lunes, 27 de febrero de 2012

Capitulo 7.-

Con el color de las mejillas subido, Miley atravesó el enorme salón.
-Creía que íbamos a cenar fuera esta noche -dijo Nick-. ¿Quieres tomar algo antes de marcharnos?
Miley agitó la cabeza y esperó a que él dijera algo acerca del talón, que ella había devuelto inmediatamente de la misma forma que lo había recibido.
-¿Nos vamos entonces?
-Ese talón...
-En vez del talón, he abierto una cuenta a tu nombre. Dijiste que era un cambio honesto -dijo él mirándola fríamente-. Ahora que nos comprendemos, no veo ninguna necesidad para que volvamos a hablar de la parte comercial...
-Nick... ¿quieres el divorcio?
Nick se paró en seco y la miró.
-Si es eso a lo que viene todo esto, ¿por qué no lo dices? -continuó Miley-. Ya he recibido el mensaje de que soy una completa desilusión para ti y que nada de lo que he hecho durante este mes ha merecido tu aprobación.
-Yo no quiero el divorcio.
-Bueno, en estos momentos, yo lo que quiero es volver al aeropuerto y a mi casa. Me doy cuenta de que la ceremonia de ayer fue un error. Siento mucho haberme enamorado tanto de la casa que elegiste para mí... pero no estuve de acuerdo en casarme contigo porque fueras rico. Y, hasta que no vi ese talón, ni se me ocurrió que tú pudieras pensar que yo iba realmente a por el dinero. ¡Pero, si es eso lo que tu llamas casarse bien, me temo que ya sabes lo que puedes hacer con este matrimonio!
La voz le falló entonces y empezó a dirigirse hacia la puerta a toda prisa. Pero Nick fue más rápido y la rodeó con sus brazos desde detrás.
-Te debo una disculpa -dijo-. Fue mi orgullo. Ninguna mujer me había tratado antes con semejante indiferencia.
-No era indiferencia. Fue como un sueño. No sentía que nada fuera real, excepto la casa. Y tú me parecías tan distante cuando hablábamos por teléfono... me sentía mal. No sabía lo que esperabas de mí.
-Demasiado.
-Yo quería que estuvieras conmigo. Fue una mala suerte que tú no quisieras oír eso.
-Dío... eso es exactamente lo que quiero oír.
-¿Lo es? -le preguntó ella, tragando saliva.
-Incluso a los adictos al trabajo les gusta que les echen de menos de vez en cuando. Si lo hubiera sabido habría hecho que te vinieras conmigo. No nos habríamos visto mucho de día, pero por lo menos habríamos tenido las noches.
-Yo no te estaba usando -susurró Miley tratando de poner en orden sus pensamientos-. Tú estabas allí y yo... te necesitaba.
-Y yo te necesito ahora a ti, cara -dijo él abrazándola y haciéndola sentir su masculinidad-. Un mes es mucho tiempo para mí.
Y lo de la cena estaba ya olvidado, pensó ella ruborizándose fieramente. Nick se rió entonces y le dijo:
-Te sigues ruborizando como una virgen.
Luego se dirigieron de nuevo al dormitorio y él le bajó la cremallera del vestido. Aquello estaba bien, se dijo Miley a sí misma, al fin y al cabo, estaban casados, así que era normal desearlo tanto.
El vestido cayó a sus pies y ella resistió el impulso de taparse. No podían apartar sus miradas de la del otro y Nick sonrió.
-Nick, yo... Pero él la hizo callar con un beso apasionado. La besó hasta que a ella se le olvidó todo menos su calor y su boca.
Entonces él le soltó el sujetador y ella dejó de respirar cuando Nick le acarició un seno desnudo y le rozó un pezón con el pulgar y se le escapó un gemido. Luego Nick la hizo retroceder hasta la cama y se desnudó él.
-Siempre me has deseado -dijo.
-No...
Pero eso no era cierto, lo que le había pasado siempre y sólo ahora podía ver era que se había obligado a sí misma a no desearlo, y lo había hecho tan a menudo que se había transformado en un hábito.
-Tienes una disciplina de hierro... y eres una cabezota. Sabías la atracción que había entre nosotros, pero no querías admitirla. Eso me volvía loco. Tenía miedo de hacer algo y que tú te marcharas. Mantenías un muro entre nosotros... Nunca te acercabas a mí, nunca me tocabas, aunque fuera accidentalmente.
Eso era cierto también. Le dolía aceptar que su cuerpo sí había sabido la atracción que había entre ellos, pero su mente se había resistido.
-No lo sabía...
-Pero ahora ya lo sabes.
Nick se tumbó entonces en la cama a su lado y la tomó en sus brazos. Entonces ella dejó de pensar como si hubiera apagado un interruptor.
Nick bajó la cabeza y le rozó uno de los pezones con la punta de la lengua, acariciándole el cuerpo a la vez con las manos.
-Nick...
-Sentir esto es algo especial, bella mía -murmuró él-. ¡Eres tan hermosa!
Entonces Nick le acarició la parte interna de los muslos, haciendo crecer en ella la pasión de tal manera que se agarró a él con fuerza. Luego metió una mano por dentro de sus bragas y ella se retorció y gimió en una dulce agonía de desesperada necesidad. Por fin la frustrante barrera desapareció y él se dedicó a explorar expertamente la dulce humedad que había debajo, haciéndola perder el control del todo.
-Ahora... -gimió Nick cuando ella estaba a punto de no poder soportarlo más.
Se miraron y él la levantó para que lo recibiera y condujera a su interior mientras ella gritaba con el cálido y tortuoso placer de la penetración.
Al terminar, Miley se agarró a él, reviviendo la maravillosamente íntima sensación de él estremeciéndose con la misma satisfacción entre sus brazos. Una gloriosa sensación de bienestar la invadió. Estaba en paz, perfectamente en paz, hasta que se dio cuenta de la intensa felicidad que también sentía. Era esa sensación la que más la extrañó.
Nick rodó, llevándosela con él y ella lo abrazó porque... porque no quería que se apartara.
-¿Tienes frío? -le preguntó él mientras la arropaba-. Mucho mejor sin el brandy.
-No estaba borracha.
-Pero tampoco demasiado sobria. Te prometí esa noche que podrías confiar en mí. Y no te mentí. Pero sí sobreestimé los límites de mi autocontrol. Realmente no me importaba por qué me querías. Era suficiente con que lo hicieras.
Miley pensó entonces que sólo una noche loca, y le había cambiado la vida.
-¿A qué vinieron todas las flores?
-A un sentimiento de culpa.
-¿Culpa?
-No me había imaginado que fuera tu primera vez, cara. Para una mujer, eso es un evento significativo y tú ya no eras una niña. Tienes veintitrés años, lo que sugiere que esa abstención se debe a una política deliberada. Me pareció que, por la mañana, no te sentirías tan bien como la noche anterior.
-Tuviste razón.
Nick la miró y sonrió. Luego le dijo:
-Tengo hambre, cara. Todavía tenemos tiempo de sobra para cenar.



