miércoles, 29 de febrero de 2012

Capitulo 8.-

— No pareces tan pagada de ti misma como yo esperaba —comentó burlonamente una lánguida voz femenina.
Sorprendida, Miley giró sobre sus talones. De pie junto a la ventana estaba Bianca, la hermana de Nick, una morena delgada como una escoba con un envidiable traje recto de color blanco que parecía pregonar que era de diseño.
— ¿Bianca?—murmuró confusamente. Su cerebro se resistía a funcionar.
La única imagen que estaba grabada en su cabeza era la de Delta abrazando a Nick, riendo y sonriendo con clara intimidad. Desde luego, no había reaccionado como cualquier mujer lo habría hecho si su amante hubiera puesto fin a su relación y, casi inmediatamente, se hubiera casado con otra mujer. Aquella imagen perturbadora todavía se clavaba en su interior como un diabólico cuchillo.
Bianca caminó hacia ella con una sonrisa burlona.
—Sí, tengo que reconocer que, por mucho que te desprecie, Miley, admiro tu sangre fría. Tienes a un verdadero Jonas viviente en tu poder como un rehén para conseguir una fortuna.
—No sé de qué me estás hablando —dijo Miley retirándose húmedos mechones de cabellos rubio platino de su frente con un gesto vacilante.
—Destiny... tu milagroso billete de vuelta al círculo familiar —dijo Bianca soltando una carcajada de desprecio—. Pero no estaría muy tranquila en tu lugar. Puede que Nick se haya casado contigo para conseguir la custodia de su hija, pero no creo que planee quedarse con las dos...
— ¿Qué me intentas decir? —la interrumpió Miley con voz tensa.
Ya veo que sigues necesitando que te digan las cosas palabra por palabra —le espetó Bianca con una mirada de superioridad—. Nick se quedará con Emily y se deshará de ti. Y, ¿por qué no? ¡Tú hiciste lo mismo con él!
— ¿Por qué me sigues odiando tanto? —susurró Miley horrorizada ante la persistente malicia de aquella mujer—. ¿Y qué haces aquí?
—Arruinaste la vida de mi hermano una vez y ahora lo estás intentando de nuevo. Los mellizos permanecen unidos —le dijo Bianca sucintamente—. Y en cuanto a lo que hago aquí, se trata de negocios nada más, aunque creo que debo disculparme por haber reunido a Nick con Delta inadvertidamente. Eres una estúpida celosa. ¿Y qué esperanza tienes contra una joven de esa edad?
Miley se quedó blanca como la nieve.
—Perra —murmuró conmocionada.
—Madre di Dio, ¿qué demonios está pasando aquí? —intervino Nick bruscamente cortando la conversación como un aire gélido en un día caluroso de verano.
Miley se dio la vuelta desconcertada, chocó contra una mesa y lanzó un lujoso jarrón de flores contra la chimenea. El cristal estalló en todas direcciones.
— ¡Maldita sea! —jadeó y, automáticamente, se agachó para recoger los pedazos de cristal.
—Me temo que tu mujer no está preparada para olvidar el pasado, Nicky. Lo intenté… ahora no puedes decir que no lo he intentado.., pero oíste lo que me llamó, ¿verdad?
—Miley, deja en paz los cristales —ordenó Nick con los ojos echando chispas y una expresión implacable. Se acercó hasta donde estaba y la levantó—. Ahora mismo podemos pasar sin una esposa salpicada de sangre en el papel de la protagonista.
—Debe de ser horriblemente vergonzoso ser tan torpe —comentó Bianca con ironía.
Miley se mordió el labio inferior lastimando la suave carne y probó el sabor acre de su sangre.
—Siento que Miley haya sido tan grosera —dijo Nick lentamente aprisionando a su mujer con una mano anclada sobre su hombro—. Pero estoy convencido de que quiere disculparse por perder la cabeza.
Miley se puso rígida y permaneció muda, indignada de que la trataran como una niña que se hubiese portado mal. La frustración y la furia la recorrieron al darse cuenta de que cualquier cosa que dijera en su defensa en aquellos momentos no sería convincente.
—No te preocupes —suspiró Bianca, dirigiéndole una sonrisa. Miley miró a la morena con un odio apenas disimulado.
—Dadas las circunstancias... —vaciló Nick, y luego se encogió de hombros abandonándose al destino—. Puedes usar la finca para tu sesión de fotos. Me hago cargo de que sería difícil encontrar otro escenario en tan poco tiempo...
