viernes, 3 de febrero de 2012

Cap 8.-

Nick fue puntual. Iba vestido con unos pantalones de color crema y una camisa caqui. Se le veía tranquilo, no parecía preocupada cuando ella sacó a relucir el tema de la lista extraviada.
-Creí que no íbamos a hablar de eso -le dijo Nick mientras le abría la puerta del coche.
-No puedo olvidarlo. Es muy extraño,Nick. Nunca he perdido un papel.
Nick se encogió de hombros.
-Lo que pasa es que no sé qué ha podido pasar con esa lista. Estaba encima de mi escritorio y, de repente, ha desaparecido.
-Quizá hayan sido los marcianos -comentó Nick sonriendo.
-Quizá una marciana llamada Lola -contestó Miley en tono ligero.
El la miró arqueando las cejas.
-¿Por qué iba a hacer Lola una cosa así? Ella ha sido quien te ha dado la lista.
-No lo sé -y era verdad, no sabía por qué esa mujer iba a hacer una cosa así.
-A Lola le ha hecho gracia el incidente -rió Nick-. Me ha recordado lo que dije de que eras muy competente y eficiente.
-Y lo soy, soy competente y eficiente -dijo
Miley  acaloradamente.
-Claro que lo eres -Nick empleó un tono conciliador-. Oye, olvidémoslo, ¿te parece? Tenemos cosas más importantes que discutir.
-Sí, tienes razón.
Se quedaron en silencio mientras él aparcaba el coche.
Romanio estaba en el paseo marítimo. Un restaurante encantador, abierto al calor tropical de la noche donde las velas brillaban en las mesas.
Un camarero les condujo a una tranquila mesa en un rincón y les dejó la carta.
Miley podía oír el canto de las olas. La noche era apacible, sólo el ventilador del techo movía el aire.
-¿Te he dicho lo hermosa que estás esta noche? -preguntó Nick de repente.
Sus miradas se cruzaron.
-Gracias -sonrió tímidamente.
Llevaba un vestido de verano rosa pálido de cuello redondo y falda larga. Era femenino y bonito. Pero 
Miley sabía que no era hermosa.
-¿Cómo te encuentras?
-Sorprendentemente bien -contestó ella sonriendo.
Nick sacudió la cabeza.
-Anoche, cuando me acosté, me puse a pensar en ti.
-¿Sí? Suena a película X. ¿Estás seguro de que es prudente contarme esto?
Nick sonrió maliciosamente.
-Estaba pensando en que tenía que tener más miramientos contigo, no darte tanto trabajo. ¿Y qué he hecho hoy? Darte más trabajo que nunca.
Miley se echó a reír.
-No estoy enferma, Nick.
-Aunque no lo estés, si no puedes con tanta carga de trabajo, quiero que me lo digas. Podría contratar a alguien temporalmente. Cierto que no es buen momento para hacer cambios en la oficina, pero no quiero que te sientas presionada y bajo tensión.
-Nick, lo repito, me encuentro perfectamente.
-¿No sientes náuseas por las mañanas?
Ella negó con la cabeza.
-¿Ni antojos?
Miley vaciló; por fin, sus labios esbozaron una sonrisa.
-Nada que quiera admitir en un lugar público.
Él se echó a reír.
-A propósito, me encantan tus labios. Son muy tentadores.
-Decirme cosas así ha sido lo que nos ha llevado a encontrarnos en la situación que nos encontramos -bromeó ella mirándolo a los ojos.
El camarero apareció para anotar el menú.
-Me trajiste a este restaurante la primera vez que salimos juntos -comentó
Miley cuando volvieron a quedarse solos.
-Eras la secretaria más bonita que había tenido en mi vida. Y ha salido bien, ¿no? Estamos bien juntos.
-Supongo que sí -respondió ella con voz queda.
-En ese caso, ¿qué te parece si lo convertimos en algo permanente? -preguntó Nick-. Me refiero a lo que te dije anoche. Cásate conmigo, 
Miley.
A ella le dio un vuelco el corazón.
-Sé que soy una buena secretaria, Nick, pero no necesitas ir tan lejos para asegurarte de que sigo trabajando para ti -ella, desesperadamente, intentó ocultar su vulnerabilidad escudándose en el humor.
-Sí, creo que lo necesito.
El camarero con la comida la salvó de responder.
-Bueno, ¿qué dices? -insistió Nick cuando volvieron a quedarse solos.
Miley quería con todo su corazón responder afirmativamente, pero lo que deseaba no era necesariamente lo mejor para ella.
-Siempre has dicho que no quieres casarte; y de hacerlo, sería dentro de años.
-He cambiado de plan -respondió él.
-Pero por motivos muy cuestionables -ella jugueteó con la comida que tenía en el plato-. Al contrario que tú, yo he tenido unas semanas para pensar, Nick. Sé que lo pasamos bien juntos y que nos entende­mos...
-Lo pasamos muy bien -le interrumpió él con un brillo malicioso en los ojos.
Ella sonrió trémulamente.
-De acuerdo, lo pasamos muy bien. Pero no es suficiente. No me gusta la idea de un matrimonio sin amor, yo lo quiero todo.
-¿Quieres que te lo pida de rodillas?
-No, por favor, podría caerme de la silla de la impresión, y eso no es bueno dada mi condición.
Nick sonrió, se metió la mano en el bolsillo y sacó de él una caja de terciopelo azul.
-Quizá esto ayude.
Ella le lanzó una mirada interrogante.
-¿Es que no la vas a abrir?
Miley agarró la caja. En el interior había un solitario, un brillante cuadrado y exquisito. Casi se quedó sin respiración.
-El joyero me ha dicho que, si no es de tu tamaño, que se lo lleve y que te lo ajustarán a la medida de tu dedo.
-Es precioso, Nick. ¿Cuándo lo has comprado?
-¿Qué crees que he estado haciendo durante la hora de mi almuerzo? -preguntó él arqueando las cejas-. No pensarás que he tenido tiempo para comer, ¿verdad?
Miley  sonrió y cerró la caja.
-Es un anillo precioso. Gracias, Nick. Es un gesto encantador.
Nick frunció el ceño.
-No es un gesto, es una proposición de matrimonio. Una seria proposición de matrimonio.
-¿Pero no tan sincera como la que le hiciste a...? ¿Cómo se llamaba... Paula? -
Miley perdió el control de su voz, que le tembló ligeramente.
El rostro de él ensombreció.
-Eso fue hace mucho tiempo. He cambiado.
-Estabas enamorado, aún recuerdas lo que sentías.
-Recuerdo la pena que sentí cuando la perdí. Recuerdo no poder controlar mis emociones en mucho tiempo después de su muerte. Si eso es lo que te hace el amor... No quiero volver a sentir eso al perder a alguien.

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