-¿Tu primer amor?
Miley arrugó la nariz.
-Te vas a reír.
-No.
-De acuerdo. Yo tenía quince años. Fue algo de lo más repentino y romántico. Lo estuve viendo todos los días durante semanas cuando iba andando de casa al colegio y a la vuelta. Era parte de una cuadrilla de la construcción que trabajaba en la calle. Me has dicho que no te reirías. Estaba muy bien cuando se quitaba la camisa.
Nick sonrió entonces.
-Bella mía, me sorprendes.
-¿De verdad?
Nick extendió una mano y la hizo acercarse a él, rozándole los labios con los suyos provocativamente y a ella se le alteró el pulso y la invadió la ya habitual oleada de deseo que la dejaba casi mareada.
No importaba cómo de a menudo Nick le hiciera el amor. Durante las últimas dos semanas ella había descubierto que Nick podía despertar ese deseo a su voluntad.
-Se está haciendo tarde -dijo él sonriendo-. Tenemos que salir.
Minutos más tarde, ella estaba bajo la ducha tratando de despertarse de nuevo y envidiando la electrificante energía de Nick.
Ese hombre tenía el poder de hacerla sentirse especial, la había hecho meterse de cabeza en una vida de completa satisfacción, y nadie había satisfecho antes los deseos de Miley. Había descubierto que era fácil acostumbrarse a que la mimaran y hacía maravillas a su autoestima.
-Lleva el anillo de oro -le sugirió Nick.
-¿No va a ser un poco... ostentoso?
-Me gusta que lo seas. Y me lo debes.
-¿Por qué?
-Por destruir mi apreciación de la belleza llevando todo un año esos desagradables vestidos azul marino y marrones.
Ella se rió y, cuando se vio en el espejo, se dio cuenta de que le brillaban los ojos y tenía una impresión de felicidad que cada vez se le estaba haciendo más conocida a cada día que pasaba. Apartó la mirada rápidamente, pero no había forma de ocultar lo que estaba pasando en el interior de su corazón. Su cabeza no tenía nada que ver con ello.

