Las palabras de Joe le rondaron en la cabeza mientras conducía a su casa. Joe tenía razón.
La única solución, si no quería perder su amor propio y su dignidad, era marcharse.
Era noche cerrada cuando paró el coche delante de la casa. Entró y el aire acondicionado fue un alivio. Se sirvió un vaso de agua fría y luego fue a su dormitorio.
-¿Dónde demonios te habías metido? -le preguntó Nick en el momento en que entró en el cuarto.
Sorprendida, se lo quedó mirando.Nick estaba sentado en la cama, aún completamente vestido.
-Yo... creía que aún estarías en casa de Lola -dijo ella frunciendo el ceño.
-Llevo ya un buen rato en casa y empezaba a estar preocupado.
-Por favor, Nick, ahórrate lo de la preocupación -dijo ella resentida.
Miley se quitó los zapatos y dejó el vaso de agua encima de su mesilla de noche.
-¿Dónde has estado? -repitió él.
-En casa de Joe - Miley se sentó en la cama, dándole la espalda, y echó los brazos hacia atrás para desabrocharse el vestido.
-¡Ah, vaya! ¿Has ido a ver a tu viejo amigo Joe para que te aliviara el cansancio y el aburrimiento? -preguntó él sarcásticamente.
-Sí, eso es precisamente lo que he hecho - Miley volvió la cabeza y le lanzó una fría mirada-. Y no finjas que te importa porque no te importa un pimiento. Los dos sabemos muy bien qué clase de matrimonio es éste.
Se hizo un tenso silencio.
-¿En serio? ¿Y qué clase de matrimonio es éste? -preguntó Nick con una calma que la enfureció.
-Supongo que se puede llamar... matrimonio de conveniencia... por nuestro hijo -la voz de ella se alzó varias notas-. Un matrimonio sin amor...
-No sabía que fueras tan desgraciada -dijo él con calma.Miley volvió a mirarlo. Nick la contemplaba sin pestañear, con expresión oscura. La ira de Miley dio paso a un profundo dolor, una inmensa tristeza.
Sin poder aguantarlo más, Miley se levantó, agarró el camisón y se fue al baño a desnudarse.
Cuando volvió al dormitorio, Nick ya estaba en la cama y la luz apagada. Miley se deslizó entre las sábanas y se mantuvo lo más lejos de él que pudo.
Ninguno de los dos habló, y el silencio resonó en los oídos de Miley. Era ya madrugada cuando Miley se quedó dormida.
El teléfono la despertó. Miró el reloj, las diez de la mañana. Pero era sábado y no tenían que ir a trabajar.Miley descolgó el auricular del teléfono que tenía en la mesilla de noche.
-Ah, hola, Joe.
A su lado, Nick se movió.
-No te he despertado, ¿verdad? -le preguntó Joe con voz animada.
-No te preocupes -murmuró Miley.
-He llamado porque se me ha ocurrido una idea. Esta mañana he llamado a unos contactos que tengo en Sydney y te he conseguido un trabajo. Es sólo por un mes o dos, pero creo que deberías considerarlo seriamente.
-¿Un trabajo? ¿Haciendo qué?
-Modelando ropa de maternidad.
-¡Modelando!
-Sí, y no te rías porque es un magnífico trabajo. Y se trata de un diseñador de mucho prestigio que está interesado en ti. Además, saldrás en las revistas y cosas así.
-Oh, Joe, has debido de pedir muchos favores para hacer esto por mí, ¿verdad?
-No seas tonta, estaban encantados. Han visto tus fotos y los has fascinado. Además, estamos hablando de dinero de verdad; eso, y un contrato de unos dos meses. Creo que es ideal para ti. Por supuesto, puedes vivir en mi piso de Sydney y hacer lo que quieras.Miley tardó unos segundos en hablar.
-¿Dispongo de tiempo para pensarlo? -le preguntó a Joe.
-Poco. Están interesados, pero la competencia es enorme.
-Lo comprendo. Joe... muchas gracias por haber hecho esto por mí.
El silencio en la habitación era sobrecogedor cuando Miley colgó el teléfono.
-¿Podrías decirme qué es todo eso? -preguntó Nick entre dientes.
-Joe me ha encontrado un trabajo en Sydney... para modelar ropa de maternidad.
-Increíble. Supongo que anoche fuiste a verlo para eso, ¿verdad?
-No, yo...
-Y, naturalmente, le contaste lo terrible que es un matrimonio sin amor y lo encadenada que te sientes -dijo él con sarcasmo-. Y el bueno de Joe ha tirado de sus influencias y, al momento, te ha conseguido un trabajo de modelo. Sí, siempre es bueno conocer a gente.
Miley no contestó.
-¿En Sydney?
Ella asintió.
-Me ha dicho que puedo ocupar su piso.
El rostro de Nick oscureció.
-¿Y qué te pide a cambio?
-¿Qué quieres decir?
-¿Tengo que decírtelo con palabras? ¿Le vas a pagar el alquiler en especias?
La cólera se apoderó de ella.
-¿Cómo te atreves a decir una cosa así? Joe es un hombre honrado y decente. Jamás se aprovecharía de mí.
-Da igual, porque no te permito que vayas -Nick se sentó en la cama.
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