jueves, 2 de febrero de 2012
Cap 44.-
DURANTE el entierro de la abuela de Nick, Miley se sintió llena de compasión por la ultima persona que imaginaba. Desmona estallo en sollozos en plena ceremonia, deshecha de dolor. Sin pensarlo dos veces, Miley se acerco a ella y la abrazo. Fuiste muy amable con ella, teniendo en cuenta las circunstancias –dijo Nick horas después, mientras se metían en la cama.
Ambos compartían dormitorio. Compartían su vida. Incluso Miley llegó a pensar que compartían un matrimonio.
—Necesitaba el calor de alguien —respondió ella simplemente—. No se me había ocurrido antes que Desmona y tu abuela debían de estar muy unidas.
—Desmona ha sido un miembro de la familia durante mucho tiempo —le recordó Nick—. Todos la tenemos en cuenta hasta cuando se pone difícil.
—¿Es por eso por lo que tu familia quería que te casaras con ella? —preguntó Miley.
—No —contestó Nick riendo—. Querían que me uniera a ella por cuestión de interés. Posee una parte importante de las acciones de nuestra fortuna y por eso era necesario que permanecieran en manos de la familia.
—Ella está enamorada de ti, o ¿por qué querría casarse contigo? —se planteó Miley.
—Desmona solo se quiere a sí misma, pero más aún al dinero —adujo Nick—. Nuestro matrimonio le habría dado libre acceso al dinero de los Jonas. Una causa realmente importante a sus ojos.
—Eres tan cínico, a veces —le reprochó Miley.
— Pues cámbiame —repuso Nick, besándola con pasión.
Aquel hombre se había convertido en el centro de la existencia de Miley. con el paso de los días se había enamorado profundamente de él.
Las semanas transcurrieron a gran velocidad, y Miley no tuvo que pensar en ningún momento en el trato que había hecho al principio con Nick. Le quitaron la escayola y lo celebró tirándose a la piscina cubierta completamente vestida. Era algo que le apetecía mucho hacer y que Nick ignoró con indulgencia. También fueron un par de veces a Londres a comprobar que la adopción legal de Melanie seguía su curso. Sus nombres aparecieron en un panel. Aquello confirmaba su idoneidad para ser los padres del bebé.
Pero eso no tenía por qué ponerse en duda. Ambos eran amantes, marido y mujer. Eran una pareja en toda la extensión de la palabra y se notaba a cada instante.
La vida era maravillosa. Miley no había sido nunca tan feliz. Lo único que empañaba su alegría era la ausencia de noticias por parte de la tía Laura.
—Mañana tengo que ir a París a pasar unos días — le informó Nick mientras estaban desayunando—. ¿Te apetece venir conmigo?
— ¡Oh, sí! —exclamó Miley. Conocer París, la ciudad más romántica del mundo junto al hombre más maravilloso del mundo...
—¿Estará mi tía allí? —preguntó ella impulsivamente.
Tras varias semanas de felicidad, la expresión de Nick volvió a mostrarse fría.
—No quiero hablar de ella —repuso él.
—Pero, ¿por qué tienes tanto interés en mantenernos separadas? —preguntó Miley—. No me va a hacer daño, la conozco más de lo que crees.
Nick se levantó de la mesa.
—No voy a hablar de ella —repitió él arrogantemente.
—Entonces, yo no voy a París —repuso Miley.
Sabía que había reaccionado de modo infantil y quisquilloso, pero era tal y como se sentía.
Nick salió del comedor a grandes pasos sin decir una palabra. Miley se pasó el resto del día malhumorada y su marido la estuvo evitando. Pero aquella noche, cuando se fueron a la cama fue ella quien dio su brazo a torcer. Su amor por Nick era demasiado poderoso.
Pero se quedó atónita cuando, a la mañana siguiente, se enteró de que su marido se había marchado solo a París. Aquello la llenó de ira y de dolor y reaccionó llamando a su tía al apartamento de Londres. Respondió el contestador automático, cosa que era normal puesto que Laura estaría en París con Nick.
Miley le dejó un mensaje pidiéndole que la llamara por teléfono. Los siguientes días transcurrieron añorando mucho a Nick. Cuando regresó corrió a su encuentro como un perrillo junto a su amo.
Pasaron varias semanas más. Melanie estaba cambiando mucho. Ya expresaba su personalidad con aullidos y sonrisas. Le encantaba estirar las piernas sobre una pequeña manta al aire libre.
El día que recibieron la notificación de que la adopción ya era legal, Miley empezó a sospechar que se había quedado embarazada.
Esa noche salieron juntos a cenar en un restaurante de lujo para celebrarlo. Miley llevaba uno de sus elegantes trajes de noche y Nick iba vestido de etiqueta. La comida era exquisita y disfrutaron mucho conversando y riendo alegremente. Luego bailaron al son de una música muy romántica. Fue entonces cuando Miley estuvo a punto de confesarle a Nick sus sospechas. Pero al final, prefirió no quitarle protagonismo a Melanie esa noche.
Además no estaba del todo segura de que el retraso en su ciclo menstrual se debiera a un embarazo, a pesar de que era muy regular.
No obstante, era muy feliz. Estaba tan enamorada que en el camino de vuelta a casa, se quedó pensando en las declaraciones de amor eterno que se harían, planeando una vida común llena de hijos y de felicidad. Cuando regresaron, hicieron el amor con tanto desenfreno como si fuera la última noche que pasaran juntos.
A la mañana siguiente, Nikos los llevó en coche a la ciudad. Miley tenía que hacer unas compras y Nick tenía que ocuparse de unos asuntos de negocios. Por lo que el chófer traería de vuelta en el coche solo a Miley.
Nick la besó en los labios dulcemente antes de salir del coche. Miley se quedó bajo el cuidado de Nikos, que estaba sonriente.
—Le ha hecho usted muy feliz —dijo el chófer, mirándola por el retrovisor—. Todos los que lo conocemos desde hace tiempo estamos encantados.
Se refería a los que le habían conocido cuando vivía su primera mujer. Miley tuvo la sensación de que una Era el único miembro de la familia que le quedaba en el mundo. Aquello tenía que tener alguna importancia.
—Nick es tu jefe; pensé que lo admirabas y respetabas —prosiguió Miley.
—¿Mi qué? —repitió Laura—. No es mi jefe. ¿De dónde has sacado eso?
—No juegues conmigo —repuso Miley enfadada. ¿Por qué iban a estar en ambos en la ciudad si no fuera porque Nick vivía en los alrededores?
—Además, la primera vez que lo vi os ibais los dos en viaje de negocios a Madrid.
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