Y Destiny estaba en éxtasis. Había afirmado que su padre era un romántico rematado y un impetuoso y que su madre era una mujer increíblemente afortunada. Pero luego había estado tan absorbida con el fin de curso, haciendo las maletas para su viaje a Francia y pensando en la vida que la esperaba a su regreso en Italia, que estaba sufriendo de un caso grave de sobreexcitación.
Ashley había comentado que Miley nunca se había destacado por su cautela con Nick. Como pensamiento del día, no había resultado muy inspirador. Pero cuando su tía tuvo la poca delicadeza de señalar que, después de todo, no tenía sentido interferir cuando los dos siempre habían actuado alocadamente el uno con el otro, Miley casi se atragantó al oír aquella injusticia. En aquella ocasión se había resistido a Nick con la heroica abstinencia de un adicto al chocolate siguiendo una dieta estricta. Cuando le había pedido que se casase con él, se había sentido enferma. Aquella idea no la había tentado. Nick la había derrotado sólo gracias a sus amenazas.
—Estás muy callada, mamá —observó Destiny finalmente cuando Miley salía con piernas vacilantes de la limusina que Nick les había mandado para que las recogiesen.
—Los nervios del día de la boda —comentó Aahley alegremente.
—Ojala no te hubieras puesto ese traje negro —dijo Dest frunciendo el ceño.
—Es elegante —murmuró Miley.
—Pero pareces que vas a un funeral.
Miley apenas había comido ni dormido en una semana y empezaba a notarse. Nick caminó hacia ellas y los ojos de Miley lo miraron de arriba abajo con incredulidad. Estaba rebosante de energía y una brillante sonrisa curvaba su expresión relajada. Llevaba un traje de color crema exquisitamente cortado que acentuaba su piel dorada y su pelo negro y parecía salido de un plató de Hollywood. Miley eludió su mirada sintiéndose amenazada por la fuerza y la resistencia del enemigo.
—Como puedes ver, mamá se siente abrumada —barbotó Dest—. Son los nervios… no es mieditis ni nada parecido.
— ¿Ó sea que no trataste de huir en el último minuto por la ventana del baño? —murmuró Nick suavemente a oídos de Miley.
Miley tropezó al oír sus palabras. La verdad era que había habido un momento de arrebato cuando su hija estaba aporreando la puerta diciéndole que había llegado la limusina en el que había considerado la idea de huir por la salida de incendios. Nick pasó un brazo de acero alrededor de su delgada espalda. Miley se puso rígida. El olor a él la invadió. Limpio, cálido y muy masculino, pero lo peor de todo, terriblemente familiar. Miley podía reconocer a Nick en una habitación en penumbra llena de hombres, y aquello la aterrorizaba.
La ceremonia fue breve. Sintió una oleada de mareo cuando un delgado anillo de platino se deslizó en su dedo.
—Signora Jonas... —dijo Nick llevando la mano de Miley, fría como el hielo, a sus labios para besarlos.
Otra vez aquel nombre. A Miley se le encogió el estómago. Soltó la mano de Nick y se frotó los temblorosos dedos contra la falda. Su sonrisa en honor de Dest se disipó al instante.
Nick las llevó a almorzar al Ritz. Comió copiosamente mientras que su esposa no pudo probar bocado. Hizo bromas con Ashley y le tomó el pelo a Desti. Cuando Nick triunfaba, nunca estaba tentado a mostrarse humilde en atención a los demás. Irradiaba satisfacción y exhibía una sonrisa cruel. Cuando un Jonas estaba en la cima, todo era gozo en su mundo.
Asqueada por aquella falta de remordimientos, Miley huyó al vestidor y se sentó en una cómoda silla con la pose de una víctima de un terremoto que esperara la llegada del siguiente temblor. Cuando volvió a aparecer, se sorprendió al ver que Nick la estaba esperando fuera.
—Pensé que habías salido corriendo —confesó con total serenidad—. Has tenido suerte de no hacerlo. Habría llamado a la policía...
— ¿A la policía? —repitió Miley horrorizada.
—Cuando te supera tu sentido de la tragedia, es muy probable que te arrolle un autobús —bromeó con voz ronca—. He conocido a gente que se ha enfrentado a la muerte con más entereza que tú a nuestra boda, pero ha sido una experiencia memorable y te lo agradezco desde lo más profundo de mi corazón. He estado extasiado desde que entraste tambaleándote en el registro civil vestida completamente de negro. Cada uno de tus suspiros lacrimosos y de tus estremecimientos me ha tenido hechizado.
