EL LUNES, Miley fue al despacho antes de lo habitual para asegurarse de que estaba todo listo para la reunión que la directiva iba a tener a las nueve. Estaba en la sala de juntas, colocando una agenda en cada lugar, cuando llegó Nick.
—¡Caramba! ¿Has dormido aquí esta noche o qué? —exclamó, mirando la hora.
Ella sonrió.
—He llegado solo diez minutos antes que tú. Pensé que era mejor adelantarme y preparar todo bien antes de que lleguen para la reunión.
Nick la miró con atención. Como siempre, iba perfectamente arreglada. Llevaba un traje de color vainilla y un top de cuello redondo del mismo color. El pelo se lo había recogido, pero no lo llevaba tan tirante como de costumbre y unos cuantos mechones le caían provocativamente alrededor de la cara. Su maquillaje era perfecto. Y a pesar de ello, se dio cuenta de que parecía cansada y tenía ojeras.
—¿No has dormido bien esta noche?
Miley pensó si debía mentirle, pero luego desechó la idea al mirarlo a los ojos.
—La verdad es que no.
Un poco más tarde, mientras ella terminaba de distribuir los documentos en la mesa de reuniones, Nick se dio cuenta de que llevaba zapatos de tacón.
Eran modernos y elegantes, y resultaban provocativos. Quizá era porque acentuaban la pequeñez de sus tobillos.
—¿Y tú qué tal? ¿Cómo terminaste el fin de semana?
Nick apartó los ojos de sus tobillos.
—He tenido días mejores —contestó, abriendo su maletín para sacar algunas notas—. Traté de decirle con delicadeza a Beth que Gina nos iba a dejar.
—¿Se lo tomó bien?
Nick se quedó serio un momento.
—Lloró tanto, que estuvo a punto de ponerse mala.
—Debió ser horrible —respondió ella, preocupada.
—Sí, lo fue. Y no ayudó nada que Helen sugiriera que la mandara a un internado —añadió, notando la expresión de sorpresa de Miley.
—No lo haría delante de Beth, ¿verdad?
—No... no es tan dura. Me lo sugirió el domingo por la tarde, cuando estábamos solos.
Una de las recepcionistas llamó a la puerta y asomó la cabeza.
—Han llegado dos de los directivos, señor Jonas. Están en recepción.
—De acuerdo. Salgo en un minuto.
—No estarás pensando en mandar a Beth a un internado, ¿verdad? —preguntó Miley en cuanto la puerta se cerró—. ¡Es tan pequeña!
—Sí, es muy pequeña. Le dije a Helen que no iba ni siquiera a pensármelo. Pero ella cree que no lo estoy haciendo bien. Al parecer, ella y su hermano estuvieron en internados desde muy pequeños y piensa que es una idea estupenda.
—Quizá para ella fuera bueno, pero para Beth no lo sería después de haber perdido a su madre. Te necesita para sentirse segura y querida, Nick, Eso es muy importante en su situación.
El la miró a los ojos y notó que tenía una expresión totalmente desconocida. Pensó si sería por su propia experiencia de niña, pero había una pasión en aquella súplica, que nunca había visto en ella.
—Estoy completamente de acuerdo, Helen y yo nos separamos un poco enfadados.
—Porque no aceptaste su sugerencia respecto al internado, ¿no es cierto?
—Por eso y porque no puedo irme con ella el próximo fin de semana —Nick cerró su maletín de un golpe—. Pero es que no es el momento adecuado. No puedo irme a disfrutar de un fin de semana con ella, dejando a mi hija sola en casa. Lo más importante para mí es que Beth sea feliz... pero Helen no lo entiende. Y creo que eso va a hacer que nuestra relación se acabe rompiendo.
—Lo siento, Nick, debe ser difícil —contestó Miley en voz baja.
La recepcionista volvió a llamar a la puerta y se asomó.
—La señorita Smyth—Jones está al teléfono, señor Jonas —anunció en tono alegre.
—De acuerdo, pásame la llamada a mi despacho —miró a Miley antes de salir—. Será mejor que hable con ella. ¿Te encargas de todo? No tardaré mucho.
—Claro.
Ella lo vio salir y se preguntó qué era lo que querría Helen. Quizá hubiera llamado para disculparse. Desde luego, si tenía algo de sentido común, debía de ser así. Nick era un buen hombre que solo quería lo mejor para su hija. Era una de las cosas que más le gustaban de él.
Él volvió un cuarto de hora después y, para entonces, la mayoría de los directivos ya habían llegado. Miley les había enseñado la sala de reuniones y les había ofrecido un café, que estaban tomando en esos momentos, ya sentados ante la mesa.
—Siento haberlos hecho esperar, caballeros —dijo Nick, dándoles la mano.
Al final, se sentó presidiendo la mesa. Miley se preguntó qué habría hablado con Helen. Esperaba que él no hubiera cedido.
Pero, en aquel momento, no tenía tiempo de pensar en aquello, ya que la reunión iba a empezar.
Acabaron ya por la tarde y a ella le dolía la muñeca de tanto escribir. Mientras recogía sus notas, se le acercó uno de los directivos de la sucursal escocesa.
—Miley, solo quería felicitarte por lo bien que has organizado todo —dijo, sonriéndole con afecto—. Si te cansas de trabajar en Inglaterra, siempre habrá un trabajo para ti en nuestra sucursal.
Antes de que Miley pudiera decir nada, Nick los miró con el ceño fruncido.
—Perdona, Cliff, pero no está permitido robarnos personal entre nosotros —dijo en tono de broma.
Cliff soltó una carcajada.
—Lo siento, Nick, pero es que no he podido evitarlo —dijo y luego le dio a Miley su tarjeta—. Me quedaré unos días en Londres —añadió, guiñándole un ojo.
Ella le sonrió. Cliff Roberts era un hombre muy agradable, unos diez años mayor que Nick. Tenía el pelo gris y un aire distinguido.
—Muy bien —dijo ella en un tono alegre.
Una vez se hubo marchado todo el mundo, ella se quedó ordenando la sala de juntas y, al rato, volvió Nick.
—Bueno, me alegro de que se haya terminado —dijo él, cerrando la puerta.
—Ha ido bien, ¿no?
—Sí, pero no creía que fuera a durar tanto. Como ha dicho Cliff, lo has organizado todo a la perfección. Por cierto, no me gusta que te haga ese tipo de ofertas delante de mis narices.
—Bueno, parece un hombre agradable. Me he sentido halagada.
—Pues debes tener cuidado —aseguró él en un tono serio—. Tiene fama de mujeriego.
—¿De veras? Pero no creo que haya sido esa su intención al darme la tarjeta. Seguro que estaba de broma o quizá quiera contratarme en serio.
—Debes estar bromeando. No te ha quitado el ojo de encima en toda la reunión.
—¿De veras? —preguntó ella, muy sorprendida—. Creo que son imaginaciones tuyas, Nick.
—Y a mí me parece que eres un poco ingenua, Miley.
—En cualquier caso, eso es asunto mío —dijo ella—. Además, a lo mejor le pido que me acompañe a la boda de mi hermana en Irlanda —añadió con malicia.
A pesar de que se trataba de una broma, a Nick no pareció hacerle ninguna gracia.
Ya estaba acabando la jornada de trabajo, cuando Nick trataba de concentrarse en un informe, sin conseguirlo. No podía dejar de mirar a Dulce que, sentada ante su escritorio, estaba trabajando en sus cosas. La luz del sol formaba una especie de halo sobre su cabello rubio. Parecía un ángel.
Entonces, recordó lo que había pasado con Cliff Roberts después de la reunión y que ella le había dicho que quizá lo invitara a la boda de su hermana. Tenía que ser una broma, se dijo.
Se levantó y fue al despacho de ella, que se sorprendió al verlo llegar.
—¿Necesitas algo?
—No, solo quería invitarte a tomar algo después del trabajo.
Ella se lo quedó mirando con los ojos abiertos de par en par. No era extraño. Ya que hasta él mismo se había sorprendido cuando aquellas palabras escaparon de sus labios. En realidad, no sabía muy bien por qué había ido a verla.
—Como mañana vas a entrevistar a las niñeras, quería discutir contigo las condiciones y los horarios —mintió—. Y he pensado que sería más agradable hacerlo mientras tomamos una copa.
—Bueno... —miró la hora—. Es que iba a salir esta noche...
—Si estás ocupada... —dijo él, frunciendo el ceño.
Se preguntó con quién habría quedado. No podía ser que hubiera telefoneado con tanta premura a Cliff Roberts.
—Creo que podré estar contigo como una hora —le propuso ella—. ¿Te parece bien?
—Sí, muy bien.
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