— ¡Sabía que Delta te haría cambiar de opinión! —entonó Bianca en un nauseabundo tono de alivio infantil. Miley rechinó los dientes—. Sé que es un momento muy inoportuno, pero nunca imaginé que Miley y tú vinierais a esta vieja casa a pasar vuestra luna de miel.
Con un repentino e inesperado movimiento, Miley se liberó de la mano que la apresaba y salió a zancadas de la estancia.
—Dio... —gimió Bianca a sus espaldas—. Si hubiera sabido que te iba a causar tantos problemas, no te lo hubiera pedido.
Miley subió las escaleras precipitadamente. No pasaría ni un solo instante más en aquella casa... ni por Destiny ni por nadie. ¡Iba a salir enseguida! Con la respiración entrecortada por el sollozo, buscó su maleta, que todavía no había deshecho, y trató de cerrarla metiendo como podía las mangas y los dobladillos de las prendas que sobresalían al haberlas desordenado antes con las prisas por vestirse.
— ¿A qué demonios crees que estás jugando ahora? —inquirió Nick desde la puerta.
Miley se dio la vuelta arrodillada como estaba y con las mejillas ardiendo de furia.
— ¡Apártate de mi camino, cerdo! No, no eres un cerdo, eres menos que eso. Eres una serpiente... una serpiente escurridiza, astuta, traidora y estúpida... porque si piensas que voy a quedarme aquí y aguantarte a ti, a tu novia y a la arpía de tu hermana, estás soñando.
—No vas a ir a ninguna parte, piccola mia —le espetó crudamente cruzándose de brazos—. Cuando la felicidad de mi hija está en juego, sería capaz de hacer cualquier cosa.
— ¿Qué quieres decir con eso?
—Quiero decir que el día que me abandones empezaré a reclamar la custodia de mi hija. No me excluirás de su vida otra vez —aseguró Nick con brusco énfasis.
Miley se quedó blanca de la conmoción, electrificada por aquella amenaza. De repente, la exposición viperina de Bianca no parecía tan fantasiosa. ¿Sería posible que Nick planeara utilizarla mientras la necesitara... y luego prescindiese de sus servicios como esposa y madre al mismo tiempo?
—Me estás asustando —murmuró Miley en impulso involuntario de franqueza.
—Y tú a mí cuando te veo arrastrar una maleta apenas veinticuatro horas después de decir «Sí quiero» por segunda vez en tu vida —exclamó Nick, con rostro pálido pero con una fiera determinación reflejada en su esculpida estructura ósea—. No espero que mi hermana y tú os hagáis íntimas amigas, pero sí espero que aceptes como una mujer madura que mi familia es también la familia de Dest y que cuando llegue aquí a finales de semana, no tiene por qué verse envuelta en una guerra de mezquindades que empezó incluso antes de que ella naciera.
—Yo no fui quien volvió a empezar la guerra.
Nick extendió sus manos fuertes en un arco de impaciencia por lo que consideraba un tema sin importancia.
—No consentiré que Destiny venga a casa por primera vez y encuentre una atmósfera hostil...
— ¿Y qué piensas hacer para mejorar esa atmósfera? —inquirió Miley soltando una carcajada sin rastro de humor al recordar la humillación a la que la había sometido minutos antes—. Te odio, Nick. De verdad que te odio por lo que me has hecho hoy.
—Tal vez me odies por lo que no te he hecho —replicó lanzando una mirada explícita a la cama revuelta—. Apenas puedo creer que me resistiera a la tentación.
Más afectada de lo que podía soportar por aquel cambio de humor y de tema, Miley respiró aceleradamente mientras su pecho subía y bajaba al compás de su respiración.
—Te abofetearé si lo vuelves a intentar.
— ¿Cuándo me he sentido inhibido por esa expectativa? —le lanzó Nick en tono complacido—. Ya deberías saber que me encantan los retos —prosiguió con una sonrisa cruel—. Pero puedes estar tranquila de momento, gracias a nuestros inesperados visitantes.
— ¿Inesperados? —inquirió Miley con incertidumbre.
—Dio... ¿no imaginarás que deseaba que levantaran este circo en nuestra casa? —preguntó con una mueca de clara incredulidad—. Pero no tardarán en irse.
— ¿Por qué necesitaba Bianca tu permiso para usar la casa? —inquirió Miley. Su indignación empezaba a ceder al ver que Nick estaba tan contrariado por la invasión como ella.
—La finca es ahora de mi propiedad. Cuando Vittorio decidió venderla, yo la compré.
— ¿Y qué tiene que ver tu hermana con una sesión de fotografía?
