jueves, 2 de febrero de 2012

Cap 45.-



—¿Eso es lo que te dijo? —preguntó Laura. Ante la expresión de desconcierto de Miley, la tía soltó una carcajada.

—El muy cerdo... No se le ha escapado una. ¿Te lo ha contado todo, Miley? ¿O ha conseguido que formes parte de su vida, que te acuestes con él además de conseguir lo que realmente quería, o sea, Melanie?

Dulce pareció haber sido fulminada por un rayo.

—¿De qué me estás hablando? —murmuró al fin ella.

—¿Por qué no te lo voy a contar? Ese tipo se merece un buen castigo... Vayamos a un lugar privado. Tienes mala cara. Más vale que nos sentemos.

Mientras la conducía de vuelta a casa, Nikos no hacía más que mirar a
Miley por el retrovisor. Ella no lo culpaba por ello. Era una persona totalmente distinta a la que salió de compras por la mañana. Estaba triste, pálida y ojerosa. Se parecía a la criatura herida que había visto con anterioridad tirada en una calle de Londres.

—¿Se encuentra usted bien? —le preguntó Nikos.

—Sí —asintió ella—. Me duele la cabeza, eso es todo. Cuando coma algo se me pasará.

Pero sabía muy bien que no se le pasaría. El chófer también debía sospechar que ocurría algo, porque tomó el teléfono móvil y se puso a hablar en griego.
Miley estaba segura que había llamado a Nick. Pero en el fondo se alegraba. Cuanto antes estuviera él en casa antes podrían resolver el asunto. Así, Miley se podría marchar lo más rápido posible.

Llegaron a la mansión.
Miley subió las escaleras de la entrada sin fijarse en quien estaba por allí. En su habitación, y no en la de Nick donde había estado durmiendo durante los últimos meses, se quitó la ropa y la dejó tirada en el suelo. Desnuda se dirigió al vestidor, recuperó sus vaqueros y una camiseta y se los puso. Luego tomó las prendas que había traído de Londres y dejó tras de sí los modelos exclusivos que eran el sueño de cualquier mujer joven.

Cerró la puerta del vestidor, convencida de que no volvería a ponerse nunca más esa ropa.

Oyó que llegaba un coche, mientras preparaba sus cosas para hacer la maleta. Seguramente sería Nick. Cuando él se introdujo en el dormitorio de
Miley, ella estaba guardando las joyas en un pequeño joyero de piel.

Solo un tonto habría tenido problemas para comprender lo que estaba ocurriendo.

— De acuerdo—sostuvo él —. Explícame lo que pasa.

—Me voy —repuso
Miley—. Te dejo.

Aquel hombre no era un ser humano. Era un trozo de metal que era capaz de todo con tal de hacer su voluntad.
Miley oyó cerrarse la puerta que daba al dormitorio de Nick mientras terminaba de recoger sus cosas.

—¿Por qué? —preguntó Nick con calma. Ella no respondió. No podía hacerlo.

—Algo ha ocurrido en la ciudad —prosiguió Nick—. Has visto a alguien...

Dulce podía notar sus pasos nerviosos mientras seguía haciendo la maleta.

—¿Ha sido Desmona? —continuó Nick—. ¿Te ha molestado otra vez?
Miley permanecía muda. Hasta que Nick le tomó del brazo Miley 

— ¡
Miley ...!

Pero entonces fue cuando ella estalló. De pronto, le dio una bofetada a Nick.

—No me pongas la mano encima nunca más, ¿me oyes? —dijo 
Miley.

Nick se estaba cubriendo la mejilla con una mano. Debía estar muy enfadado. Al menos eso era lo que esperaba 
Miley.

Sin embargo, los ojos insondables parecieron desconcertados y ella no pudo soportar esa reacción.

—Me mentiste —le acusó 
Miley—. Desde el primer día me has estado mintiendo todo el rato.

—Has estado con tu tía Laura —cayó en la cuenta Nick finalmente—. Ha venido a verme a la oficina esta mañana. No me extraña que te la hayas encontrado.
Miley permanecía en silencio.

—¿Qué te dijo? —prosiguió Nick.

—Ni siquiera trabaja para ti —sostuvo 
Miley—. Nunca lo ha hecho.

—Fuiste tú la que sacaste esa conclusión, 
Miley — dijo Nick—. Lo único que hice fue permitir que siguieras pensando lo mismo.

—Pero, ¿por qué? —preguntó
Miley, humillada por haber sido tan ingenua—. ¿Por qué querrías engañarme y manipularme si con la verdad habrías conseguido lo mismo?

nick lanzó un profundo suspiro. 
Miley sintió remordimientos por haberlo pegado: tenía una marca en la mejilla.

—No podía correr el riesgo de que no accedieras a llevar a cabo mis planes.

—Tus planes pretendían quitarme a Melanie —dijo ella con claridad.

—Esa era la idea inicial —admitió Nick—. ¿Tu tía te contó lo de tu madre con mi hermano?
Miley se cruzó de brazos y cerró los ojos. Se puso a recordar la aventura de su madre con el banquero griego en Madrid. Timo Jonas estaba casado y tenía cincuenta años. Como resultado de esa relación había nacido Melanie.

—Lo siento —murmuró Nick.

¿Por qué, después de todo? ¿Por hacerla sentirse tan mal? ¿O acaso estaba disculpando la conducta de su hermano y de la madre de 
Miley?

—¿Sabías que habían tenido una aventura? —quiso saber
Miley.

—Sí, supe lo de su aventura... —contestó Nick, dirigiéndose hacia la ventana—. Pero no sabía exactamente quien era la mujer en cuestión. Ni siquiera que hubiera tenido una hija. Me enteré un año después de la muerte de Timo, cuando vino a verme tu tía a mi despacho de Londres.

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