viernes, 3 de febrero de 2012

cap 7.-

Miley estaba hablando por teléfono con el representante de una empresa que quería comprar el nuevo juego de ordenador de Nick. Se mostró educada, pero firme, al decirles que iban a lanzar el producto ellos mismos.
Al mismo tiempo, estaba escribiendo una carta en el ordenador.
Nick se presentó en la oficina en compañía de Lola McDowell. Sonrió a
Miley.
-Muy diplomática -le murmuró a
Miley al oírle decir al de la empresa que les tendrían en cuenta la próxima vez.Miley colgó el teléfono y sonrió traviesamente.
-Es preciso tener contento a todo el mundo.
-Te mereces una medalla por eso -dijo Nick con cierta ronquera en la voz.
Miley se esforzó en no ruborizarse, consciente de que Lola estaba escuchando, y añadió con voz profesional:
-Necesito que firmes este formulario cuando tengas un momento.
-Ahora mismo -Nick se agachó y firmó el papel que ella tenía encima del escritorio.
-¿No deberías leerlo primero? -preguntó Lola con suaves modales.
Miley abrió la boca para decirle que Nick ya lo había examinado, pero Nick no le dio la oportunidad de responder.
-No es necesario.
Miley es una secretaria excelente -se enderezó y sonrió-. Competente y eficiente. Confío en ella plenamente.
-¿En serio? -el tono de Lola fue ligeramente irónico, pero sonrió-. Estupendo. En ese caso, podemos dejar esta lista en sus capaces manos.
Y dejó un folio en el escritorio de 
Miley.
-¿Qué es? -preguntó Miley.
El aspecto de Lola era perfecto, como siempre, notó 
Miley. Llevaba un traje de color lila claro, profesional y femenino al mismo tiempo. Los labios pin­tados color lila, y un perfume de delicado aroma a flores. El oscuro cabello recogido como siempre en un moño.
-Es una lista de posibles clientes con los que tenemos que contactar -respondió Nick-. Necesito que metas la lista en el ordenador.
Miley asintió.
-Ahora mismo lo hago.
-Estupendo. Bueno, Lola, parece que todo estará preparado para la entrevista del martes con tus contables.
La mujer sonrió.
-Sí, eso parece.
El teléfono sonó y 
Miley contestó.
-Oh, sí. Un momento, por favor, voy a ver si puede ponerse -cubrió el micrófono del auricular con una mano-. Tu contable.
Nick asintió.
-Hablaré desde mi despacho. Bueno, Lola, hasta el martes.
La puerta se cerró tras él, pero Lola se quedó merodeando por el escritorio de
Miley.Miley levantó la cabeza.
-¿Podrías darme un vaso de agua? -preguntó Lola-. Tengo un terrible dolor de cabeza, debe ser este calor.
-Sí, claro -
Miley se levantó y se dirigió al pequeño cuarto donde hacía café. Sacó una botella de agua mineral del frigorífico y llenó un vaso. Luego se lo llevó a Lola.
La mujer le dedicó una sonrisa. Abrió una caja de aspirinas que acababa de sacar de su bolso, se llevó una a la boca y bebió un sorbo de agua.
-Muchas gracias -dejó el vaso en el escritorio y, al hacerlo, empujó con los dedos un montón de papeles que acabó cayendo al suelo-. ¡Oh, no! Perdón.
Al momento, se agachó para recogerlos.
-No te preocupes, yo lo haré -dijo
Miley.
-Gracias. De verdad que lo siento.
-No me costará nada, las hojas están numeradas.
-Bien.
Lola se enderezó y, después de lanzar una última sonrisa, salió de la oficina.
A
Miley le costó más de lo que había supuesto ordenar los papeles. Aún estaba empeñada en la tarea cuando Nick salió de su despacho.
-¡Vaya día! -murmuró él-. Esperaba que pudiéramos terminar de trabajar temprano hoy.
-¿Hemos acabado temprano alguna vez?-
Miley sonrió.
Nick se encogió de hombros.
-Al menos, tú has conseguido tener un rato libre para almorzar. A propósito, ¿has reservado mesa en Romanio?
-Es lo primero que he hecho esta mañana. Pasaré a recogerte a las ocho.
Se miraron a los ojos. Habían estado tan ocupados con el trabajo que no habían tenido ni un momento para pensar en su situación personal, mucho menos para hablar de ello.
-Bien. Ahora, voy a meter esa lista en el ordenador antes de dar por terminado el día.
Miley se puso a buscar la hoja de papel que Lola McDowell había puesto encima del escritorio, pero no la vio. Frunció el ceño.
Miró por el suelo por si se había caído.
-¿Qué pasa? -preguntó Nick.
-No encuentro la lista que Lola me ha dado.
-Debe estar ahí.
Miley se mordió los labios.
-Quizá se haya mezclado con los otros papeles al caerse -dijo como si hablara consigo misma.
-Demonios,
Miley, esa lista es muy importante. Deberías haber tenido más cuidado con ella.
-He tenido cuidado. Estaba encima de esta mesa y yo no la he tocado para nada.
-¿Y qué sugieres, que se ha marchado sola? -murmuró Nick sarcásticamente.
Miley le lanzó una colérica mirada.
-Debe haberse caído con los otros papeles que ha tirado Lola. Quizá haya puesto la lista con los otros papeles.
Nick sacudió la cabeza y regresó a su despacho.
Una hora más tarde
Miley aún no había encontrado la lista y cada minuto que pasaba se sentía más frustrada.
Nick apareció mientras ella seguía buscando.
-Será mejor que recojas -dijo él con ternura.
Ella se miró el reloj. ¡Casi las seis y media!
-A lo mejor deberías cancelar la reserva. No creo que pueda relajarme hasta encontrar la maldita lista.
-Olvídate de la lista -Nick se acercó al escritorio con paso decisivo-. No quiero cancelar la reserva.
Los ojos de ella se encontraron con los de Nick, y suspiró.
-No sé adónde ha podido ir a parar, Nick.
-Olvídalo, ¿de acuerdo? Ya lo solucionaremos. Vete a casa y descansa un rato. Iré a recogerte a las ocho.
Miley vaciló un instante y luego asintió. Se sentía cansada. Necesitaba una ducha y relajarse un rato antes de la cena. Había sido una jornada agotadora.
-Está bien. Hasta luego.
Tan pronto como se hubo marchado, Nick reanudó la búsqueda de la hoja de papel.

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