Cuando Miley se despertó en una habitación desconocida, fue saludada en italiano por una mujer desconocida, de umforme. Entonces recordó que se hallaban en el palacio veneciano de la familia, al que habían llegado la noche anterior. Desayunó en la cama y, diez minutos más tarde, se levantó y se acercó a la ventana. Desde allí se veían los tejados de casi toda la ciudad y, justo abajo, el Gran Canal estaba tan abarrotado de circulación como cualquier calle principal de una ciudad normal. Miley se quedó encantada por la vivacidad de la escena.
Luego se dio un baño largo y cálido, pero con incluso semejante esplendor sibarita le fue imposible relajarse. Se había precipitado al matrimonio a toda velocidad. ¿Quién podría decir que no se había buscado lo que tenía ahora? ¿Que no se merecía el lío en que se encontraba? No es que pidiera un héroe perfecto, pero sí tal vez un hombre con uno o dos escrúpulos. ¿Era eso mucho pedir?
Nick no tenía remordimientos. ¿Por qué le iba a importar ahora el que ella se viera forzada a verse a sí misma como un objeto puramente sexual... una cosa femenina, deseada por su cuerpo. ¿Cuándo se iba a desprender de todas sus imaginaciones e iba a ver a Nick como lo que realmente era? Él había utilizado todas las claves adecuadas, tales como hogar y familia, para cegarla y llevársela a la cama.
Con ella enamorada de otro hombre y a tres semanas de la boda, cualquier hombre normal la habría considerado fuera de su alcance. Pero Nick vivía en una sociedad distinta, la de los muy ricos, donde todo se podía conseguir con dinero... o con las tácticas adecuadas. Y Nick era famoso por ser tortuosamente sibilino en sus negocios y, tan discreto de forma innata que, incluso sus mismos ejecutivos se llevaban sorpresas y se quedaban boquiabiertos cuando, de repente, resultaba que había llevado un trato enteramente por sí solo.
-¿Has dormido bien?
Inmersa en sus pensamientos, Miley no lo había oído entrar en el cuarto de baño y se levantó del baño de golpe, produciendo una oleada de agua. Inmediatamente tomó una toalla para ocultar su cuerpo del hombre que tenía a menos de dos metros de ella.
-¿Cómo te atreves? -le gritó.
-¿A qué?
-¡A invadir mi intimidad! -le respondió ella tratando de envolverse en la toalla.
Pero la parte baja de la misma se había metido ya en el agua y aquello resultaba un poco difícil.
-¡Sal de aquí!
-Ya veo que, milagrosamente, has recuperado la lengua -dijo Nick sentándose en una esquina del baño, sonriendo divertido-. Un comienzo prometedor para un nuevo día.
-Quiero que me escuches.
-Soy todo oídos.
Miley se estremeció de rabia. Si había algo que no podía soportar era que no la tomaran en serio.
-¡Estás tratando de comportarte como si ayer no hubiera existido!
Nick la tomó entonces de la mano y le rozó la alianza que llevaba en el dedo.
-¿Es que no existió?
A pesar de que se la estaba sujetando con una mano, la toalla se deslizó peligrosamente sobre sus senos y, lanzando una exclamación de disgusto, Miley se metió de nuevo en el agua.
-Vete -le dijo enfurecida.
-Estás cambiando... Te estás volviendo la mujer que siempre has tenido oculta -dijo Nick con satisfacción-. La mujer para la que has nacido. Fiera y apasionada, no tranquila y sumisa. La primera vez lo vi en el estudio de Marco, todo lo que tú podías ocultar y lo que yo podía sacar a la luz.
-No trates de cambiar de conversación.
-¿Por qué lo iba a hacer? Tú tenías que saber la verdad y yo no he hecho ningún intento para ocultarla. La botella de brandy fue lo único imprevisto, cara. Sospecho que, sin ella, tú te habrías imaginado la verdad ese mismo día. No me imaginé lo rápido que iba a ir todo... Estaba dispuesto a esperar a que tú vinieras a mí.
-¡Ni siquiera pareces darte cuenta de la maldad de lo que has hecho!
-El malo era Shorter, cara. No cometas el error de echarme a mí la culpa del pecado original. Si él hubiera sido fiel contigo, yo no habría podido interferir.
-¡No tenías ningún derecho a hacerlo!