—Hace tres meses compró un estudio fotográfico. Está haciendo lo posible para destacar en el mundo de la moda. Delta es una top model —explicó Nick—. Bianca la necesita para vender este reportaje y, como Delta es una amiga de la familia, accedió a ayudarla.
Miley reconsideró la imagen de Delta y Nick juntos y admitió que lo que había visto no podía describirse como algo más que un saludo afectuoso.
— ¿Delta es... una amiga de la familia?
—Nuestros padres se mueven en los mismos círculos sociales.
—Te vi con ella antes —se oyó Miley confesar con sorprendente brusquedad—. Estaba como una lapa pegada a ti.
—Delta es muy expresiva —dijo Nick encogiéndose de hombros bajo el penetrante escrutinio de Miley—. Y para ser sincero, cara, está siendo muy generosa. Salí con ella hasta hace muy poco —le recordó en tono de reprobación—. Pero, vamos, el almuerzo está servido.
La idea de tener a la hermosa y generosa Delta rondando por la casa la hacía sentirse profundamente insegura. Aquella misma mañana se había dicho que sería capaz de llevar un matrimonio de conveniencia, pero horas después estaba ahogándose en un pantano de dolor y confusión. ¿Por qué ningún otro hombre había tenido el poder de desgarrar su corazón con una sola sonrisa y paralizarlo apareciendo con unos vaqueros?
—Sabes... Necesito aire fresco más de lo que necesito comer.
Pero Nick la interceptó antes de que alcanzara la puerta y la presionó contra su cuerpo contemplándola con evidente frustración.
—No me excluyas de tu vida… y no huyas de mi lado.
La dura protuberancia masculina de su virilidad presionó su estómago y la hizo vibrar como un fórmula uno a punto de emprender la carrera. Pero Miley combatió su fragilidad con frenética determinación.
—Estamos haciendo un hogar para nuestra hija, eso es todo —le dijo con voz trémula—. Ahora... por favor, suéltame.
Su mirada ardiente le dijo que no estaba dispuesto a escucharla, pero se oyó el batir de una puerta y el ruido de voces irrumpiendo en el vestíbulo. Nick la liberó maldiciendo y Miley huyó corriendo escaleras abajo y salió al exterior. Pero sintió como si la mitad de su alma se hubiera quedado en el círculo roto de su abrazo. Ahogó un sollozo en su garganta e inspiró el aire caliente y pesado con lágrimas en los ojos.
Sólo el amor la había herido tanto. Nick influía en todas sus emociones. Y era tan doloroso y tan terriblemente familiar para Miley... Podría haberlo soportado mejor si sólo hubiera sido sexo. La idea de que siguiera amando a Nick la petrificaba. Amarlo significaba que lo último que podía soportar era vivir un humillante matrimonio de conveniencia basado en el bien de su hija.
Aturdida por aquella oleada de emociones, Miley vio a Nick bajar las escaleras de entrada de la casa. Era un hombre irresistible y cada uno de sus ágiles movimientos la hacían ser consciente no sólo de él sino de su extrema vulnerabilidad. Enseguida, desvió la mirada y sólo entonces prestó atención a la escena que estaba teniendo lugar ante sus ojos. Delta estaba posando delante de un seto de tejo artísticamente podado con un precioso vestido de fiesta de color rosa pálido que dejaba ver sus hombros desnudos. Dest había tenido una Barbie que se le parecía mucho. Tan perfecta que parecía imposible, vestida como una princesa de cuento de hadas, completa con aquella nube de cabellos dorados.
—Imponente, ¿verdad? —dijo Bianca apareciendo a su lado.
—No creo que sea una coincidencia que Delta y tú hayáis llegado hoy —dijo observando cómo delta lanzaba un beso seductor a Nick entre pose y pose.
—Pero Nick sí. Es evidente que yo sabía que ibais a venir aquí —confirmó Bianca con ironía.
Desdeñando con irritación las atenciones de la maquilladora, Delta se acercó a Nick con la eficiencia de un misil programado para dar en el blanco.
—Llegas tarde —le dijo Miley a Bianca con firmeza—. Deberías haber montado esta farsa una semana antes de la boda.
—Sólo estoy haciéndote ver una relación ininterrumpida —dijo Bianca dulcemente—. ¿Te parece que Delta actúe como una mujer que ha perdido a su amante por otra mujer? Sabe por qué Nick se ha casado contigo y sabe que no durará mucho. Puede permitirse ser comprensiva.