La inteligencia no podía evitar que el pulso no dejara de saltarle a cada momento que se le acercaba Nick.
Y, si se estaba enamorando perdidamente de su marido, no era por su culpa, sino por la de él. Cuando un hombre hace que una mujer se sienta tan maravillosamente, ¿qué más puede tener a cambio?
-Estás increíblemente sexy...
Ella se volvió. Las sencillas líneas del vestido, sin mangas y con unos pequeños tirantes, acentuaban la perfección de su figura.
-Pero muy desnuda.
Nick le acarició entonces el cabello y añadió:
-Te he comprado unos pendientes, pero no te van a valer. Ya me doy cuenta de que no tienes agujeros en las orejas. Ha sido muy poco observador por mi parte.
Ella los miró y dijo:
-Nick, son preciosos... Gracias.
-Han sido dos semanas increíbles, bella mía. Creo que el placer ha sido todo mío.
Nick la besó entonces en un hombro desnudo y luego la ayudó a ponerse la chaqueta.



Miley tomó su mano y entró en la motora con paso levemente inseguro por los tacones. Llevaban cenando fuera casi todas las noches, pero el encanto de esas noches venecianas no había desaparecido. Miley no dejaba de preguntarse si sería una locura pensar que Nick pudiera estar, aunque sólo fuera un poco, enamorado de ella. Tal vez fuera el que la tratara tan bien lo que mantenía en ella esa esperanza. Bueno, a lo mejor dentro de seis meses él ya se hubiera cansado de ella y la trataría como a un mueble, así que se dijo que, mientras durara, disfrutara de ese tratamiento de lujo.
-¿Qué te pasa? -le preguntó Nick cuando desembarcaron.
Miley se puso tensa.
-Nada.
-Estás muy callada. Supongo que sería mucho esperar que olvidaras...