-Vi mi ventaja y la utilicé. ¿Qué otra cosa te hubieras esperado que hiciera? Si no hubiera intervenido tú habrías sufrido una traición todavía más pública. No creo que tu novio tuviera la menor intención de reemplazarte por tu prima... pero ella tenía otras ideas. Mira, sin mi diabólica intervención, se habrían mandado las invitaciones para la boda, habrían empezado a llegar los regalos y demás. Tu prima tiene un sentido dramático bastante bueno. Creo que habría esperado hasta última hora para hacer el anuncio de que estaban enamorados. ¿Hubieras preferido eso?
-¡Calla, Nick! ¡Calla!
-No, tú no habrías hecho el papel de novia abandonada, un objeto para la piedad pública. Eres demasiado orgullosa como para estar dispuesta a someterte a esa humillación.
-Maldito seas, Nick. ¡Te odio!
-Te casaste conmigo para salvar la cara, si tengo que vivir con esa realidad, ¿por qué no lo vas a hacer tú?
-¡Eres un cerdo manipulador!
Sin dudarlo entonces, Miley lo agarró por las solapas de la chaqueta y tiró de él, haciéndolo caer al baño.
Entonces hubo un derroche de palabras en italiano, un montón de agua salpicada, sintió un súbito peso en las costillas y, después de un momento de silencio, la risa franca de Nick.
-Tú te lo has buscado -dijo Miley negándose a compartir su diversión-. Ahora, tal vez te marches de una vez.
Nick se quitó entonces los zapatos y calcetines.
-No creo -dijo mientras seguía quitándose cosas.
-¿Qué significa eso?
Nick se quitó la corbata y luego se desabrochó la camisa.
-Estoy donde quiero estar.
-Deja que me levante -exclamó ella, sujeta por el peso de él.
Nick se quitó los pantalones y Miley se aprovechó de su movimiento para soltar las piernas, pero él fue más rápido y le agarró los brazos antes de que se pudiera escapar por completo. Luego la besó fuertemente.
Llena de rabia, ella quiso morderle, arañarle, golpearlo furiosamente. Pero en ese mismo momento, él logró que abriera los labios y metió la lengua entre ellos, de forma que a Miley se le fue la cabeza. Nick la devoró mientras ella se debatía desesperadamente y sus senos se apretaban contra su duro pecho. Entonces deseó más, tanto que cada segundo fue una intoxicante preparación para el siguiente. Y entonces él la soltó.
Mareada, Miley parpadeó cuando él se levantó y se quitó la camisa y luego los pantalones y calzoncillos con un mismo movimiento. Luego la levantó en brazos como si fuera una muñeca inanimada. Confusa, le dijo:
-Bájame... ¡Bájame, Nick!
-Lo de mojarme ha sido un mal movimiento. Eso ha hecho que tengas un noventa y nueve por ciento de posibilidades de no salir tranquilamente de esta habitación.
-¡Si no me sueltas…!
Pero se interrumpió cuando él la dejó de golpe sobre la cama.
Nick se tumbó también y la volvió a aprisionar con todo su cuerpo.
-Ahora tranquilízate... piensa.
Pero a ella se le ocurrió que lo último que podía hacer en esos momentos era precisamente eso, pensar. Con todo el cuerpo de Nick presionándole la húmeda piel, todos sus pensamientos racionales desaparecieron, siendo sustituidos por una sensación muy parecida al pánico.
-Por favor...
-Te deseo mucho, bella mía... ¿Es que eso es un crimen? Te he deseado durante todo un año y tú me has tenido a raya con tus frías miradas y pequeñas sonrisas. Me has tratado como las esposas de mi padre me trataban, como un accidente inevitable pero muy fastidioso. Ningún hombre con sangre caliente en las venas se hubiera resistido a ese reto.
-¡Déjalo! -dijo ella tratando de no escuchar lo que le estaba diciendo y al mismo tiempo tratando de resistir la atracción sexual que se estaba despertando en ella.
-Eres mi esposa.
-¡No quiero serlo!
-Esto es muy repentino.
La ira se apoderó de nuevo de ella.
