijo Miley con desgana-. Bueno, siempre me queda mañana por la noche. Pero un sitio no demasiado de moda, Nick, porque no tengo ropa que ponerme.
-¿No? - Nick frunció el ceño.
Ella se dio una palmada en el vientre y sonrió.
-Puede que, por educación, no lo hayas mencionado, pero estoy segura de que has notado que he ganado unos kilos.Miley extendió la mano y contestó la llamada sintiéndose absolutamente feliz.
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