Miley no dijo nada, pero el corazón empezó a latirle con gran fuerza. ¿Había ido para hablarle de Lola? ¿Para pedirle el divorcio una vez que naciera el bebé?
-He pensado mucho desde que te marchaste y...
La camarera apareció para anotar la cena en esos momentos y Miley se quedó preguntándose qué era lo que él había tenido intención de decirle.
Nick pidió un filete y Miley eligió pescado, el primer plato que vio en el menú. Sin embargo, se le había quitado el hambre.
Cuando volvieron a quedarse solos, Nick alzó su copa de vino y se la quedó mirando.
-¿Y? -le instó ella impaciente.
-Y te echo de menos -susurró él con voz ronca.
-¿Que me echas de menos? -repitió Miley esperanzada, casi dispuesta a dar un salto de alegría.
Él asintió.
-No me gusta nada que estés aquí sola, y mucho menos estando embarazada.
Las esperanzas de ella fueron desvaneciéndose. Eso era lo único que le importaba, el bebé.
-¿Quieres decir que debería pasar el embarazo descalza y en tu cocina? -murmuró Miley enfadada.
-No, no he querido decir eso -los ojos de él chispearon de furia-. No soy un machista, Miley, así que no me acuses de eso.
-Entonces, ¿por qué quieres que vuelva a casa?
-Porque ése es tu sitio -la voz de Nick se tornó muy suave-. Porque quiero cuidar de ti.
-No necesito que me cuide nadie.
Lo único que necesitaba era el amor de Nick, pero eso era imposible. Lo único que a él le preocupaba era el bebé. Como Lola había dicho en una ocasión, Nick lo quería todo. Bien, pues ella no estaba dispuesta a volver cuando a él se le antojara. Y era muy arrogante por parte de Nick esperar que lo hiciera.
Se hizo un cómodo silencio entre los dos.
-Además, tengo mucho trabajo - Miley se encogió de hombros-. Es mejor que esté ganando dinero aquí a ser un estorbo para ti en Queensland.
-No te considero un estorbo -declaró Nick con voz grave.
-Puede que no, pero necesito un poco de independencia.
Nick frunció el ceño.
-Entonces, ¿eres feliz?
La pregunta de Nick la tomó por sorpresa. Vaciló. Si quería ser honesta, no podía contestar afirmativamente; pero su orgullo le impedía confesarlo.
-Es una pregunta estúpida.
Llegó su comida. Miley nunca había tenido menos hambre.
Nick cambió el tema de conversación.
-Ayer te vi en la portada de una revista, estabas sensacional.
-¿Cómo permanecer atractiva durante el embarazo? -no pudo evitar sonreír-. Un poco tonto, ¿no te parece?
Nick se encogió de hombros.
-Debes estar orgullosa de haber salido en la portada de una revista. Es un gran logro.
-La competencia es muy fuerte -admitió Miley-. La verdad es que me ha hecho ilusión salir en la portada de una revista.
-¿Cuál es el siguiente proyecto?
-Mañana tengo una sesión de fotos con la ropa del diseñador Rupert Williams.
-Me tienes impresionado. Es uno de los mejores diseñadores, ¿no?
-Sí. Tiene mucho talento. Nunca pensé que podría tener algo de Rupert Williams en mi guardarropa, pero ahora tengo varias cosas suyas. Lo malo es que es ropa de maternidad y no podré ponérmela después de que nazca el bebé.
-Tal y como te van las cosas, podrás tener ropa de otros muchos diseñadores de moda -dijo Nick en tono ligero.
-Es posible - Miley lo miró a los ojos, era evidente que Nick pensaba que tenía un futuro muy prometedor profesionalmente.
-Estoy orgulloso de ti, Miley-dijo él con voz dulce-. Pero estoy algo preocupado por ti. Te tengo mucho cariño.
-Lo sé -respondió Miley con el corazón encogido.
Sabía que Nick la quería, pero no en la forma que a ella le habría gustado que la quisiera.
-No soy un machista. Tienes derecho a avanzar en tu profesión y a llevar la vida que quieres. Pero yo... -NicK vaciló, parecía estar buscando las palabras adecuadas-. No quiero que olvides que soy el padre de tu hijo.
-No voy a olvidarlo, Nick -le respondió ella fríamente, y se recostó en el respaldo del asiento.
¿Para eso era para lo que había ido a verla? ¿Se había asustado al verla en la portada de una revista en compañía de otro hombre y le había asustado la posibilidad de perder a su hijo?
-En serio, no tienes que preocuparte por mí -dijo ella-. Estoy muy contenta aquí. Tengo una animada vida social y un prometedor futuro profesional.
El moreno rostro de Nick se quedó impasible, desprovisto de emoción.
El camarero apareció para llevarse los platos, y ellos pidieron café.
-¿Cuánto tiempo vas a estar en Sydney?
-Vuelvo a Queensland mañana por la mañana.
Miley se preguntó si tenía pensado pasar la noche con ella en casa de Joe. Pensar en cómo iban a dormir hizo que el pulso se le acelerara.
-Tengo reservados dos asientos en el avión -Nick la miró fijamente desde el lado opuesto de la mesa.Miley frunció el ceño. Típico de Nick. Siempre tan seguro de sí mismo, tan arrogante.
-Acabo de decirlo, no puedo irme mañana -respondió ella con firmeza-. Tengo trabajo.
-Era sólo que había esperado... -Nick se encogió de hombros.
La brisa del mar hizo que Miley se estremeciera.
-¿Tienes frío? -le preguntó Nick.
-O eso, o es el cansancio. ¿Te importa que no tomemos el café y que nos vayamos a casa?
-¿Te refieres al apartamento de Joe? -le corrigió Nick.
-Sí, a eso me refería -contestó ella apartando la mirada de su marido para tomar su bolso.
Pero, en realidad, no sabía a qué se había referido. En ese momento, la mente no le funcionaba. Estaba desilusionada porque Nick hubiera aceptado con tanta facilidad su negativa a volver con él a Queensland.
El corazón le decía una cosa, la mente la guiaba por otros caminos.
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