Delta había enredado a Nick en una animada conversación. Miley levantó la barbilla y se acercó. Delta la ignoró, pero Nick posó con naturalidad la mano en la parte inferior de su espalda. Miley se apoyó en él haciendo un minúsculo pero agresivo movimiento e introdujo la mano en el bolsillo trasero de su pantalón vaquero. Se sintió envuelta en su aroma y calor. Como una seductora camino de convertirse en la víctima de su propia estrategia, Miley inspiró con desesperación sintiendo que Nick se ponía tenso y cambiaba de postura, y se cuestionó confusamente la inconsistencia de su comportamiento provocativo.
—Vamos a dar un paseo —murmuró Nick con significativa brusquedad. Delta abrió los ojos.
—No puedo, tengo que ponerme el próximo vestido en cinco minutos —dijo frunciéndole el ceño a Miley, demasiado egocéntrica como para darse cuenta de que la invitación no había ido dirigida a ella—. Ah, sí, casi lo olvido. Jared me dio un mensaje para ti.
— ¿Jared? —inquirió Miley, que se quedó fuera de juego momentáneamente por la referencia.
—Fui a ver con él aquella casa —dijo Delta con despreocupación—. Y lo sentí mucho por él. Está destrozado por haberte perdido.
Antes de que Miley pudiera separar los labios para desafiar aquella sorprendente declaración, Nick intervino de manera cortante.
— ¿Y el mensaje?
—Dijo que le recordara a Miley la proposición que le hizo la noche antes de vuestra boda.
—Jared quiere que le des la oportunidad de dirigir la agencia —dijo Miley bajo la mirada impertérrita de Nick mientras Delta volvía a las cámaras con un sonrisa felina de satisfacción—. Es muy ambicioso. ¿Por qué me miras así?
Nick se apartó de su lado y Miley pestañeó.
—Oh, no. Sigues siendo un celoso empedernido.
—Tienes que haber perdido la razón para decir eso —dijo con gélida precisión haciendo una mueca sarcástica.
Sí, posiblemente era así... ¿no estaba atribuyéndole emociones que no poseía? Tenía que haber cierto grado de preocupación para que existieran los celos. Y Nick no se preocupaba. La única preocupación de Nick era destiny. Con un rubor de mortificación, Miley giró sobre sus talones y fue a refugiarse en el bosque sintiendo que se había puesto en ridículo. Era mejor dejar que Bianca y Delta interpretaran su estúpida farsa. Pronto se habrían ido.

— ¿Sabes qué hora es?
Miley se detuvo a mitad de la escalera y consultó detenidamente su reloj.
—Las nueve y media.
— ¿Dónde demonios has estado todo este tiempo? —masculló cruzando el vestíbulo como un depredador hambriento y abriendo las manos con expresividad.
—Fui a dar un paseo. Pensé que era mejor que dejase a nuestros visitantes hacer su trabajo —dijo Miley con voz tensa—. Siento haberme perdido la cena, pero me hice un sándwich en la cocina. Ahora me voy a la cama. Buenas noches.
— ¿Buenas noches? —rugió Nick dejando entre ver la furiosa exasperación que trataba de controlar.
Miley se apresuró a entrar en el vestidor de su habitación. Para contrariedad suya, habían deshecho su maleta. Localizó un camisón y salió corriendo. Escogió una pequeña habitación del segundo piso. Sólo cuando ya estaba metida en la cama y había apagado la luz, empezó a relajarse un poco. Nick acabaría captando el mensaje. Podrían perfectamente ser... compañeros. Cualquier cosa con un matiz más íntimo era imposible y, siempre que no sospechara sus sentimientos hacia él, no podría volverla a herir.
Pasado algún tiempo, el batir de unas puertas en la distancia rompieron el silencio de la casa. Miley frunció el ceño cuando en menos de un minuto se oyó otro batir similar... y luego otro. Perdió la cuenta pero comprendió horrorizada que Nick estaba recorriendo la casa buscando a su mujer perdida. Ashley se quedó inmóvil hasta que finalmente, su puerta se abrió de golpe.
— ¡Tendré que encadenarte en la bodega! —exclamó Nick caminando hacia la cama y fulminándola con la mirada—. Al menos, así sabré dónde encontrarte. Te pasas la mitad del día escondiéndote en el bosque y luego subes al ático para pasar la noche. ¿Qué clase de matrimonio te crees que es éste?
—No es un matrimonio normal...
— ¡Pero va a serlo! —juró Nick con convicción apartando la ropa de su cama y levantándola en sus brazos antes de que pudiera impedirlo—. Debes estar en mi habitación, y ahí es donde estarás. Y si no quieres dormir en la cama conmigo puedes dormir en el suelo… pero en la misma habitación. ¿Por qué? Porque eres mi esposa.
