Nick Jonas oyó sirenas tras él, pero no pudo ver las luces destellantes porque su vieja camioneta estaba cubierta de barro de arriba abajo. Solo contaba con un pequeño espacio en el parabrisas para ver adonde se dirigía. Al parecer iba a tener que librarse de una multa antes de llevar aquel cubo de roña a Hoofs Roost para sustituir los neumáticos y el tubo de escape, que tenía más agujeros que un queso suizo.
No sería muy difícil librarse de aquello con una simple advertencia, pensó mientras detenía la camioneta a un lado de la carretera. Los agentes del departamento de policía de Hoofs Roost estaban acostumbrados a tratar con granjeros y ganaderos y sus baqueteadas camionetas. Normalmente, los oficiales solían pasar por alto las infracciones menores porque ya habían visto muchas camionetas, tractores y maquinaria moviéndose de un campo a otro.
De hecho. Nick sospechaba que el que lo había hecho pararse sería Turk Bamett, un antiguo compañero de colegio que probablemente tenía ganas de charlar.
Apagó el motor y salió de la camioneta, pero se detuvo en seco al oír una voz femenina.
—¡Alto! ¡Quédese donde está!
Sorprendido, Nick giró sobre sus talones y vio a una oficial de policía que lo apuntaba con una pistola, en posición de disparo. ¿Se había vuelto loca? Evidentemente, sí. Él no era un gángster y Hoofs Roost no era precisamente la capital del crimen de Oklahoma. Aquella era una zona de ganado.
—Apoye las manos en la camioneta, señor —dijo la agente en tono autoritario.
Nick obedeció y entrecerró los ojos contra el sol para observar la silueta de la mujer vestida de azul que se acercaba a él como si esperara que fuera a sacar una pistola para llenarla de plomo. Apuntaba el arma hacia su cabeza, pero la mirada de Nick estaba fija en sus pechos.
¡Guau! No había duda de que la agente estaba bien dotada, y Nick tuvo dificultades para apartar su fascinada mirada. Cuando lo hizo se encontró frente a unas gafas de sol de espejo y una boca totalmente besable, pero con un sesgo muy poco amistoso. La agente se quitó las gafas, las guardó en el bolsillo de su camisa y Nick se encontró ante unos preciosos ojos verdes enmarcados por unas largas y curvadas pestañas.
Nunca había visto una policía como aquella, y empezó a sopesar las ventajas de ser arrestado por ella de forma habitual.
—No salga nunca del vehículo hasta que se lo digan —dijo la agente sin dejar de apuntarlo—. ¿Ha entendido, señor?
Nick asintió estúpidamente y la observó un largo momento... hasta que empezó a entender. Tenía que tratarse de una broma. Ya que él era considerado el bromista oficial de la familia Jonas, lo más probable era que sus malhumorados primos hubieran decidido hacerle pasar un mal trago. Solo faltaba una semana para su cumpleaños, de manera que el primo Kevin y el primo Joe debían de haber decidido gastarle una broma como regalo. Después de todo, siempre había sabido disfrutar de una buena broma, aunque se la gastaran a él.
Mientras la agente se acercaba. Nick le dedicó su sonrisa Jonas patentada.
—Por un momento casi me engañas, querida. ¿Te han enviado mis primos Kevin y Joe?
—¿Disculpe?
Al parecer, la morena explosiva quería interpretar su papel hasta el final.
—Vamos, sé que te han enviado mis primos. Eres mi regalo de cumpleaños, ¿no?
La agente miró a Nick como si se hubiera vuelto loco.
—Enséñeme su permiso de conducir y el resguardo del seguro del vehículo.
Aún sonriente. Nick sacó del bolsillo su permiso de conducir. Luego, miró en dirección al coche patrulla.
—Turk está ahí, ¿verdad? Debería haber supuesto que estaba implicado en esto. ¡Hola, Turk! Ya puedes sentarte. ¡Te he descubierto!
Pero Turk Bamett no alzó la cabeza ni apareció por ningún lado. Nick volvió a mirar a la agente, que estaba comprobando su documentación.
—¿No es una broma?
—No, señor —contestó ella mientras guardaba la pistola en su funda—. Es un 705, 734, 736, 743 y una infracción de tráfico 804.
Nick frunció el ceño.
—¿Qué diablos significa todo eso?
Ella lo miró a los ojos.
—Básicamente, que su vehículo es un montón de chatarra que no cumple ninguna norma de seguridad y que el barro del parabrisas y de la ventanilla trasera obstaculiza seriamente la visión. Es un peligro para los demás conductores. Quiero que retire de inmediato el vehículo de la autopista, señor.
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