viernes, 3 de febrero de 2012

Cap 34.-

ENCONTRARON un sitio en la calle para aparcar y fueron andando al puerto.
El sol se estaba ocultando y el cielo había adquirido un color rosáceo. La brisa del mar era cálida y suave.
-Es una ciudad muy preciosa, ¿verdad? -comentó Miley mientras se acercaban a los restaurantes del puerto-. Aunque, a veces, hace un poco de frío.
Nick se echó a reír al oír eso.
-¡Frío! Lo dices porque estás acostumbrada al clima tropical de Queensland. Pero si pasaras un invierno en Boston, te enterarías de lo que es el frío.
-¿Echas de menos tu país?
-Desde luego, los inviernos no -Nick sonrió-. Pero Boston es una ciudad muy bonita. A propósito de Boston, mi madre me llamó el otro día y preguntó por ti. Está encantada con eso de que, por fin, va a tener un nieto.
-¿En serio?
-Sí. Aunque se ha quedado un poco preocupada después de que le dijera que estabas en Sydney.
-Dile que no se preocupe. Estoy bien. Y me encanta Sydney.
-Estoy seguro de que eso la va a tranquilizar muchísimo -comentó Nick sarcásticamente.
Miley se mordió los labios. Le gustaba la madre de Nick y no quería que se preocupara.
-Si me das el número de teléfono de tu madre, la llamaré.
Nick no dijo nada.
Llegaron al restaurante y un camarero les guió por la terraza hacia una mesa a la orilla del mar.
-Te va a gustar la comida de este sitio -dijo
Miley después de que les dejaran con la carta-. Es realmente bueno.
Las luces de los rascacielos comenzaron a iluminar el oscurecido cielo y la ópera se vio envuelta por una luz azulada.
-Normalmente, no la iluminan con ese color -le dijo 
Miley a Nick cuando éste comentó lo bonita que se veía-. Le han puesto un tono azul por el festival que se está celebrando estos días. Es un edificio fabuloso. La semana pasada fui a ver un espectáculo en la Ópera y me gustó mucho.
-Sales mucho, ¿no? Cenas, teatro... La vida de la gran ciudad parece muy interesante.
-Estoy disfrutando -
Miley hizo un esfuerzo por mostrarse positiva, no quería que Nick supiera lo sola que se sentía sin él.
Mientras Nick leía el menú, ella se lo quedó mirando subrepticiamente.
La luz de la vela realzaba los rasgos de su rostro, subrayando sus prominentes pómulos, su autocrático atractivo. Tenía el pelo muy negro, y el traje le caía maravillosamente sobre los anchos hombros. Fue entonces cuando notó que llevaba los gemelos que ella le había regalado.
Nick alzó el rostro y la sorprendió mirándolo.
-¿Dónde está Demi esta noche? -preguntó
Miley, disimulando.
-Va a dormir en casa de su amiga Jenny.
-Esta mañana, cuando hablé con ella, sabía que tú ibas a venir, ¿verdad?
-Sí. Le pareció buena idea lo de la sorpresa -Nick sonrió maliciosamente-. Es una chica estupenda.
-¿Qué tal le va en la oficina?
-Nada mal. Aunque, la verdad es que estos días no hay mucho trabajo. De todos modos, es un genio con los ordenadores.
-Me ha dicho que le gusta el trabajo -
Miley dejó la carta con el menú encima de la mesa-. No te resulta una molestia, ¿verdad, Nick? Lo que quiero decir es que yo quería que se quedara aquí conmigo, pero Miley se ha negado a marcharse de Queensland.
-No digas tonterías, ¿por qué iba a molestarme? -Nick frunció el ceño, parecía sorprenderlo realmente la pregunta-. Esa casa es su casa, su hogar,
Miley. Le encanta vivir allí.
-Bueno, de todos modos... te estás portando muy bien con ella al darle trabajo y al dejarla estar en tu casa.
-No me estoy portando bien -Nick sacudió la cabeza-. Necesito a alguien en la oficina y Demi es de toda confianza. Creo que, en estos momentos, es ella la que me está teniendo que aguantar y la que se está portando bien conmigo. Últimamente no estoy de muy buen humor que digamos.
-¿No? -
Miley se lo quedó mirando fijamente. Eso era raro en Nick, solía tener muy buen humor-. ¿Por qué?
Nick titubeó, sus ojos oscurecieron.
Miley era tan joven, pensó Nick de repente. Joven, entusiasta y encantada con su nueva vida en una ciudad con tantas cosas que ofrecer. No le gustaría oír el motivo por el que él se sentía tan miserable.
-Por nada en especial.
-¿Por el estrés del éxito? -preguntó ella en tono ligero.
-Sí, algo así.
-Sigues tratando de negocios con Lola, ¿no? -le costó un verdadero esfuerzo no perder la calma.
-Supongo que se le puede llamar así.
A
Miley no le pasó inadvertido el tono irónico de su voz. No le cabía duda de que Lola McDowell seguía en su vida... y acompañándole por las noches. La idea la encolerizó.
-Bueno, ¿qué tal va el negocio? -preguntó
Miley rápidamente, intentando quitarse a Lola de la cabeza.
No quería pensar en ella, eso le había producido muchas noches en blanco.
-
Miley, no he venido hasta Sydney para hablar del negocio -dijo él con voz seria.
Ella arqueó las cejas.
-Entonces, ¿para qué has venido?
-Para hablar de nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario