jueves, 2 de febrero de 2012

Cap 30.-



Mientras terminaba de arreglarse, Miley estaba furiosa por el chantaje emocional al que la habían sometido.

Por eso, el vestido que había elegido era todo un desafío.
Miley era consciente de ello mientras se miraba en el espejo para ver como le quedaba. El traje era de tul azul pálido, con el cuerpo muy ceñido y un par de triángulos de tela azul claro ocultándole los senos. Se trataba de una prenda realmente provocativa.

Vestida con ese traje se sentía como desnuda, pese a llevar debajo unas bragas de seda y un par de medias blancas sujetas por un liguero.

—No puedo ponerme esto —adujo ella, haciendo aflorar su sentido común.

A su espalda se encontraba Althea que la estaba recogiendo el cabello rubio en un moño elegante y sobrio. La doncella se apartó para contemplarla.

— ¡Es usted tan valiente! —exclamó Althea.

Pero eso no le ayudaba a
Miley a sentirse mejor.

Por la tarde, cuando había elegido el vestido había sido valiente, atrevida e incluso descarada. Había decidido desafiar a todos los invitados porque estaba convencida de que los iba a defraudar: no iba a poder responder a sus expectativas.

Sin embargo, en aquellos momentos se sentía cobarde e incapaz de acudir a la fiesta.

En la habitación contigua alguien llamó a la puerta con suavidad.

A
Miley el corazón le dio un vuelco y se quedó paralizada. A Althea le ocurrió exactamente lo mismo.
Miley no estaba segura de hasta qué punto Althea y sus padres conocían la verdad de su relación con nick. Pero se imaginaba que sospechaban de su autenticidad. Después de todo, ¿no era extraño que Nick se hubiera dedicado a seducir a una mujer como ella?

De hecho, la había seducido. De inmediato,
Miley se dijo que no había sido así. Sin embargo, estaba claro que cada vez que él la besaba o la miraba con su mirada soñadora ella se sentía completamente subyugada. Aunque Nick no le diese ninguna importancia a ese hecho.

—¿Qué va a hacer? —le preguntó Althea.

—Morirme antes que abrir la puerta.

«Al menos me he maquillado ligeramente», se dijo ella para consolarse. Como ya tenía la muñeca mucho mejor, había empezado a poder mover los dedos de la mano derecha. Se había aplicado un poco de sombra de ojos, máscara en las pestañas y un lápiz de labios rosa pálido que le hacía tener una boca más sensual.

Por eso tenía muy buen aspecto. Y además, pensó que, después de todo podía ponerse perfectamente ese vestido en un día como aquel. Estaba lo suficientemente delgada como para lucirlo en todo su esplendor.

Nick golpeó de nuevo la puerta y
Miley trató de serenarse. «Has creado a tu propio monstruo, pues ahora vive con él», se dijo a sí misma mirándose al espejo.

Con el ánimo reforzado, se dirigió desafiante hacia la puerta.

Viendo lo que iba a ocurrir, Althea desapareció discretamente de la habitación.

Nada más abrir, lo primero que vio
Miley fue a Nick vestido con un traje de etiqueta negro, camisa blanca y pajarita. Su aspecto era muy sofisticado.

A
Miley se le aceleró el pulso, y a continuación trató de tranquilizarse. Nick iba a decir algo sin importancia, cuando reparó en cómo estaba vestida  Miley.

El pulso de la joven se disparó por completo a medida que la mirada de Nick le recorría desde la cabeza hasta la punta del pie.

Era evidente que no le gustaba lo que estaba viendo. Entreabrió los labios y los cerró bruscamente.

—Has decidido medirte con nosotros, ¿verdad? — dijo él con sarcasmo.

—No sé de qué estás hablando —repuso
Miley fríamente.

Nick esbozó una sonrisa de hielo.

—Pues déjame que te diga que esta noche nadie va a tener la menor duda de por qué me veo obligado a casarme contigo —sostuvo él.

—A veces las mentiras son de lo más embarazosas y tú estás obligado a vivir con esta —adujo
Miley—. Porque no pienso evitarte ningún mal trago.

—¿Acaso me he quejado? —preguntó Nick.
Miley se sintió decepcionada, sin saber muy bien por qué. Le fastidió tener que necesitar el visto bueno del hombre. No obstante, obtuvo su rechazo.

Intentando ocultar la confusión que la embargaba, trató de encontrar un pretexto para cambiar de tema. Y lo encontró:
Miley se dirigió hacia el tocador. Allí había una funda blanca que había confeccionado Althea a modo de manga para su brazo escayolado. Mientras lo recogía, Miley era consciente de la mirada de Nick sobre el generoso escote de la espalda.

—¿Dónde está el cabestrillo? —preguntó el hombre.

—Ya no lo necesito —contestó
Miley —. Al menos, no todo el rato.

—A ver, déjame que te ayude... —dijo nick tomando la manga y acercándose mucho a ella.

Estando juntos era evidente que él era mucho más alto que
Miley, cuya estatura ya era notable.

Nick era más alto, más robusto, más moreno, pensaba ella mientras se enfundaba la tela blanca.

—¿La diferencia de edad entre nosotros te preocupa mucho,
Miley? —le preguntó él pausadamente.

Es más era más mayor, más fuerte, más pausado... Y la lista seguía y seguía.
Miley sacudió la cabeza.

—Puede que estés enfadada porque haya sobrepasado los límites de nuestro acuerdo —prosiguió Nick.

Además más sabio. Porque era precisamente por eso por lo que se encontraba confusa.

—Pegas fuerte y duro —repuso 
Miley—. No sé qué responderte.

—Entonces, te pido disculpas —murmuró Nick, con cierta tristeza.

Y encima bueno, siguió enumerando
Miley, porque si no, no le habría pedido perdón tan rápido y de un modo tan sincero.

Ella respondió elevando ligeramente un hombro y dando un pequeño suspiro.

—No va a ser fácil para mí tratar con esa gente esta noche, sabiendo lo que estarán pensando en cuanto me vean —argüyó
Miley.

—Lo sé.

—Althea dijo que era muy valiente poniéndome este vestido —sostuvo
Miley —. Pero no soy valiente, en realidad. Solo...

Y ella lanzó otro profundo suspiro.

— ...Estás intentando salir del paso de la mejor manera —continuó Nick.

Los ojos de
Miley se llenaron de lágrimas: ahora tendría que agregar a la lista, amable y comprensivo. ¡Aquello no podía continuar así!

Pero sí que podía seguir.

De hecho ocurrió, cuando Nick elevó la barbilla de
Miley con el pulgar, y la miró profundamente a los ojos. Miley tenía que andarse con cuidado, porque al ayudarla con la manga, Nick le rozó la piel del brazo. No quería tener que añadir a la lista cosas tan peligrosas, como los pensamientos que habían surgido en su mente a consecuencia de ese contacto.

Pero Nick acercó su rostro al de ella y la besó en los labios suavemente. Fue entonces cuando la lista de adjetivos se disparó desenfrenadamente.

—Althea tendría que haber dicho que eres valiente y que estás muy bella —murmuró él mientras se retiraba.

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