-¿Que?- le pregunto Miley.
Todavía seguía sorprendiéndole la velocidad con que podía cambiar el humor de Zac.
-No juegues, cara. Este es, después de todo, el día en que esperabas casarte con Shorter.
A Miley le resultó desagradable que se lo recordara y se puso pálida.
-No, no creo que ese hecho te haya pasado inadvertido -dijo Nick muy secamente-. No ha sido una mala actuación la tuya de hoy, pero se te está empezando a notar.
-Nick, te prometo que de verdad se me había olvidado el día que era.
Él la miró duramente. Dijo algo en italiano, algo que parecía indicar su incredulidad.
-¡De verdad!
-Lo he sabido por la cara que has puesto -dijo él mientras le abría la puerta del restaurante.
-No -protestó ella, enfadada.
Luego el maitre los recibió y los fue a conducir a su mesa. Entonces un hombre de mediana edad con el cabello gris se levantó de una de las mesas cercanas y se les acercó exclamando:
-¡Nick!
El resto lo dijo todo en italiano.
-Miley -dijo él entonces-. Este es Tony Bargani, un amigo de la familia.
-Sentaos con nosotros -dijo el hombre llamando a los camareros para que instalaran otras sillas.
Luego la instaló a ella en la suya propia.
-Nick, tú ya conoces a todo el mundo. Mi esposa, Claudia -dijo dándole una palmada en el hombro a una rubia platino explosiva-. Guy Clinton y su esposa, Denise...
El tal Clinton ya le estaba dando la mano entusiásticamente. Tony pidió algo de beber y su esposa, que debía tener por lo menos veinte años menos que él, estaba demasiado ocupada compitiendo por ganarse la atención de Nick como para darse cuenta de la presencia de Miley. Denise, la esposa de Clinton, suspiró y sonrió levemente.
-Tengo entendido que estás en tu luna de miel, Miley; Deberías habernos evitado. Los hombres se van a pasar el resto de la velada hablando de negocios.
Claudia miró entonces a Miley con curiosidad.
-Estoy muy segura de que Miley ya sabe eso, Denise. Trabajaba para Nick y, con Nick, los negocios siempre son lo primero. Yo recuerdo muy bien mi época con él.
-¿Trabajabas para Nick? -le preguntó Miley, sonriendo.
Claudia se rió.
-Querida, ¿de verdad te parece que alguna vez he trabajado de nueve a cinco en una oficina alguna vez?
Miley se ruborizó.
-Lo siento, he malinterpretado...
-No es sorprendente -dijo Claudia con aire hostil-. Me imagino que debes estar sintiéndote fuera de tu ambiente a cada momento.
-Estoy aprendiendo todo el tiempo.
Tony intervino entonces y dijo:
-Me sorprende que no estéis en el yate.
-Miley se marea -dijo Nick.
Ella levantó la cabeza de golpe.
-¿Quién te ha dicho eso?
-Tu tía. En la fiesta de la boda. Esa noticia hizo que cambiara de lugar donde pasar la luna de miel a última hora.
-¿Quieres decir que no lo sabías? -preguntó Tony.
Miley tampoco lo había sabido. Y, si tuviera a mano a su tía en ese momento, la habría estrangulado. Un viaje de un día a Francia cuando estaba todavía en el colegio no era suficiente evidencia para andar por ahí diciendo que se mareaba en los barcos.
-Que inconveniente -dijo Claudia-. ¿Vais a vender ahora el Sea Spring?
-Claro que no. Y mucho menos por mí. Mi tía tiende a exagerar -dijo Miley.
-Venecia tiene que ser la ciudad más romántica del mundo -afirmó entonces Denise-. No se me ocurre un sitio más maravilloso para pasar la luna de miel.
-Pero eso es porque no te criaste aquí... Nick sí que lo hizo -dijo la esposa de Tony con una falsa dulzura.
A Miley le dieron ganas de tirarle por encima la copa de vino, pero entonces les sirvieron el primer plato.
Según progresaba la cena los hombres seguían hablando de negocios y las mujeres seguían con lo suyo. Estaba claro para Miley que su anfitriona era una ex novia de Nick.
-¿Sabes que el parecido es mucho? -preguntó Claudia cuando estaban ya con los cafés y Denise se había ido al tocador.
Mleiy levantó la cabeza.
-¿Perdón?
-El padre de Nick y Tony son viejos amigos. Cenamos con ellos en Londres la semana pasada. Al parecer, Paul se quedó impresionado la primera vez que te vio.
-Lo siento, no te sigo...
-Eres la viva imagen del único y verdadero amor de Nick. Paul se sorprendió mucho cuando te vio. Por un momento pensó que eras Elisa. Es una tontería, por supuesto... Ella es veinte años mayor que tú ahora... pero ya sabes que se dice que todos tenemos un doble en alguna parte.
Un velo de frialdad envolvió lentamente a Miley. Su cerebro estaba como en medio de la niebla. No parecía poder absorber lo que Claudia le estaba diciendo.
-Yo no llegué a conocerla -continuó-. Pero cuando Tony y yo volvamos a casa, sacaré alguno de los álbumes familiares de fotos antiguas para satisfacer mi curiosidad.
-¿Álbumes familiares?
-Elisa estaba casada con un primo de Tony cuando se lió con Nick... ¿No lo sabías?
Miley se humedeció el labio inferior.
-¿Su primo? ¿Así que Elisa estaba casada cuando conoció a Nick?
-Tienes muchas cosas que aprender. Todo el mundo la culpó a ella, incluso Tony. Nick era sólo un niño y ella una mujer devastadora. Muy pequeña, delgada, con el cabello largo y castaño, como el tuyo. Nick nunca lo superó y fue ella la que lo hizo volverse un tipo frío y duro. Pero entonces, tú eres algo especial, ¿no? Sólo contigo Nick podrá revivir su fantasía... ¡Y ni siquiera va a tener que apagar la luz!

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