— ¿Cómo dices? —inquirió Miley ruborizándose y cuadrándose de hombros.
—Oh, no dejes de ir cabizbaja —suplicó Nick observándola con animados ojos dorados—. Me hace sentirme tan increíblemente macho y medieval.
— ¡No voy cabizbaja! —exclamó Miley con indignación.
—Y pareces tan increíblemente femenina y frágil cuando lo haces que siento un verdadero impulso erótico —añadió mirándola con repentina apreciación sexual.
Conmocionada por lo inesperado de aquella afirmación, Miley se agitó como si le hubiera alcanzado un rayo. Sintió el calor encenderse en su cuerpo y sus delgados muslos se contrajeron. De repente, era terriblemente difícil respirar y su corazón latía como loco.
—Ese comentario estaba fuera de lugar —acertó a decir en un tono que esperaba resultase de desaprobación—. Esto es un matrimonio de conveniencia.
— ¿Y cómo defines la palabra conveniencia? ¿O no has llegado a tanto todavía? —inquirió Zac tomando su mano suavemente para conducirla a donde estaban Ashley y Dest.
—Habitaciones separadas —clarificó Miley sin respirar—. Creo que es obvio.
—Jared fue tan cariñoso ayer —decía Dest en voz alta cuando llegaron hasta ellas—. Lo sentí mucho por él. Hasta le llevó flores a mamá.
— ¿Jared?—inquirió Nick paralizado.
—Vino a verme para desearme buena suerte —dijo Miley poniéndose rígida.
Jared había felicitado a Miley por la buena boda que iba a hacer y había insinuado que le debía un favor por su buena fortuna ya que Nick, después de todo, había sido su cliente.
—Tal vez quisieras casarte tú con él en mi lugar —le había dicho Miley.
Jaared había prorrumpido en carcajadas y pronto había revelado el verdadero motivo de su visita. Aquella misma mañana, Giles le había dicho que Nick era el nuevo dueño de Elite Estates. Jared, con su disfraz de piraña, había ido a verla para recordarle que siempre había pensado que Giles era un cerdo sexista y que sería mucho más fructífero para la agencia inyectar sangre joven y agresiva en la dirección.
Dejaron a Dest con su equipaje en la escuela. Fue corriendo hacia el autobús, donde la esperaban sus amigas y saludó frenéticamente por la ventana de atrás.
—Tiene miedo de que algún niño en el autobús no haya visto la limusina —gimió Miley avergonzada.
—Es feliz —replicó Nick—, y eso es todo lo que importa.
Unos minutos después, la limusina se detuvo delante de la casa de Ashley. Su tía les brindó una amplia sonrisa con un brillo de humor irónico en la mirada y una indiferencia profunda hacia la tensión que se respiraba.
— ¡Que paséis una luna de miel maravillosa! —les despidió con alegría.
— ¿Qué luna de miel? —gimió Miley cuando la puerta se cerró.
—Vamos a tomar un vuelo directo a Italia —le informó Nick—. Miley te ha metido unas cuantas cosas en la maleta.
— ¡Si no necesitamos luna de miel!
—Creo que necesitamos una desesperadamente.
—Creía que iba a mudarme a tu apartamento hasta que la niña regresase...
—Tampoco habías hecho las maletas para esa eventualidad, ¿verdad? —murmuró Nick con ironía.
Un incómodo silencio se prolongó hasta su llegada al aeropuerto y al subir al jet privado de los Jonas. Después del despegue, la azafata les sirvió champagne y les dio la enhorabuena en nombre de la tripulación.
— ¿Se lo has contado ya a tu familia? —preguntó Ashley de repente.
—Por supuesto.
—Supongo que fue un golpe más duro que una crisis en Wall Street.
—Les habría gustado asistir a la boda.
Miley se puso pálida como un cadáver y se sirvió más champagne con una mano temblorosa.
—Y yo que pensaba que el día no podría haber sido peor... No iremos a vivir con ellos, ¿verdad?
—inquirió repentinamente cuando la asaltó aquel horrible pensamiento.
— ¡Por supuesto que no! Pero para ellos fue un shock enterarse de que soy el padre de una adolescente —admitió Nick con voz tensa--. Se sienten muy culpables.
Miley había dejado de escuchar.
—Esta ha sido la peor semana de mi vida —protestó recordando vagamente las noches sin dormir, las comidas sin probar y los dolores de cabeza que había tenido.
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