-Te has creído que, si insistes lo suficiente podrás hacerme cambiar de idea, ¡Pero no puedes! Marco me dijo que estaría más segura con él ese día, y tenía razón. ¡Me dijo que fuera a por los dos millones y, también tuvo razón en eso! ¡Sólo me estás utilizando! Preferiría estar atrapada por dinero que por un matrimonio que es una caricatura de todo en lo que yo creo. ¡Por lo menos, por dinero hubiera sido un cambio justo y sincero!
Sin previo aviso, Nick la soltó y se apartó de ella. Luego la miró seriamente.
-¿Es eso lo que crees de verdad?
-Sí.
Por supuesto, él nunca le habría ofrecido dinero y ella tampoco lo habría aceptado, pero el escenario que ella había descrito era mucho más apto en su opinión que la dudosa respetabilidad de la alianza que llevaba en el dedo.
Nick se había levantado y ya estaba en el vestidor, buscando ropa limpia en los armarios. La significación de lo que él estaba haciendo se le ocurrió a ella lentamente.
-¿Es esta tu habitación? -le preguntó rompiendo un silencio que le parecía insoportable.
-Estabas durmiendo tan profundamente anoche que no quise molestarte -le dijo él fríamente.
Y entonces, por primera vez, Miley se dio cuenta de que Nick la podía afectar de una forma que ella había negado previamente. Una creciente sensación de miedo y rechazo la fue invadiendo. Él le había dicho que no le haría daño y, aun así, se lo estaba haciendo. Se le ocurrió entonces que, tal vez, habría dicho demasiado, que había ido demasiado lejos y le había ofendido demasiado profundamente. Sumisa, la había llamado él. No, no iba a serlo ni a disculparse por haber sido sincera. Tenía derecho a decir lo que sentía.
Derecho... un derecho que había suprimido demasiado a menudo durante su infancia y juventud. Había tenido que obligarse a ser una niña tranquila e introvertida desde muy pequeña, porque si se atrevía a sacar un dedo fuera de ese refugio, Selena estaba preparada para rompérselo. Y ella estaba entonces tan agradecida de que su tía le hubiera proporcionado un hogar que no había luchado ni se había defendido; no se había expresado de ninguna manera que pudiera ofenderlos o provocarles un conflicto más abierto con la hija a la que tanto adoraban. Una pequeña mártir, eso era lo que había sido ¡Y poco bien le había hecho!
Viendo la forma en que Nick la estaba mirando, deseó decir algo para apaciguar las cosas. Después de todo, ¿no era eso lo que llevaba haciendo toda su vida? No era posible que estuviera empezando a sentirse atraída emocionalmente por Nick.. Se recordó a sí misma que ahora lo odiaba. Pero, aun así, no quería que se marchara de esa habitación. Ese descubrimiento la sorprendió.
Nick salió del vestidor, de nuevo inmaculado, entonces ella se preguntó cuándo había empezado a mirarlo como si fuera el premio gordo de la lotería o como si fuera una adolescente obsesionada por el sexo y dominada por sus hormonas.
Cuando vio la forma en que ella lo estaba examinando, Nick se rió.
-¿Quieres saber por qué me he casado contigo? -le preguntó él-. Pensé que eras diferente, pero debería haber hecho caso de ese viejo dicho de que no hay nada nuevo bajo el sol.
-Yo también pensé que tú eras diferente.
Pero no le iba a contar el hecho de que realmente había creído que él se había transformado milagrosamente de un arrogante y duro devorador de mujeres en un hombre de familia.
-A ti no te importó. Tu futuro estaba hecho pedazos y tú quisiste recuperarlo, te costara lo que te costase. Y yo tenía los medios para dártelo.
-No sé a donde quieres llegar.
-Te vi con mis propios ojos enamorarte de lo que yo te podía comprar y no debería quejarme. Elegí Ladymead de entre otra media docena de propiedades por que me pareció la más adecuada a mis propósitos. Aposté a un caballo ganador. Pero lo que no se me ocurrió es que, a veces, ganar puede parecerse mucho más a perder.
Miley se había quedado helada por lo que le había dicho acerca de que la había llevado deliberadamente a Ladymead. El que realmente él la pudiera culpar por los resultados de sus propias manipulaciones la desconcertaba más todavía.
-No estás siendo justo.
-No tengo ganas de serlo -dijo él entre dientes-. Por primera vez siento una cierta comprensión por Shorter. No me sorprende que se dejara tentar por una mujer normal de carne y hueso, que sólo lo quería a él y no una imagen de libro con un castillo de hadas y un héroe perfecto.
-Yo no esperaba que tú fueras perfecto. Pero sí esperaba... sinceridad.
-Pero no te gusta cuando la tienes. Si te hubiera mentido ayer, podrías haber mantenido intacto tu rígido principio y, generosamente, habrías compartido conmigo tu cuerpo anoche. Pero eso no era lo que yo elegí, así que te dije la verdad sin dudarlo.
-Es una cuestión de confianza... ¿es qué no lo entiendes? ¡Yo confié en ti!
-No creo que la confianza jugara un gran papel en tu decisión de casarte conmigo.
-¡Por supuesto que sí!
-No, Miley. Tu objetivo era casarte bien y salvar la cara. Yo creo que soy el equivalente masculino de una esposa premio, desde que te diste cuenta de mi existencia. Así que no me acuses de haberte usado, cara. Tal como yo lo veo, yo soy el que ha permitido que lo usen.
-No...
-No te tomaste el más mínimo interés en los preparativos de nuestra boda. Y eso que era el primer capítulo de nuestra vida juntos. La verdad es que, si no llego a intervenir, ¡te habrías casado con el mismo vestido destinado a tu boda con otro hombre!
-No -murmuró Miley dándose cuenta de lo mucho que había dado ella por hecho.
-Yo te llamé todos los días, y de lo único que tú me podías hablar era de cristales medievales, paneles de madera o renovaciones. Pero el insulto mayor tuvo que ser en presencia de tu ex novio en nuestra boda. Tuviste el tiempo y la oportunidad para prevenir el que las cosas se desarrollaran así, pero no lo hiciste. No podemos hacer que haya amor entre nosotros, pero me encontré el espectáculo de ti colgada de él delante de toda mi familia y amigos altamente ofensivo.
A ella se le estaba revolviendo el estómago. Visto como lo veía Nick, su comportamiento antes y durante la ceremonia había sido de lo más insensible, tanto como nunca se hubiera imaginado capaz. Bajó la cabeza y respiró profundamente.
-Y, si vuelves a decirme que lo amas, te echaré a la calle. No tengo el menor deseo por tu amor, pero no voy a tolerar la utilización de esa especie de autoindulgencia como arma... Sobre todo cuando se refiere a un tramposo y débil que no puede mantener puestos los pantalones ni siquiera dentro de su círculo familiar.
Nick salió entonces dando un portazo. Todo lo que le había dicho había dado fuertemente en el blanco y ella se sentía de lo más culpable. Era culpable de todo, de no hacer caso de los arreglos de la boda, de no parar de hablar acerca de Ladymead, de no haber tenido el valor de decirle a sus padres que no quería que Liam fuera a la boda. Después de todo, había sido Nick, no su familia, el que había corrido con todos los gastos. Y la presencia de Liam había arruinado el día.
Lo cierto era que no podía tener la menor lástima por Liam, un hombre que la había engañado y que, ahora, estaba casado con su prima. Ahora comprendía lo que él siempre había querido: a las dos. A ella como esposa y ama de casa y a Selena para la pasión. Y ella no le había dado esa pasión así que, ¿cómo podía culparlo por haberse ido a buscarla a otra parte?
Miley sonrió débilmente mientras empezaba a vestirse.
Era de Nick de quien se tenía que preocupar ahora. Así que ella había cometido errores... pero también lo había hecho él. Había sido demasiado impaciente. Había presionado demasiado para que se casaran. Todo había sido demasiado rápido, no le había dejado el tiempo que necesitaba para acostumbrarse a su relación. Bueno. Le gustara a Nick o no, su espacio necesario para respirar había llegado antes de la boda y él no había ayudado nada viéndola sólo dos veces antes de la ceremonia. De alguna manera, cuando hablaban por teléfono, Nick le había vuelto a parecer su jefe de nuevo. Se rió ante esa idea.
Cuando salió y cerca de las grandes escaleras, una doncella le ofreció un sobre blanco sobre una bandeja de plata. En donde debía estar el remite sólo había una palabra. Miley sonrió, era su propio nombre con la letra de Nick.
Cuando estuvo sola de nuevo, abrió el sobre con los ojos brillantes por la curiosidad.
Era un talón nominal por dos millones de libras.
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