Ambos guardaron silencio. No parecían ser capaces de hablar.
A Miley le latió el corazón desenfrenadamente e incluso le costó respirar normalmente.
Era difícil imaginar lo que estaría pensando un hombre tan pagado de sí mismo como Nick. Pero por la mirada de sus ojos insondables, algo nuevo le ocurría.
Quizá se sintiera arrepentido o incluso tuviera remordimientos. Fuese lo que fuese, ella estaba todavía muy dolida con él. Por eso había pensado dar media vuelta y salir huyendo.
A Miley le latió el corazón desenfrenadamente e incluso le costó respirar normalmente.
Era difícil imaginar lo que estaría pensando un hombre tan pagado de sí mismo como Nick. Pero por la mirada de sus ojos insondables, algo nuevo le ocurría.
Quizá se sintiera arrepentido o incluso tuviera remordimientos. Fuese lo que fuese, ella estaba todavía muy dolida con él. Por eso había pensado dar media vuelta y salir huyendo.
—Buenos días —la saludó Nick en voz baja. Miley se dio la vuelta y lo saludó a su vez, aunque sin mirarlo a los ojos.
—Buenos días.
—Te has levantado muy temprano —dijo él—. Todavía no son las seis de la mañana.
—Lo mismo te digo —adujo Miley.
—Es que no me he acostado —repuso Nick—. Melanie ha pasado muy mala noche. Althea estaba agotada y por eso la he sustituido yo al amanecer.
De inmediato, Miley se preocupó por la niña.
— ¡Tendríais que haberme llamado! —dijo ella, protestando.
—Ya estaba yo aquí —sostuvo Nick, manejando al bebé como si estuviera acostumbrado a hacerlo.
De hecho, en la casa todo el mundo comentaba lo bien que se portaba con la niña. Miley sabía que cada día, antes y después de ir al banco a trabajar le dedicaba sin falta unos minutos a Melanie.
—¿Qué es lo que le pasa? —preguntó preocupada Miley.
Nick esbozó una sonrisa irónica, sin ser distante.
— Según Lefka que tiene mucha experiencia, los bebés suelen pasar mal la noche —argüyó él.
Miley asintió sin decir palabra y acariciándole la mejilla a la niña.
—Desde que mamá murió apenas duerme —confesó ella tristemente—. Me da la impresión de que la añora terriblemente.
—¿Tanto como tú? —preguntó Nick.
Miley asintió, sorprendida por sus atentas palabras.
—Dámela a mí, si quieres —le sugirió Miley —. Así podrás irte a descansar.
Al tomar al bebé, Miley tuvo cuidado de no tocar los dedos de Nick. Le daba pánico tener el mínimo contacto con el hombre. Y Nick lo notó. Sin embargo, no hizo ningún comentario al respecto.
—Ella es feliz con nosotros, Miley —dijo Nick—. ¿Acaso no lo ves?
¿Eso qué quería decir, que solamente con su hermana mayor Melanie no habría podido ser feliz?
Como siempre, Nick adivinó su pensamiento.
—No me malinterpretes —prosiguió el hombre—. Las dos lo habéis pasado muy mal, Miley. Y aunque sé que no estás preparada para aceptarlo, he de asegurarte que las dos vais a ser muy felices a mi cargo.
Miley sabía muy bien a lo que se refería. Pretendía que ella se quedara sin tener que presionarla. Él quería que todo siguiera su curso como si la noche anterior no hubiera ocurrido nada.
Como si nada hubiera cambiado.
—Danos una oportunidad —le rogó Nick con voz ronca—. Dame una segunda oportunidad para que todo esto funcione, aunque solo sea por el bien de Melanie...
Por el bien de Melanie. Miley tenía esa frase grabada en el corazón.
«He llegado hasta aquí por el bien de Melanie».
Finalmente y en silencio, Miley asintió.
Ya era suficiente. Melanie respiró profundamente en los brazos de su hermana.
Nick se puso de pie. Estaba más alto y atractivo que nunca. Se iba a hacer a un lado para dejar sentarse a Miley en la mecedora cómodamente, cuando le rozó con los dedos la mejilla cariñosamente.
—Gracias —le susurró él.
Luego, salió de la habitación contento de haber conseguido lo que pretendía.
Que no era ni mucho menos la propia Miley, pensó ella con sorna.
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