—Me chantajeaste para que me casara contigo.
—Déjalo ya —replicó Nick con desprecio bajando las escaleras de dos en dos y dando zancadas por el pasillo—. Para ti el chantaje fue maná caído del cielo.
— ¿Qué dices?
—Me deseas tanto como yo te deseo a ti... y sólo de esta manera me has podido tener sin reconocer ese hecho. ¡Maná caído del cielo! —repitió Nick con mordaz provocación al tiempo que la dejaba caer sobre la cama.
—Esa acusación es completamente ridícula —dijo Ashley tratando de parecer convincente pero roja como un tomate.
—Y como no me vas a convencer de que no me deseas, puesto que la mutua atracción es evidente, no entiendo por qué sigues huyendo en dirección opuesta —declaró Nick con salvaje franqueza—. ¿Qué más quieres de mí? ¿He de decirte que tengo toda una hilera de tarjetas de crédito y unos ingresos mensuales que ambicionaría hasta un rey del petróleo?
Miley palideció y tragó saliva al oír aquella degradante acusación. Tal vez era el momento de contarle a Nick la verdad sobre el acuerdo financiero de su separación.
Miley agarró dos almohadas y las puso delante de sí como barrera defensiva.
—Y tu silencio no va a llevamos a ningún sitio —le espetó Nick golpeando las almohadas y maldiciendo en italiano—. A veces eres tan endemoniadamente infantil...
—No es infantil creer que nuestra relación funcionará mejor si dormimos en camas separadas —protestó Miley con voz trémula—. Y, por cierto, no soy codiciosa y nunca lo he sido.
Se hizo un silencio expectante.
— ¿Es eso el final de una increíble oleada de seguridad en ti misma? —sondeó Nick irónicamente. Miley inspiró profundamente y se dijo que saldría ganando si lo avergonzaba con la verdad. Levantó la cabeza.
—Tu padre persuadió a Ashley para que aceptara el dinero en mi nombre. Ashley lo metió en una cuenta de un banco suizo y no me dijo que existía hasta la semana pasada.
—Madre di Dio... —murmuró Nick con voz quebrada, conmocionado ante aquella revelación.
Miley saltó de la cama y adoptó una postura defensiva.
—De modo que puedes dejar de llamarme codiciosa y no necesito ni tus tarjetas de crédito ni tus copiosos ingresos, porque con ese dinero Destiny y yo viviremos cómodamente durante el resto de nuestros días.
—No mentías al decir que no te habías llevado ni un penique cuando te divorciaste de mí... —reflexionó Nick mirándola con ojos dorados llenos de interés. La velocidad a la que asimilaba la nueva información la aterrorizó—. Miley la mártir... eso parece mucho más real. Entonces, pensabas de verdad que me hacías un favor divorciándote de mí y manteniendo en silencio la existencia de Miley. Dejaste que mi padre te convenciera, ¿verdad?
Se pasó una mano no muy firme por su negro y miró hacia el cielo apretando la mandíbula. El silencio creció y persistió hasta que Miley sintió ganas de chillar de la tensión.
—Miley... ¿seguías queriéndome cuando te divorciaste de mí?
Miley se quedó aterrorizada. Una pequeña cosa que había confesado y en menos de un minuto ya iba a cruzar la línea de meta.
—Dios mío, estoy tan cansada —musitó fingiendo un bostezo y tratando de ocultar el desconcierto de su cara con las manos.
—Vuelve a la cama —la invitó Nick con voz ronca—. Te despertaré enseguida.
Miley se agitó sin querer como una presa fácil ante su irresistible atractivo. Imaginó sus manos sobre su cuerpo y la recorrió un estremecimiento de excitación. Una necesidad desesperada que no podía controlar se apoderó de ella. ¿Por qué no darle la oportunidad de probar que su idea de matrimonio podía funcionar?
—No nos arriesgaremos a otro embarazo —comentó Nick con medido énfasis—. ¿Es eso lo que te preocupa? No quiero otro hijo.
E instantáneamente Miley contestó su propia pregunta. Se sintió atravesada por el dolor. Seguramente tener más hijos habría sido una posibilidad en el matrimonio normal que Nick había dicho que deseaba. Sin embargo, había desechado fríamente la idea de aumentar la familia antes de que pudiera plantearse aquella posibilidad.
Con un brusco movimiento, Miley asió una ligera manta que estaba a los pies de la cama. Ante la mirada de total incredulidad de Nick, se envolvió en ella y se acurrucó en un confortable sillón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario